Este domingo cierra la XXVIII Feria Internacional del Libro, dedicada a Panamá, como país invitado, y al poeta y filósofo José Mármol.
Un acontecimiento cultural relevante, que ha convocado a miles de personas, cientos de empresas editoriales, autores, intelectuales, universidades e instituciones gubernamentales, que han tenido la oportunidad de exponer sus contenidos, divulgar sus actividades y entrar en contacto con un público diverso, al que difícilmente tienen acceso en otro escenario.
Miles de libros vendidos, cientos de libros puestos a circular, editoriales de diversos países que se hicieron presentes, ofreciendo a los lectores y visitantes dominicanos de la Feria del Libro la oportunidad de adquirir y leer publicaciones de acceso restringido.
La feria es una actividad de múltiples facetas, como bien ha dejado establecido nuestro colaborador Danilo Ginebra en una serie de ensayos publicados a propósito de este maravilloso encuentro.
La feria es una oportunidad para mostrar nuestra industria editorial, aun en proceso de mejora. Es una magnifica para que las y los autores compartan con los lectores, muestren sus obras, dialoguen sobre lo que han escrito y publicado, y para que intelectuales extranjeros, como Luis García Montero, presidente del Instituto Cervantes de España, llegara hasta nuestra feria para ofrecer una conferencia sobre la poesía del poeta José Mármol.
Quedan los compromisos que se desprenden de esta feria, quedan los acuerdos que se forjaron, las negociaciones que se dieron entre autores, casas editoriales, centros académicos. Queda una lectura crítica de las autoridades del Ministerio de Cultura, y un compromiso para continuar promoviendo la lectura, el libro físico, la profundización de la cultura de la lectura en el estudiantado dominicano, responsabilidad compartida con el Ministerio de Educación.
Cuántos libros han llegado hasta residencias, bibliotecas y escuelas con esta Feria Internacional del Libro, cuántos lectores habrá ganado la República Dominicana, y cuántos autores reforzaron su convicción de que transitan por el camino correcto al gastar sus pocos ahorros en la impresión de sus obras, porque no hay suficientes editores responsables que estimulen y paguen el trabajo de los creadores.
La Editora Nacional, que realiza una muy buena labor, no es suficiente para soportar la gran cantidad de propuestas de libros de calidad que existen. Las librerías tienen que expandirse por cada provincia, cada municipio. La gran urbe del país que es la capital dominicana, donde conviven cuatro millones de personas, tiene apenas unas pocas librerías, que son la evidencia de la muy escasa costumbre de la lectura que tenemos.
Esas librerías cobran comisiones de hasta el 45% de la venta de los libros de autores independientes, solo por exponer sus libros y venderlos. Y tardan años en pagar las ventas, algo verdaderamente vergonzoso, sin que exista ningún organismo oficial, o sin que el propio Ministerio de Cultura se ocupe de aupar y proteger a los autores. Otros editores se ganan hasta el 50 por ciento en la venta de libros de autores que lo han puesto todo para que sus obras lleguen a las manos del público. Y también tardan y se quedan con el dinero de los creadores.
Tal vez una de las tareas del Ministerio de Cultura sea crear una industria editorial que muestre un camino diferente al que se ha seguido en el país.
Existe una ley de promoción del libro y la lectura de la que nadie se hace responsable. Esa es otra gran tarea que se desprende al finalizar esta XXVIII Feria Internacional del Libro. El Ministerio de Educación podría asumir una muy alta responsabilidad para estimular, empujar, promover con más ímpetu del que lo hace, la lectura en los cursos bajo su responsabilidad.
La Prueba PISA que se acaba de conocer indica que el nivel de lectura en la educación dominicana es mediocre. Ese puede ser un impulso importante, para producir un cambio. Es cierto que en todo el mundo ha bajado el nivel de lectura, con excepción de los países asiáticos que han quedado en los primeros lugares de lectura, porque los estudiantes y público en general encuentra mucha distracción en las redes sociales y en los entretenimientos de videos y aplicaciones de IA. Nada de eso justifica que República Dominicana esté tan pobre en su nivel de lectura.
República Dominicana alcanzó, de 500 puntos que es el máximo, 351 puntos, y se encuentra entre los países con menor porcentaje en la Prueba Pisa de 2025. España, por ejemplo, obtuvo en ese mismo renglón 474 puntos, un poquito por debajo de la media de los países miembros de la OCDE.
Esperamos que con la conclusión de la Feria no termine el compromiso con la promoción de la lectura. En realidad, ahora es cuando debe comenzar a posicionarse el esfuerzo colectivo, de autoridades, ministerios de Educación, Educación Superior, Cultura, y otras instancias estatales, para cambiar ese cuadro, y sin descuidar el compromiso que corresponde al sector educativo privado, a la comunidad educativa en general y a las familias, centro de formación y establecimiento de las costumbres de los estudiantes.
Ojalá que este sea el compromiso al cierre de la Feria Internacional del Libro, este domingo.
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