Honduras, República Dominicana y Nicaragua llevan la delantera este año en inflación, en los países de la región, y el gobierno del presidente Luis Abinader corre el riesgo de ser acusado por la oposición de no proteger la economía popular.
Todo el que conoce la economía sabe del gran esfuerzo que realiza el gobierno con los subsidios a los precios de los combustibles, de la energía eléctrica y las exenciones a productores para que los artículos de consumo masivo no lleguen a los centros de expendios con altos precios.
La oposición se queja con algarabía para acusar al gobierno de no apiadarse de los pobres. Es un recurso político, pero al mismo tiempo el gran público que asiste a mercados, colmados, supermercados y demás lugares de abastecimiento padece los altos precios de los alimentos, de los combustibles, y de los servicios de energía eléctrica, y del mismo modo se queja del impulso de las autoridades de recaudación para recoger tanto como será posible la evasión.
Cuando miramos los países de la región y nos preguntamos cómo ha sido su inflación este año, es probable que se piense que es una pregunta sesgada, porque llevamos años desde que inició la guerra de Rusia con Ucrania y ya hará casi un año que se inició la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. Han sido factores importantes para analizar la inflación y los precios de los combustibles.
Este añoren inflación, Honduras se gana la medalla con un 5.58% de inflación, seguido de la República Dominicana, con 5.47% de inflación, y detrás de estos dos se encuentra Nicaragua, con un 4% de inflación. Estados Unidos, donde la gente se queja por la inflación, y se cree que tendría un alto precio político en la elecciones de medio término de noviembre, la inflación este año ha sido de 3.4%.
Países como Costa Rica registra un descenso de la inflación de -0.28%, Panamá no registra inflación, Guatemala registra un aumento de precios de 2.70% y El Salvador de 2.48%.
Pese a los esfuerzos que realiza, y pese a la alta valoración que tiene el presidente Abinader como gobernante, la gente atribuye los altos precios de los alimentos y los combustibles a la deficiencia de los funcionarios del gabinete, y al descuido en aspectos esenciales como la agricultura y la producción agroindustrial.
Es cierto que hay metas de crecimiento, que el gobierno proyecta aumento en el número de turistas que lleguen al país, en inversión extranjera, en remesas, en exportaciones en general, pero eso no se ve ni resulta tan evidente, salvo que los precios en los colmados, mercados y supermercados, y en la electricidad y en los combustibles, siguen subiendo.
La clase media se ausenta ya de los restaurantes y de ciertos lugares de esparcimiento porque las finanzas no alcanzan para completar los presupuestos familiares apretados, en particular si incluyen colegios, transporte, pagos de viviendas, de préstamos, de servicios de salud, de educación, y tantos otros que van siendo casi invisibles, pero ya no tanto, como electricidad, servicios de internet, Netflix, Spotify y otras aplicaciones y otros compromisos derivados de una vida que se presenta como fácil y barata, pero que ya no lo es.
El bolsillo de los hogares se achica, aunque los dos cabezas de familia trabajen y paguen servicios de atención en el hogar. Que es otro costo. Si agrega un fin de semana al país, en un hotel para descanso y esparcimiento, la cosa se complica, y se agrava si tiene la responsabilidad de sostener algún hijo que lleva estudios en el exterior. Es para pensarlo.
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