El evento social y cultural del momento es la Feria del Libro… pero ¿conocemos su trayectoria, los personajes que han moldeado su desarrollo, los aportes que sucesivamente matizaron su existencia, los elementos que han desaparecido y los que se han añadido a su oferta?

La XXVIII Feria Internacional del Libro no es el mismo acontecimiento en torno al libro y la lectura que inició modestamente Julio D. Postigo con permiso de Trujillo. Sin embargo, ninguna de sus expresiones organizativas y programáticas es inferior o superior a las demás. Son expresiones distintas, momentos históricos diferenciados.

No es la feria organizada por la entonces Comisión Permanente en el piso 11 del edificio El Huacal, con Raymundo Amaro Guzmán como organizador y conceptualizador del evento. Tampoco es la actividad que reformuló con carácter internacional José Rafael Lantigua, cuando adquirió un prestigio sin precedentes al traer al país a la más amplia pléyade de figuras internacionales de la literatura.

Ni es la concentración en torno al libro y la lectura que relanzaron Milagros Germán, Joan Ferrer y Ángela Hernández, restaurándola en sus objetivos, programación y recintos tras etapas previas desfavorables. Tampoco es la misma a la cual han dado continuidad y nuevos programas Roberto Ángel Salcedo, Pastor de Moya, Aquiles Julián y Nan Chevalier.

Muchos aspectos novedosos en su momento ya no están:

  • La masiva presencia de teatro en las calles del recinto ferial y los conciertos populares de cantautores en los escenarios abiertos.
  • Los voluntarios identificados que orientaban sobre los actos del programa, muchos de ellos desplazándose en vehículos de dos ruedas por el campus.
  • El programa físico que se ponía a circular la noche de la apertura, así como los inmensos (y costosos) pabellones de instituciones y empresas, sustituidos hoy por espacios más medidos, funcionales y amigables.
  • Las dominantes zonas de comida con excesiva publicidad exterior vertical que rivalizaba con los puestos de libros (un aspecto muy criticado en los medios) y que ahora se plantea de forma más simple y operativa en dos extensos módulos de servicios de A&B.
  • El periódico impreso que se editaba diariamente durante la Feria, en especial el producido durante la gestión de José Tejada Gómez como director de Comunicaciones de Cultura.

Un proceso de perfeccionamiento continuo

La Feria no es la misma del inicio: ha atravesado diversos procesos y se ha perfeccionado con el tiempo. Ha adquirido nuevas prácticas, mejorado sus contenidos, creado formatos inéditos y dejado de lado programas que en su momento fueron exitosos.

El principal encuentro cultural del país gira en torno al libro y la lectura, contando, tanto hoy como ayer, con el respaldo masivo del público, escuelas y colegios. La impresión que causa actualmente depende en gran medida del momento de la visita, de la postura política o partidaria de quien la evalúa, y de su compromiso con la verdad (una dimensión y percepción siempre relativa).

Lo que resulta indudable es que estos 75 años de transformaciones han convertido una iniciativa de libreros y escritores en una de las grandes plataformas culturales del país: cambió de sede, de estructura, de filosofía, de programación, de público y hasta de la manera de entender qué significa una feria del libro.

Ya no es la feria de las grandes estructuras empresariales e institucionales de las primeras décadas de la internacionalización, ni la que posteriormente administraron Carlos Esteban Deive, Tony Raful, Alejandro Arvelo, José Antonio Rodríguez, Pedro Vergés y Eduardo Selman, cada uno desde circunstancias y concepciones distintas. Tampoco es la feria que emergió de la pandemia, ni la experiencia dispersa y criticada de 2022 en la Ciudad Colonial.

Tampoco es exactamente la feria que Milagros Germán y Ángela Hernández encontraron, replantearon y devolvieron con éxito a la Plaza de la Cultura en 2023, logro que consolidaron en 2024. Es la feria a la que han dado continuidad Roberto Ángel Salcedo, Pastor de Moya, Aquiles Julián, Joan Ferrer y Nan Chevalier, sobre una estructura de experiencia acumulada durante décadas y con una concepción que procura hacer del libro el centro de una experiencia cultural integral.

Antes de la feria: Julio Postigo y los orígenes

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Julio D. Postigo, fundador del concepto Feria del Libro

El origen remoto de esta historia se encuentra en Julio D. Postigo Arias, librero, pastor evangélico y fundador de la Librería Dominicana. Postigo impulsó desde 1950 la idea de reconocer el 23 de abril como el Día del Libro en la República Dominicana. Aquella iniciativa antecedió a la institucionalización posterior de la feria y constituye uno de los puntos de partida de la cultura ferial dominicana.

El paso decisivo llegó en 1973. Mediante el Decreto 4331 de ese año, el presidente Joaquín Balaguer creó la Comisión Organizadora Permanente de la Feria del Libro. La presidencia quedó en manos del periodista Rafael Herrera, director del Listín Diario; Jorge Tena Reyes fue designado secretario y Julio Postigo, tesorero. Varios periodistas han actuado en torno a la Feria como gestores fundamentales de la cultura.

La Feria adquiría así algo esencial: continuidad institucional. Ya no era solo una iniciativa ocasional; se convertía en una actividad reconocida y asumida periódicamente por el Estado.

Durante los años siguientes pasó por diversos escenarios —la Biblioteca Nacional, el Museo del Hombre Dominicano, el Palacio de Bellas Artes, el Museo de Historia y Geografía y la Fortaleza Ozama— hasta llegar en 1983 a la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, su gran territorio natural durante décadas.

El aporte de Raymundo Amaro Guzmán

Si Postigo representa el impulso inicial y Rafael Herrera la continuidad desde la sociedad y los medios de comunicación, Raymundo Amaro Guzmán encarna la profesionalización administrativa.

En 1985, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, se creó una nueva Comisión Organizadora mediante el Decreto 2968. Esta quedó presidida por Amaro Guzmán, mientras Rafael Herrera pasó a ser presidente de honor.

Amaro Guzmán trabajaba desde unas oficinas en el Edificio de Oficinas Públicas, conocido popularmente como El Huacal. Desde allí se organizaba una feria que ocupaba la Plaza de la Cultura y que todavía dependía de un esfuerzo concentrado de un equipo reducido. Pero aquella feria tenía ya una característica perdurable: la capacidad de convertir un recinto físico en una ciudad temporal del libro.

La Plaza de la Cultura permitía ubicar librerías, puestos de venta, conferencias, presentaciones, actividades infantiles, teatro, música y artes visuales. Aparecieron entonces las conocidas casetas de lona y madera prensada, que durante años fueron una de las imágenes emblemáticas del evento. Era una feria presencial, física y comercial: el visitante acudía a comprar libros, conocer autores, asistir a conferencias o simplemente caminar por aquel territorio extraordinario.

En 1987, el Decreto 183-87 otorgó a la Comisión Permanente jurisdicción nacional, autonomía funcional y administrativa, adscribiéndola a la Presidencia de la República. Aquello representó un salto institucional de enorme importancia: la Feria dejaba de ser una actividad periódica para convertirse en una institución cultural del Estado.

La primera gran transformación (1996-1997)

El año 1996 constituyó una ruptura. La feria no se celebró debido a dificultades de financiamiento. Tras 23 años de realización ininterrumpida desde 1973, el acontecimiento se vio interrumpido. Sin embargo, de aquella crisis surgió una de las mayores transformaciones de su historia.

En 1997, el presidente Leonel Fernández emitió el Decreto 44-97, mediante el cual se reformuló la Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro. Aquí aparece la figura que cambió radicalmente el concepto: José Rafael Lantigua. La transformación no fue solo de nombre; cambiaron la organización, los objetivos, la promoción, la programación, la estructura física y la concepción de lo que podía ser una feria del libro en el país.

La edición de 1997 funcionó como un ensayo internacional en el que participaron aproximadamente 40 editoriales de ocho países. Al año siguiente, en 1998, la cita asumió oficialmente su nueva condición: Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. España fue el primer país invitado de honor y la edición estuvo dedicada a la Generación Literaria del 48. Ese cambio alteró definitivamente la escala del acontecimiento.

Lantigua concibió otra feria. Su importancia radica en haber entendido que un evento internacional requería una arquitectura institucional, cultural y programática distinta. Se incorporaron o consolidaron los países invitados de honor, los escritores homenajeados, los pabellones temáticos, los coloquios, los talleres, los programas infantiles, las presentaciones editoriales, los espectáculos de teatro y música, y los programas especiales de la Editora Nacional.

Asimismo, se creó una estructura de áreas con coordinadores responsables y se procuró establecer espacios para la comercialización del libro dominicano. La Feria comenzó a tener una programación propia, independiente de la actividad comercial directa de las librerías. Ese fue un cambio fundamental: el público dejó de ir únicamente a comprar libros para pasar a vivir una experiencia cultural.

Las calles de escritores: una práctica del pasado

Una de las innovaciones de aquella etapa fue convertir el recinto ferial en una ciudad literaria. Las calles internas recibían nombres de escritores dominicanos y, en jornadas específicas, se realizaban actos de bautizo de estos espacios.

Todavía en 2012, una de las vías del recinto recibió el nombre del médico y escritor Santiago Castro Ventura, así como en 2009 se documentó la dedicación de calles a José Alcántara Almánzar y Luis Martín Gómez. Aquella práctica pertenece hoy a la memoria histórica del evento.

La organización contemporánea privilegia otros recursos: pabellones temáticos, auditorios, salas climatizadas y una programación integrada. Esto no significa que una época haya sido superior a otra, sino que la Feria dejó de ser la misma ciudad efímera que fue durante la etapa de expansión de Lantigua.

El legado de la internacionalización

El modelo iniciado entre 1997 y 1998 consolidó una Feria capaz de atraer autores internacionales y convertir a Santo Domingo en punto de encuentro literario. Autores de América Latina, el Caribe, España y otros ámbitos comenzaron a integrar la programación, recibiendo a figuras como Eduardo Galeano, Julia Álvarez, Junot Díaz, Luis Rafael Sánchez y Luis Sepúlveda, entre otros.

Se afianzó la fórmula: País Invitado + Escritor Homenajeado + Programa Editorial + Programa Cultural, un esquema que ha perdurado hasta hoy con diversas formas de ejecución.

Continuidad, expansión y nuevas administraciones

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Licenciado José Rafael Lantigua, responsable de la internacionalización de la Feria del Libro hacia su carácter internacional.

La creación de la Secretaría de Estado de Cultura en el año 2000 (mediante la Ley 41-00) dio paso a una nueva etapa institucional, incorporando la Feria al sistema cultural del Estado.

Por la titularidad de Cultura pasaron Tony Raful, José Rafael Lantigua, José Antonio Rodríguez, Pedro Vergés, Eduardo Selman, Carmen Heredia y Milagros Germán, hasta llegar a Roberto Ángel Salcedo. Cada administración dejó su impronta, resultado del trabajo conjunto de equipos técnicos, escritores, libreros y funcionarios.

Durante la gestión de José Antonio Rodríguez (2012-2016) se dio continuidad a la estructura internacional y se fortalecieron las ferias regionales (como las de Espaillat, San Pedro de Macorís y Peravia) y la Feria del Libro de Nueva York.

Con Pedro Vergés se produjo un período de reordenamiento institucional y editorial. Con Eduardo Selman se vivió una experiencia singular: en 2019 la Feria se trasladó excepcionalmente a la Ciudad Colonial. Durante nueve días la Ciudad Colonial acogió la Feria, demostrando que podía utilizar un espacio histórico como escenario, aunque también evidenció las dificultades logísticas de operar un evento de tal magnitud fuera de su recoveco tradicional.

La pandemia y el experimento de 2022

En 2020 la pandemia de COVID-19 obligó a transformar la cita en una Feria Internacional Virtual del Libro y la Cultura. Mediante plataformas digitales con talleres, recitales y conferencias, se demostró que el evento podía proyectarse más allá del espacio físico, destacándose en esta adecuación la labor de Ruth Herrera.

Por su parte, la edición de 2022, celebrada en la Ciudad Colonial, intentó retomar el uso de la zona histórica. No obstante, el formato generó cuestionamientos por la dispersión de las actividades y las dificultades de circulación del público. La Feria aprendió de este proceso para reestructurar sus modelos de montaje posteriores.

La reconversión espacial y programática

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Milagros Germán, ministra de Cultura.

La gestión de Milagros Germán en el Ministerio de Cultura y la designación de Ángela Hernández al frente de la Dirección General del Libro y la Lectura en mayo de 2022 marcan una etapa de profunda revisión de políticas editoriales y de promoción lectora.

En 2023 la XXV Feria Internacional del Libro regresó a la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, pero integrando los museos, el Teatro Nacional y la Biblioteca Nacional al circuito del evento. Surgió además una innovación clave: por primera vez la totalidad de las actividades se concibieron bajo techo en espacios climatizados.

La organización reemplazó la lógica de casetas individuales por una estructura de pabellones temáticos concebidos para ofrecer una experiencia articulada.

De las casetas a los pabellones temáticos

Frente a la imagen horizontal de las antiguas casetas, el modelo actual apuesta por una distribución arquitectónica centrada en pabellones dedicados a:

  • Escritores homenajeados y países invitados
  • Literatura infantil, cómic e identidad
  • Áreas profesionales, instituciones y exposiciones

En 2025 la estructura incluyó pabellones de exhibición y venta, pabellones temáticos, auditorios, Sala de Negocios, área de libros antiguos y de ocasión, y el Oasis Lúdico. La Feria se afianzó como una plataforma que conecta libros, autores, lectores, escuelas, editoriales, artes y tecnología.

Evolución del público y del sector editorial

Ramón Pastor de Moya, viceministro de Identidad y Ciudadanía. Fotos suministradas.

El perfil del visitante ha evolucionado: de los compradores de libros de la era de Amaro y los universitarios e intelectuales de la etapa de Lantigua, se ha pasado a integrar activamente a familias, jóvenes y comunidades educativas. En la edición de 2025, el programa Multiplicando Letras movilizó a 68 gestores en 30 provincias, ampliando el alcance de la formación de lectores.

En el ámbito comercial, la Feria ha pasado de la venta directa en puestos a la creación de un ecosistema profesional. Muestra de ello fue la realización de 93 reuniones profesionales con 29 editoriales internacionales en la Sala de Negocios durante 2025, además de la entrega de publicaciones mediante el programa Bono Libro.

Consolidación y escala actual (2024-2026)

En 2024 la edición dedicada a Mateo Morrison tuvo a Washington Heights como invitado de honor, extendiendo el concepto de internacionalización a las comunidades dominicanas en el exterior. Ese año se reportaron más de 220,000 visitantes y ventas superiores a RD$57 millones, llevándose además el programa "La Feria fuera de casa" a cinco provincias.

Para 2025, bajo la dirección del ministro Roberto Ángel Salcedo y dedicada a Frank Moya Pons, la Feria alcanzó cifras de gran escala: 19 países, 165 autores invitados, más de 370 sellos editoriales y 700,000 visitantes. El Pabellón del Cómic, en particular, registró aproximadamente 130,000 visitas, reflejando el interés de los nuevos públicos por la narrativa gráfica y las artes visuales.

La XXVIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026 rinde homenaje a José Mármol y cuenta con Panamá como País Invitado de Honor, desplegando más de 750 actividades, decenas de editoriales y una amplia infraestructura que incluye el remozamiento visual de sus pabellones.

De Feria del Libro a ciudad cultural temporal

El valor de esta trayectoria de 75 años radica en la capacidad de la Feria para transformar sus estructuras adaptándose a cada época.

Permanecen la idea germinal de Julio Postigo, la institucionalidad impulsada por Rafael Herrera, la organización de Raymundo Amaro Guzmán y la visión internacional de José Rafael Lantigua. Hoy en día, la Feria de Santo Domingo trasciende la venta de libros para consolidarse como una ciudad cultural temporal: un espacio colectivo donde la lectura sigue encontrando nuevos caminos y lectores.

Ficha archivística de la obra

  • Autor: Sosa, José Rafael
  • Título: 1951-2026: 75 años de la Feria del Libro de Santo Domingo: historia, evolución y protagonistas
  • Lugar de publicación: Santo Domingo, República Dominicana
  • Editorial: Ediciones del Sol, 2026
  • Diseño: Guillermo Molina Mueses
  • Evento: XXVIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026
  • Disponible en: Puesto 40 y 51 del Pabellón de la Lectura
  • Materia: Feria del Libro de Santo Domingo; historia cultural dominicana; historia del libro; promoción de la lectura; gestión cultural.
  • Tipo de documento: Publicación monográfica.
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Ángela Hernández, directora general del libro y la Lectura (2022-2024).
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Roberto Ángel Salcedo, ministro de Cultura.

José Rafael Sosa

Periodista

Escritor, periodista y animador cultural. Nació en Puerto Plata en 1950. Tiene una amplia trayectoria en el periodismo cultural dominicano. Se ha caracterizado por cultivar géneros que le faciliten una comunicación efectiva con sus lectores, como el cómic y el origami. Es el principal escritor de literatura de crecimiento personal en República Dominicana.

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