En República Dominicana, recibir una ayuda social depende cada vez más de aparecer en una base de datos. Para seleccionar a las beneficiarias del Bono Madre 2026 “El Cariñito”, de RD$ 1,500, el programa Supérate utiliza cruces automáticos de información provenientes del Sistema Único de Beneficiarios (Siuben), la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) y otros registros estatales. Este año, el subsidio alcanzará a un millón de madres dominicanas.
Sin embargo, detrás de la automatización existe una realidad menos visible: mujeres pobres que no aparecen en ningún sistema oficial.
Trabajadoras informales, madres rurales, mujeres sin historial financiero, hogares fuera de la seguridad social y migrantes regularizadas forman parte de una población que muchas veces queda fuera del radar institucional, aunque enfrente condiciones de alta vulnerabilidad económica.
Un país donde la informalidad domina la vida laboral femenina
La exclusión tiene una explicación estructural: gran parte de las madres dominicanas vive y trabaja fuera de la formalidad.
Cerca del 55 % de los trabajadores dominicanos se encuentra en la informalidad, una condición que implica ausencia de cotizaciones a la seguridad social, ingresos inestables y poca trazabilidad dentro de las bases de datos estatales.
En el caso de las mujeres, la situación se agrava porque muchas se desempeñan en trabajos domésticos, ventas informales, cuidado no remunerado y pequeños negocios familiares.
A esto se suma que miles de madres sostienen hogares prácticamente solas. Las mujeres encabezan más del 40 % de los hogares dominicanos y enfrentan mayores niveles de desempleo e ingresos más bajos que los hombres. Según el Panorama Estadístico de la ONE publicado en septiembre de 2025, por cada 100 hombres ocupados, menos de 65 mujeres tienen empleo. Las mujeres representan además el 70 % de la población inactiva.
Esa combinación entre informalidad, trabajo de cuidado y precariedad económica crea una paradoja: mujeres pobres pueden quedar excluidas de ayudas sociales simplemente porque no aparecen en los registros utilizados para identificarlas.
El Siuben cubre gran parte del país, pero no a todos
Actualmente, el Siuben asegura tener registrados cerca de 2.9 millones de hogares, equivalentes aproximadamente al 79 % de las familias dominicanas.
Pero eso también significa que todavía existe una población que permanece fuera del sistema.
En muchos casos, se trata de hogares que nunca han sido visitados por levantamientos sociales, familias que cambiaron de residencia, personas con datos desactualizados o mujeres que viven en zonas rurales y periferias urbanas con menor presencia institucional.
Cuando los subsidios dependen de cruces automatizados, no existir dentro de la base de datos puede equivaler a no existir para el sistema de protección social.
Migrantes haitianas denuncian exclusión de bonos y ayudas
Uno de los grupos más vulnerables es el de las mujeres migrantes haitianas, incluso aquellas que poseen documentación regularizada.
Según el Comité del Consejo de la Migración y la Diáspora Haitiana Internacional (COMIDHI), las mujeres haitianas han sido históricamente excluidas de los programas de bonos y ayudas sociales del Gobierno dominicano.
La organización sostiene que muchas madres migrantes viven en condiciones de precariedad extrema y, lejos de recibir apoyo estatal, enfrentan persecución durante operativos migratorios, humillaciones y separaciones familiares producto de redadas y deportaciones.
COMIDHI también denunció que mujeres que poseían el carnet del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros encuentran actualmente dificultades para renovarlo debido a requisitos difíciles de cumplir, como la presentación de contratos laborales avalados por el Ministerio de Trabajo.
“En resumen, ninguna mujer haitiana ha recibido bono del Gobierno”, afirmó la organización.
El desafío de encontrar a quienes el sistema no logra ver
En los últimos cuatro años, el Estado dominicano ha destinado miles de millones de pesos al Bono Madre y otros programas focalizados de asistencia social.
El uso de bases de datos y cruces automáticos ha permitido ampliar la capacidad operativa del sistema y reducir tiempos de selección. Pero también ha dejado al descubierto otra realidad: la pobreza no siempre coincide con la formalidad.
Porque en una economía donde millones de personas sobreviven fuera de la seguridad social y donde buena parte del trabajo femenino ocurre en el cuidado no remunerado, quedar fuera del sistema no necesariamente significa ausencia de necesidad.
A veces, simplemente significa ausencia de registro.
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