La República Dominicana se proyecta como una de las economías de mayor crecimiento en América Latina y el Caribe en 2026. El Fondo Monetario Internacional estima una expansión del 3.7 % del PIB; la CEPAL la sube a 4.0 %. Las exportaciones de marzo rompieron récords. El gobierno celebra. Pero hay una pregunta que los boletines oficiales no responden: ¿quién se queda afuera del crecimiento?

La respuesta está en los datos de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT) del Banco Central: más de la mitad de los trabajadores dominicanos no tiene contrato escrito, no cotiza a una AFP, no tiene ARS. Trabajan, producen, sostienen familias, pero sin red de protección. Son los trabajadores informales, y en abril de 2026 siguen siendo mayoría.

El número que incomoda

Según datos de abril de 2026, la informalidad laboral supera al empleo formal en República Dominicana. La cifra más reciente la pone en 50.4 % de la fuerza de trabajo ocupada. Un estudio de la Dirección de Análisis Económico del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) eleva ese número a 63.3 %.

Trabajadores y trabajadoras informales: los que se quedan fuera del crecimiento económico de República Dominicana

Dicho en términos simples: de cada dos dominicanos que trabajan, uno lo hace sin seguridad social, sin AFP y sin ARS. Si se enferma, paga de su bolsillo. Si envejece, no tiene pensión. Si pierde el trabajo, no hay seguro de desempleo.

Eso es la informalidad: no es solo una categoría estadística. Es la ausencia del Estado en la vida laboral de millones de personas.

Las brechas que el promedio esconde

El 50.4 % es un promedio que aplana realidades muy distintas. Detrás de ese número hay brechas que se profundizan según quién seas, cuántos años tengas y en qué sector trabajes.

Las mujeres cargan doble

El 75 % de las mujeres dominicanas enfrenta barreras para acceder al empleo, según la Gran Consulta Nacional 2026. Cuando acceden, lo hacen mayoritariamente en condiciones de informalidad.

Pero la desigualdad no termina ahí. Datos oficiales presentados por el Ministerio de la Mujer y la Oficina Nacional de Estadística (ONE) ante el Tercer Webinario Regional COMMCA–CENTROESTAD revelan que las mujeres dedican cerca de 16.4 horas semanales al trabajo de cuidado no remunerado —cuidar hijos, adultos mayores, enfermos, gestionar el hogar—, casi el doble que los hombres, quienes destinan 9.6 horas a esas mismas labores.

Trabajadores y trabajadoras informales: los que se quedan fuera del crecimiento económico de República Dominicana

Esa carga invisible tiene un costo directo en el mercado laboral: reduce la disponibilidad de las mujeres para empleos formales de tiempo completo, las empuja hacia trabajos parciales o por cuenta propia sin protección y las deja más expuestas a la informalidad. El trabajo no remunerado que sostiene a las familias dominicanas no aparece en el PIB, pero sin él, la economía formal no funcionaría.

Los jóvenes y los adultos mayores, los más vulnerables

La brecha de informalidad es especialmente pronunciada en los extremos etarios. Los jóvenes que ingresan al mercado laboral lo hacen frecuentemente sin contrato ni protección. Los adultos mayores, por su parte, quedan fuera del empleo formal y se sostienen con trabajos precarios o por cuenta propia.

Los sectores que concentran la informalidad

Construcción, comercio y agricultura son los sectores donde la informalidad se concentra con mayor fuerza. Son también los que más empleo generan en términos absolutos. El resultado es una economía que crece sobre una base laboral mayoritariamente desprotegida.

Más trabajo, no más calidad

La paradoja dominicana no es nueva, pero se vuelve más difícil de ignorar cuando los números de crecimiento son tan altos. Como señala un análisis del MICM, “el país ha demostrado que puede crecer, generar empleos y reducir el desempleo… pero al mismo tiempo mantiene, y en algunos casos profundiza, un problema estructural que arrastra desde hace décadas”.

El debate sobre el empleo en RD se centró durante años en una sola pregunta: ¿cuántos empleos se crean? Hoy esa pregunta luce incompleta. La que importa es otra: ¿qué tipo de empleos?

La reforma que no llega

En el Congreso Nacional reposa una reforma laboral que, en teoría, debería modernizar el Código de Trabajo vigente. En la práctica, lleva meses atascada en la Cámara de Diputados sin fecha definida para su aprobación.

Pese a que los legisladores de la Comisión Permanente de Trabajo aseguran avances, continúan las dilaciones en el estudio del proyecto. Un “fantasma”, la posible afectación a la cesantía, mantiene estancados los trabajos, aunque casi de manera unánime los legisladores aseguran que ese derecho no corre riesgo.

Eddy Olivares, ministro de Trabajo de la República Dominicana.

El ministro de Trabajo, Eddy Olivares, salió al paso y afirmó que la reforma será aprobada en la legislatura actual. Senadores, en tanto, apuntan al presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, como responsable del “misterio” que rodea el estancamiento de la pieza.

El vacío de los incentivos fiscales

Pero más allá del debate sobre la cesantía, hay una pregunta que la reforma laboral no responde con claridad: ¿qué incentivos concretos existen para que las empresas, especialmente las Mipymes, formalicen a sus trabajadores?

Hoy no existe un mecanismo fiscal robusto y específico que reduzca el costo de la formalización para los empleadores pequeños. Las cargas de la seguridad social, AFP y ARS, representan un costo adicional significativo para negocios que operan con márgenes estrechos. Sin alivio tributario o simplificación de trámites que acompañe la reforma, el incentivo para seguir en la informalidad seguirá siendo más fuerte que el incentivo para salir de ella.

Ese es el eslabón que falta en el debate legislativo: no alcanza con actualizar el Código de Trabajo si no se reduce el costo de cumplirlo.

Sindicalistas a la calle

Este 1 de mayo, Día Internacional del Trabajador, los sindicatos dominicanos realizaron una marcha nacional en defensa de los derechos laborales. El Comité Unitario 1ro. de Mayo Sindical y Popular llevará al espacio público una advertencia que resume el malestar acumulado: “la paciencia del pueblo trabajador tiene límites”.

La marcha ocurre en un momento en que el país exhibe cifras macroeconómicas envidiables para la región. Esa contradicción, entre el boom del PIB y la precariedad de la mitad de la fuerza laboral, es exactamente la que este reportaje busca documentar.

El crecimiento económico dominicano existe, pero mientras más de la mitad de quienes trabajan lo hacen sin seguro médico, sin pensión y sin contrato, la pregunta sigue en pie: ¿crecer para quién?

Abraham Marmolejos

Periodista, docente y estratega de comunicación, con experiencia en medios digitales, periodismo de investigación y creación de contenido.

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