Todo ser humano, de manera inesperada, sufriría en el decurso de su existencia varias decepciones que, probablemente, le harían sentir temblor de la razón, perturbada, desorientada y, probablemente, fuera de sí.

Vargas Llosa puede que se decepcionara algunas veces.

Sin embargo, no quedaría petrificado en las brumas de los deseos anhelados por una razón fundamental: decepcionó la decepción con la tenacidad placentera del trabajo literario.

Se podría decir que el oficio de escritor sería su mejor antídoto contra los estragos zahirientes de la decepción.

Leyendo, imaginando, pensando, escribiendo y creando, lograría sobreponerse al escozor mortificante de toda decepción.

Las ficciones y verdades de las mentiras le permitieron olvidar, con facilidad, cualquier desilusión.

Habría que afirmar, sin equivocación alguna, que uno de sus méritos, de carácter existencial y literario, habría sido, entre otros tantos, decepcionar exitosamente la propia decepción.

De manera inesperada, tendría algunas decepciones amorosas que luego superaría pensando, tejiendo sueños, bordando ideas y creando mundos literarios diversos.

No sin pasión, Vargas Llosa abrazaría la doctrina ideológica de la izquierda revolucionaria y radical.

Luego de amargas experiencias y decepciones lacerantes, se alejaría de ella y asumiría, después de no pocas reflexiones, las ideas, principios y postulados teoréticos del liberalismo.

Más aún: creería en la libertad y criticaría duramente los regímenes antidemocráticos y dictatoriales.

Ninguna decepción, por más horrorosa y punzante que fuese, le hizo desistir de sus metas escriturales.

El pesimismo jamás haría surco en su preclara memoria.

Con la conciencia lúcida, la voluntad firme y la necesidad vital de crear, mantendría la frente erguida en medio de duras crisis existenciales.

Su deseo ardiente de leer, escribir y pensar nunca mermaría con los estragos tortuosos de alguna decepción. Al contrario: siempre la decepcionaría, en tanto cuanto no permitiría que debilitara su ser y se apoderase de él.

Consciente, como el que más, de que las decepciones desgarran el espíritu y entumecen la memoria, no se envaneció con lujurias existenciales ni, mucho menos, con ilusiones desvaídas.

Vivimos y desvivimos en constante alteridad con el otro.

Y lo más importante: nos miramos a los ojos.

Actuando solo, aislado y totalmente sumergido en la soledad, soy muy poca cosa, o tal vez ninguna que pudiese tener utilidad en la vida.

A sabiendas de ello, Vargas Llosa justificaría su vivir no en reiteradas lamentaciones del envejecimiento inevitable, sino en el fragor de las ficciones y la verdad de las mentiras.

De ese modo, resistiría las incertidumbres de la realidad, sus imperfecciones y sobresaltos dubitativos.

Las insatisfacciones mundanas y las decepciones del otro tú lo afectaron, pero nunca lo paralizaron porque, sencillamente, habría decepcionado la decepción.

Lo haría olvidando prontamente sus ímpetus descorazonadores y trabajando con tenacidad, disciplina, pasión y perseverancia.

Sin embargo, nunca lo haría con la literatura, ya que jamás lo decepcionó. Por ello, siempre la quiso y cultivó sin descanso y pasión.

En la Carta Séptima, el sabio Platón, ya muy entrado en edad, revela su decepción de la política ateniense.

Prontamente se daría cuenta de que las ciudades-estado estaban mal dirigidas y permeadas por la ambición, la injusticia, el egoísmo y la inmoralidad.

Lucio Anneo Séneca, gran político, orador y filósofo, también se habría decepcionado con la política.

Según su punto de vista, todo gobernante debería procurar la armonía y el bien común de los ciudadanos.

Sin embargo, el emperador Nerón, de quien habría sido tutor y consejero, fue injusto, corrupto, sádico y lujurioso.

Abrumado por el escozor del odio y la ambición desmedida, acusaría a Séneca de traidor.

Por tal razón, el gran filósofo hispanorromano, profundamente decepcionado, se cortaría las venas y moriría desangrado.

La brillante filósofa María Zambrano, discípula aventajada de José Ortega y Gasset, a raíz de la guerra civil española de 1939 se distanciaría de su tierra natal.

Debido a ello duraría cerca de 45 años en el exilio.

Aunque se decepcionó y sufrió hasta lo indecible, ensanchó sus conocimientos, ideas, teorías poéticas y filosóficas.

Ernesto Sábato escribió El túnel, novela magistral, creativa y novedosa.

Ninguna editorial argentina de los años cuarenta quiso publicarla.

Sábato, ciertamente, se decepcionaría.

No obstante, nunca se rindió y afanosamente lucharía hasta lograr la publicación de tan magnífica obra.

La misma apareció, en varias entregas, en la prestigiosa revista “Sur”, dirigida y financiada por Victoria Ocampo.

Otra escritora rechazada no una vez, sino varias, lo sería J. K. Rowling.

Su interesante obra “Harry Potter y la piedra filosofal” habría sido despreciada, al menos, 12 veces por distintas editoriales.

Su enorme éxito de ventas fue determinante para sortear los estragos de la decepción.

También sería justo recordar que el poeta Antonio Machado (por motivo de la furia sórdida del franquismo) se exiliaría acompañado de familiares y su querida madre, ya envejecida.

Involuntariamente, sufriría en carne viva los tormentos de la decepción.

Machado no la decepcionaría y moriría agujereado por las penas, la desolación y el dolor.

En 1990, Vargas Llosa aspiró a la presidencia del Perú, pero no resultó electo.

Su contrincante, Alberto Fujimori, habría ganado la contienda electoral de ese entonces.

No obstante, Vargas Llosa no languideció de tristeza ni desolación.

Tampoco se frustró.

Aunque posiblemente se decepcionaría, no habría mordido el polvo del dolor ni padecería sufrimiento feroz.

Por el contrario: leyendo, escribiendo y creando, con mucho brío, decepcionó la decepción y, en consecuencia, trascendió la angustia inmisericorde de la soledad y la desesperanza.

Joseph Mendoza

Joseph Mendoza. Comunicador social y filósofo con postgrado en Educación Superior, obtenidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Magister en filosofía en un Mundo Global en la Universidad del País Vasco (UPU) y la UASD. Además, es profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene varios libros, artículos y ensayos publicados y dictados conferencias en la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

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