Las penas del porvenir, de Tony Rodríguez Labour, constituye un proyecto narrativo de notable coherencia estética y profundidad ética. No se trata de una simple colección de relatos, sino de una arquitectura literaria que articula la experiencia humana del sur dominicano desde la marginalidad, la memoria, la pobreza y la resistencia cotidiana.
El libro construye una verdadera ecología narrativa, donde espacio, tiempo, naturaleza y subjetividad conforman un solo organismo simbólico.
I-Arquitectura del libro: un itinerario existencial
La obra se organiza como un recorrido vital y social compuesto por cuatro movimientos:
- Origen del conflicto humano y social
- La película de los ingratos
- Se soltó la fiera
- Babilonia
Aquí se instala el desorden del mundo: violencia, ingratitud, corrupción moral.
Babilonia opera como símbolo de decadencia estructural.
- Comunidad, memoria y barrio
- Cuentos de mentira
- La casa de nadie
- El dilema
- Los condenados
- La repartidera
- El regreso
- La foto del liceo
Este núcleo antropológico encarna el país real: Neiba, el sur dominicano, la infancia, el barrio, la pobreza, la ética comunitaria.
- Introspección y herida
- Querido mundo
- La mitad de mis muertos
- Con cebolla cualquiera llora
- Hasta yo quisiera saber
- Las penas del porvenir
Zona existencial: duelo, identidad, pérdida, porvenir herido.
- Catarsis, ironía y reconciliación
- Las penas que faltan (Bono)
- Secreteo milagroso
- Filo con filo
- Cháncharo
- Razones del corazón
Aquí la obra se abre a la ironía, el humor y la sabiduría popular.
II-Cronotopo del sur dominicano
Siguiendo a Bajtín, el libro construye un cronotopo donde tiempo y espacio forman una unidad simbólica:
calor implacable + lago + viento salitroso + pobreza urbana + vida comunitaria intensa.
El texto construye a Neiba sin nombrarla; el lector dominicano la reconoce de inmediato.
En Cuentos de mentira, el espacio no es escenario: es protagonista colectivo, archivo del tiempo y de las biografías rotas.
III. Oralidad, mito y crítica social
Desde su inicio —«Mentira. No eran putas ná…»— la narración instala una oralidad literaria que funciona como conciencia del barrio.
El rumor se convierte en tribunal social, especialmente contra las mujeres y los pobres.
La “casa de nadie” es el gran cuerpo simbólico del libro:
sueño, estigma, mito, juego, comercio y comunidad.
Es un palimpsesto social donde el abandono se transforma en convivencia.
El mito se fabrica:
rumor → miedo → ritual → leyenda.
La vida cotidiana disuelve lo sobrenatural. La comunidad recupera el espacio.
IV-Las penas del porvenir: centro moral de la obra
Este relato constituye el núcleo emocional, social y metafísico del libro.
«…el verano pica y se extiende sobre la llanura…»
La naturaleza no adorna: determina.
Clima y destino son una misma gramática.
Denuncia sin proclama
La crítica emerge de la narración:
- desigualdad social,
- indiferencia institucional,
- niñez convertida en moneda de supervivencia.
La pobreza aparece como estructura de destino.
Espacios del destino
Verano Largo, la cuartería, el matadero y el cementerio son territorios donde se deposita la memoria de la exclusión.
Poética del dolor
La tormenta es símbolo mayor.
El delirio de Rurrú revela la verdad última:
no es la madre quien queda enterrada,
es el niño quien queda sepultado en su pérdida.
Sariota encarna la maternidad fracturada: amor feroz, imperfecto, humano.
Conclusión
Las penas del porvenir construye una poética donde la miseria se convierte en conciencia y la herida en dignidad.
La obra de Tony Rodríguez Labour se erige así como un proyecto estético y ético que devuelve voz, complejidad y humanidad a los sujetos y espacios históricamente silenciados del Caribe contemporáneo.
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