I

En la adolescencia leí por vez primera Los miserables de Víctor Hugo. Fue una lectura fascinante como pocas, hasta tal punto que, poco después, volví a leer el libro (quedando nuevamente fascinado). Tengo una imagen muy vívida de este libro y, acaso por la felicidad que me deparó, recuerdo algunos pasajes con la nitidez de quien los ha leído esta mañana. Si empezara a enumerar todos los detalles que me maravillaron de este libro, estoy seguro de que no terminaría ahora mismo. Pero debo decir que nada me entusiasmó tanto como el inolvidable personaje Jean Valjean. No cabe duda de que es uno de los más subyugantes de la literatura universal. Y es, junto a don Quijote, uno de mis dos personajes favoritos. A veces, viendo algunas películas o leyendo algunas narraciones, he pensado en él. Pero nada me recuerda tanto a Jean Valjean como Victoriano Segura, el personaje central del cuento homónimo de Juan Bosch. Quizá porque, al igual que la novela de Hugo, descubrí ese cuento de Bosch en la adolescencia. Desde entonces lo he leído varias veces y siempre llego a la misma conclusión: Victoriano Segura es el Jean Valjean de la literatura dominicana.

En un cuento, a diferencia de una novela, no siempre es necesario profundizar en la caracterización de los personajes centrales. Sin embargo, Bosch nos legó en sus cuentos personajes entrañables que entran al corazón y la mente del lector y no salen jamás ni de uno ni de otro lugar. Para mí, por ejemplo, Victoriano Segura es un personaje perfecto, al menos lo es en la narración que lo teje. Está muy bien trabajado, hasta tal punto que supera a la mayoría de los personajes que conozco de la novelística dominicana. Es un personaje inolvidable y único en su especie. De él se puede decir que es a una misma vez héroe y antihéroe. La extraordinaria agilidad, el gran valor y la fuerza hercúlea que lo caracterizan son, además de la bonhomía y el halo de misterio que lo envuelven, verdaderamente fascinantes. Salvo Encarnación Mendoza, ningún otro personaje de Bosch tiene una caracterización de un nivel tan épico. Pero ¿quién es Victoriano Segura? ¿Por qué es un personaje tan inolvidable? ¿Por qué es tan misterioso para sus vecinos e incluso para el lector? ¿A qué se dedica? ¿De dónde viene y hacia dónde se dirige? ¿Por qué es como es y por qué hace lo que hace? El lector y el personaje que cuenta la historia de Victoriano Segura son los únicos que pueden responder a estas inquietudes.

El Jean Valjean de la literatura dominicana

II

Una madrugada cualquiera Victoriano Segura —un hombre de pocas palabras, alto y flaco, pero enérgico y musculoso— se instaló como inquilino en una pequeña casa de un pueblecito de no más de veinte casas. En el lugar, nadie lo conocía ni lo había visto antes. No le dirigía la palabra a nadie, ni sonreía ni respondía saludos. Se ganaba la vida como carretero: salía de madrugada con la carreta y el mulo, y llegaba a la casa a media tarde. Los vecinos casi no lo escuchaban profiriendo palabras: su voz grave sólo se escuchaba cuando le pedía café a su esposa. La policía —nadie sabe con qué fin— fue a buscarlo en dos ocasiones, pero seguía viviendo en la casa. En las noches era frecuente escuchar gritos de mujer que provenían de su casa. Todos los moradores del vecindario tildaban erróneamente a Victoriano Segura de múltiples calificativos ofensivos. En una palabra, no se le veía con buenos ojos.

Todo empezó a cambiar el día de la desgracia: La casa de José Abud ardía en llamas y, pese a que lograron auxiliar exitosamente a José Abud, a su esposa y a sus hijos, su madre no pudo ser socorrida a tiempo por los vecinos de Victoriano Segura. Nadie tenía una alternativa para sacarla con vida de la casa en llamas. Incluso, ni la policía ni los bomberos podían hacer algo provechoso para con el rescate de la anciana. Pero Victoriano Segura salió ante la multitud, evaluó cautamente la situación y, con la agilidad y la velocidad de un gato salvaje, entró y subió a la segunda planta de la casa en llamas. La forma en que logró rescatar a la anciana y la manera en que él mismo salvó su propia vida, son épicas y dignas de un Jean Valjean. A partir de entonces, Victoriano Segura se ganó el respeto y la admiración de los vecinos, pero un mes después se le vio desaparecer para siempre de la vecindad. Su despedida fue tan misteriosa como su llegada. Nadie supo de él ni de su esposa. Las razones por las que se fue carreteando un enigmático ataúd quedaron envueltas en el misterio más insondable. Solo el narrador logra saber la verdad, pues, años después del incendio, se encontró en prisión con Victoriano Segura y éste —cosa que nunca había hecho con nadie de la vecindad, por supuesto— le develó el enigma que lo envolvía.

III

En este cuento, como en todos los que escribió, Bosch demuestra que es un verdadero maestro de emociones. Sus personajes son tan reales que es imposible no sentirlos como seres de carne y hueso que todavía habitan en las zonas rurales dominicanas.

Acaso nadie ha descrito como Bosch la esencia y la psicología del campesino dominicano. Ni los historiadores, ni los sociólogos, ni los etnólogos, ni los psicólogos sociales han llegado tan lejos como él en el estudio de la ruralidad dominicana.

Nadie describió mejor que él la idiosincrasia del dominicano de su tiempo. Y nadie en la cuentística dominicana ha creado un personaje tan épico que pueda igualar a su personaje Victoriano Segura. Nadie, a excepción de Bosch, ha logrado crear a un Jean Valjean dominicano.

No es que Victoriano Segura haya sido un presidiario que ha cometido injusticias al inicio de su vida y que luego se ha retractado y convertido en un mejor ser humano. No, no ha robado ni se ha reformado como Jean Valjean, pero, por sus características épicas, es muy similar a Jean Valjean.

Victoriano Segura no es un típico campesino dominicano, por supuesto. Es un ser excepcional que puede ser dominicano o de nacionalidad extranjera. En una palabra: es un personaje ciudadano del mundo.

Sabemos que al final del cuento ha sido encarcelado, y sabemos lo que ha sucedido con su esposa y su suegra, pero, salvo lo que el narrador nos cuenta, nada sabemos sobre su pasado. Incluso, la forma en la que una y otra vez rasga un pedacito de madera en la celda y la manera en que los demás presidarios abren espacio cuando camina por sus proximidades, son también muy reveladoras de su carácter y su personalidad.

Hay que leer Victoriano Segura. Hay que leer a Juan Bosch. Siempre.

José Agustín Grullón

Abogado y escritor

José Agustín Grullón Nació en La Vega, República Dominicana, pero reside en Santiago de los Caballeros desde hace más de una década. Es licenciado en Derecho por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) y agrimensor por la Universidad Abierta para Adultos (UAPA). Cursa además un postgrado en Legislación de Tierras. Ha cursado algunos diplomados sobre Derecho Inmobiliario, Bienes Raíces, Topografía y Derecho Sucesoral. Como escritor ha publicado el libro de cuentos Las ironías del destino (2010).

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