El tema de la culpa toca las fibras mas profundas de nuestra cultura. Las evaluaciones morales realizadas desde la exterioridad de la ignorancia producen grietas en el tejido social y la gente parece sentirse fuerte cuando puede juzgar a otros seres humanos provocando heridas en la sensibilidad de los otros desde una perspectiva estrecha y así se sienten justificados como agentes morales.
En este problema se encubre la mala inteligencia de la libertad humana. Por lo cual Baruch de Spinoza (1632-1677) retoma el tema de la libertad y trata de aclarar su contenido en el marco de las leyes que determinan el desarrollo de la realidad en el espacio y en el tiempo.
Esta visión original de la libertad en determinación no tiene nada que ver con los esquemas estoicos y se escapa de las interpretaciones naturalistas con las que los comentaristas han intentado durante siglos difuminar la idea de la libertad en Spinoza. Esta visión promete superar con una adecuada inteligencia del problema, los enjuiciamientos moralizantes que siempre son interesados e hipócritas.
En los estoicos desde Zenón de Citio (334-262 a. C.)[1], los sujetos humanos están paralizados ante un destino determinado por leyes eternas y racionales que deben ser aceptadas. Esta visión transmite el sabor de las épocas decadentes en que los imperios se imponen sobre las diversidades en su legitimidad originaria. Sin embargo, el peso de la moralidad se concentra en la suposición de una voluntad libre en el hombre que puede doblegarse al sistema de los hechos o rebelarse contra el curso natural de las cosas. Para los estoicos la virtud es la obediencia.
Es este supuesto, sin base, lo que lleva a Hanna Arendt (1906-1975)[2] a criticar la obediencia a las leyes políticas y a servir de base a la disidencia civil que destruye el Estado y nos lleva al estado de naturaleza que florece hoy con la fuerza de la represión dictatorial. En esta filosofía que aparenta criticar el fenómeno nazi la desobediencia civil es el curso humano libertario mientras que la obediencia anula la libertad humana que según ella consiste en un enfrentamiento con el Estado político. Pero esta tesis se levanta sobre la suposición falsa de que todo Estado es necesariamente un autoritarismo y ha producido muchos problemas humanos ayudando a la floración del estado de naturaleza en que se imponen los fuertes.
La desobediencia civil que propone la señora Arendt se confunde hoy con la libertad en toda la fase política de la tierra pero mientras se controla con represión y genocidio en los Estados totalitarios y teocráticos, pone en jaque al Estado que está en vías de perfeccionamiento democrático y por lo tanto ayuda al surgimiento de los Estados represivos al estilo de la Alemania Nazi del siglo XX.
Para los estoicos las leyes naturales son racionales y mientras aceptan la dualidad entre el bien y el mal, piensan que la materia debe ser dominada por la razón en que las leyes naturales se consideran divinas. Hay que aceptar esas ocurrencias que las leyes determinan y nuestra valía está en la resignación y el reconocimiento de que no podemos cambiar las cosas.
Spinoza supera estos esquemas estoicos de adaptación. Aquí la determinación se abre a la acción humana potente y alegre que puede romper los moldes y transformar el mundo lo que produce la reacción de Miguel Beltrán destacando el determinismo libertario y creativo de Spinoza.[3] Esto por supuesto no se consigue con idealismos abstractos en los que se utilizan conceptos universales imaginativos para juzgar una realidad cuyo desarrollo no puede haber sido otro mas que el que de hecho es. Spinoza exhibe una concepción imaginativa del conocimiento racional y habla de que el recurso a los conceptos universales muestra una selección imaginativa de características que son escogidas según el interés del intelectual como esenciales a toda una clase de objetos. Por eso Spinoza insiste en la identidad entre los doctos y los ignorantes, que recurren a la imaginación para sustituir a la comprensión de la realidad y que cuando imaginan creen que entienden.[4]
La imaginación que se desarrolla naturalmente en la ignorancia tiende a dibujar los objetivos interesados, que en el capitalismo son siempre mezquinos y determinados por la adquisición de bienes materiales, tal y como nos ha enseñado la praxis histórica desde que se inicio el mercantilismo y se comenzó a poner precio a las cosas y a los hombres.
Ante la denuncia marxista de la subjetividad alienada[5] muchos intelectuales buscaron en Spinoza una teoría pre marxista y huyeron despavoridos al encontrar en el filosofo de Amsterdam el rechazo de la dialéctica abstracta que habla de contradicciones entre clases que en realidad no se integran y en las que se producen las fricciones interindividuales que descubrieron los realistas en el estado natural. Así Alexandre Matheron[6] confiesa haberse retirado del marxismo ortodoxo que pretende acciones conjuntas en base al establecimiento de una base dogmática que depende de interpretaciones que denuncian un uso adulterado de la filosofía como en la teología.
Spinoza en este sentido insiste en la separación entre la filosofía y la teología, para aclarar que, si bien la religión y la filosofía tienen sus propias competencias culturales y humanas, la mezcla entre ambas produce sectarismos que llevan a guerras inútiles e improductivas en las que se desgasta la historia. Según Spinoza en las sectas religiosas o políticas hay menos amor a Dios y al Estado que odio entre ellas desvirtuando las intenciones originales de su surgimiento.[7]
Pero es cierto que no solo los fríos sujetos del capitalismo imaginan, las almas nobles también recurren a la imaginación. sin embargo, no alcanzan a resolver los problemas reales que no se resuelven según la lógica de la imaginación en la que los futuros se determinan por el pasado y en la que lo más fácil de imaginar sustituye a la verdad en su lógica interna e independiente del fáctum.
Es por eso qué Spinoza dice en la Etica, que el primer paso del conocimiento es el conocimiento de Dios o de la realidad[8] que tiene su lógica y que gobierna el desarrollo progresivo de las realidades en el espacio y en el tiempo. Trata con ello de evadir la actividad imaginativa en una imaginación corrompida por el miedo y la represión que ha neutralizado a generaciones, y estancado la historia en la barbarie.
La filosofía cuyo tema es la verdad en su despliegue y desarrollo trata en los filósofos conscientes de su labor de aclarar aquellos conceptos que determinan conducta, porque los conceptos son modelos de conducta y patrones de vida y de estar oscuros o borrosos, producen conductas en las que no hay movimiento real y producen nauseas en las que se pierden las energías humanas mas valiosas.
La idea de libertad como autonomía es una piedra de toque en el pensamiento de Spinoza y en el marco del nacimiento del Estado capitalista que llega a nuestros días. Porque libertad quiere decir determinación legal independiente del exterior y determinación de una conducta que depende de la esencia individual de cada uno de los seres humanos.
Esto resulta más difícil mientras el exterior puede impactar en los individuos que resultan modificados en sus gustos y sus objetivos a partir de las ofertas externas que cada vez se hacen mas apetecibles y que desvían la esencia humana individual que es el deseo.
Según Spinoza, los deseos desviados producen un desgaste de las energías humanas y nos engañan, en el sentido en que cada uno desea naturalmente su plenitud y su bien; satisfacciones y realizaciones que no llegan si buscamos objetivos que no nos convienen y que se inducen desde un poder externo en el que nos desgastamos.
Las acciones delictivas vienen del desgaste de la potencia humana individual y dependen de la heteronomía del deseo. Por eso el fortalecimiento de las instituciones formativas y de circulación es primordial en el cuidado de las energías que producirán individuos plenos y felices en los que la criminalidad no tendría sentido alguno. Porque la criminalidad viene del agotamiento de las fuerzas humanas individuales y según Spinoza cada uno hace no lo que quiere sino lo que puede hacer, aquello para lo que tiene la suficiente potencia esencial. Un delincuente es un sujeto humano debilitado por las circunstancias de la fortuna que no puede buscar su bien porque no sabe lo que le conviene. No tiene la potencia para entender y para actuar de manera en que logre realizarse y tener la plenitud de la felicidad.
Así, el tema de la culpa tiene que ser sustituido por la prevención y el cuidado necesario para que los seres humanos puedan buscar su bien de manera efectiva, y alcancen realizaciones en las que sus deseos concuerden con sus objetivos reales de realización, logrando la apropiación de la propia naturaleza.[9]
En la filosofía de Spinoza el castigo desaparece como instrumento político y es sustituido por la educación concreta, que se pone en ejercicio en la forma de vida social en la que nace el ciudadano y de la que puede partir a otras culturas que sabrá respetar en sus originalidades.
Cada una de esas culturas habrá de moverse a perfeccionamiento histórico, hasta que desde cada punto de vista se pueda lograr la forma de racionalidad a la que está enfocada y que depende de las experiencias históricas que cada una de ellas haya podido entender y asimilar.
Al final, el judío sefardita se vuelca sobre la comprensión y la ayuda a los seres humanos que respeta como producciones divinas, en un canto a la producción constante de los seres modales desde el seno de la sustancia.
Spinoza analiza el tema de la culpa desde la coherencia lógica del discurso y descubre que no se puede suponer en los individuos como modos de la expresión de la realidad la potencia necesaria para contradecir a la sustancia productiva. Todo pertenece a la sustancia y toma de ella la potencia para actuar. Esto le lleva a considerar que no podemos contradecir a la potencia que nos ha producido, porque toda potencia viene de Dios.
Sin embargo, las debilidades explican las acciones delictivas en un mundo de individualidades en el que no todos los seres tienen la misma potencia para actuar. En los hombres esta potencia puede desarrollarse y tiene que ser al abrigo de las instituciones en las que los ciudadanos son protegidos para el desarrollo de sus habilidades.
Esta es la importancia metafísica del Estado en Spinoza, cuya política se integra en la productividad de los seres humanos hasta el punto en que puede desarrollar y resguardar la potencia de los individuos, hasta que pueda alcanzarse la racionalidad. Es la racionalidad la que logra transformar el mundo en base al conocimiento de las leyes en que se producen los hechos. Con el dominio de esas leyes podemos neutralizar los efectos de aquellas que nos llevan al fracaso o que nos producen dolor.
Sin embargo, hemos de tener en cuenta que, cuando Spinoza critica la valoración moral y la denuncia como ignorante e imaginativa no esta justificando la promiscuidad. Solo los débiles caen en la delincuencia y en la debilidad metafísica no se puede alcanzar ni la libertad ni la felicidad que son los objetivos humanos primordiales. El hombre fuerte que propone depende de Estados democráticos en los que se ponga diques al fraude y en los que se previenen las acciones delictivas en base a leyes que impedirán con tanta inversión como sea necesaria que se produzca la traición de lesa patria que como sedición es el crimen mas horrendo que se puede concebir. Con ello se frustra el desarrollo de seres que aun no han nacido y se desgasta la energía que la realidad invierte en la creación de los seres humanos.
Los hombres fuertes que produce el Estado democrático son honrados y cuidan su cuerpo respetándose a sí mismos y amándose tal y como son. Comprenden las debilidades propias y ajenas y por eso no odian de manera imaginativa a los que intentan obstruir su camino o frenar su acción. Defienden al Estado que expresa el grado de conciencia de su cultura y buscan perfeccionarlo para lograr hombres cada vez mas plenos, potentes y felices que puedan acceder a un grado cada vez mas alto de racionalidad en la historia de la humanidad.
E-mail Esaint@hotmail.com
[1] Zenon de Citio.334. ac. Citio. Chipre. Fundador de la escuela estoica y defensor de un determinismo cerrado que identifica las leyes de la naturaleza con las leyes de la razón que solo los sabios pueden entender y que los demás tienen que aceptar.
[2] Arendt, Hannah. Los Orígenes del Totalitarismo, 1951.
[3] Beltran, Miquel. El Antipredestinacionismo de Spinoza. Cuadernos del Seminario Español de Spinoza.
[4] Spinoza, B. I Etica . Apéndice.
[5] Marx, Karl. Manuscritos de Economía y Filosofía 1844.
[6] Matheron, Alexandre. Entrevista realizada por Laurent Bove y Pierre F. Moreau. En 1997
[7] Spinoza, B. Critica a las Sectas. Tratado Teológico Político, XVIII.
[8] Spinoza, B. El Principio del Conocimiento es el Conocimiento de Dios. 4E XXXVII Demostración.
[9] Spinoza, B. TTP XX El Estado tiene que ponerle guardia al fraude.
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