El rotacismo, tradicionalmente descrito por la lingüística normativa como una desviación fonética o un fenómeno de habla subestándar, constituye en realidad un metaplasmo lingüístico de notable coherencia interna y amplia distribución geográfica. En el sur dominicano, el oriente de Cuba y los llanos venezolanos, este proceso se manifiesta principalmente mediante la intensificación de la vibrante simple /r/, articulada como si fuera múltiple —cuando tuerrza, choferr—, así como por la sustitución sistemática de la lateral /l/ por la vibrante /r*, observable en realizaciones como cármate por cálmate, argunos por algunos o burto por bulto. Estas configuraciones fonéticas no emergen como anomalías aisladas, sino como regularidades funcionales inscritas en sistemas de habla históricamente estables.

El enfoque cosmolingüístico propone comprender la lengua no únicamente como un código formal ni como un repertorio de variantes sociales, sino como un sistema relacional complejo, donde los niveles fonético, morfosintáctico, semántico, pragmático e histórico interactúan de manera dinámica. Desde esta perspectiva, la lengua se concibe como parte de un cosmos cultural: un entramado de fuerzas históricas, experiencias colectivas y necesidades expresivas que orientan la evolución del sistema lingüístico. Esta concepción no presupone jerarquías normativas previas ni atribuye valores deficitarios a las variantes, sino que parte del principio de que toda realización sistemática posee una racionalidad interna susceptible de descripción científica.

Uno de los axiomas fundamentales de la cosmolingüística sostiene que toda variación lingüística estable es funcional dentro del ecosistema comunicativo que la produce. Aplicado al rotacismo, este axioma permite desplazar el análisis desde la noción de “error” hacia la de ajuste estructural.

La preferencia por la vibrante /r/ frente a la lateral /l/ no responde a una incapacidad articulatoria, sino a un proceso de reorganización fonética que privilegia sonidos de mayor carga dinámica y perceptiva en contextos de oralidad intensa. ¿No resulta significativo que la vibrante, uno de los fonemas más energéticos del sistema consonántico del español, se convierta en eje articulatorio en comunidades donde la comunicación oral cumple funciones centrales de cohesión social?

Un segundo axioma cosmolingüístico establece que el sonido lingüístico no es neutro, sino portador de valores expresivos, afectivos e identitarios. En este sentido, el rotacismo actúa como un mecanismo de intensificación discursiva. Decir “cármate” en el habla sureña dominicana no equivale pragmáticamente a “cálmate” en la variedad estándar: la vibrante introduce un matiz de cercanía social, urgencia o admonición afectiva que refuerza la eficacia comunicativa del enunciado. Este principio permite comprender por qué expresiones como “Argunos no saben lo que quieren”, “Ese burto e’ pesao” o “Amárrame ese burto” se mantienen y reproducen intergeneracionalmente sin pérdida de inteligibilidad ni de funcionalidad.

Desde la cosmolingüística se propone, además, la categoría de resonancia lingüística, entendida como la correspondencia entre determinadas configuraciones sonoras y las experiencias históricas y culturales de una comunidad. El rotacismo caribeño-llanero puede interpretarse como una resonancia del español atlántico, atravesado por procesos de contacto, oralidad rural y transmisión no escolarizada del lenguaje. En este marco, la duplicación enfática de la vibrante simple —choferr, tuerrza— no constituye un exceso articulatorio, sino una estrategia de marcación perceptiva que asegura la prominencia del signo en el flujo discursivo.

Este planteamiento converge con observaciones clásicas de la dialectología hispánica. López Morales (1992) señala que los fenómenos fonéticos estigmatizados suelen ser altamente sistemáticos y socialmente condicionados. Alba (2004) demuestra que en el español dominicano las variantes populares cumplen funciones identitarias esenciales, mientras que Alvar (1996) documenta la continuidad histórica de procesos como el rotacismo en el ámbito meridional y americano del español. Criado de Val (1962) advierte, a su vez, que muchas realizaciones consideradas incorrectas son vestigios activos de etapas anteriores de la lengua. La cosmolingüística no contradice estas aproximaciones, sino que las integra en un marco interpretativo más amplio, evitando tanto el determinismo social como el normativismo excluyente.

Un principio metodológico central de este enfoque sostiene que la descripción lingüística debe preceder a la evaluación normativa. Desde esta lógica, el rotacismo no requiere justificación ni corrección previa, sino comprensión estructural. La sustitución de /l/ por /r/ y la intensificación vibrante constituyen soluciones fonéticas coherentes dentro de determinados ecosistemas comunicativos, donde la economía articulatoria, la expresividad y la identidad colectiva convergen. ¿Puede la lingüística contemporánea permitirse seguir ignorando estas soluciones sin empobrecer su propia capacidad explicativa?

Amén de lo precedente, el rotacismo caribeño-llanero no solo interpela a la fonética tradicional, sino que cuestiona los límites epistemológicos de la lingüística normativa. Reconocerlo como parte del cosmos lingüístico hispanoamericano implica asumir que la lengua no avanza en línea recta hacia un ideal abstracto, sino que se expande en múltiples direcciones, adaptándose a las necesidades simbólicas de quienes la hablan.

Comprender estas vibraciones no es un gesto de indulgencia académica, sino una exigencia científica y cultural.

PARA PROFUNDIZAR

Alba, O. (2004). Cómo hablamos los dominicanos. Santo Domingo: Grupo León Jimenes.

Alvar, M. (1996). Manual de dialectología hispánica: El español de América. Barcelona: Ariel.

Criado de Val, M. (1962). Teoría de Castilla la Nueva. Madrid: Gredos.

López Morales, H. (1992). Sociolingüística. Madrid: Gredos.

López Morales, H. (2004). La aventura del español en América. Madrid: Espasa-Calpe.

Gerardo Roa Ogando

Profesor universitario y escritor

Gerardo Roa Ogando es Decano de la Facultad de Humanidades, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Es doctor en Filosofía del Lenguaje, con énfasis en Lingüística Hispánica. Magíster en Lingüística Aplicada; Máster en Filosofía en un Mundo Global y Magíster en Entornos Virtuales de Aprendizaje. Es Profesor/Investigador adjunto, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Director de la Escuela de Letras en la Facultad de Humanidades, y profesor de Análisis Crítico del Discurso (ACD) en el posgrado del área de lingüística en dicha universidad. Miembro de número del Claustro Menor Universitario de la UASD desde el año 2014. Algunas publicaciones: “Taxonomía del discurso” (libro, 2016); “La competencia morfosintáctica” (libro, 2016); Redacción Académica (2019, libro); Lingüística cosmológica (2013, libro); “Cuentos del sinsentido” (2019, libro);

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