La obra literaria de Efraim Castillo (Santo Domingo,1940) se inscribe en una tradición de riesgo intelectual y conciencia crítica que ha marcado de manera decisiva la literatura dominicana contemporánea. Su trayectoria, revela un autor polifacético: narrador, dramaturgo, ensayista, poeta, publicista y crítico cultural. Esta pluralidad no responde a una dispersión de intereses, sino a una concepción integral de la escritura como práctica intelectual capaz de interrogar los discursos sociales, los mecanismos simbólicos y las tensiones éticas que atraviesan al sujeto moderno. El otorgamiento del Premio Nacional de Literatura 2025, por parte del Ministerio de Cultura y la Fundación Corripio, reconoce precisamente esa coherencia profunda entre diversidad genérica, rigor formal y compromiso crítico sostenido a lo largo de varias décadas. 

Desde sus primeras incursiones en la narrativa hasta su producción más reciente, Castillo ha concebido la literatura no como un espacio de ornamento ni de evasión estética, sino como un territorio de confrontación. Su escritura se caracteriza por una voluntad constante de incomodar, de poner en crisis certezas y de desarticular discursos naturalizados. Esta actitud no se expresa mediante proclamas teóricas explícitas, sino a través de la construcción misma de los textos: estructuras narrativas tensas, personajes atravesados por contradicciones morales, diálogos teatrales cargados de conflicto y ensayos que desmontan los dispositivos simbólicos de la cultura contemporánea. En ese sentido, su obra se sostiene sobre una ética del lenguaje que rechaza la banalización y asume la palabra como espacio de responsabilidad. 

Uno de los rasgos más visibles de su producción es la diversidad genérica: novela, cuento, teatro, ensayo y poesía conviven en su obra sin diluirse ni perder identidad. Cada género es trabajado con conciencia de sus posibilidades expresivas y de sus límites, pero también con la libertad necesaria para explorarlos críticamente. Esta hibridez no responde a una moda ni a un experimentalismo gratuito, sino a una necesidad expresiva: la realidad contemporánea, fragmentada y contradictoria, exige formas múltiples de aproximación. En Castillo, la elección del género está siempre subordinada a la complejidad del conflicto que se desea explorar. 

En el ámbito novelístico, Efraim Castillo ocupa un lugar central dentro de la narrativa dominicana contemporánea, y ello se confirma tanto por la recepción crítica como por los reconocimientos institucionales obtenidos. Su novela Currículum (el síndrome de la visa), galardonada con el Premio Nacional de Novela en 1982, propone una lectura crítica de la alienación, el desarraigo y las ilusiones asociadas a la movilidad social y al éxito individual. Años más tarde, El personero, que recibió nuevamente el Premio Nacional de Novela en 1999, profundiza en la exploración de las relaciones de poder, la degradación ética y las máscaras del discurso público.  

Efraim Castillo.

Estas obras, confirman una narrativa que no se limita a reproducir la realidad, sino que la interroga desde sus fisuras más profundas. 

Junto a estas novelas, títulos como Inti Huamán o Eva Again y Guerrilla nuestra de cada día amplían el universo narrativo de Castillo, articulando tramas donde lo individual y lo colectivo se entrelazan de manera inseparable. En ellas, la subjetividad aparece constantemente interpelada por estructuras sociales, políticas y simbólicas que condicionan la acción y el pensamiento. La novela, en este contexto, se convierte en un espacio privilegiado para examinar la relación entre el sujeto y la historia, sin caer en el panfleto ni en el realismo complaciente. 

El cuento constituye otra vertiente significativa de su producción. Libros como Rito de paso y otros cuentos y Los ecos tardíos y otros cuentos —este último merecedor del Premio Anual de Cuento en 2002— confirman su dominio de la forma breve y su capacidad para condensar tensiones éticas y sociales en estructuras narrativas precisas. En estos relatos, la cotidianidad se revela como un espacio atravesado por conflictos latentes, donde los gestos mínimos adquieren densidad simbólica y las decisiones individuales dejan entrever procesos históricos y culturales más amplios. 

La dramaturgia de Efraim Castillo ocupa un lugar esencial dentro de su proyecto literario. Obras como Los inventores del monstruo, galardonada con el Premio Nacional de Teatro en 2004, así como Los coberos del reino, Viaje de regreso y A espaldas de Jacob, sitúan la escena teatral como un espacio de confrontación directa entre palabra, cuerpo y poder. Su teatro no persigue el entretenimiento fácil ni la espectacularidad vacía; por el contrario, se articula como un dispositivo crítico donde los personajes enfrentan situaciones límite que revelan la fragilidad moral del sujeto y la violencia implícita de las estructuras sociales. El diálogo dramático se carga así de tensión ética, convirtiendo al espectador en un participante activo del conflicto. 

En el terreno del ensayo y la reflexión cultural, Castillo ha desarrollado una línea de pensamiento rigurosa, especialmente vinculada al análisis de la publicidad y de los discursos simbólicos contemporáneos. Títulos como Pulso publicitario, Publicidad imperfecta y El discurso simbiótico de la publicidad dominicana, revelan a un intelectual atento a los mecanismos mediante los cuales la sociedad produce sentido, legitima valores y modela subjetividades. Estos ensayos no se limitan a un enfoque técnico, sino que proponen una lectura crítica del lenguaje como instrumento de poder y como espacio de negociación cultural. 

Su producción poética, representada en libros como Confín del polvo y Canto a Hiroshima y otros poemas, participa de la misma densidad reflexiva que atraviesa el resto de su obra. Se trata de una poesía contenida, consciente del peso histórico del lenguaje y de la fragilidad de la condición humana. Lejos del lirismo evasivo, su palabra poética se sitúa en un territorio de interrogación ética y memoria crítica, dialogando con los grandes conflictos del siglo XX y con las incertidumbres del presente. 

Un aspecto relevante de su trayectoria contemporánea es su presencia activa en espacios de opinión y plataformas digitales, donde ha mantenido una intervención constante mediante artículos, comentarios, creaciones y reflexiones diversas. Esta práctica, documentada en reseñas y perfiles culturales, no supone una trivialización de su escritura, sino una extensión de su vocación intelectual: el soporte cambia, pero la exigencia ética del lenguaje permanece. En un contexto marcado por la saturación discursiva, su intervención pública se sostiene como ejercicio de lucidez crítica. 

La coherencia entre pensamiento, escritura y postura vital constituye uno de los pilares de la obra de Efraim Castillo. Su literatura no se produce desde una neutralidad ficticia ni desde una torre de marfil, sino desde una implicación consciente con los conflictos sociales y culturales de su tiempo. Sin embargo, esa toma de posición no anula la complejidad ni la ambigüedad propias de la creación literaria; por el contrario, las incorpora como parte esencial del proceso creativo. 

En conjunto, la producción literaria de Efraim Castillo puede leerse como un proyecto sostenido de interrogación sobre el sentido de escribir en contextos adversos. Su obra plantea preguntas incómodas sobre el rol del escritor, la función de la cultura y la relación entre palabra y poder. En Castillo podemos fácilmente reconocer no solo una trayectoria extensa y diversa, sino una ética de la escritura fundada en el rigor, la lucidez crítica y la fidelidad a la palabra. En tiempos de superficialidad discursiva y pensamiento liviano, la obra de Efraim Castillo se afirma como una forma de resistencia cultural y como una invitación permanente a leer, pensar y cuestionar el presente desde la literatura.  

Es por ello que me he mantenido dando seguimiento a su producción literaria y a su labor cultural, entendidas como un valor incuestionable y trascendente de la literatura dominicana contemporánea y latinoamericana. Esta circunstancia me ha motivado a dedicarle un poema (“Resquicios del vacío”, páginas 58, 59 y 60) en mi próximo poemario El color del tiempo, que se encuentra actualmente en proceso de preparación en los talleres de Poetas de la Era. Lo expreso en palabras emotivas, desde una actitud de agradecimiento humilde, en representación de las últimas generaciones de escritores dominicanos: Efraim Castillo es, innegablemente, un inusitado fenómeno literario de nuestra literatura contemporánea. 

Pedro Ovalles

Escritor y gestor cultural

Pedro Ovalles (Moca, 1957). Escritor, educador y gestor cultural. Cuenta con más de cuarenta años de trayectoria en la docencia y la literatura. Licenciado en Educación, Mención Letras, por la UFHEC —donde fue Decano de la Facultad de Letras— y con Maestría y Posgrado en Gestión de Centros Educativos por la PUCMM, ha publicado trece poemarios y varios ensayos, y sus textos figuran en numerosas antologías nacionales y extranjeras. Ha recibido reconocimientos de instituciones como la Academia Dominicana de la Lengua, el Ayuntamiento de Moca, el Ministerio de Cultura, entre otras. Es coordinador del taller literario Triple Llama de Moca.

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