La literatura, el cine, la música, están  llenas de autores que han creado  personajes poseyentes de un  alter ego. Lo vemos con Robert Louis Stevenson (Escocia,1850-1894) con “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” (1886); Bob Kane (Los Ángeles, 1915-1998) y Bill Fingel (Denver, 1914-1974) creadores de “Batman / Bruce Wayne”(1939) . Otros se convierte en sus otros yoes como son los casos del cantautor británico David Bowie (1947-2016)  con su alter ego “Ziggy Stardust”; Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) con sus múltiples heterónimos de personalidades propias (Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos) entre muchos más. En la novela "Juan de los Palotes", Editora Taller,  1993, colección Biblioteca Taller no. 296, su autor Freddy Beras Goico (El Seibo, República Dominicana, 1940- 2010), en cuya dedicatoria aparecen su esposa Pilar Mejía, sus hijos: Fredín, Ernesto Máximo, Dayanara, Giancarlo y Laura Marie, no solo utiliza al personaje principal "Juan Antonio", como su otro yo, sino que fracciona su idiosincrasia en una serie de personajes que van apareciendo en el transcurso de lo narrado.

Su personalidad aguerrida, humorística, empática, combatiente, solidaria, es representada en cada acto producido por sus creaciones, haciendo de ésta novela un legado escrito del que fuera en vida un grandioso ser humano.

Lo álgido de las situaciones en las acciones de los personajes, es la oportunidad para que nuestro sujeto-autor, nos deje lecciones de vida, momentos de humor, instantes emotivos y esas reacciones de protestas que tanto caracterizaron a don Freddy Beras Goico.

En cada uno de los cuatro capítulos  y en el epílogo de la obra literaria del galardonado productor dominicano, está presente su decálogo,  el cual legaría como una guía de vida para todo aquel que la leyere:

“Los consejos y las frases comunes se hicieron abundantes desde que la palabra matrimonio apareció en el ambiente: Tenían que conocerse y tratarse por un tiempo, aprender que en el matrimonio debe haber un alto grado de tolerancia, porque cuando termina el deslumbramiento inicial, sólo el amor, la aceptación, el respeto mutuo y objetivo comunes en la vida garantizan la permanencia de la unión y de la felicidad". (Pág.18)

Sus personajes hablan por él. Susurran  entre ellos. Su voz resuena entre paredes, está ahí, aconsejando, divulgando el mensaje de un padre a su hijo,  de un ciudadano al país entero:

"Los seres humanos -decían que decía- somos muy defectuosos y apasionados, nos gusta hablar de los demás solo por hacernos importantes y no nos damos cuenta del daño que podemos hacer. Siempre que escuches a alguien hablar mal de otro, averigua qué interés puede haber, y nunca repitas algo que te han dicho sobre alguien, si tú mismo no estás convencido y lo has visto, y si lo has visto piensa que tú también puedes cerrar un día y conserva el secreto de lo que pudiste haber visto". (Pág.32)

El también actor de teatro, fiel creyente de la educación de nuestros hijos como base del desarrollo intelectual,  cultural y espiritual, se viste de una madre que habla directamente a su fruto:

"Para él, sus primeros días de escuela eran imborrables en el recuerdo, y con frecuencia le absorbían por completo el pensamiento; escuchaba como si se lo estuviera diciendo en el momento la alta e imperativa voz de su madre diciéndole que sólo estudiando y preparándose llegaría a hacer algo, a ser importante, a ser querido, a ser respetado; y ya lo era.

 – Mira, mi hijo,- le decía a la vieja- dentro de poco tiempo, hasta para recoger la basura habrá que estar preparado. Las cosas cambian con mucha rapidez y no nos podemos quedar atrás". (Pág.60)

Instantes álgidos en 'Juan De Los Palotes' de Freddy Beras Goico

Don Freddy,  escribe su obra como quien nos habla a la cara y nos dice con solo una mirada todo el trasfondo de sus palabras. Palabras impregnadas de sabiduría, de años vividos,  de experiencias que ahora nos sirve en una bandeja de párrafos y oraciones:

"Pero ella misma se decía ilusa. Sabía que el destino no tenía miramientos para nada ni con nadie; no le importaba lo que sea o lo que hagas en determinado momento, la cosa se aprieta y hay que afrontarla con el mejor de los ánimos y el más grande de los optimismos. Ella lo había vivido así y así era; ella era un ejemplo viviente de perseverancia y fe; ella misma había dado muestra de que la desesperación hay que frenarla con criterio, que no se puede hacer disparate frente a las circunstancias adversas, que los momentos difíciles son los más propicios para la calma y la cordura, que algunos han cometido asesinatos, robos, suicidios, atracos, locuras y las soluciones aparecen cuando es ya demasiado tarde". (Pág.69)

Lo existencial, lo que realmente importa, como la dignidad, la virtud, los valores morales, son parte esencial en esta novela. El autor, nos invita a encontrarnos con nosotros mismos y a cuestionar nuestro objetivo en la vida:

"Debía vencer al instinto que le inclinaba aquella poderosa y evidentemente deliciosa tentación. No podía perder la cabeza, porque cuando ella se pierde ya no hay nada qué hacer. Los hombres somos presa de nuestros instintos. A veces, frente a circunstancias inesperadas, nos fluye con una fuerza incontrolable toda la materia animal que cubrimos con la capacidad de hablar y razonar. Y si no nos controlamos, ¿para qué somos hombres? ¿Por qué nos llamamos seres humanos?".(Pág.75)

Y ese objetivo de vida, nos lleva a lo inesperado. Nos damos cuenta de que existimos para servir. A veces creemos que estamos en el borde, cuando otros ya han caído al precipicio. El filántropo,  nos despierta de ese letargo y nos golpea el rostro mostrando la realidad que antes ignorábamos:

"Inexplicablemente, llegó a no sentirse mal dentro de la cárcel.

 Había descubierto un mundo nuevo, un mundo en donde hacía falta amor, comprensión y educación.

 Allí dentro descubrió una nueva vocación por la medicina, y se decidió hacer médico y a prestar ayuda a cuantos la necesitaban.

 El corazón de Juan Antonio se llenaba cada día más de ansias de servir.

 Quizás por la forma rápida en que vivía no se había percatado de que siempre hay personas que precisan más que uno, de que siempre se puede mirar hacia atrás y encontrar la otra cara de la realidad de nuestra situación.

 La cárcel lo tornaba más humano" (Pág.123)

Su doctrina, aquella que don Freddy siempre mostró en su vida pública, queda escrita en las páginas de "Juan De Los Palotes" y llega a nuestras manos como un manojo de enseñanzas:

"Tenía una filosofía muy propia y muy hermosa. Decía que la vida no podía entenderla nadie porque cada quien quería entender la de otro como si fuera la suya propia; que cada quien era dueño de forjar su destino y que para conocer el futuro no era preciso ser vidente o brujo sino estar consciente de la capacidad de cada uno". (Pág.125)

Esta novela, que narra las atrocidades durante  la llamada "Era de Trujillo" y los remanentes que han seguido sobreviviendo hasta nuestros días de aquella cruenta tiranía, relata las peripecias que una pareja de jóvenes tienen que pasar en  escenarios muy parecidos a las situaciones relatadas en el libro de cuentos "La máscara del tiempo" del escritor romanese Avelino Stanley (1959),publicada tres años después (1996) de la publicación de éste libro; en la novela "La tierra está bramando"(1986) de Hilma Contreras ( San Francisco,  1913-2006);  en el cuento "La pesadilla del verano" (1972) de Roberto Marcallé Abreu (Santo Domingo, 1948) o más recientemente en el cuento "El Regreso"  del libro "Desde un costado de la (des) memoria"(2025) de Gustavo Olivo Peña; para ver el sueño de sus vidas realizado: Vivir felices junto a sus familias, lejos de cualquier tipo de represión.

En ella, se vislumbra un microcosmos, donde existen toda las características de una dictadura, pero a nivel barrial, y sus repercusiones hacia lo macro. Don Freddy, quien declara en la introducción del libro:" He utilizado el más crudo y simple de los lenguajes que es con el que se expresa nuestra realidad mayoritaria. He tratado de retratar nuestras esquinas y callejones, nuestras miserias y mezquindades, porque con ellos sigo una vieja línea de pensamiento". Y es que la emotividad de nuestro multifacético artista, está presente en todo el trayecto de la obra:

"Nadie se les acercó, nadie se les acercaba, nadie les dirigía la palabra, daban la impresión de tener una enfermedad contagiosa; nadie la saludaba ni con la vista y hasta en la iglesia los que la conocían volteaban la cara o bajaban los ojos para no verse obligados a hablarle o a negarle el saludo. Ni ella ni Antonio existían, habían muerto.

 Salvo para alguien que, en si dejase ver, todos los sábados en la noche le echaba cinco pesos en un sobre por la ventana, y a veces diez.

 Los golpes recibidos en las ergástulas trujillistas habían convertido a Antonio en un pedazo de cualquier cosa, en silencio casi siempre, sin bajarse de la cama ni hacer sus necesidades ni a bañarse, a nada, nunca". (Pág.44)

La angustia, como metáfora, brotaba de su lápiz, Beras Goico estaba completo dentro de cada uno de los personajes:

“No podía dejar salir ni una sola lágrima porque trás de esa lágrima se podía salir ella entera, y el niño se quedaría solo". (Pág.48)

Y continúa:

"Una mezcla de rabia, impotencia y de disparates, se le aglomeraron en la boca y en los deseos". (Pág.56)

Su fe, inquebrantable, se estaciona en sus cienes, nuestro autor lo hace reflejar cuando la madre,  ante la tumba de su esposo, pide que interceda por su hijo y lo dice de la manera más coloquial posible:

"-Eso sí, dímele a Dios que está al lado tuyo, que me cuide mucho ese muchacho y lo guíe por senderos de bien y verdad. Dímele también a San Martín, si lo ves, que me lo ayude con la muchachita del pulpero, que me le mande alguna seña para que él sepa dónde la llevaron, o que recibe una cartica de ella porque se nos va a morir de amor, que no se te olvide, Antonio, dímele a San Martín que es de parte mía, que él me conoce". (Pág.77)

Describe la desgracia con un don especial. Ve, entre los males, un horizonte mezclado de esperanza. Más allá  de los inconvenientes y problemas, existe un oasis de paz que nos regala como ese rayo de luz que nos señala el camino:

"En la celda a la que fue a parar Juan Antonio, el sol entraba a veces. Daba la impresión de que el mismo sol tenía miedo de que al entrar no lo dejaran salir más. Por las rejas de la alta y única ventana, los pensamientos salían tamizados y al chocar con los barrotes se hacían añicos y caían al callejón lleno de desperdicios.

 Sus ratos de interminable tedio sólo tenían dos paréntesis gratos: buscarles parecidos a los nimbos que se formaban en el cielo, y dosificar, de lunes a sábado, la alegría que le provocaba recibir la visita de su vieja, alegría que guardaba celoso y que sólo expresaba en sonrisas, ya de noche, como para que nadie participara de la misma". (Pág.121)

Pero éstos ratos de emotiva tristeza, no impide que el destacado humorista dominicano, de, entre dosis, su sentido indudable del humor. Su reconocido repentismo y su capacidad de pasar de lo triste a lo alegre, no los pasa por alto al escribir la novela:

"Se paseaba nervioso debajo del alero de una casa tirando la mirada hacia la parte de atrás de la pulpería que ya iba haciendo colmado, y leyó como sesenta  veces un letrero hecho con pintura de agua: “Ce ponen inyelsione”, pegado de la pared del rancho que le cubría el frente de las miradas, de allá para acá.

 Si la ortografía hubiese sido buena, – pensaba- se hubiera decidido  a cruzar para ponerse una inyección que le quitara la ansiedad". (Pág.53)

Y este humor se viste de denuncia social  donde expone la falta de recursos que cubran las necesidades básicas del ser humano:

"Llevaba varios meses impartiendo docencia en lo que él llamaba “colegio privado”, porque estaba privado de aulas, privado de sillas, privado de patios, privado de todo.

 El dueño era un hombre bueno, evangélico; había instalado esa escuelita hacía tres años y los que podían le pagaban, pero los que no podían pagaban  menos o no pagaban nada". (Pág.57)

La política, nos la retrata como una de sus comedias, una "esquina imaginaria" donde pregunta y se responde así  mismo:

"Los viejos de uno pasaban a ser nuevos de los otros y se retrataban en los periódicos bajo titulares que decían: Cientos de militantes del PXD se pasan al PYD, en situaciones donde sólo cambiaba la letra central, y muchas veces ni cambiaban la foto, porque el cambio en estas elecciones podía ser perfectamente el contrario de las pasadas". (Pág.103)

La infancia, para nuestro Freddy, es una etapa mágica. Llena de travesuras y estampas que transforma lo cotidiano en un viaje de aventuras. El tema lo toca con su aire de humor característico:

"Uno de los socios se agenció un gato que no hacía absolutamente nada, tanto que el día que lo encerraron junto a un ratoncito en una caja de Cerveza Presidente vacía, armó un escándalo tan grande que hubieron de abrir la caja rápidamente, pues parecía que era el ratón quien se lo comía él. El gato rompió la tira que lo ataba y no se supo más de él.

 Les quedó como atracción “El Ratón come gatos”, el que permanecía trancado en la caja y los muchachos retaban a los visitantes a que llevaran sus “gatos”, para que vieran cómo ese ratón los devoraba.

  Nadie en el barrio quiso arriesgarse, ya que las anécdotas del ratón se hicieron famosas.

 El circo resultó un gran negocio, en el cual producía hasta veinticinco centavos los sábados y domingo". (Pág.131)

Y revive los momentos de cualquier instante álgido de nuestra niñez. Nuestras luchas,  nuestros miedos. Don Freddy, nunca dejó  de ser niño:

"Ese día entró de “presentao” a jugar “mano caliente” con grupo de muchachos mayores que él y al primer manoplazo sintió como una corriente que le fue subiendo desde la mano hasta la cabeza y oyó crujir y desbaratarse como un cohetito chino la compuerta que contenía las lágrimas, sin poder evitarlo.

 Después de eso le cogió odio al jueguito y siempre que lo invitaban decía que iba a un mandado de Carmela y que volvería después". (Pág.135)

Su deseo de educar, de mejorar la calidad de vida y los niveles educativos de los ciudadanos, los deja claro en este dialogo del protagonista con un pintoresco personaje:

“Un vendedor de panales de abeja le pasó por el lado.

 – Panale, panale, lo panale.

  Juan Antonio lo llamó.

 -¿Qué? ¿ va a querel?- le preguntó el muchacho.

 -Lo que voy a querer es que digas: “panales, los panales” con “S”- le dijo Juan Antonio.

– Pero ¡qué cojone tú tiene!, con ete solazo y eta cuenca y ¿pa´ eso tú me para…? ¡Qué pulmone!

 Y siguió voceando como siempre

  “Panale, panale, lo mardito panale”.

 Juan Antonio no pudo contener la risa". (Pág.225)

Pero qué hubiera sido de muchos de nosotros sin aquel Freddy aguerrido, sin aquella voz que se alzaba por los más necesitados, por más justicia, por más equidad entre las clases. Beras Goico, no cesa su reclamo y lo deja por escrito:

“Cuando  Antonio llegaba vio a uno de ellos con la cara ensangrentada dentro del cepillo verde olivo del SIM, mientras los otros dos eran sacados a golpes del Timbeque.

 Sus compañeros le contaron lo acontecido, y lágrimas de impotencia aparecieron en sus ojos y su dedos ensangrentados se cerraron con tal fuerza que sus uñas se clavaron en la carne. Se dirigió a su puesto de trabajo sin hablar con nadie mientras personalmente se dispuso a evaluar los daños y a determinar las causas de la explosión y del incendio.

 Sólo cuatro aceptaron la propuesta de Antonio de ir a hablar con el Administrador para explicarle, con los detalles de la investigación, que el mal estado y los años de los equipos habían provocado la fuga de las tuberías y el incendio, y a la vez para solicitarle que interviniera en favor de los detenidos, ya que era evidente que no había sabotaje.

 Mientras hablaban, el color de aquel sujeto fue cambiando y su respuesta fue Llamar a la policía y declarar por escrito que “estos cinco son enemigos del Jefe, que se reunieron para organizar la defensa de los saboteadores, y a ellos es necesario investigarlos para ver en qué medida están también involucrados en el sabotaje a pesar de no que no estaban en el turno en que se produjeron los escapes, la explosión y el incendio". (Pág.41)

Su protesta iba acompañada de un deseo utópico de revertir todo el daño que corroía a la ciudad, al pueblo, al país, al mundo. Esa preocupación siempre estaba presente en sus escritos y se valía de sus personajes para externarlo:

"Juan Antonio respiró profundamente y pasó lista los nombres de los Héroes de la de las películas y de los “paquitos”. Quiso convertirse en Supermán, o tal vez en el Capitán Maravilla; pidió a Dios que lo hiciera Mandrake el Mago o mejor El Hombre Invisible. Lo que él quería en ese momento era el poder especial de sus Héroes para entrarle a todos esos “cabareses”, barras, lupanares, usureros, prestamistas, billeteros y quinieleros, vendedores de bolitas, caraquitas y riferos de aguante, dueños de burdeles y explotadores de inocencias con que se topaba por dondequiera que pasaba.

 Deseaba pararse en una esquina y convencer a todo el mundo de que algo andaba mal y que había que buscar el verdadero camino". (Pág.82)

Esa misma fuerza que utilizaba en los medios de comunicación para declararle la guerra a las injusticias, la utilizaba para plasmar con el lápiz  su incansable lucha, para dejar un mensaje de esperanza a sus hijos, a nuestros hijos, a todo ciudadano:

"Decidió seguir adelante con el compromiso de convertirse en un superhéroe factible y verdadero.

 Pensó en crear el Supermaestro.

 Sería un maravilloso y mágico maestro tanto en el aula como fuera de ella. Un ejemplo para todos, capaz de hacer entender fácilmente a sus alumnos todas las materias.

 Y nada le haría cambiar, sería un Juan de los Palotes diferente, el que pregonara que había país más allá de lo que se nos presentaba, que la ostentación de lo fácilmente obtenido hacía daño, y que lo falso termina corrompiéndose como el oropel y las joyas de fantasía.

 Su primera reacción fue de odio para todos los que deshonraban la Patria y mucho más para los que lo permitían, a la vez que sintió lástima y pena por los ignorantes".(Pág.83)

El prestigioso catedrático español Mariano Baquero Goyanes (Madrid, 1923-1984)  concluye en su excelente ensayo "¿Qué es la novela?" (1961) lo siguiente: "Lo que resulta evidente es que el hombre actual sabe que tras el arte de narrar se esconde hoy el signo de su época, quizás el de su porvenir. Es un momento de insólita gloria para la novela, pero también de tremenda responsabilidad para sus creadores". El "Juan de los Palotes" de Freddy Beras Goico, es un legado para nuestra época y para,  como lo externó Baquero Goyanes, el porvenir de todos los dominicanos.

Juan Carlos Báez Moreta

Poeta

El autor, Juan Carlos Báez Moreta, es un poeta dominicano, que ha publicado 13 libros de poesías. Es miembro de la Unión De Escritores Dominicanos (UED) y del Centro PEN de República Dominicana. Juancbaez25@gmail.com

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