República Dominicana es “un país relativamente pequeño”, de unos 48 mil kilómetros cuadrados y cerca de 11 millones de habitantes. Sin embargo, lo que produce y exporta —y lo que proyecta como identidad—, según Ricardo Bonetti, presidente de Dominicania, no guarda proporción con su tamaño: cacao orgánico, rones premiados, liderazgo en tabaco, una cantera constante de peloteros de Grandes Ligas fuera de Estados Unidos y una piedra única en el mundo, el larimar, “tan dominicana como las playas” que rodean la isla.
A esa lista, Bonetti sumó el posicionamiento del país como destino de golf, el peso histórico de Santo Domingo —la “primera ciudad del Nuevo Mundo”, con más de 500 años de historia colonial— y una herencia taína “inigualable”, todavía visible en la gastronomía, la artesanía, el idioma y la identidad.
Pero el diagnóstico que planteó en su presentación, en el marco del DATE 2026, apunta a una brecha persistente: pese a que el país recibe más de 11 millones de visitantes al año, “la mayoría de nuestros turistas se van sin haber conocido” esa República Dominicana. “Vienen a Punta Cana y no conocen la República Dominicana”, resumió. Ese vacío, sostuvo, era una “deuda” cultural e identitaria. Y allí ubica el origen de Dominicania.

Qué es Dominicania y dónde funciona
Bonetti definió el proyecto como un parque cultural de experiencias inmersivas, educativas y participativas, ubicado en Downtown Punta Cana, a minutos de las principales zonas hoteleras. El espacio, dijo, supera los seis mil metros cuadrados y reúne más de 20 marcas referentes nacionales para “traer la República Dominicana a Punta Cana con orgullo y con calidad”.
Un recorrido de 4 horas y media por la identidad dominicana
La propuesta se organiza en un recorrido guiado de cuatro horas y media. El ingreso, explicó, arranca por un recorrido de cueva conducido por una antropóloga, con la historia titulada “Parido por una gruta”, que introduce la mitología taína. Luego llega el cine 4D, patrocinado por Banreservas, con “Taíno”, un cortometraje animado premiado internacionalmente: la experiencia se vive con agua, viento, humo y aromas antes de “entrar en el presente” del parque.
Entre las estaciones, una de las centrales es Cacao, que recorre el proceso “del árbol a la barra” a través de cinco paradas y culmina con una degustación que va “del 100% al chocolate blanco”.
Más adelante aparece Casa Caridad, enfocada en el larimar: una simulación de mina para entender cómo y por qué se forma, y por qué solo se produce en República Dominicana. Allí, además, los visitantes pulen su propia piedra y también se acercan al ámbar, descrito como una joya capaz de preservar historia.
El itinerario sigue por Cigar Country, donde se repasa la historia del tabaco y su proceso completo, “desde la siembra hasta el puro”, con maestros tabaqueros trabajando en vivo. Bonetti destacó que es “la tienda de tabaco más grande del mundo fuera de los Estados Unidos”.
En Casa Oliver, el eje es el ron: desde la caña de azúcar hasta la botella, con explicación de aromas y una cata de cuatro rones premium.
El parque también incorpora un capítulo dedicado al café en Café Santo Domingo: historia, métodos tradicionales como las “medias” y la greca, y otros más complejos como chemex, además de degustación y la posibilidad de crear un blend propio para llevar “con su nombre”.
En el tramo cultural y deportivo aparecen espacios como el dedicado al béisbol dominicano, con un recorrido por héroes del campo, explicación del fenómeno formativo y una jaula de bateo para que el visitante pruebe su talento.
En Hatters of the Caribbean, se recrea una casa típica convertida en taller de sombreros de cana, con énfasis en tejidos y artesanías vinculadas a herencias ancestrales. En Neo Arte, la propuesta es trabajar la muñeca sin cara —hacerla en barro o pintarla— y comprender su significado cultural como ícono dominicano. Y en Golfillo, el guion recorre la historia del golf y el salto del país como destino regional, para luego jugar en simulador.
Casabe y una experiencia culinaria de ocho tiempos
La gastronomía también funciona como relato. En Ancestral by Casabille, la estación rescata la historia del casabe — “por qué le salvó la vida a Cristóbal Colón”, según Bonetti— y además suma una experiencia culinaria de ocho tiempos que viaja desde los inicios taínos en la cuenca del Orinoco hasta el encuentro con Colón: “ocho estaciones, ocho lienzos, ocho historias y ocho platos”.
Carnaval, música y el cierre “de colmado”
En paralelo, el parque busca que la cultura aparezca “como somos los dominicanos”: en el escenario, el carnaval, el folclore y la música irrumpen espontáneamente a lo largo del día. El cierre llega en el “supercolmado” de Cerveza Presidente, con dominó, clase de bachata, “una fría” y un plato típico.
Como valor agregado, Bonetti aseguró que a los visitantes se les entregan accesos de por vida a audioguías de la zona colonial, para llevarse consigo esa parte de la historia dominicana.
Accesibilidad y operación todo el año
El presidente de Dominicania planteó el proyecto como respuesta a una pregunta recurrente del turista internacional: cómo conocer República Dominicana sin irse lejos de Punta Cana. Y, hacia adentro, lo definió como “un espejo de orgullo” para los dominicanos, con representación “con la calidad que merecemos”.
En términos operativos, remarcó que se trata de una excursión “100% accesible”, que no se cancela por lluvia, y que queda a 20 minutos del hotel más lejano.
Una invitación a la industria turística: sumar aliados
El mensaje final, dirigido a la industria turística nacional e internacional reunida en el DATE, fue una invitación directa a sumar aliados: Dominicania —dijo— ya está operando y recibe visitantes todos los días del año, con una consigna que busca resignificar el destino: “Punta Cana sí es la República Dominicana y la República Dominicana se vive en Dominicanía”.
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