El empresario Leonardo Wehe usó el escenario del Dominican Annual Tourism Exchange (DATE) 2026 para lanzar una advertencia que pocos en el sector se atreven a formular en voz alta: el modelo del todo incluido tiene un techo, y Cabarete puede ser el laboratorio donde el país pruebe una alternativa.
Propone reorientar el desarrollo turístico de la costa norte hacia el turismo deportivo de alto valor, el lujo vinculado a la naturaleza y la formación de capital humano especializado.
Un modelo que ya tiene límites
La tesis central de Wehe no es nueva en los debates académicos del turismo, pero sí resulta incómoda en un país donde el todo incluido representa la columna vertebral de la industria y genera millones de dólares en divisas cada año.
"El turismo deportivo no siempre es comercialmente viable en el corto plazo, pero es profundamente estratégico para el posicionamiento de un destino", afirmó el empresario durante su intervención. La distinción importa: no se trata de abandonar el modelo masivo de golpe, sino de construir en paralelo una oferta que eleve la percepción del destino y atraiga un perfil de visitante con mayor gasto promedio.
Wehe señaló disciplinas como el surf, kitesurf, windsurf y wingfoil como vehículos de marca país, comparando el potencial de Cabarete con destinos que hoy lideran el turismo especializado a nivel global. La comparación tiene sustento: Cabarete acumula décadas de reconocimiento internacional como meca de los deportes acuáticos, con vientos alisios que alcanzan entre 20 y 25 nudos en temporada alta y una comunidad de atletas y escuelas de kitesurf que la ubican entre los mejores destinos del Caribe para esas disciplinas.

Los obstáculos que nadie quiere nombrar
Pero Wehe no se limitó a vender una visión optimista. En la misma ponencia identificó los frenos estructurales que, a su juicio, impiden que Cabarete concrete ese potencial: falta de ordenamiento territorial, desorganización, déficit de limpieza y ausencia de planificación pública sostenida.
La crítica apunta directamente al Estado. Según el empresario, sin una mayor inversión gubernamental en calidad de servicios, infraestructura y gestión del destino, el potencial natural de Cabarete seguirá siendo exactamente eso: potencial.
No es la primera vez que actores privados del norte del país señalan esa brecha. La infraestructura urbana y la gestión pública de Cabarete no siempre están a la altura de su reputación internacional.
La crisis sanitaria que el turismo no puede ignorar
Si hay un momento en que la ponencia de Wehe abandonó el lenguaje de las presentaciones corporativas, fue cuando habló del saneamiento. Con una crudeza poco habitual en un foro de esta naturaleza, el empresario describió una realidad que convive, paradójicamente, con la imagen de destino de clase mundial que Cabarete proyecta al exterior.
"Hace cuarenta años que la población de Cabarete hace sus necesidades en un pozo —no séptico, un pozo— que va directo a las napas", afirmó ante la audiencia. "Como no hay acueducto, ¿de dónde saca la gente el agua? De un pozo. O sea, tienes el agua contaminada. Tienes un riesgo de contaminación enorme."
El diagnóstico no es nuevo, pero la forma en que Wehe lo planteó le dio una dimensión distinta: no como un problema social aislado, sino como una amenaza directa a la viabilidad del destino turístico. "Si sigue así, dentro de cuarenta años va a seguir haciendo su necesidad en un pozo", advirtió.
Una infraestructura abandonada, que ya costó millones
Lo que vuelve el problema especialmente grave —y políticamente difícil de sostener— es que el Estado dominicano ya invirtió en la solución. Según Wehe, hace más de veinte años el gobierno gastó lo equivalente a entre 35 y 40 millones de dólares actuales para demoler la carretera principal de Cabarete e instalar una red de cloacas subterránea, junto con una planta de tratamiento de efluentes.
"Hasta el día de hoy está abandonada", denunció. "Hay una infraestructura de cloaca, hay una planta de tratamiento de efluente y el Estado no fue capaz ni de poner las dieciséis estaciones de bomba que se precisan para que el sistema funcione."
La imagen es elocuente: decenas de millones invertidos, zanjas abiertas y vueltas a cerrar, y una planta que nunca operó. Mientras tanto, la contaminación de las napas freáticas sigue avanzando a medida que crece la población.
La respuesta privada tiene límites
Wehe reconoció que, desde el sector privado, ha intentado sortear estos déficits con decisiones empresariales adaptadas al contexto: apostar por proyectos boutique en lugar de desarrollos masivos, precisamente porque la infraestructura existente no tiene capacidad para absorber grandes volúmenes de población o turistas.
"Tackleo todos los problemas de infraestructura con decisiones empresariales que tengan sentido", explicó. Pero fue claro en que esa estrategia tiene un techo: "A medida que estos proyectos avancen y el destino se desarrolle, si el Estado no mete mano para solucionar estos problemas básicos, no vamos a tener agua, no vamos a tener gente que pueda venir a trabajar, porque van a estar todos enfermos."
La advertencia cierra un círculo que el sector privado no puede resolver solo: sin saneamiento, no hay destino sostenible. Y sin voluntad estatal, no hay saneamiento.
Edén Cabarete como prueba de concepto
Para respaldar su argumento, Wehe recurrió a su propio proyecto: Edén Cabarete, un desarrollo de turismo de lujo frente al mar, concebido bajo una lógica que combina naturaleza, deporte y exclusividad. "Hay que aprovechar la ola. Yo lo hice con Edén y me funcionó", dijo.
La referencia no es menor. Wehe utiliza su propio emprendimiento como evidencia de que los destinos de deportes acuáticos, cuando se gestionan con estándares altos, tienden a ser destinos caros y exclusivos —y que eso, lejos de ser un problema, es precisamente el objetivo.
Una universidad de turismo para el Caribe
Quizás la propuesta más ambiciosa —y la menos desarrollada en términos concretos— fue la creación de una universidad especializada en turismo con sede en Cabarete, con un campus de alto nivel capaz de atraer estudiantes de toda Latinoamérica.
La lógica detrás de la idea es pragmática: con múltiples hoteles en construcción en el país y una demanda creciente de mano de obra calificada, República Dominicana enfrenta una dependencia de capital humano importado que, según Wehe, podría reducirse si se forma localmente a los profesionales del sector. Los estudiantes, además, podrían integrarse al mercado laboral dominicano a través de pasantías en hotelería y servicios turísticos.
DATE como termómetro del sector
La ponencia de Wehe se enmarca en la 26ª edición del DATE, organizado por Asonahores y celebrado del 22 al 24 de abril en Punta Cana. El evento —considerado el principal encuentro de comercialización turística del Caribe— reúne este año a compradores internacionales, operadores locales y funcionarios del gobierno en un momento en que el sector registra cifras récord de visitantes y enfrenta, al mismo tiempo, preguntas sobre la sostenibilidad y diversificación del modelo.
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