La figura del outsider ha dejado de ser una rareza en América Latina. El ascenso de líderes como Javier Milei en Argentina, Bernardo Arévalo en Guatemala o, con matices distintos, Nayib Bukele en El Salvador, ha reabierto una pregunta que hace apenas unos años parecía lejana para la República Dominicana: ¿podría una persona ajena a las estructuras partidarias tradicionales conquistar la Presidencia?
Las encuestas muestran un creciente desencanto con los partidos políticos tradicionales. Sin embargo, ese malestar no se traduce automáticamente en una intención de voto favorable hacia candidatos ajenos al sistema. La aparente contradicción evidencia una característica persistente de la política dominicana: la ciudadanía cuestiona a las organizaciones políticas, pero continúa votando dentro de ellas.
Para el historiador, educador y analista político Anthony Almonte Minaya, un outsider podría llegar eventualmente al Palacio Nacional, pero solo bajo circunstancias extraordinarias.
"Sí, podría ocurrir, pero tendría que ser una figura que la población asuma como símbolo de cambio y que represente una mejor opción para el bienestar del país", sostiene. No obstante, aclara que ese escenario no parece viable de cara a las elecciones de 2028. "Dependiendo de lo que ocurra después del 2028 podríamos hablar de otro escenario político. Ahora mismo no veo las condiciones".
Sin embargo, esa afirmación, a pesar de estar matizada, no es compartida por otros expertos en política como Cándido Mercedes o Rosario Espinal, quienes entienden que el escenario dominicano actual sigue favoreciendo a los partidos tradicionales.
El descontento no basta
La experiencia latinoamericana demuestra que los sistemas políticos pueden cambiar con rapidez cuando convergen crisis económicas, pérdida de legitimidad institucional y agotamiento de los partidos tradicionales.
La inflación, el aumento del costo de la canasta familiar, el precio de los combustibles y el desgaste natural del oficialismo han incrementado el malestar ciudadano. Ese ambiente, reconoce Almonte Minaya, favorece que surjan conversaciones sobre una figura antisistema.
Sin embargo, resalta que en República Dominicana esos factores todavía no parecen haber alcanzado un punto de ruptura y que, a su vez, el voto dominicano continúa dependiendo de factores organizativos difíciles de sustituir.
"Las elecciones aquí se mueven con estructura. Hay que movilizar votantes, invertir recursos y construir una maquinaria electoral. Aunque exista la intención de apoyar una figura diferente, eso no siempre se convierte en votos".Anthony Almonte Minaya, historiador y analista político.
A su juicio, el sistema político dominicano sigue funcionando sobre redes territoriales, liderazgos locales, recursos económicos y alianzas partidarias que ningún aspirante independiente posee actualmente.
"Los partidos están en crisis, pero todavía no han tocado fondo. Se reciclan, se reorganizan y continúan ofreciendo espacios de poder que mantienen vivas sus estructuras", agrega.
Los obstáculos para los outsiders
El planteamiento de Almonte Minaya coincide parcialmente con la opinión de diversos analistas políticos, como Rosario Espinal, aunque con una visión menos favorable para quienes aspiren a una candidatura sin contar con el reconocimiento político necesario para hacerlo.
En un artículo de opinión publicado en Acento, Espinal advierte que la aparición de un outsider presidencial en la República Dominicana se ve obstaculizada por la estabilidad del sistema de partidos.
Aunque Espinal, al igual que Almonte Minaya, reconoce que las organizaciones tradicionales han sufrido divisiones, desgaste y pérdida de prestigio, sostiene que el sistema político ha demostrado una capacidad constante para reorganizarse sin derrumbarse.
La politóloga advierte que los partidos políticos atraviesan un momento de baja valoración ciudadana y que cada vez más dominicanos afirman no simpatizar con ninguna organización. Sin embargo, ese desencanto no implica necesariamente un abandono del voto hacia los partidos tradicionales, por lo que, para las elecciones de 2028, las principales organizaciones —PRM, Fuerza del Pueblo y PLD— contarán, a su entender, con dirigentes de suficiente arraigo para disputar con éxito la Presidencia.
"Ningún outsider llegará al poder"
Cándido Mercedes también se refirió a los outsiders, siendo categórico al afirmar que ninguno llegaría a ocupar la presidencia del país, coincidiendo en algunos planteamientos con Almonte Minaya y Espinal.
Mercedes sostiene que, aunque existe malestar con los partidos políticos y una creciente visibilidad de figuras ajenas a la política tradicional, República Dominicana no atraviesa una crisis estructural que favorezca el surgimiento de un outsider con posibilidades reales de llegar al poder.
A su juicio, el deterioro que suele describirse en las redes sociales no corresponde con la realidad económica e institucional del país.
También cuestiona la idea de que las figuras surgidas de las redes sociales constituyan una alternativa independiente. Afirma que muchos influencers han terminado vinculados al propio poder político y económico, por lo que no representan una verdadera ruptura con el sistema.
El peso de las élites y la "estabilidad" clientelar
El debate sobre la viabilidad de un outsider en la República Dominicana no se limita al respaldo ciudadano o al desgaste de los partidos tradicionales, ya que existen factores estructurales que condicionan el acceso al poder, entre ellos la influencia de los grupos económicos, la forma en que opera el sistema político y las redes de incentivos construidas alrededor del Estado.
En ese sentido, el politólogo e historiador Anthony Almonte Minaya considera que existe otro actor determinante: los grupos económicos, empresariales y otros sectores de poder.
Su influencia, sostiene, resulta decisiva para la viabilidad de cualquier candidatura presidencial.
"La política también es un juego de intereses. Los grupos económicos buscarán una figura que garantice estabilidad para sus inversiones. La oligarquía dominicana no pondrá sus intereses en manos de alguien que no le ofrezca seguridad", explica.
En ese contexto, incluso una candidatura que logre conectar emocionalmente con la población necesitaría construir puentes con sectores de poder tradicional para convertirse en una opción realmente competitiva.
Por otra parte, la experta en política, Rosario Espinal, aborda en su artículo otro elemento que explica la continuidad del sistema político: el carácter clientelar y asistencial del Estado dominicano.
Según plantea, la expansión de programas sociales y mecanismos de distribución de recursos ha permitido incorporar como beneficiarios no solo a sectores populares, sino también a empresarios, parte de la clase media y dirigentes políticos, incluso de la oposición.
Ese entramado, afirma, funciona como un mecanismo de inclusión y estabilidad política que reduce los incentivos para una ruptura del sistema institucional. Mientras ese modelo pueda sostenerse sin una crisis económica severa, considera poco probable el éxito de un candidato que prometa desmontarlo por completo.
"El Estado clientelar-asistencial dominicano, ampliado en los últimos años, es un factor estabilizante de la política, a pesar de los riesgos económicos que acarrea cuando se conjuga con un gran déficit fiscal", señala.
Un escenario abierto, pero no inmediato
Aunque Anthony Almonte Minaya no descarta que un outsider pueda surgir en el futuro, insiste en que ese escenario dependería de un cambio profundo en las condiciones políticas y económicas del país.
El descontento ciudadano por sí solo, reitera, no basta para provocar una ruptura del sistema, ya que las estructuras partidarias mantienen capacidad de reorganización y continúan controlando los mecanismos que permiten competir por el poder.
Aunque reconoce problemas económicos —agravados recientemente por el aumento del precio internacional del petróleo— sostiene que el país no vive una crisis prolongada comparable con las que han abierto espacio para liderazgos antisistema en otras naciones latinoamericanas.
Desde su perspectiva, las candidaturas outsider suelen surgir cuando coinciden un deterioro económico severo y el desplome de los partidos tradicionales, condiciones que considera ausentes en el escenario dominicano.
La experiencia de otros países muestra que los outsiders no llegan al poder solo por su popularidad. Suelen aparecer cuando coinciden varios factores: el desgaste de los partidos tradicionales, el descontento ciudadano y la aparición de una figura capaz de conectar con ese malestar.
En esos escenarios, el liderazgo personal termina teniendo más peso que la organización política y la comunicación directa, a través de los medios o las redes sociales, se convierte en una herramienta clave para ganar apoyo.
Donald Trump lo hizo desde la televisión; Volodímir Zelenski desde la actuación; Javier Milei desde los programas de análisis económico; Jimmy Morales desde el entretenimiento; y el abogado colombiano Abelardo de la Espriella ha seguido un camino similar apoyado en los medios y las plataformas digitales.
Antes de contar con una maquinaria política, ya eran figuras ampliamente conocidas por la opinión pública.
Pero todos ellos también surgieron en momentos de fuerte desgaste institucional.
La corrupción en Guatemala, la crisis económica en Argentina, el rechazo a la política tradicional en Estados Unidos, la guerra en Ucrania o la polarización en Colombia crearon un ambiente favorable para que un candidato ajeno a los partidos fuera visto como una alternativa. En esos casos, el contexto fue tan determinante como el propio candidato.
Un salvavidas llamado… ¿Santiago Matías?
Cada vez que se discute la posibilidad de un outsider, uno de los nombres que más aparece es el del empresario y comunicador Santiago Matías, conocido como Alofoke.
Para Almonte Minaya, su alto nivel de reconocimiento no es suficiente para convertirlo en un candidato competitivo.
"Aunque existe un sector que lo respalda, no tiene la estructura política necesaria para afrontar un proceso electoral tan complejo como el dominicano", afirma.
El analista considera que la percepción pública también juega en su contra.
"La gente lo asocia con el entretenimiento. Hay quienes lo siguen y lo admiran, pero no necesariamente lo visualizan como la persona llamada a dirigir los destinos del país."
Incluso al comparar la situación dominicana con la de Milei o Bukele, el politólogo marca diferencias importantes.
Recuerda que Milei llegó con una sólida trayectoria académica como economista y presencia constante en el debate público, mientras Bukele acumulaba experiencia política como alcalde antes de alcanzar la Presidencia.
"Si aquí surgiera una figura con ese perfil, vería más posibilidades en alguien como Ricardo Nieves que en Alofoke, aunque igualmente tendría que apoyarse en alguna estructura política existente", sostiene.
El interés del reformismo
La posibilidad de que el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) postule a una figura externa también forma parte del debate.
En los últimos meses se ha mencionado la posibilidad de impulsar a Santiago Matías como candidato presidencial de esa organización.
Almonte Minaya interpreta ese movimiento más como una estrategia de supervivencia partidaria que como un verdadero intento de conquistar el poder.
"Quique está viendo a Santiago Matías como un tonto útil", afirma.
Según explica, una candidatura de alto reconocimiento podría permitir al PRSC aumentar su votación, conservar la categoría de partido mayoritario y acceder a mayores recursos públicos provenientes de la Junta Central Electoral.
"No creo que la apuesta sea ganar las elecciones. Lo que buscan es posicionar nuevamente al partido y mantener los beneficios que reciben las organizaciones con mayor cantidad de votos", concluye.
Una hipótesis atractiva, pero distante
La posibilidad de que un outsider llegue a la Presidencia de la República Dominicana sigue siendo, por ahora, más una hipótesis que una realidad cercana.
Tanto Anthony Almonte Minaya como Rosario Espinal coinciden en que el desgaste de los partidos tradicionales y el descontento ciudadano no bastan, por sí solos, para producir una ruptura del sistema político.
Mientras las organizaciones partidarias conserven su capacidad de reorganizarse, movilizar votantes y articular los intereses de los principales grupos de poder, el camino hacia el Palacio Nacional continuará pasando, casi inevitablemente, por sus estructuras.
La historia reciente de América Latina demuestra que los outsiders pueden emerger cuando confluyen crisis profundas y vacíos de liderazgo.
Esa es, probablemente, la mayor enseñanza de los outsiders de las últimas dos décadas: No ganaron únicamente porque fueran empresarios, abogados, economistas o actores. Ganaron porque llegaron a las elecciones cuando una parte importante del electorado dejó de buscar experiencia política y empezó a buscar exactamente lo contrario: alguien que no pareciera político. No son el origen del descontento, sino el producto de una pérdida de confianza en las élites tradicionales.
Cuando los partidos dejan de representar una esperanza de cambio, el mayor activo de un candidato puede ser, precisamente, no haber pertenecido nunca a ellos.
En República Dominicana, el desgaste existe, la desconfianza también, pero las maquinarias partidarias continúan siendo el principal vehículo para acceder al poder. Mientras esa estructura permanezca intacta, la posibilidad de un outsider seguirá siendo una hipótesis atractiva para el debate político, aunque distante de la realidad electoral inmediata.
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