El sector empresarial dominicano, tanto el organizado en asociaciones generales como sectoriales, siempre ha tenido incidencia en la vida política dominicana, y en particular en los procesos electorales.

Antes, para que un candidato presidencial tuviera prestancia e influencia, y ser considerado seriamente, debía ser invitado a los diálogos de la Cámara Americana de Comercio, a la Asociación de Industrias de la República Dominicana, o al Consejo Nacional de la Empresa Privada.

Cuando el profesor Juan Bosch era candidato presidencial del PLD para las elecciones de 1994, y frente un evidente deterioro cognitivo del expresidente, el PLD propuso que su candidato vicepresidencia, Leonel Fernández, asistiera a los diálogos empresariales. Los empresarios, para no bajar el nivel de sus encuentros, determinó que Fernández no era el candidato presidencial y carecía del nivel que requería ese grupo convocante. Y el PLD quedó excluido, frente a las candidaturas reformistas y perredeístas.

Y cuando empresarios asumieron posiciones relevantes, como Jacinto Peynado, Carlos Morales Troncoso, muy cercanos al sindicato empresarial, se notaba la acogida y complacencia. Sin que fuera parecido al tratamiento que daban a los políticos como José Francisco Peña Gómez, o Leonel Fernández, cuando ya fue posible que alcanzara la candidatura presidencial del PLD para 1996. El joven Fernández necesitó de la salida al estrellato político de los empresarios Diandino Peña y Luis Manuel Bonetti, para comenzar a ser confiable, y luego del Frente Patriótico con Balaguer, para poder salir triunfante con su candidatura.

Siempre se argumenta que determinados candidatos presidenciales no son invitados por carecen de representación congresual o porque el nivel de representación alcanzado en la última votación no logró el 5 por ciento. Son teorías. Los grupos empresariales avalan las candidaturas de aquellos candidatos sólidos de partidos políticos que han tenido y mantienen diálogo con el sector empresarial. Incluso esos encuentros buscan descifrar las propuestas económicas, fiscales, innovadoras de los aspirantes a la presidencia de la República.

Se podría decir que ningún aspirante presidencial ha llegado a la presidencia de la República sin contar con el aval de los grupos empresariales.

Luis Abinader, político joven que aspiró a la vicepresidencia en el 2012 y a la presidencia en el 2016, necesitó del aval empresarial para adquirir recursos, financiamiento, apoyo para las elecciones del 2020.

Proviniendo de una familia de políticos con raíces conocidas en la sociedad y entre los grupos empresariales, Luis Abinader necesitó de la creación del llamado Gabinete Presidencial, encabezado por Lisandro Macarrulla, pasado presidente del CONEP, razón que despejó muchas dudas y abrió las puertas para que el sector empresarial se identificara con sus propuestas.

Hoy se habla de aspirantes outsiders, que supuestamente tendrían posibilidades de alcanzar relevancia electoral, como lo acaba de hacer Abelardo de la Espriella en Colombia. Incluso se ha comentado que grupos empresariales dominicanos estarían analizando la posibilidad de acercamiento con ciertos aspirantes sin partido, para ubicarle una posición en un partido tradicional, y controlar su rabia, y todo ello sustentado en la popularidad que alcanzan estos outsiders en el electorado.

Nada más falso ni más equivocado que ese criterio. El empresariado dominicano ha sido y sigue siendo conservador, clasista, radicalmente defensor de sus privilegios y con uñas cortantes para imponer sus posiciones en las campañas electorales.

No hay dudas de que grupos empresariales tienen muy definida una posición política, y una preselección, con miras al proceso electoral del 2028. Lo han dejado claro, lo financian desde hace años, y está en una de las organizaciones políticas tradicionales, en el poder ahora, y seguirá teniendo impulso sin que haya sorpresas, salvo una división o una tragedia implique una ruptura del orden democrático e institucional.

Los outsiders no tienen, en este tiempo, espacio en la política ni en las elecciones dominicanas, para la posición presidencial. Una candidatura presidencial triunfante hay que trabajarla y hay que ponerle no solo mucho cerebro, sino también mucho dinero.