El panorama político dominicano rumbo a las elecciones de 2028 tiene, por ahora, un liderazgo opositor claramente instalado: Leonel Fernández. La más reciente encuesta Gallup-Diario Libre, publicada el 12 de mayo de 2026, lo coloca al frente de las preferencias internas de la Fuerza del Pueblo (FP), con 64.9 % de respaldo entre los simpatizantes de esa organización, frente al 31.7 % que registra el senador Omar Fernández, quien se perfila como la segunda figura de mayor peso dentro del partido.

Pero el escenario opositor no se limita a la consolidación de Leonel. A finales de mayo, el exministro de Obras Públicas Gonzalo Castillo volvió al centro del debate político tras ser favorecido con un auto de no ha lugar en el caso Calamar y anunciar, de inmediato, sus aspiraciones presidenciales para 2028. Su declaración, “voy con todo”, convirtió una decisión judicial en un acto de relanzamiento político y movió las aguas internas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

La coincidencia de ambos hechos, el dominio de Leonel en la Fuerza del Pueblo y la irrupción de Gonzalo en el PLD, obliga a mirar la oposición con más cuidado. No se trata solo de quién encabeza una encuesta interna, sino de cómo se reorganiza el espacio opositor frente a un oficialismo que sigue arriba en simpatía partidaria, pero sin fuerza suficiente, según Gallup, para garantizar hoy una victoria en primera vuelta.

Un sistema sin ganador claro en primera vuelta

El dato más revelador de la encuesta Gallup-Diario Libre no está únicamente en los liderazgos personales, sino en la fotografía general del sistema de partidos. El Partido Revolucionario Moderno (PRM) encabeza la simpatía partidaria con 30.4 %, mientras la Fuerza del Pueblo aparece con 19.6 % y el PLD con 19.5 %, prácticamente empatados como principales fuerzas opositoras.

Ese escenario muestra un oficialismo todavía competitivo, pero lejos de una mayoría cómoda. También revela una oposición dividida en dos bloques de peso similar, lo que complica cualquier proyección temprana de triunfo opositor si no se produce una recomposición, alianza o crecimiento significativo de una de esas fuerzas.

El otro dato que inquieta a todos los estrategas es el 23.5 % de ciudadanos que dice no simpatizar con ningún partido. Ese bloque supera individualmente a la Fuerza del Pueblo y al PLD, y se convierte en el gran territorio de disputa rumbo a 2028. No es un partido, no tiene candidato ni estructura, pero puede inclinar la balanza si el escenario se mantiene fragmentado.

Leonel mantiene control interno en la Fuerza del Pueblo

Ante los resultados de Gallup, Leonel Fernández respondió con optimismo. El expresidente afirmó que la Fuerza del Pueblo avanza “demasiado bien y demasiado rápido”, y sostuvo que la organización marcha con su propio esfuerzo hacia la conquista del poder en 2028. Su reacción se produjo en un contexto en el que la encuesta lo muestra como el liderazgo dominante dentro de su partido y como una figura opositora con alto nivel de conocimiento público.

Su ventaja interna es contundente. Casi dos tercios de los simpatizantes de la FP lo identifican como la opción presidencial natural, una proporción que confirma su peso histórico, su control político y su capacidad para mantener cohesionada a una organización que nació de la ruptura con el PLD.

Sin embargo, la encuesta también deja ver un movimiento generacional que no puede ser ignorado. Omar Fernández, con 31.7 %, no desplaza a Leonel, pero sí aparece como una segunda figura con base propia dentro de la Fuerza del Pueblo. Ese dato abre una pregunta estratégica: si el partido apostará nuevamente por el liderazgo histórico de Leonel o si, en algún momento, comenzará a preparar una transición generacional más visible.

Gonzalo Castillo sacude el tablero peledeísta

Mientras Leonel mantiene un liderazgo claro en la Fuerza del Pueblo, el PLD enfrenta una disputa más abierta por su candidatura presidencial. La encuesta Gallup-Diario Libre muestra a Gonzalo Castillo encabezando las preferencias internas peledeístas con 48.3 %, seguido por Abel Martínez, con 25.3 %. Muy por debajo aparecen otras figuras como Francisco Javier García, Margarita Cedeño, Domínguez Brito y Charlie Mariotti.

Ese dato ya colocaba a Gonzalo como una figura competitiva dentro del PLD antes de su relanzamiento público. Pero el auto de no ha lugar en el caso Calamar le permitió salir del terreno defensivo y pasar a una ofensiva política inmediata. A su salida del tribunal, el exministro afirmó que será presidente en 2028, en una declaración que fue interpretada como el inicio formal de su nueva ruta electoral.

El movimiento tiene impacto interno y externo. Internamente, obliga al PLD a reorganizar su conversación presidencial en torno a una figura que ya fue candidato en 2020 y que conserva estructura, recordación y vínculos dentro del partido. Externamente, introduce una nueva presión sobre la Fuerza del Pueblo, porque cualquier recuperación peledeísta puede limitar el crecimiento opositor de Leonel Fernández.

El caso Calamar y el riesgo de una candidatura judicializada

El regreso de Gonzalo Castillo no ocurre en un terreno completamente despejado. Aunque fue favorecido con un auto de no ha lugar, el caso Calamar sigue teniendo peso político y mediático, y el Ministerio Público anunció que apelará la decisión, según reportes publicados tras el fallo.

Eso significa que su candidatura podría crecer en medio de una tensión doble. Por un lado, el no ha lugar le permite presentarse ante sus seguidores como una figura reivindicada y políticamente habilitada. Por otro, la eventual apelación mantiene abierto el flanco judicial y permite que sus adversarios mantengan el caso como parte de la discusión pública.

En política, los expedientes judiciales no siempre destruyen candidaturas. A veces las debilitan, otras veces las radicalizan, y en determinados contextos pueden ser usados por los propios afectados para construir un relato de persecución. El desafío de Gonzalo será convertir su regreso en una propuesta de poder, no solo en una reacción frente al proceso judicial que lo sacó del centro de la competencia durante varios años.

¿Amenaza real para Leonel Fernández?

La pregunta central es si el lanzamiento de Gonzalo Castillo afecta directamente el liderazgo opositor de Leonel Fernández. La respuesta, por ahora, debe ser matizada. En términos internos, Gonzalo compite dentro del PLD, no dentro de la Fuerza del Pueblo. No amenaza el control de Leonel sobre su partido ni reduce, de manera automática, el respaldo que el expresidente mantiene entre los simpatizantes de la FP.

Pero en términos estratégicos, sí puede afectarlo. La Fuerza del Pueblo y el PLD compiten por una parte del mismo electorado opositor, especialmente por votantes que vienen del viejo mundo peledeísta, ciudadanos descontentos con el PRM y sectores que buscan una alternativa al oficialismo sin romper necesariamente con figuras conocidas del sistema.

Si Gonzalo logra fortalecer al PLD, ordenar su candidatura y recuperar parte del voto morado que migró o quedó en pausa, la Fuerza del Pueblo tendría menos espacio para presentarse como la única opción opositora con capacidad real de desplazar al PRM. En un escenario donde FP y PLD rondan el 19 % de simpatía partidaria, cualquier crecimiento de uno puede limitar el avance del otro.

La oposición frente al dilema de la fragmentación

La encuesta muestra una oposición con dos polos principales, pero sin una fuerza claramente hegemónica fuera del oficialismo. La Fuerza del Pueblo tiene a Leonel como liderazgo dominante y una estructura en crecimiento, mientras el PLD conserva historia, marca, cuadros territoriales y una base que todavía no ha desaparecido, pese al desgaste de sus años en el poder y la división que sufrió en 2019.

Ese equilibrio puede ser una fortaleza o una debilidad. Puede permitir que la oposición tenga varias vías de crecimiento, pero también puede dispersar el voto contra el oficialismo. Si ambas organizaciones compiten por el mismo electorado sin construir una narrativa de convergencia o sin que una logre imponerse claramente sobre la otra, el PRM podría beneficiarse de la fragmentación.

Ahí está el punto sensible para Leonel. Su liderazgo interno es fuerte, pero el reto no es solo ganar dentro de la Fuerza del Pueblo. El reto es convertir esa fortaleza interna en liderazgo opositor nacional, capaz de absorber o superar al PLD, conquistar independientes y presentarse como opción viable frente al partido de gobierno.

Omar Fernández y la presión generacional

El crecimiento de Omar Fernández dentro de la Fuerza del Pueblo introduce otra variable en la ecuación. Su 31.7 % entre simpatizantes de la FP no desplaza a Leonel, pero sí muestra que existe una base que ve en él una figura con proyección presidencial. Además, su posicionamiento puede conectar con un electorado más joven, menos atado a la política tradicional y más sensible a los liderazgos de renovación.

Para Leonel, ese dato puede ser leído como activo o como presión. Es un activo porque le permite a la Fuerza del Pueblo proyectar futuro y mostrar que no depende únicamente de su figura histórica. Pero también es una presión porque, mientras más crece Omar, más visible se vuelve la pregunta sobre el relevo.

El regreso de Gonzalo podría acelerar esa discusión. Si el PLD define una candidatura fuerte y el PRM avanza en su propio proceso sucesoral, la Fuerza del Pueblo tendrá que decidir si apuesta por la experiencia de Leonel, por una renovación encabezada por Omar o por una fórmula que intente combinar liderazgo histórico y proyección generacional.

Gonzalo y el intento de reconstruir autoridad en el PLD

Para el PLD, Gonzalo Castillo representa una posibilidad y un riesgo. La posibilidad está en que su figura conserva reconocimiento nacional, experiencia como candidato presidencial y capacidad de movilización dentro de la estructura peledeísta. Su ventaja interna en Gallup indica que, al menos entre simpatizantes del partido, sigue siendo una opción relevante.

El riesgo está en que su retorno también reabre debates sobre el pasado reciente del PLD, el desgaste de sus gobiernos, el peso de los casos judiciales y la dificultad del partido para construir una narrativa de renovación. Si Gonzalo logra ordenar al PLD, puede convertirlo nuevamente en una fuerza opositora más competitiva. Si no lo logra, su candidatura podría reforzar la percepción de que el partido sigue girando alrededor de figuras asociadas a su etapa de poder.

Ese es el dilema peledeísta: necesita una candidatura con fuerza, pero también necesita una explicación política convincente de por qué merece volver. Gonzalo puede aportar energía, estructura y visibilidad, pero tendrá que demostrar que su proyecto representa algo más que una revancha política después del caso Calamar.

El voto independiente como terreno decisivo

El 23.5 % que no simpatiza con ningún partido es el dato que conecta todos los demás. Ese electorado puede mirar con distancia al PRM, a la Fuerza del Pueblo y al PLD. Puede estar cansado de las siglas, pero no necesariamente de votar. Puede rechazar la política tradicional, pero terminar respaldando a una figura conocida si la percibe como eficaz, cercana o menos riesgosa.

Para Leonel, ese bloque es indispensable si quiere transformar su liderazgo partidario en mayoría nacional. Para Gonzalo, representa la oportunidad de demostrar que su relanzamiento no se limita al PLD y que puede hablarle a votantes que no se sienten peledeístas. Para el PRM, es el segmento que debe cuidar para evitar que la fatiga de poder se convierta en voto de castigo.

El dato de “Ninguno” confirma que 2028 no se definirá solo con estructuras partidarias. También se definirá con percepción de gestión, credibilidad personal, narrativa de futuro, capacidad de conectar con problemas cotidianos y habilidad para convencer a un votante menos fiel, más exigente y más volátil.

El nuevo reglamento sobre encuestas añade otra tensión

El contexto se vuelve más complejo con la decisión de la Junta Central Electoral (JCE) de prohibir la publicación de encuestas con fines electorales fuera de los plazos previstos para la precampaña y la campaña. La medida, contenida en la Resolución 14-2026, fue llevada ante el Tribunal Superior Electoral (TSE) mediante un recurso contencioso en nulidad.

Si esa restricción se mantiene, los partidos quedarían sin un termómetro público permanente en una etapa clave de construcción de candidaturas. Eso podría beneficiar a liderazgos ya instalados, como Leonel Fernández o David Collado, y complicar a figuras que necesitan mediciones sucesivas para demostrar crecimiento, instalar narrativa y presionar internamente a sus partidos.

En el caso de Gonzalo Castillo, el efecto puede ser ambiguo. Su lanzamiento llega con el impulso de un hecho judicial y con una encuesta que ya lo coloca arriba dentro del PLD, pero necesitará sostener visibilidad y demostrar expansión más allá de su base. Si las encuestas públicas quedan limitadas, parte de esa medición pasará a depender de actos, giras, estructura, presencia mediática y percepción pública no cuantificada.

Un tablero abierto hacia 2028

A dos años de las elecciones, el mapa político dominicano muestra un oficialismo que conserva ventaja, pero no mayoría suficiente; una oposición dividida entre Fuerza del Pueblo y PLD; y un electorado independiente que nadie ha logrado capturar por completo. Leonel Fernández lleva ventaja dentro de la oposición por estructura, experiencia, posicionamiento y control partidario, pero Gonzalo Castillo acaba de introducir una variable que puede alterar el equilibrio opositor.

El regreso de Gonzalo no desplaza automáticamente a Leonel, pero sí puede obligarlo a moverse con mayor rapidez. Si el PLD logra unificarse alrededor de su candidatura o convertir su relanzamiento en una narrativa de recuperación, la Fuerza del Pueblo tendrá que competir no solo contra el PRM, sino contra un antiguo partido matriz que busca reconstruirse.

El 2028 todavía está lejos, pero la campaña ya empezó en los hechos. Gallup mostró el mapa inicial: Leonel domina la Fuerza del Pueblo, Gonzalo encabeza el PLD, el PRM sigue arriba como partido, y “Ninguno” aparece como el gran bloque disponible. La pregunta ya no es solo quién lidera hoy, sino quién será capaz de convertir estructura, imagen y oportunidad en una mayoría real cuando llegue la hora de votar.

Abraham Marmolejos

Periodista, docente y estratega de comunicación, con experiencia en medios digitales, periodismo de investigación y creación de contenido.

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