Donald Trump y Benjamin Netanyahu han superado varias crisis desde que unieron fuerzas para librar la guerra contra Irán, pero la frustración del presidente estadounidense con el líder israelí ha estallado públicamente debido a la continuidad de los ataques de Israel contra el Líbano e Irán.
«Yo tomo las decisiones. Yo tomo todas las decisiones. [Netanyahu] no toma las decisiones», exclamó Trump en una entrevista con el Financial Times el domingo.
¿Tendría que aceptar finalmente Netanyahu un acuerdo con Irán?
«No tendrá otra opción».
La fricción surge a medida que divergen los intereses de Israel y Estados Unidos: Trump afronta una presión creciente para poner fin al conflicto en Oriente Medio y contener los precios del combustible antes de las elecciones legislativas de noviembre, mientras que Netanyahu es acusado por sus críticos internos de no haber alcanzado los objetivos que se fijó al inicio de los combates.
En la tarde del lunes, Trump y Netanyahu habían hablado, según un funcionario de la Casa Blanca, y las hostilidades en Oriente Medio comenzaban a disminuir tras el intercambio de fuego más intenso entre Israel e Irán desde el alto el fuego de principios de abril.
Sin embargo, el primer ministro israelí volvió a demostrar que seguía dispuesto a desafiar a Trump y a arriesgarse a reavivar la tensión en Oriente Medio, obligando al presidente estadounidense a pedir en las redes sociales que Israel —así como Irán— «dejara de disparar inmediatamente».
Un funcionario del Departamento de Defensa de Estados Unidos afirmó el lunes que las fuerzas estadounidenses no participaron en los ataques israelíes contra Irán durante la jornada anterior, una señal del descontento de Washington con los últimos bombardeos sobre el Líbano e Irán.
No obstante, el funcionario indicó que Estados Unidos sí lanzó interceptores para proteger a sus tropas desplegadas en Israel.
Durante su segundo mandato, Trump ha respaldado ampliamente la visión de Netanyahu sobre cómo afrontar a Irán y a sus aliados regionales, incluido Hizbulá.
En febrero se convirtió en el primer presidente estadounidense en iniciar una guerra contra la república islámica tras décadas de presiones por parte de dirigentes israelíes —especialmente Netanyahu—, después de los ataques contra instalaciones nucleares iraníes llevados a cabo el pasado junio.
Las frustraciones de otros presidentes estadounidenses con el dirigente israelí también se hicieron públicas en ocasiones.
Bill Clinton llegó a preguntar a sus asesores: «¿Quién es aquí la maldita superpotencia?», tras un tenso encuentro en 1996.
En el caso de Trump, los estallidos de ira han sido especialmente intensos, utilizando con frecuencia palabras malsonantes contra Netanyahu por su negativa a detener los bombardeos sobre Irán el pasado junio o sobre el Líbano la semana pasada.
Pese a ello, hay pocos indicios de que Trump esté dispuesto a ejercer una presión mayor, como suspender la ayuda militar estadounidense a Israel.
Durante su presidencia ha ofrecido un respaldo más sólido al líder israelí que administraciones anteriores, pronunciándose contra los cargos por corrupción que enfrenta Netanyahu, eliminando sanciones contra la actividad de colonos israelíes ilegales y superando las objeciones demócratas a las transferencias de armamento.
«Nos llevamos muy bien. Hemos sido grandes compañeros. Hicimos algo muy, muy importante contra un determinado país que no hizo más que causar problemas durante 47 años», declaró Trump a NBC el viernes.
«El presidente Trump mantiene una relación sólida con el primer ministro Netanyahu, e Israel siempre ha sido un gran aliado de Estados Unidos. No ha habido un mayor amigo de Israel ni un defensor más firme de la paz que el presidente Trump», afirmó el lunes un portavoz de la Casa Blanca.
Sin embargo, la determinación de Trump por poner fin a la guerra ha colocado a Netanyahu en una posición cada vez más incómoda dentro de Israel, mientras intenta equilibrar las exigencias de su principal aliado con la opinión pública israelí de cara a las elecciones previstas para finales de este año.
Las encuestas sugieren que una mayoría de los israelíes es partidaria de continuar la guerra con Irán y considera que el país aún no ha alcanzado sus objetivos.
Un sondeo realizado el mes pasado por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional reveló que solo el 37 % de la población está satisfecha con los resultados obtenidos hasta ahora.
«Netanyahu tiene dos malas opciones», afirmó Aviv Bushinsky, analista político y antiguo jefe de gabinete del primer ministro.
«Puede inclinarse ante Trump y hacer lo que este espera de él, pero eso tiene un coste político interno. O puede distanciarse de Trump. Pero no creo que Israel pueda permitirse afrontar por sí solo una guerra a gran escala contra Irán, especialmente en el plano defensivo».
El lunes, Netanyahu optó por una solución intermedia.
A pesar de que Trump le pidió públicamente que no atacara Irán tras el lanzamiento de misiles iraníes en represalia por un ataque israelí en Beirut, ordenó a las fuerzas israelíes atacar objetivos iraníes por primera vez desde la entrada en vigor del frágil alto el fuego de abril.
Sin embargo, al final del día, con Trump intensificando su presión en favor de una tregua y ante el temor de una escalada incontrolada en toda la región, Netanyahu ordenó detener los ataques.
Funcionarios israelíes sostuvieron que el país llevó a cabo esos bombardeos porque no podía aceptar una situación en la que Irán respondiera con ataques contra Israel tras las operaciones israelíes en el Líbano.
«Irán y la Administración Trump consideran unidos los escenarios de Irán y el Líbano, mientras que Israel los considera distintos», explicó Richard Fontaine, director ejecutivo del Center for a New American Security, un laboratorio de ideas con sede en Washington.
«Israel lleva enfrentándose a grupos armados establecidos en el Líbano desde la década de 1970 y ningún acuerdo hará que renuncie indefinidamente a defender su frontera norte», añadió.
Dahlia Scheindlin, encuestadora y analista política radicada en Tel Aviv, consideró que también existe un componente de «teatro político» en los desacuerdos públicos.
«Trump intenta demostrar ante la opinión pública estadounidense que está haciendo todo lo posible para evitar una nueva escalada de la guerra y para impedir que Estados Unidos vuelva a involucrarse», afirmó.
«Y Netanyahu queda bien ante su electorado porque desafía a Trump».
No obstante, los dirigentes de la oposición han aprovechado el cambio de postura de Netanyahu sobre los ataques —la segunda vez en una semana que el primer ministro deja en suspenso planes militares a petición de Trump— para acusarlo de capitulación.
Naftali Bennett, ex primer ministro y probable rival de Netanyahu en las elecciones que deberán celebrarse antes de octubre, lo acusó de «normalizar» los ataques periódicos de Irán contra Israel al no continuar los combates.
Por su parte, Gadi Eisenkot, antiguo jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel y también posible aspirante a disputar el liderazgo a Netanyahu, difundió un vídeo en el que Trump repite que Netanyahu «hará todo lo que yo quiera que haga».
«Cuando comenzó la guerra con Irán, la oposición la apoyó ampliamente porque pensaba que iba a ser una guerra exitosa y, por tanto, no había alternativa distinta a respaldarla», señaló Bushinsky.
«Pero ahora acusan a Netanyahu de carecer de estrategia. ¿Por qué lo dicen? Porque saben que la guerra no alcanzará sus objetivos».
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