Ya publicaron PISA 2025. 91 países. 7,080 estudiantes dominicanos de 15 años, de 257 centros, evaluados entre abril y mayo de 2024. La prueba de la OCDE no mide si recuerdas una fórmula. Mide si puedes usar lo que aprendiste para vivir.
Los resultados de República Dominicana son estos:
Matemática: 328 en 2015, 325 en 2018, 339 en 2022, 339 en 2025
Lectura: 358 342 351 346
Ciencias: 332, 336, 360, 361
Estables respecto a 2022, mejores que el fondo de 2018, cuando quedamos últimos en matemática y ciencias. En ciencias estamos incluso entre los 11 países que mejoran desde 2015.
Pero atención, esa es la mitad de la foto.
La otra mitad es el nivel básico, el mínimo funcional para la vida adulta:
Matemática: solo 9% lo alcanza en RD, frente a 65% en la OCDE.
Lectura: 23% frente a 69%.
Ciencias: 26% frente a 74%.
El 69.3% de nuestros estudiantes está por debajo en las tres materias a la vez. En la OCDE es 19.7%. En América Latina solo superamos a Paraguay y Guatemala en las tres.
Mantenernos igual nos salió caro. Muy caro.
El presupuesto de Educación pasó de RD$231,148 millones en 2022 a 332.030 millones en 2025. Son 100.883 millones de pesos dominicanos más para la misma nota. Como muestra el gráfico de PISA que compara gasto acumulado por estudiante y resultado en ciencias, de los países que gastan parecido a nosotros, somos los de peor resultado. De lo peor, por mucho.
El titular fácil es culpar. El trabajo serio es entender por qué pasa, por qué pesa y qué hace PISA con eso.
La meseta
Hasta donde sé, el Centro de Investigación en Educación y Desarrollo Humano, CIEDHumano de la PUCMM, no ha publicado aún un informe específico de PISA 2025, pero su diagnóstico de las Pruebas Nacionales 2025 —más de 82 mil estudiantes— explica exactamente lo que PISA refleja.
Existe una contradicción estructural: promovemos al 75.5% de los estudiantes, con un sistema que pondera 70% la nota de presentación del docente, pero solo 22% alcanza desempeño satisfactorio integral. 47% de los promovidos no tiene conocimientos mínimos en matemática, español, sociales y naturales. El promedio interno ronda 85, el nacional 56.
Puesto en blanco y negro, aprobamos más, aprendemos menos.
Eso pasa en el aula.
Radhamés Mejía capta el instante.
Entre 2022 y 2025, ciencias prácticamente no cambia, matemáticas tampoco y lectura disminuye aproximadamente seis puntos. “Es decir, después de avanzar, hemos llegado a una meseta.” Y añade el analista y pedagogo: PISA 2025 muestra que el principal problema educativo del país no es la posición en el ranking internacional, sino que casi siete de cada diez jóvenes llegan a los 15 años, después de diez años de escolarización, sin haber consolidado capacidades fundamentales para comprender, razonar, utilizar información y continuar aprendiendo autónomamente.
PISA los fotografía a los 15 años y la realidad, como advirtiera Ricado. Nieves, lo refleja: hay cien mil abogados, con 15 mil ejerciendo, y el resto buscando visa o vendiendo empanadas en alguna esquina.
Realidad que duele porque duele
Como advirtió EDUCA, y críticamente el profesor Juan Valdez, PISA no discute calidad ni puntuación, discute si estamos formando capital humano para una economía tecnológica, productividad y ciudadanía.
Y eso duele más, señala la pedagoga Mary Cantisano, porque el currículo dominicano escribe valores —reconoce derechos, coopera al margen de estereotipos de género, observa con sentido crítico—, pero la praxis no lo trasciende.
La formación inicial docente menciona enfoque histórico-cultural y sociocrítico; el aula lo ignora.
El resultado no es solo académico, es humano.
Pero no todo dolor. En el ambiente escolar que PISA sí mide, el 77% de las escuelas ya prohíbe el celular, antes 55%, y donde se prohíbe la distracción baja tres veces más que en el resto del mundo. Eso es positivo.
Los contragolpes negativos, empero, son significativos: el 40% reporta ruido y desorden en clase, frente al 31% OCDE. El 50% faltó al menos un día en las dos semanas previas a la prueba, frente al 22% OCDE. El 27% dice sufrir acoso escolar varias veces al mes, por encima del 20% de la OCDE.
Como reiteró Darwin Caraballo, uno de los principales retos está dentro de las aulas. Se requiere, añado yo repitiendo a muchos más: modificar procesos de enseñanza, fortalecer el compromiso de los docentes y reducir las interrupciones que afectan la continuidad de los aprendizajes.
Escrito sin tutías: no se aprende a resolver problemas si no se está en clase, si la clase no tiene orden, si uno de cada cuatro de los alumnos se siente acosado y si el resto no aprende ni bien ni mal, sino todo lo contrario.
Qué hacer tras el último pisa y corre
Optimismo, porque, como recuerda el adagio: ‘Roma no se construyó en cien años’. Podemos estar defraudados, pero no abatidos ni desesperados.
Ningún país salió del fondo de PISA en un período de gobierno. Corea tardó 20 años formando docentes. Estonia, 15 apostando por escuela pública de calidad en todo el territorio. Nosotros ya hicimos la primera parte: cobertura, tanda extendida, 4%. Ahora viene la segunda, más difícil: que dentro de la escuela se aprenda y comprenda lo aprendido, en un ambiente académico favorable.
Realismo: primero que aprendan y razonen lo aprendido; luego vendrán las competencias. Hemos querido saltar a resolución de problemas computacionales —en PISA 2025 sacamos 379 frente a 500 OCDE, puesto 77 de 84— a inglés y a aprendizajes digitales, sin asegurar lectura y aritmética.
Primero cimiento, luego edificio. Primero que lean y calculen bien, luego que piensen críticamente sobre lo que leen y calculan. Y así sucesivamente.
Y tres palancas concretas e indispensables, que PISA sugiere y CIEDHumano reclama desde 2004:
- Formación pedagógica de los docentes. No más taller sabatino. Acompañamiento en aula, carrera docente que premie al buen maestro, formación que trabaje pensamiento crítico y deconstrucción de violencias, no solo teoría. Radhamés Mejía lo describió el 6 de septiembre pasado: hay docencia que falta y docencia que se interrumpe. Ambas duelen igual al estudiante que solo depende de la escuela pública.
- Rendimiento de cuentas con sentido y responsabilidad. Alinear evaluación interna y externa. Que aprobar signifique aprender. Publicar un tablero por centro: ¿docencia completa, parcial, reducida, inexistente? ¿Matrícula afectada? ¿Causa y fecha de normalización? Sin verdad, no hay mejora.
- Ambiente escolar. Orden, tiempo efectivo, materiales, conectividad, electricidad, agua, respaldo familiar, comunitario y nacional. Como dice Cantisano, la escuela no genera sola la violencia, la recibe de familia, comunidad, colmadones, bancas y puntos. Pero si no la interrumpe, la reproduce. Es la pedagogía invisible y, añado, respaldada por toda una sociedad que valora más una buena cervezona o una buena prenda que el aprendizaje y el conocimiento.
Hay una esperanza que PISA 2025 registra y que debemos cuidar: la brecha entre ricos y pobres en ciencias fue de 69 puntos aquí, 85 en la OCDE. El 12% de los estudiantes más pobres logró estar entre el mejor cuartil en ciencias, como el promedio de la OCDE. Rompen la correlación entre pobreza y bajo rendimiento. A pesar del sistema, no gracias al sistema.
Esos casos deben estudiarse con investigación-acción, que hoy no hacemos.
PISA 2025 no nos condena. Nos ubica. No somos el país de 2015, pero tampoco el que queremos ser.
En conclusión, el cambio sufrido deja que desear. En particular, porque promovemos sin aprender y condenamos a nuestros jóvenes sin herramientas para la vida.
PISA lo mide.
Y, por ende, ahora nos toca correr. Poner el ladrillo donde hace falta, no donde se ve bonito, donde nos devuelven votos o donde recibimos jugosas dádivas y comisiones.
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