El petróleo se encuentra hoy en uno de sus precios más bajos de los últimos cinco años. El barril de Brent ronda los USD 61 y el WTI los USD 58, niveles que no veíamos desde finales de 2020. La medicina está disponible. El tratamiento es más barato. Sin embargo, el paciente —el consumidor dominicano— continúa con fiebre alta desafiando toda lógica clínica. ¿Por qué el alivio no llega?
Esta es la paradoja dominicana: mientras el precio internacional del crudo ha caído alrededor de 17% interanual, la gasolina regular permanece anclada en RD$272.50 por galón y la premium en RD$290.10. Es como si un hospital comprara medicamentos a mitad de precio, pero insistiera en facturar al paciente como si estuviéramos en medio de una escasez. El mercado global respira; nosotros seguimos asfixiados.
Diagnóstico: rigidez estructural con complicaciones fiscales
Si el sistema de combustibles fuera un paciente, su diagnóstico sería claro: rigidez estructural crónica agravada por distorsiones fiscales. Los síntomas son visibles: precios internos insensibles a la caída del crudo, márgenes de comercialización garantizados por decreto que actúan como una inflamación permanente.
El GLP, el combustible más consumido del país —con 27.7 % del total—, ilustra mejor esta patología. Tres de cada diez galones que se consumen en República Dominicana son de GLP. De él dependen hogares para cocinar y miles de trabajadores informales para subsistir. Sin embargo, su precio sigue atado a una estructura que no refleja la realidad del mercado internacional.
El gasoil regular, que representa el 16.6 % del consumo, es la sangre del transporte de carga y pasajeros. Cada saco de arroz, cada plátano y cada estudiante que viaja en guagua paga un sobreprecio que ya no guarda relación con el precio del barril.
Autopsia del precio: ¿dónde se pierde el beneficio?
Cuando el petróleo baja de forma pronunciada y los precios internos no se mueven, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve moral.
¿Dónde queda atrapado el alivio?
La respuesta está en la anatomía del sistema. De cada RD$1,000 que pagamos por combustibles:
Aproximadamente RD$520 corresponden al costo real (crudo + transporte).
RD$324 son impuestos (32.4%).
RD$156 son márgenes de comercialización fijados por ley.
Cuando el crudo baja, solo se reduce la parte del “costo real”. Los impuestos y los márgenes permanecen rígidos, como un músculo atrofiado que no responde al tratamiento. El sistema carece de elasticidad.
La analogía médica es clara: el paciente recibe sangre nueva, pero sus arterias siguen obstruidas. El beneficio entra al país, pero no llega al corazón del consumidor se queda en las arterias del Estado y los intermediarios.
El espejo regional: otros pacientes evolucionan mejor
No importamos un petróleo distinto al de nuestros vecinos; lo que nos diferencia es la receta local. Mientras nosotros mantenemos la gasolina regular cerca de USD 4.4 por galón, varios países de la región muestran que la eficiencia es posible:
Panamá, con logística envidiable y estructura impositiva flexible, mantiene precios más bajos.
Guatemala y El Salvador permiten que la competencia defina márgenes, no un plumazo burocrático.
Chile posee un fondo de estabilización que amortigua las fluctuaciones.
Costa Rica establece los precios con fórmulas transparentes y automáticas.
Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre 2010 y 2021, República Dominicana estuvo de forma recurrente entre los países con mayor carga impositiva sobre combustibles en la región, especialmente en gasoil.
El “subsidio”: costoso y temporal
La respuesta gubernamental radica en un “subsidio”, para el que se destinaron solo en enero de 2025 RD$376.6 millones, siendo esa una solución incompleta.
El “subsidio” alivia el dolor, pero no corrige la fractura. Es costoso, políticamente volátil y fiscalmente insostenible. Con el petróleo a USD 61, un sistema sano no debería necesitar morfina permanente.
La metástasis del combustible caro
El sobreprecio no se queda en la bomba:
Transporte: hogares de bajos ingresos destinan hasta 25 % de su salario solo a moverse.
Alimentos: cada aumento del gasoil se traduce en precios más altos en la canasta básica.
Empresas: mayores costos logísticos reducen competitividad y encarecen exportaciones.
El combustible caro es un foco infeccioso que termina afectando todo el organismo económico.
Tratamiento: cirugía curativa inmediata, no parches
La solución no es ideológica; es técnica y factible:
Eliminar la rigidez de los márgenes comerciales.
Los márgenes deben responder a la competencia real, no a decretos que protegen ganancias garantizadas.
Implementar un mecanismo automático de transmisión de precios.
Cuando el petróleo baja, el precio interno debe bajar sin discrecionalidad política.
Reducir progresivamente la carga impositiva.
Es imperativo eliminar el Gasto de Aplicación de la Ley (GAL), simplificar el Precio de Paridad de Importación (PPI) y reducir el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) aliviaría al consumidor sin destruir las finanzas públicas.
Conclusión: Lo que falla no es el mercado internacional, sino la voluntad de corregir una estructura diseñada para otra época. El paciente necesita tratamiento inmediato.
El petróleo está barato. El tratamiento existe.
Exijo al Poder Ejecutivo, al Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), a Hacienda y al Congreso Nacional que actúen. No podemos seguir cobrando precios de crisis con costos de bonanza. Cuando el petróleo baja y el combustible no, alguien se queda con la diferencia. Y ese alguien no es el trabajador dominicano.
El tiempo de la observación terminó. Es hora de entrar a quirófano.
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