Diferenciamos un año de otro de acuerdo a las metas alcanzadas, pero las metas alcanzadas podrían ser (perdón por el pesimismo de menudencias) el haber sobrevivido a un nuevo abrazo que desplazó al anterior de felicitación por el nuevo año, bajo el alegato: “He vuelto a ver y sentir un nuevo año que aparentemente no sirvió para nada, pero es mentira que sí sirvió para algo como también es mentira todas las anteriores”. ¿En qué estamos, en el medio peso o en el uno con cincuenta? Ni existe el medio peso ni uno con cincuenta en el sentido que esta frase tenía hace bastantes años; lo que me lleva a pensar (grave problema) que es el dinero el que cambia nuestra percepción de la vida, del vivir de la forma que sea.
Cualquiera que se dedica a “querer ocupar el lugar del otro” o siguen en la línea de esa prosperidad bendecida (sin comillas) en el recién año que acaba de pasar con el cambio de fecha, una cena opípara acompañada de una buena bailá o bebedera y abrazar a titirimundi… hasta para atosigar al que no celebró de esa manera, de abusar de la realidad a cuesta de su salud, si se dedicara a pensarlo, ¡uf! Mejor ni pensarlo. Lo que sí podría ser cierto es que un comienzo de año siempre está acompañado de perspectivas envueltas en nebulosas de Orión, que son como rayos que sí cesan en la cabeza de la mayoría y que después desaparecen como pasa con la realidad del deseo de que todo va estar mejor. ¿Qué hacer? Como un título famoso de Lenin. En verdad que no lo sé ni lo pretendo.
¡Uno, Dos, Tres!… y a abrazarse se ha dicho por el nuevo año, considerándose después: (¿se puede considerar la llegada de un nuevo año como una tradición?) que no sea para que, al otro día, para cuando se vuelva a lo mismo, tener al final del año en curso… qué contar que no sea a lo mismo. Debería temérsele a un nuevo año respecto a todos los presentes que encierra, pero no, está en la cabeza que siempre podría significar un bienestar que en vez que descanse en la cabeza sea en los hombros, se tenga o no planes a ejecutar o dar continuidad a lo que se estaba haciendo.
Sin lugar a dudas o también con ella, ¡qué más da!, que necesitamos creernos lo que envolvemos en el aura del sueño o en papel de celofán, para seguir adelante individualmente o colectivamente.
Este nuevo año, porque no hay de otra, hay que asumirlo diferente, como a todos, aún no se hagan planes o el anterior haya muerto justo en el momento de terminar el año y para olvidarlo o intentarlo hay que verse envuelto en una buena cena acompañada de una buena bailá o bebedera y abrazar a titirimundi… y la palabra que encierra esos desmanes metafísicos placenteros: ¡FELICIDADES!
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