“Lo que probablemente sucederá es que la crisis se deteriorará aún más", advierte el economista Joseph Brusuelas a France 24 en Español.
El experto se refiere a la deuda del Estado francés, que asfixia la posibilidad de responder a los pedidos sociales de las protestas y se consolida como tema central de la campaña a la Presidencia.
En medio de una oleada de manifestaciones estudiantiles y sociales que reclaman más inversión estatal y a menos de seis meses de las elecciones, el Gobierno de Emmanuel Macron tiene un estrecho margen de maniobra fiscal debido al alto nivel de deuda acumulado a lo largo de los últimos años.
“Atrapada entre una moneda que no puede devaluar y un electorado que no acepta recortes, a Francia solo le queda un camino genuino de salida: un cambio radical que libere el potencial del empresariado francés; bajando regulaciones y bajando impuestos, podría dar el shock de confianza que ningún ajuste meramente contable va a producir”, explica a France 24 el analista económico y presidente del Consejo Consultivo de la Fundación Chase, Alejandro Chafuen.
En aras de intentar apagar la crisis, el primer ministro Sébastien Lecornu ha anunciado que en el presupuesto para 2027 intentará realizar recortes de fondo, una propuesta que no ha sentado bien ni a los manifestantes en las calles, que reclaman más fondos públicos para sus necesidades, ni a los partidos de oposición.
Sin embargo, tanto las instituciones europeas como el mismo Gobierno afirman que las medidas de choque son más que necesarias.
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La compleja situación de finanzas de Francia
Los servicios estadísticos prevén un déficit fiscal del 5,4%, muy superior al 3% fijado por las reglas de la zona euro, y una deuda pública del 119,3% del PIB, una cifra récord desde que se empezó a elaborar esta estadística en 1978.
Sumado a esto, la prima de riesgo, un indicador que mide la desconfianza de los inversionistas en un país, alcanzó esta semana su pico más alto desde 2011.
A raíz de esto, los bonos franceses cada vez más se venden a intereses mayores.
Hoy en día, los bonos franceses OATS a 10 años rinden alrededor del 5%; en contraposición, los bonos alemanes Bund al mismo plazo tienen un interés que ronda el 3,4%.
"Tenemos la confianza de los mercados en el sentido de que no tenemos problemas para emitir deuda, pero nos cuesta más caro y eso es una señal de alarma que todos debemos tener en cuenta", dijo el ministro de Economía de Francia, Roland Lescure, sobre el tema de los bonos de deuda al medio local 'France Info'.
Para la Administración de Emmanuel Macron, reducir el nivel de deuda y encauzar la confianza perdida de los inversionistas se ha convertido en un objetivo prioritario.
Una decisión alentada por las instituciones financieras de la Unión Europea, que han prendido las alarmas y piden a París tomar medidas en el corto plazo. A ello se añade la imposibilidad de Francia de eventualmente devaluar su moneda, una opción que no está sobre la mesa para la Comisión Europea.
“Francia no puede debilitar su moneda, porque forma parte del euro y no controla su política monetaria. Pero la cultura estatista, sostenida por la mayoría de su electorado, tampoco le permite bajar el gasto con la profundidad que la situación exige”, asegura Chafuen.
El Gobierno presentó a la Asamblea Nacional (parlamento) un presupuesto en el que plantea bajar el déficit al 5% del PIB en 2027, prometiendo fuertes recortes en el tamaño y las inversiones del Estado.
Una idea que no ha sentado bien en los legisladores, que, al igual que en 2024 y 2025, amenazan con mociones de censura si el primer ministro emite el presupuesto por decreto, en vez de concentrarlo en el Legislativo.
“Lo que probablemente sucederá es que la crisis se deteriorará aún más y el Banco Central Europeo tendrá que intervenir y comenzar a comprar deuda francesa para prevenir un derrame no justificado y desordenado en otras economías de la eurozona y un mayor contagio financiero global”, sostiene, en conversación con France 24 en Español, Joe Brusuelas, director y economista jefe de la firma RSM US LLP.
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Las calles claman por inversión estatal
Gran parte del descontento de los estudiantes que ha desatado la ola de protestas antigubernamentales por todo el país radica en las malas condiciones, según los manifestantes, del sistema educativo de liceos y las instalaciones de educación media del país.
Por esta misma vía, los sindicatos y los grupos asociados al movimiento de los chalecos amarillos que se han unido a las marchas denuncian el alto costo de la vida y los recortes en los servicios públicos.
Pedidos que implican aumentar el gasto estatal, cuyo margen de maniobra es reducido por, precisamente, la crisis de deuda.
Sin embargo, a inicios de octubre ,el primer ministro Sébastien Lecornu se comprometió a invertir 1.200 millones de euros más en el presupuesto de educación para 2027.
“Con un aumento de 1.200 millones en el presupuesto del Ministerio de Educación Nacional para el próximo año, habrá que recortar gastos en otros ámbitos", precisó el jefe de Gobierno en ese momento.

El tira y afloja entre los representantes de los manifestantes y el Gobierno aún no ha derivado en reformas de fondo.
El Ejecutivo ha permanecido firme en su postura de inflexibilidad ante las demandas de más inversión pública, lo que ha desembocado en que los líderes sindicales sigan en las calles.
"Nuestras demandas no se han tenido en cuenta en absoluto", declaró Sophie Binet, líder del grupo sindicalista CGT.
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Crisis fiscal con elecciones a la vuelta de la esquina
Otra arista es que el segundo mandato de Emmanuel Macron está llegando a su fin.
Las elecciones a la Presidencia se llevarán a cabo en abril de 2027 y los partidos políticos empiezan a mover sus fichas para llegar al poder, con las finanzas estatales como uno de los temas centrales de la campaña.
“La opinión pública francesa sigue marcada por un fuerte pesimismo respecto a la situación del país y la economía”, afirma el más reciente análisis de la firma encuestadora Ipsos sobre los temas que preocupan a los franceses.
¿Cómo reducir la deuda sin afectar la calidad de vida de los ciudadanos? Esa es la pregunta que intentan responder los aspirantes de todo el espectro político.

Las propuestas son dispares: el líder de la formación ultraizquierdista La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, propone que el Banco Central Europeo congele parcialmente la deuda de Francia con la entidad, que asciende a los 600.000 millones de euros.
De su lado, Raphaël Glucksmann, candidato de la izquierda moderada, afirma que hay que reducir las ayudas públicas a las empresas y las exenciones fiscales para recaudar más dinero.
Por su parte, tanto Édouard Philippe como Gabriel Attal, antiguos primeros ministros del presidente Macron, apuntan que es necesario remodelar la estructura de costos del Estado y hacer recortes.
Postura similar a la de la actual puntera de las encuestas, la ultraderechista Marine Le Pen, del partido Agrupación Nacional, quien asegura que tiene un plan para ahorrar 150.000 millones de euros, focalizado en disminuir al mínimo los gastos en atención a migrantes.

Lo único que es cierto es que el nuevo jefe de Estado llegará al cargo con una presión fiscal sin precedentes, un inconveniente al que el próximo mandatario no podrá hacerle el quite.
“El movimiento en los rendimientos a largo plazo de la deuda francesa implica fuertemente que París está al borde de una grave crisis de deuda si no se presenta pronto un plan que implique un período de consolidación fiscal que reduzca los costos de endeudamiento”, concluye el economista Brusuelas.
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