Este viernes, en Manresa Loyola, fue despedido y entregado a la tierra, el sacerdote José Luis Sáez Ramo, miembro de la Compañía de Jesús, congregación a la que dedicó 68 años de su vida. Ingresó como novicio a los 20 años, en Santo Domingo, luego de iniciar los estudios de economía en la Universidad de Santo Domingo, en 1957.
El acto, cargado de simbolismo, fue encabezado por el arzobispo de Santo Domingo, Monseñor Francisco Ozoria Acosta, y concelebrada la liturgia por los obispos José Dolores Grullón, Ramón Benito Ángeles Fernández y Faustino Burgos Brisman C.M, además de más de 15 sacerdotes y varios compañeros del historiador fallecido, miembros de la Compañía de Jesús, encabezados por su provincial Jorge William Hernández Díaz.

Compañeros de la Academia Dominicana de la Historia, encabezados por José Chez Checo, miembros de entidades en las que trabajó José Luis Sáez, como Radio Santa María, Amigo del Hogar, el Instituto Politécnico Loyala y la Universidad Autónoma de Santo Domingo, estuvieron presentes. La liturgia inició a las 10 de la mañana, y al concluir se le cedió la palabra al superior de la Compañía de Jesús Hernández Díaz, quien valoró las formas sutiles de evangelización empleadas por el intelectual en su relación con el mundo exterior a la Iglesia. Destacó la sencillez y humildad del historiador y sacerdote, su adhesión al voto de pobreza que profesan los miembros de esa congregación, y su apego siempre a la búsqueda de la verdad. Como sacerdote, como historiador, como intelectual, como cristiano y como ciudadano.
José Chez Checo tomó la palabra para decir que José Luis Sáez y él tuvieron una relación de aprecio, siempre cercana, y de colaboración, pro que José Luis fue un maestro en las cuestiones relacionadas con la historia. Estudió historia, estudió teología, estudió artes, tenía grandes conocimientos y no presumía de ellos, y colaboraba con la revista Clío, de la Academia de Historia, y siempre fue un gran colaborador dispuesto a echar adelante temas históricos. Dijo que fue historiador rigoroso y sistemático, y que a veces resultaba difícil tratarlo, porque tenía un humor directo y cuestionador, y agregó que la República Dominicana no sabe lo que ha perdido con la partida de José Luis Sáez. Explicó que deben realizarse trabajos que recopilen muchos de los temas que abordó y que no se encuentran publicados en libros, sino en publicaciones como las revistas Clío, Amigo del Hogar, Reseña y en publicaciones periódicas, en diarios en los que colaboró con sistematicidad.
Juan Tomás Olivero habló en nombre de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y su facultad de Humanidades, en la que el maestro Sáez impartió docencia por muchos años, y valoró su condición de académico, honesto, colaborador, honrado, siempre profundo en sus compromisos académicos y un auténtico portavoz para proclamar la verdad que había investigado y publicado en muchos de sus libros.
Fausto Rosario Adames, director de Acento y amigo de José Luis Sáez desde 1976, relató sobre las enseñanzas recibidas por los estudiantes de diversas escuelas en las que José Luis fue docente, como el Polítécnico Loyola, el seminario de formación de sacerdotes o la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Mencionó los compañeros de docencia, Juan Bolívar Díaz, Manuel Quiterio Cedeño, Rafael Núñez Grassals, y los alumnos, como Altagracia Salazar, Adalberto Grullón, Gustavo Olivo Peña, Ana Mitila Lora, o Rolando Guzmán, Jaime García y Manuel Rosa Taveras, algunos de los cuales se encontraba presente allí, despidiendo al padre Sáez, a su maestro y amigo.
Explicó que José Luis Sáez siempre fue un maestro y un amigo, que le mostró el camino de la verdad, los estudios y despertó siempre la curiosidad por la literatura, por los clásicos, por la música. Recordó el periodo de José Luis como productor radiofónico en Radio Santa María, en donde produjo numerosos programas que elevaron el nivel de los jóvenes que le escuchaban, muy especialmente el programa diario de una hora que se titulaba Juventud Pa’lante. Muchos otros jóvenes, artistas, poetas se vincularon con José Luis y recibieron sus enseñanzas.
José Luis era siempre muy modesto, humilde, y abordaba temas que mostraban una idea del bien, de la justicia, de la verdad. Jamás dio una orden, no concebía las relaciones personales por órdenes. Tampoco era un sacerdote que aprovechara las relaciones amistosas para predicar. José Luis Sáez no era un santurrón, de los que aparecen que todo lo reducen a las enseñanzas de la Biblia o la vida de Jesús o las recomendaciones del Episcopado Dominicano. Tenía mirada crítica, política, cuestionadora, que como dijo José Chez Checo dejó clara en muchos de sus libros, y en particular su historia en dos tomos de la historia de la Iglesia en la dictadura de Trujillo, y que él tituló La sumisión bien pagada.
Recordó que José Luis Sáez le dijo, a principios del 2010, que quería realizar un viaje emocional y del recuerdo, hacia Valencia, la tierra en que nació en España, y que entre dos personas tenía que escoger, o Fausto Rosario Adames o Juan Bolívar Díaz, y que inmediatamente le respondió que él se encargaría de organizar ese viaje. Partieron hacia Madrid el 10 de junio del 2010.
Allí se instalaron en el Barrio de las Letras, y fueron a la calle Del Amor de Dios, donde José Luis vivió con su madre Josefa Ramo hasta que ella falleció en 1953. El recorrido por Madrid incluyó la escuela donde José Luis acudió de pequeño, el mercado y el cine donde asistió con su madre y vio las primeras películas, la ruta que hacía diariamente para acompañar a su madre hacia su trabajo en La Gran Vía, en la compañía La Telefónica. Luego se fueron a Barcelona y Valencia, para buscar la calle Zaragoza No. 13, donde José Luis nació, en un entrepiso, el 21 de septiembre de 1937.
La guerra civil española lo llevó a nacer en Valencia, donde vivió dos años, retornó a Madrid, pero ya su padre, Joaquín Sáez había partido al exilio en París, y luego hacia la República Dominicana, donde llegó en 1939. En 1954 se reencontraría con su padre. Haber visitado esa ciudad le emocionó y terminó diciendo que pudo haber nacido en cualquier ciudad, pero que aquella en la que estaba y donde nació la encontraba hermosa, moderna, agradable y que sentía emoción de haber cumplido el sueño de visitarla entonces.
José Luis, como persona y como historiador e intelectual, fue dominicano auténtico. Esta era su tierra y realizó una obra enorme sobre la historia, que pocos han podido realizar. Completó el trabajo de Fray Cipriano de Utrera, en la puesta en evidencia de la obra eclesial en la historia, y como él no hay otro historiador que haya realizado tantas contribuciones.
Fue despedido con el amor que vivió y que ofreció a los amigos y compañeros y será recordado como un gran ser humano, un comprometido sacerdote, un historiador exhaustivo y prolífico y como un amigo entrañable. Así permanecerá siempre entre quienes compartimos sueños con José Luis Sáez.
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