Hay que agradecer que se conmemore el 23 de abril el Día Mundial del Libro, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) el 15 de noviembre de 1995 como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, durante su 28.ª conferencia general, pero que resta protagonismo a este derecho e invisibiliza el concepto de bibliotecas y a sus servidores, los bibliotecarios.

La propuesta para declararlo provino de la Unión Internacional de Editores, que propuso esta fecha a la UNESCO, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París.

La ausencia del concepto es más obvia si se lee el Manifiesto de la IFLA/UNESCO (1994), que establece que una biblioteca pública es el paso obligado del conocimiento, constituye un requisito básico de la educación permanente, las decisiones autónomas y el progreso cultural de la persona y los grupos sociales.

La conmemoración se ha resumido a Día del Libro, desechando tres factores esenciales que conforman el ecosistema en torno al instrumento esencial de la cultura: la biblioteca, los bibliotecarios y a quienes los escriben.

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Ilustración creada por Nano Banana/Gemini. IA

23 de abril, fecha fallida

El Día del Libro se fijó para honrar, entre otros hechos, dos grandes fallecimientos en la fecha: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, pero grande es el dislate: Miguel de Cervantes murió el 22 de abril de 1616 en Madrid a los 68 años, aunque fue enterrado el 23 de abril, fecha que se conmemora tradicionalmente.

El autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha falleció en su casa de la calle León debido a complicaciones de diabetes mellitus tipo 2 y fue enterrado en el Convento de las Trinitarias Descalzas.

El genial dramaturgo inglés William Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 según el calendario juliano vigente en Inglaterra, pero que equivale al 3 de mayo en el gregoriano, que es el usado en estos lares. A los 52 años, en Stratford-upon-Avon, el escritor comenzó a sentirse mal debido a una fiebre tifoidea.

UNESCO reconoce que el término "biblioteca", el cual originalmente tenía el 24 de octubre como su Día Internacional, las considera socias indispensables y que con cada vez más frecuencia en muchos países se comenzó a conmemorar conjuntamente el binomio Libro/Bibliotecas, por asunto de lógica cultural.

El organismo ONU, en 1995, lo convirtió en una celebración mundial. El concepto de "biblioteca" se incorporó de forma intrínseca porque es imposible entender la difusión del libro sin su guardián, sin su espacio social por excelencia: la biblioteca. Se entendió además que, para proteger el "Derecho de Autor" y fomentar la lectura, se necesitaban lugares que facilitaran el acceso a esas obras legalmente: las bibliotecas.

La ONU no olvidó los derechos de autor (están en el título de la conmemoración), pero dejó fuera a las bibliotecas en el rol de anfitrionas silenciosas y a sus servidores, los bibliotecarios.

Se debe reconocer que cada año la UNESCO nombra una Capital Mundial del Libro, y el comité que elige esa ciudad está compuesto siempre por representantes de la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA), por lo cual se sobreentiende que, aunque no están en el cartel principal, las bibliotecas son las que sostienen la estructura de esta celebración a nivel mundial.

Para el 23 de abril, esta “no aparición” de la biblioteca junto al libro es curiosa dada su trascendencia, debido a que es precepto aceptado universalmente que se trata del único espacio donde el factor económico no impide el acceso al conocimiento.

Para el estudiante es el lugar donde el libro deja de ser una "tarea" y se convierte en una elección libre; a diferencia de un algoritmo de internet, el bibliotecario conoce a su comunidad y recomienda lecturas que generan identidad y pensamiento crítico y es una zona segura para la comunidad; funciona como un "tercer lugar" (ni casa, ni trabajo, ni escuela) donde se fomenta la alfabetización digital y el encuentro intergeneracional.

La biblioteca, dicho una y otra vez por los expertos en gestión de la lectura, no es un depósito de libros; es un mediador social y cultural.

En contextos escolares y comunitarios: democratiza el acceso, permite que cualquier persona, sin importar ingresos, acceda a libros, internet y recursos educativos; forma lectores, no basta con saber leer; la biblioteca guía, recomienda, acompaña; construye ciudadanía, ofrece espacios seguros de encuentro, diálogo y pensamiento crítico y reduce brechas culturales y de oportunidades en comunidades vulnerables. En muchas oportunidades puede ser el único acceso a información de calidad.

Las bibliotecas tienen que convertirse en centros culturales vivos: talleres, clubes de lectura, cine-foros, actividades infantiles; integrar tecnología, acceso a plataformas digitales, formación en habilidades informacionales; abrirse a la comunidad con horarios flexibles, actividades fuera del modelo escolar rígido, con préstamos de libros; profesionalizar la mediación, bibliotecarios como promotores activos de lectura, no solo custodios, y vincularse con escuelas y barrios con programas itinerantes, bibliotecas móviles, alianzas locales.

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Ensayo en dos tomos Historia Social de Santiago de los Caballeros 1900-1916. de Edwin Espinal.

Situación de bibliotecas públicas

De acuerdo con un estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas, presentado al Ministerio de Cultura para que sean adoptadas las medidas requeridas, las bibliotecas públicas en el país son 405, cantidad obviamente insuficiente; en el país son insuficientes. Existe un déficit cuantitativo y cualitativo alarmante.

Una investigación de la Oficina Nacional de Estadísticas (2024) expone que, con excepción de las provincias La Altagracia y San Pedro de Macorís (región este) y de los municipios Santo Domingo Este, Santo Domingo Oeste, Santo Domingo Norte y Boca Chica, la problemática de las bibliotecas nacionales no es cuantitativa (déficit de bibliotecas), sino cualitativa (condiciones de existencia y operación de las bibliotecas existentes).

Lee más sobre la deficiencia de las bibliotecas

El informe pide que se cumpla con el mandato principal de la Ley de Bibliotecas, que manda a “estructurar un Sistema Nacional de Bibliotecas”, y la “creación del Sistema Nacional de Información y Registro Bibliotecario (SINIREB)”, a lo que agrega establecer una infraestructura bibliotecaria acorde con las demandas contemporáneas.

Indica el estudio de campo que la distribución es desigual: la mayoría de las bibliotecas se concentran en el Distrito Nacional y Santiago, mientras que provincias con alta densidad poblacional, como Santo Domingo Norte y Santo Domingo Oeste, tienen un acceso extremadamente limitado a sus servicios.

Expone el documento que existe un déficit de libros disponibles en bibliotecas, ya que, según estándares del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), todo país debe disponer de 10,000 libros en bibliotecas por cada 100,000 habitantes, y solo la Biblioteca Nacional (BNPHU) cumple con los requerimientos. El resto de las provincias están muy por debajo de esta ratio.

Y dice que existe una dependencia de donaciones: la mayoría de las bibliotecas no tiene presupuesto para comprar novedades; sus catálogos dependen de lo que la gente dona, lo que resulta en colecciones desactualizadas que no responden a las necesidades de los lectores.

La investigación de la ONE, presentada al Ministerio de Cultura, ha concluido que las bibliotecas públicas dominicanas tienen una infraestructura precaria y que muchas operan en locales inadecuados, sin climatización (vital para preservar papel) y con personal que no tiene formación técnica en bibliotecología, en horarios limitados debido a que la mayoría no abre los fines de semana, que es cuando la población trabajadora y estudiantil tiene tiempo libre.

Otro factor que limita los fondos disponibles de las bibliotecas es el incumplimiento legal: se señala que no se aplica plenamente la Ley 502-08 (Ley del Libro y Bibliotecas), la cual debería garantizar un sistema nacional financiado y coordinado.

La inversión en bibliotecas municipales parece estancada frente a otras prioridades. Un dato que suele usarse para criticar esta falta de prioridad es que en el país existen más de 56,000 bancas de apuestas, mientras que las bibliotecas públicas registradas apenas superan las 405.

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Mundos interiores Libro de arte  escrito y editado por Nelia Barletta con fotos de Víctor Stonem.

“No presto mis libros”

A diferencia del modelo estándar global, mediante el cual las librerías prestan libros para llevar a la casa, con la garantía de un registro del usuario y una tarjeta, en el país sigue predominando el arcaico sistema del préstamo interno para leer solo en los límites del espacio físico propio. Más de una vez, bibliotecarios y gestores culturales han pedido cambiar el modelo.

Solo el 2.5% de las bibliotecas dominicanas ofrece préstamos a domicilio. Históricamente, el miedo a la no devolución y la falta de sistemas automatizados han impedido el préstamo externo. Sin embargo, en 2023-2025, el Consejo Intersectorial del Libro (CONLIBRO) declaró de "alto interés público" el préstamo a domicilio para intentar cambiar esta cultura.

La excepción a esta postura son algunos programas que han tenido la Biblioteca Infantil y Juvenil (BIJRD) y la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, pero no es la norma en las bibliotecas municipales o rurales. Son programas de préstamo, no políticas de uso generalizado establecidas. Las demás siguen en una postura de “Puedes leer lo que quieras, pero en mi sala”. En los países desarrollados, las bibliotecas prestan los libros para llevarlos a casa mediante un sistema de clubes de lectores, con acreditaciones que garantizan que vuelvan a sus estantes los títulos prestados.

El reto no es competir con lo digital, sino complementarlo. En una época de sobreinformación, la biblioteca puede ser el lugar donde la lectura vuelve a tener sentido, orientación y comunidad.

Si el libro es el símbolo y el autor su origen, la biblioteca es el puente. Sin ese puente, el libro se convierte en objeto de consumo; con él, en herramienta de ciudadanía. Reformular la efeméride no implica cambiar su nombre oficial, sino enriquecer su sentido público: recordar que leer no es solo tener libros, sino tener dónde encontrarlos, comprenderlos y compartirlos.

Bibliotecas destacadas

  • Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña (BNPHU): es el corazón bibliográfico del país. En 2025 reportó un crecimiento notable gracias al depósito legal, recibiendo más de 6,500 nuevos ejemplares. Las visitas presenciales fueron de aproximadamente 83,507 personas; sus servicios virtuales superaron los 108,000, reflejando una digitalización exitosa. Su limitación en términos de servicios es clara: su horario de lunes a viernes es de 8:00 a.m. a 6:00 p.m., y los fines de semana, cuando sería crucial tenerla abierta, está normalmente cerrada. Desarrolla una actividad editorial mínima o inexistente, a diferencia de otros períodos. La gestión actual ha denominado muchos de sus programas y ha lanzado el Premio Nacional de Literatura Infantil, que acaba de ganar César Sánchez Beras, y el lanzamiento de la Cátedra Pedro Henríquez Ureña con un ciclo de conferencias en octubre.
  • Biblioteca Pedro Mir (UASD): aunque es universitaria, funciona como la gran biblioteca pública de consulta masiva. Es la que posee el mayor volumen físico de libros de texto y consulta académica en el país, siendo el recurso principal para miles de dominicanos, pero su mantenimiento y fondos para utilización y equipos tecnológicos (computadoras de tecnología actual) se han descuidado.
  • La Biblioteca de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, inscrita en el Sistema de Bibliotecas, es un servicio de información integrado y coordinado para facilitar el acceso a los recursos de información y al conocimiento, soporte de los programas de estudio e investigaciones de la Universidad, y constituye un factor clave en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Tiene una superficie, dedicada a las actividades propias de las bibliotecas, de 7,438 m², con capacidad para alojar, simultáneamente, más de mil usuarios, así como equipos, mobiliarios e innovadoras tecnologías, integrado por: Biblioteca Central, campus principal en la ciudad de Santiago de los Caballeros; Biblioteca Rafael Herrera Cabral, campus de Santo Domingo; Sala de Estudio e Investigación de Postgrado, campus de Santiago; y Sala de Estudio e Investigación de Postgrado, campus de Santo Domingo. Las bibliotecas de la PUCMM son el centro de las principales actividades de la vida académica. Dependen de la unidad responsable de la planificación académica, Vicerrectoría Académica, y se relacionan con las distintas facultades a través de la entrega de colecciones y de variados servicios.
  • Biblioteca del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC): fundada por la técnica colombiana Lucero Arbolela, quien introdujo al país la modernidad en la organización bibliotecológica. Pensada para apoyar la docencia en una universidad básicamente técnica, esta biblioteca es extraordinaria y rica en sus fondos.
  • Biblioteca Antillense Salesiana, fundada por el Padre Jesús Hernández, personificación del espíritu bibliotecario a capa y espada. Un héroe de la bibliotecología al servicio del conocimiento, perteneciente a la orden salesiana y que se ha especializado en ciencias sociales. Está en Santo Domingo; el centro cuenta con 80 mil volúmenes de origen puertorriqueño, cubano, dominicano, haitiano, organizados por temas y región, especializada en filosofía. Con más de 80 mil volúmenes, es un tesoro bibliográfico y documental con especial atención al pensamiento dominicano; por esto es llamada también “Santuario del pensamiento filosófico dominicano”.
  • La Biblioteca del Archivo General de la Nación cuenta con 16,000 libros dominicanos autorizados por sus autores para descarga con temáticas sociales con énfasis en la historia, todos donados por autores nacionales e internacionales. Una tercera parte de las más de 60 mil visitas anuales al portal entran a la Biblioteca Digital Dominicana. La biblioteca física tiene cientos de libros análogos para ser consultados en Sala de Usuarios, debido a que no se cuenta con derechos de autor para digitalizarlos.
  • Biblioteca Infantil y Juvenil (BIJRD): su importancia radica en su capacidad de la animación cultural. Es probablemente el espacio bibliotecario más dinámico en cuanto a talleres y actividades.
  • Biblioteca de la Sociedad Amante de la Luz, de Santiago, fundada por el Ateneo Amantes de la Luz, Inc., fue fundada el 4 de junio de 1874 por Manuel de Jesús de Peña y Reinoso, nuestro primer crítico literario, pedagogo, ensayista, poeta, militar y civilista. Es la más antigua del país y ofrece un vital servicio a estudiantes e investigadores, a pesar del exiguo presupuesto que recibe y que debería ser triplicado.
  • Biblioteca de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE): abierta al público en 2003, cuando se creó el Centro de Documentación y Gestión del Conocimiento en el tercer nivel de la sede principal de FUNGLODE. Allí se conjugaban los procesos técnicos adecuados para la sistematización de los miles de libros, revistas y material bibliográfico que formaban parte de la biblioteca personal del Dr. Leonel Fernández, escritor, político y expresidente de la República Dominicana.
  • Biblioteca Juan Sánchez Lamouth, Villa Duarte. Ubicada en las proximidades del Monumento de la Caña, inaugurada en 1999 y rescatada a través del Programa de Bibliotecas del Despacho de la Primera Dama en 2005, es una pequeña biblioteca con edificio diseñado especialmente, con lo necesario en títulos para apoyar la docencia de la cercana escuela primaria Socorro Sánchez y la comunidad del entorno. Fue la continuación de una biblioteca anterior (años 50 y 60) que era un solo cuarto de concreto sobre la calle Real, la principal de Villa Duarte, prestando un valioso servicio al facilitar la lectura de clásicos.

Bibliotecas emblemáticas desaparecidas

  • Biblioteca Municipal Froilán Tavárez (Avenida Teniente Amado García Guerrero, casi esquina Avenida Duarte, en la capital), con su edificio con columnatas dóricas, palacio republicano con influencia romana, con sus escaleras de cuatro peldaños que ascendimos tantas veces como niños —igual que Miguel de Mena, quien lo refiere en un ensayo cultural en Acento.
  • Biblioteca Lincoln (de la embajada norteamericana y parte de la oferta pública del Instituto Cultural Dominico Americano, que operaba con un sistema de membresía; fuimos socios y pudimos leer cantidad de clásicos norteamericanos).
  • Biblioteca Hostos, del Ayuntamiento del Distrito Nacional. Cuenta De Mena que estaba siempre llena, animada, a pesar de su sobriedad estructural colonial. Ofrecía, además de sus fondos bibliográficos, los periódicos. Pero fue desmontada: el gobierno de Salvador Jorge Blanco devolvió el viejo local; volvió a manos de la Iglesia Católica, que instaló allí la sede principal de Pastoral Juvenil, con el inolvidable padre Luis Rosario (Q.E.P.D.). La estatua de Hostos fue enviada a la Plaza de la Cultura. Los libros se despacharon a un edificio de la calle Isabel la Católica con Padre Billini. Una pérdida que aún duele.
  • Biblioteca Piloto Infantil (Fortaleza Ozama), fundada por un grupo de damas gestoras de la lectura encabezadas por Nora de Wilcot, y que era un modelo de interacción con la niñez escolar con programas de animación a la lectura. Fue desalojada del espacio que tenía en Fortaleza Ozama para instalar un museo de armas militares que donó el general Miguel Soto Jiménez, por lo cual tuvo que trasladarse al sector de Manganagua (no a Villa Duarte, como indica nuestro amigo Miguel de Mena), en el cual operó durante anos con éxito con notables programas de animación a la lectura.

Enlaces relacionados:

Informe sobre la deficiencia de las bibliotecas

Historia de las bibliotecas públicas por Alejandro Paulino Ramos

José Rafael Sosa

Periodista

Escritor, periodista y animador cultural. Nació en Puerto Plata en 1950. Tiene una amplia trayectoria en el periodismo cultural dominicano. Se ha caracterizado por cultivar géneros que le faciliten una comunicación efectiva con sus lectores, como el cómic y el origami. Es el principal escritor de literatura de crecimiento personal en República Dominicana.

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