En la novela El pan dormido, de José Soler Puig, los hermanos Arturo y Felipe son los copropietarios de la panadería. Ambos participan en la administración y marcha del día a día del negocio, pero desde roles diferentes.
“Con el dinero de la herencia Pedro Perdomo puso la panadería y luego se la vendió, bien vendida, a Arturo y Felipe, porque Pedro Perdomo se dio cuenta de que no servía para los negocios y se quiso hacer procurador”(p.140 ).
Felipe se ocupa de la caja registradora y es como el cerebro intelectual de la empresa al que todos oyen y al que acuden en busca de explicaciones. Arturo funge de gerente general y, algo así como de dueño principal.
Desde ese rol, un día Arturo botó a Felipe de la panadería.
“Y Felipe está ahora aquí, yéndose, botado por Arturo.
—¡Vete!”( p.220).
Pero Felipe nunca se fue. Su mirar, su andar, su voz , sus movimientos y su memoria continuaron in crescendo en la panadería.
Arturo estaba ahí físicamente dando la cara a los problemas cotidianos; mientras que Felipe tenía una presencia-ausencia inexplicable pero indetenible.
Así, con grados y marcas de presencia diferentes a los de Arturo, Felipe estaba siempre presente en la panadería, en la atmósfera, entre los empleados y para el mismo Arturo.
Esa presencia-ausencia de Felipe se remarca cuando desde el primer párrafo de la novela la narración debuta presentando al personal de la panadería.
“En el taburete de Felipe no está sentado Felipe, pero es como si se le viera sentado y hasta se le oye hablar.
—Mire, compadre, váyase al carajo” (P.17 ).
Ahí se constata la enigmática y ambigua situación de ese personaje: no está en su taburete, pero es como si estuviera. Él es como un vaso medio lleno y medio vacío.
De esa manera, Felipe es el alter ego de Arturo—son hermanos y copropietarios— que hace el rol de antihéroe viviendo en la frontera de la realidad y de la irrealidad de la panadería .
La ausencia-presencia de Felipe es en sí, una expresión de ruptura del personaje. Representa una dualidad en la identidad. Es alguien que es y no es, que está y no está. Es también una ambivalencia en el rol en la empresa. Tiene un doble perfil y un doble carácter.
Desde esa doble dimensión, el personaje Felipe va dibujándose en la novela como una doble conciencia; una voz que resuena por doquier en la panadería, enseñando un ángulo imaginario, fantástico y lúdico, ajeno a los rigores de los quehaceres de Arturo y el personal.
Así, adquiere diferentes manifestaciones y funciones. En este pasaje es un ser ubicuo e inmaterial que está en todas partes “como si fueran cien Felipes.”
“Ahora, en la media noche , la voz de Felipe parece que sale del teléfono y que Felipe también se está oyendo desde el cajón del pan viejo y desde los escaparates y desde la contadora y desde cualquier cosa , que en La Llave Felipe esta siempre en todas partes , como si fueran cien Felipes” (p.19).
Felipe no es, por tanto, un solo personaje que cambia de espacios en la panadería sino un personaje múltiple, numeroso, “cien Felipes”. Su voz sale del teléfono, se escucha desde en el cajón del pan, la contadora y los escaparates.
En otro pasaje de la novela Felipe “anda de fantasma” en La llave, nombre de la panadería, y vive como escondido, y hay que buscarlo en las gavetas.
“A veces, de día, Felipe no se ve en la Llave y se sabe que está escondido en algún lugar, que Felipe es un perfecto embromador y no deja de embromar ni siquiera cuando anda de fantasma. Entonces habría que buscar a Felipe en las gavetas de las galletas de cristina, y no dentro, sino detrás de las gavetas.” (p.19).
Felipe es figuras y apariencias cuando se queda en la panadería; cuando se va sigue ausente- presente, pero siendo el mismo Felipe siempre presente, pues hace lo mismo y habla igual que el Felipe que se va.
“Felipe no sabe que él se queda en la panadería cuando se va, como si lo que se le quedara de Felipe en La Llave fuera la figura, sólo la apariencia, pero el Felipe que se queda y el que no ve nadie , hace lo mismo y habla igual que el Felpe que se va.
—Que timbales—dice Felipe ahora, sentado en el pan viejo.”( p.19).
El rol de fantasma de Felipe se acrecienta vertiginosamente en la novela. Él es una especie de duende o de diablito que se queda y se transforma en la panadería adquiriendo contornos inasibles.
Es tanta su ubicuidad y su condición inmaterial que ahora lo vemos en toda la panadería y más allá:
“Felipe está haciendo los vales en su mesa despintada y de patas abiertas la mesa se ve sola delante de Felipe, como si toda la panadería fuera la mesa y no haber paredes ni cielo raso ni caja de caudales ni mostrador ni nada, como que sin la mesa todo fuera nada. La mesa y Felipe ahora son el mundo.” (p.162)
La mesa de Felipe es toda la panadería y Felipe y su mesa son el mundo. En esa extensión universal Felipe se vuelve cósmico, aparece siguiendo la nube, confundiéndose con ella en un mundo extraño que lo traslada a una aula donde resulta ser jefe de fila de los castigados a quienes garantiza dignidad.
“Felipe se levanta del taburete y camina hacia la contadora y la nube va delante como si la nube fuera jefa de fila de Felipe y Felipe es una fila cuando el padre Amancio lo lleva para el aula donde van a quedarse, y en la fila de los castigados no hay jefes de fila, que en esa fila cualquiera va delante y los jefes d fila son toda la División, cada División dos jefes de fila; y ahora parece que Felipe le ha dado a esa fila su dignidad, aunque su fila parezca fila de quedados.”( p.173)
La visión fantástica de ese pasaje adquiere ribetes más pronunciados en este pasaje donde todo es extraño, irreconocible, incluyendo al mismo Arturo, y en el cual vemos a un Felipe sin Felipe, sin sus gestos, sin sus palabras, como “si fuera la cáscara de Felipe, la cáscara vacía, sin Felipe adentro.”
“ Felipe está en su taburete, el espaldar del asiento recostado contra la caja de caudales, la cabeza apoyada en el hierro de la caja, y mira a Arturo con atención, como si Arturo no fuera Arturo y solo se le pareciera. También Felipe se ve extraño. Es un Felipe sin los gestos de Felipe , sin las palabras de Felipe, como si fuera la cascara de Felipe, la cascara vacía, sin Felipe adentro.”( p.213)
Es cada vez más extraña la visión de Felipe. Ahora, en este otro pasaje es imaginado como un cadáver con la cabeza rota y en el cementerio, velado entre cuatro velas, pero él no es muerto, es otro el muerto.
“Felipe debía ser ahora un cadáver; está vivo por un muerto. Felipe debía tener rota la cabeza y cuatro hoyos en la espalada y debió ser recogido en el suelo del gallito, sobre charco de sangre; debieron meterlo en un ataúd y velarlo entre cuatro velas y llevarlo a cementerio en un coche de caballos negros y enterrarlo en u hoyo, pero otro hombre recibió los seis balazos oro hombre que ya nadie se acuerda del nombre que tenía , que ya está podrido en la tierra, comido de gusanos “( p. 220)
Las manifestaciones del ser-no ser de Felipe en los pasajes anteriores implican modos diversos de afianzamiento y generalización de la figura de la ausencia-presencia que este personaje representa en esa novela; figura que queda igualmente enfatizada en este pasaje, en el que se siente que él está en su taburete, pero es un lugar vacío ocupado por otro, pero es como si siguiera estando ahí. Luego, los vemos de “banquero en casa Ganda.” Vemos a un Felipe rico.
“Se siente que Felipe está en el lugar vacío, sentado en el taburete que ahora usa Macías y que es como si siguiera ahí donde no está, recostado contra la caja de caudales y se quiere ver la cabeza de Felipe apoyada en el hierro y se adivina que Felipe esta desde aquí banqueando en casa Ganda , que ahora Felipe es banquero en casa Ganda . Y Felipe tiene que ser muy rico para ser banquero en casa Ganda.”(p.277).
Tremendo embrollo: “está en el lugar vacío” y a la vez, “banqueando en casa Ganda”.
Agréguese a la imagen fantástica del personaje, a su identidad ambigua, fronteriza, su talente desenfadado. Felipe es una figura lúdica, por momentos caricaturesca. Vemos a un Felipe regueroso y a un Arturo que lo observa, mira su desorden y comenta esa cualidad de Felipe: “Arturo dice que la mesa de Felipe siempre está muy sucia”.
También se muestra a un Felipe que rompe las reglas, las convenciones del ambiente de la panadería. En su mesa trabaja, fuma, toma cerveza, come a cuerpo de rey con cubiertos, platos diferentes, postres …
Los dos hermanos son de talantes muy distintos. Felipe es descuidado, sucio. Arturo no, es ordenado, disciplinado. Arturo es grave, serio, adusto; Felipe no, es ligero, risueño. Siempre explota en carcajadas, como no tomando en serio su rol de propietario ni la gravedad que implica echar adelante un negocio.
“La mesa de Felipe es de pinotea, y no tiene gavetas y está llena de manchas por los cigarros que se le olvidan a Felipe y de raspones de la cuchilla que Felipe usa para sacarle punta al lápiz . Arturo dice que la mesa de Felipe siempre está muy sucia, pero se sienta en la mesa de Felipe cuando Felipe no está en la panadería. En esas mesa, Felipe hace los vales, contesta el teléfono, se fuma dos cajetillas diaria de cigarros, le afila la punta al lápiz, mete en cartuchos los pasteles, se toma una cerveza con el haitiano, discute de mujeres y de política y cuando Arturo se enfermó y Felipe solo tuvo que atender la panadería, Felipe estuvo almorzado y comiendo dos semanas en su mesa, con las cantinas como fuentes y platos hondos llanos y plástico de postre, y taza de para el caldo y con todos los cubiertos , que Felipe dice que coma donde coma, un hombre siempre debe comer como persona”( p.50).
Felipe es realmente un desacatado. En ese rol, se permite hacer y decir las cosas más extravagantes que, sin embargo, llaman la atención de los panaderos y del mismo Arturo.
Aquí lo vemos contradiciendo a Arturo, calificando de basura lo que ellos, los dueños, tienen en la cabeza.
— “Los dueños de la panadería tiene harina en los sesos—dice Arturo
—Basura es loque tiene—dice Felipe.”
Felipe también tilda de basura la eventualidad del cierre de la panadería, mientras Arturo asume ese hecho con preocupación y agobio, viendo que “Solo hay un poquito de movimiento en la mañana , a eso de las siete y dura media hora y se vende más de tres pesos.” Felipe no se inmuta por eso.
“Pero en La Llave ahora no hay trabajo; cuatro pesos de pan es lo que se vende en el mostrador desde por la mañana hasta por la noche y eso es como si no se vendiera nada . Solo hay un poquito de movimiento en la mañana , a eso de las siete y dura media hora y se vende más de tres pesos. Y luego parece que arrastran muertos en La Llave , un silencio y una tranquilidad que mete miedo, y por la acera la gente subiendo y bajando, con barras de pan y bollitos El Espejo y El Planeta, La gente no quiere comprar el pan de La Llave.
—Que basura es la vida.
Felpe mira todo y hace cajetas y tiene que estar muriéndose de risa. Desde que Arturo boto a Felipe de la Llave, la cosa esta peor y ya ni siquiera se hace un saco. La Llave está en sus últimas.
—Sera mejor cerrarla”( p.235 ).
Ahora es el más limpio, manda a bañar a los repartidores en nombre de la Sanidad, pero luego se burla de los inspectores sanitarios. Les enseña el retrete para que vean las cucarachas,
“Felipe no deja que un repartidores quede un día sin bañarse acorde con lo que manda Sanidad.
—Eso lo manda Sanidad—dice Felipe”( p.18 ).
Sin embargo, cuando llegan los inspectores a la panadería juega con ellos. Los engaña, les miente, se burla:
“—Vamos al taller –les dice Felipe.
Así empieza Felipe con los inspectores cuando son nuevos en Sanidad viene por primera vez a la panadería.”
“Luego Felipe lleva a los inspectores al excusado y les destapa el cajón para que miren con une tranquilidad viven las cucarachas por el día. Pero los inspectores ni miran el hoyo y se van casi corriendo.”
Hace de la inspección de Sanidad un espectáculo risible, una mascarada, pura risas de el y de inspectores, que saben que el los está engañando: “ ríen los inspectores y se ríe Flipe… Felipe se contagia de la risa”.
“Los inspectores tienen que saber que es mentira lo que les dice Felipe y Felipe tiene que saber que ellos lo saben, pero ríen los inspectores y se ríe Flipe, que cuando Felipe se lo propone nadie puede mirarlo sin reírse y luego Felipe se contagia de la risa”( p.23).
Felipe es un espíritu burlón, un tipo del demonio, dijo el Haitiano al ver que regaba “al ahijado un peso plata, gordo, redondo, reluciente”.
“—Ese Felipe es un tipo del demonio—dijo el Haitiano.
Felipe es el padrino de Angelito y el día del santo del muchacho , Felipe abre la contadora y le da al ahijado un peso plata, gordo, redondo, reluciente; y Remedios dice que ese peso seguro que Felipe no se lo apunta.”( p.48 )
Esta conversación retrata a Felipe como un ser fantástico por lo que dice y por el rol de fantasma que ocupa en la novela.
“—Los ojos solo sirven para mirar las cosas—dice Felipe.
A Felipe no hay quehacer le mucho caso, que Felipe siempre está haciendo de las suyas; porque , ¿Qué van a mirar los ojos sino las cosas?
Eso se lo quiere hacer ver el Haitiano, Pero Felipe sigue diciendo que sí, que hay algo más que cosas.
–¿Muertos—dice el Haitiano
–Los muertos son más que cosas.
–Yo quiero decir aparecidos, fantasmas.
–Los fantasmas aparecen por debajo de los ojos.
¡Ah, no sigas, Feli!
–Estoy hablando en serio
.—No veo la seriedad
.—Para verla , tendrías que ver primero lo que hay más allá de las cosas.
–Uste no sabe no sabe más que decir barbaridades.
–Barbaridades son las que se dicen.
–Coño, Felipe.
Y Felipe no puede aguantar más y se le sale la risa y se ve con claridad que estaba en chacona. Felipe sigue riéndose con la risa apretada y sin sonidos, como si estuviera trancad la garganta. El Haitiano parece que creía que Felipe hablaba en serio y ahora se incomoda y se va”(p.105).
En esos pasajes, además de ser un bromista permanente que se pasa los días en la panadería muerto de la risa en una hilaridad contagiosa que se extiende a todo el personal, Felipe expresa una visión filosófica implícita en El pan dormido, en el planteo de la pregunta “¿Qué van a mirar los ojos sino las cosas?”.
En la novela Felipe es un ser maravilloso, extraordinario. Simboliza la ruptura con el mundo de la panadería y de los problemas que la llevaron a la ruina. Su mundo es totalmente diferente con el realismo social encarnado por Arturo.
Así, la novela está montada sobre dos historias diferentes, aunque integradas en la misma trama narrativa. El personaje Felipe representa un costado de la historia muy distinto al que encarna Arturo.
Ese costado de Felipe coloca El pan dormido en la vertiente de lo real maravillo o del realismo mágico, en un mundo poblado de fantasías, acontecimientos, personajes y comportamientos racionalmente inexplicables.
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