El editorial de Acento recomendó al presidente Luis Abinader y a la Comisión designada mediante el decreto 200-26 que el futuro Museo Histórico de la Gesta de Abril incorpore representantes de ambos lados de la contienda de 1965 —no solo de los constitucionalistas— como un acto de sanación y reconciliación nacional. También señaló la ausencia de mujeres protagonistas de la revolución en la composición de la comisión, y planteó que el museo debería ser encabezado por el director del Archivo General de la Nación o el de Efemérides Patrias para garantizar rigor historiográfico.

El doctor Segundo Imbert Brugal, psiquiatra, articulista de este medio y observador sociopolítico, respondió al planteamiento editorial con una reflexión que va más allá del museo: una defensa del matiz como herramienta indispensable para entender la historia.

Lo que sigue es su texto íntegro.

La respuesta de Segundo Imbert Brugal

Pertinente es tu recomendación de incluir en el futuro Museo Histórico de la Gesta de Abril las razones y las sin razones de ambos protagonistas de la contienda. No hacerlo sería como saltarse la narrativa de los judíos al justificar la invasión de Palestina. Erradas o no, independiente del salvajismo compartido en cada guerra, existen justificaciones ideológicas en cada bando.

No contar los desatinos y errores de los defensores de nuestra soberanía, y limitarse a condenar como serviles e irracionales vasallos del imperialismo a sus contrarios, es, desde el punto de la historia como ciencia, una entrada al culto limitante y dogmático.

De bandidos que se convierten en héroes y de héroes que terminan siendo bandidos está llena la historia. Pero lo interesante de un museo, o de un libro que pretenda educar, es describir la dinámica de esos acontecimientos objetivamente desde el comienzo hasta el final, incluyendo el resultado final de esas tragedias sociales.

A esta altura a nadie le queda duda del heroísmo y la dignidad de los que defendieron la patria del invasor extranjero; son personajes inmortales de una gesta patriótica sin igual. Lo que se tiende a omitir, a no mostrarse con claridad, es la justificación, el pensamiento, de los que defendían la intervención.

¿Fue acaso simple sumisión al imperialismo, defensa de sus intereses personales, del propio capital, del catolicismo, rencillas personales, lucha por el poder… O, digámoslo de esta curiosa manera, una fobia anticomunista de buena fe?

No puede ajustarse a la verdad histórica que esos antagonistas, señalados como antihéroes y villanos, estuvieran solamente formados por piratas ávidos de poder y dinero, sin una pizca de ideología. Suele también omitirse el apoyo que recibieron de una considerable parte de la población.

Ver a Donald Trump solamente como un desenfrenado e inculto narcisista es distorsionar la lucha ideológica y de poder en la que se encuentra el imperio vecino.

La sugerencia de  Acento.com.co incluir a los dos bandos en las exhibiciones del museo —de tratarse de algo educativo— es válida y relevante.

El debate que Abril sigue abriendo

La reflexión de Imbert Brugal se inscribe en un debate que, a seis décadas de la Guerra de Abril, sigue sin resolverse: ¿cómo narrar una herida nacional sin convertir el relato en hagiografía ni en condena absoluta?

La comisión designada por el presidente Abinader —presidida por Jottin Cury David e integrada por hijos de protagonistas constitucionalistas como Alberto Alexander Caamaño Acevedo y Ludovino Fernández Fernández, además de combatientes y activistas de la revolución— representa una sola orilla de la historia. El editorial de Acento planteó que esa composición, aunque legítima, es insuficiente si el objetivo es construir un museo que eduque y no solo que conmemore.

La pregunta que formuló el editorial sobre la figura de Antonio Imbert Barrera —héroe del tiranicidio de Trujillo el 30 de mayo de 1961, pero también cabeza del Gobierno de Reconstrucción Nacional que se opuso a los constitucionalistas en 1965— ilustra la complejidad que Segundo Imbert reclama. Como señaló en su momento el historiador Rafael Darío Herrera en su libro reseñado por Acento, Antonio Imbert Barrera en la post dictadura. ¿Héroe o villano?, el mismo hombre que arriesgó su vida para acabar con la dictadura fue seleccionado por el embajador estadounidense John Bartlow Martin para encabezar el gobierno que enfrentó a Caamaño.

Es la misma tensión que Elisabeth de Puig describió recientemente en Acento al hablar de los silencios de la narrativa histórica dominicana"Cuando aprendemos historia en clave maniquea, trasladamos ese esquema al presente. El adversario político se convierte fácilmente en enemigo moral. El desacuerdo se interpreta como traición. El matiz se sospecha. Y el debate democrático se va empobreciendo".

El editorial también puso sobre la mesa una deuda pendiente: la ausencia de mujeres en la comisión. Figuras como Piky LoraAniana Vargas, Sagrada Bujosa, Carmen Mazara, Teresa Espaillat y Somnia Vargas —algunas aún con vida— fueron protagonistas directas de la gesta y sus testimonios constituyen un patrimonio que el museo no puede darse el lujo de ignorar.

A 61 años de aquella guerra, el desafío sigue siendo el mismo que Imbert Brugal resume con precisión: un museo que solo cuente una versión no educa; adoctrina.

Servicios de Acento.com.do

Acento es el más ágil y moderno diario electrónico de la República Dominicana. Información actualizada las 24 horas. Entérate de las noticias y sucesos más importantes a nivel nacional e internacional, videos y fotos sobre los hechos y los protagonistas más relevantes en tiempo real.

Ver más