Camilo Pérez Cuevas, cabo de la Marina de Guerra, radiotelegrafista de primera clase, llegó en 1952 a la isla Beata, provincia Pedernales, trasladado desde la base naval Las Calderas, en Baní, provincia Peravia, 190 kilómetros al sureste. Llegaba a un sitio de muerte. Uno de los puntos clave para torturas y desapariciones de personas desafectas al régimen tiránico del Rafael Leonidas Trujillo Molina (1930-1961), comenzando por los del Movimiento 14 de Junio (1J4).
El lugar no resultaba extraño a este joven, hijo de Rosendo Pérez (Chechén) y Norberta Cuevas (Jembra), una de las parejas fundadoras de la colonia Juan López (hoy Pedernales), en 1927. Allí se había “enganchado” al Ejército Nacional junto a los hermanos Pérez Rocha y Blanco Heredia, pero luego cabildeó el pase a la MdG. Había nacido en Oviedo, luego el otro municipio de la provincia.
En la isla triangular de 27 kilómetros cuadrados, en el mar Caribe, distante 32 millas al sureste del municipio cabecera, solo existía una hilera de diez casitas de madera con piso de cemento y techadas de zinc que solo habitaban los guardias de puesto con sus familias. Disponían de lo mínimo para sobrevivir al ambiente hostil: agua, alimentos y un poco de electricidad. No más.
Hasta allí enviaron a Camilo con su esposa Denia y su hija María Engracia Pérez (Diana), de 2 años. Otras parejas llegarían luego: Nafrago y Martha, Crucita y Marino, Aleyda y Alonso, Pascual y Migdalina, Juan y Josefa, El Tremendo, el comandante, con su pareja…
Entre los años 1958 y 1959, cuando la tiranía de 30 años se tambaleaba, los esbirros llevaron a la isla con absoluta discreción un paquete de presos, sin orden de jueces ni condenas definitivas. ¿Delito? No aupar al régimen.
Diana cuenta que su padre fue encargado de la custodia de los reclusos, con quienes dialogaba y compartía su comida, lo cual disgustaba al comandante. Fue el comienzo de su final en la guardia.
Camilo prefirió el traslado a la capital antes que maltratar y matar seres humanos. Y en los acontecimientos políticos de la Fortaleza Ozama, a mediados de los años sesenta, se puso del lado de los constitucionalistas. Luego vino la debaja y su viaje definitivo al municipio Pedernales, donde fungió como dirigente del PRD y murió. Su nombre, como otros hombres valiosos del pueblo, sigue perdido en el olvido.
Elsa Pérez es pedernalense, contemporánea de Diana. Atestigua que Andrés Curiel, excompañero de labores en la biblioteca central de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), estaba confinado en la isla cuando mataron a tiros al “jefe” (Trujillo), en la avenida George Washington o malecón de la capital, el 30 de mayo de 1961.
“Se salvó a tablita, salió vivo gracias a la protección de la custodia, según me contó”, refirió Pérez.
Otros no corrieron con esa suerte. Sus parientes en diferentes puntos del país, aún hoy, ni siquiera saben su paradero.
La Beata (Madama Beata) no es una isla perdida en el Caribe. No es tierra de nadie. Es un trozo de Pedernales con biodiversidad deslumbrante y una riqueza marina que atrae a pescadores de la zona. Un lugar estratégico para la seguridad nacional, con las huellas aún del dolor incrustadas entre sus piedras resultado de la sangre sacada de los cuerpos de presos mediante todo tipo de torturas y a tiro limpio para luego desaparecerlos. Una isla con historias dejadas por los Colón desde 1494.
Pese a esa realidad, en los predios del Congreso ha ganado terreno la idea de construir una gran cárcel al estilo la vieja Alcatraz de Estados Unidos.
UNA INICIATIVA TENEBROSA
El 21 de junio del año 2022, los diputados Elías Wessin Chávez, Miguel Ángel de los Santos y Miguel Bogaert, depositaron ante la Comisión Permanente del Ministerio Público de la Cámara un proyecto de resolución que solicita al Poder Ejecutivo la construcción de una cárcel en la isla Beata para llevar a 10,000 privados de libertad con penas superiores a los cinco años.
Su objetivo: descongestionar las cárceles nacionales y ayudar a la seguridad nacional con la protección de esa “isla deshabitada”.
De acuerdo a la Dirección de Servicios Penitenciarios y Correccionales, hace un año el sistema registraba 24,671 personas privadas, pese a que solo hay cupo para 15,701 personas.
Este 18 de marzo de 2026, estuvo en la orden del día 00006, y quedó sobre la mesa, pero con informe favorable de la Comisión desde el 26 de noviembre de 2025, aunque -al decir Wessin Chávez, uno de los proponentes- esta le ha sugerido ejecutar su propuesta en otro lugar más apropiado.
Parte del movimiento ambiental nacional representado en la Coalición para la Defensa de las Áreas Protegidas, ha rechazado la iniciativa. Ninguna autoridad de Pedernales, ni municipal ni provincial, se ha pronunciado hasta el momento. Tampoco el liderazgo político oficialista ni de oposición, ni de organizaciones sociales y empresariales.
PICADILLO CON EL TERRITORIO
Pedernales, 307 kilómetros al suroeste de la capital, en la misma frontera con Haití, es una provincia de 2,075 kilómetros cuadrados de superficie (la séptima más grande), con dos parques nacionales, el Sierra de Baoruco y Jaragua e islas de gran valor como Beata y Alto Velo.
Pedernales es, además, bauxita, tierras raras, caliza, mármol, cenotes, cuevas con petroglifos, flora y fauna singulares. Pero también territorio bajo permanente acecho del mal, que apunta a engullírsela a tajadas limpias.
Durante al menos medio siglo ha estado en la mira de quienes, desde la política y el empresariado de las malas prácticas, olfatean sus riquezas naturales y sus espacios urbanos para proyectos inmobiliarios, aprovechando el estado de indefensión y el astral conformismo de su población que, según el Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, registró poco más de 34 mil habitantes.
El caso Bahía de las Águilas y el plan ahora contra los parceleros de Los Olivares, a la entrada del pueblo, con títulos superpuestos a última hora para motorizar el chantaje jurídico de abogados contra los dueños originales, se interconectan con el plan de la réplica de cárcel de Alcatraz.
“Totalmente en desacuerdo con esa cárcel”, advierte el periodista y presentador de noticias en televisión nativo de la provincia, Francisco Medrano.
Y puntualiza: “La misma refleja sentimientos y vestigios de épocas dictatoriales; es una mayúscula expresión de vulneración de derechos que, en momentos actuales, son expansivos, no limitativos. De materializarse, no solo afecta los derechos del reo, que, de por sí, ya están sustraídos, sino que sus familiares se verían afectados al no poder visitarlos. Me tranquiliza que es una resolución, no tiene fuerza legal vinculante para que sea ejecutada en caso de prosperar, pero no deja de preocupar que en el Congreso Nacional exista este tipo de pensamientos. A la propuesta se agrega un desconocimiento de la importancia de la isla como alternativa turística… Pedimos a los congresistas rechazar esa propuesta. Ya en la Beata existió una cárcel similar y todavía hoy se desconocen los atropellos y crímenes cometidos allí”.
Adolfo Salomón, periodista, abogado y comentarista de televisión también del pueblo, es tajante.
“Si en el país las cárceles funcionan como tierra de nadie, bajo un sistema carcelario corrupto cuyos beneficios económicos entre autoridades y presos se estima en más de diez mil millones de pesos, según ha dicho el director de Prisiones, imagínense los beneficios de la corrupción en una cárcel en la isla Beata… La propuesta debe venir de un legislador con una mente vacía que vio la película Alcatraz, en la que se narran las vivencias ocurridas en una cárcel de Estados Unidos que llevaba ese nombre, y le pareció bonito que en pleno siglo XXI repliquemos una en el país… No hay que ser adivino para saber qué pasaría allí. Sería un antro de corrupción peor que La Victoria y Najayo, cuyas diabluras ocurren a la vista de todos… Como doliente del pueblo, propongo que allí se construya un faro y un pequeño hotel turístico de paso”.
El exalcalde de Oviedo, Amílcar Pérez Terrero: “¡Algo imprudente! ¿Qué necesidad tiene el Gobierno de ¡construir una cárcel en isla Beata? A menos que los legisladores estén recibiendo presión para convertir aquello en Guantánamo parte 2. Esta debe ser preservada como un monumento histórico, ya que esta isla fue usada por Trujillo para asesinar a sus adversarios”.
Blanco Medina es administrador del Parque Nacional Jaragua, que contiene la isla Beata: “Estuvimos mirando en las redes sociales. Estamos totalmente en desacuerdo. Eso no sería factible, por muchas razones. Debemos velar por la preservación de esa biodiversidad que tenemos allí… Todavía la gente no conoce la total de las riquezas naturales allí. Las personas que durante tantos años habitan en la isla es prácticamente en la franjita de arena de la playa. No hay condiciones para eso. La isla está dentro de la zona núcleo del parque, y al lado le queda el santuario marino, que es una zona marítima que hace frontera con Colombia. Ese diputado debe investigar primero sobre la biodiversidad que hay allí… Una cosa es usted estar sentado en un escritorio, en Santo Domingo, y otra, estar aquí y conocer los suelos, aves, especies… La isla puede ser una especie de museo que se aproveche como parte del proyecto turístico que se desarrolla”.
Para José María Muñoz, abogado y enfermero, hijo de pescador, sería un alto riesgo y un muy mal mensaje, un mensaje amargo para el pueblo dominicano y la provincia de Pedernales, que ahora desarrolla el turismo. Porque si Alcatraz, que fue la más poderosa de las prisiones de Estados Unidos, donde estuvieron los grandes criminales y los grandes mafiosos, no funcionó porque hasta de ahí se escapaban, imagínese usted en Pedernales… Eso no debe ser, incluso es impertinente en términos geopolíticos, por la ubicación de esas islas (Beata, Alto Velo).
De acuerdo a Víctor Pérez, ingeniero industrial del municipio, “a nivel global muchas cárceles ubicadas en islas han sido cerrados por sus altos costos operativos. En algunos casos, sus ruinas han sido convertidas en atractivos turísticos tras los territorios declararse áreas protegidas… Esa propuesta de resolución de esos diputados es una cantinflada, una disparatada carente de sentido, que demuestra que ellos, al parecer, tienen mucho tiempo de ocio”.
Cesia Francés, de familia con tradición de pesca en el municipio, es periodista, propietaria y gerente de la agencia de viajes “Go on Tour Travel”, en León, España, rechaza de cuajo la idea de los diputados.
“Creo que la isla Beata debería considerarse como un santuario; es un ecosistema con gran diversidad; su flora y su fauna es muy valiosa y hay que preservarlas”.
Pedernales sigue ahí, bajo acecho de quienes la ven como piñata y hasta como cárcel para castigo de presos condenados. Pero también viviendo en el fango de la desigualdad social, pese a sus riquezas.
En Cabo Rojo, 23 kilómetros al sureste del municipio cabecera, la construcción de un resort que avanza y un puerto de cruceros activo. Camino a Oviedo, en Tres Charcos, un aeropuerto internacional en proceso. Más allá, en Nueva Rosa, el lugar donde construirán un “puerto aeroespacial comercial para tirar cohetes”, y ya la empresa afirma que el negocio será económicamente inviable si no se convierte en megaproyecto energético e hídrico. En el costado sur del Parque Nacional Sierra de Baoruco, o en sus mismas entrañas, aprestos de explotación de tierras raras, vitales para las tecnologías de última generación fabricadas por los países grandes con Estados Unidos sobre ellas.
En el pueblo, entretanto, una construcción sin fin de la única carretera de acceso. Un déficit habitacional que se acerca al 80% al sumar el mal estado de las viviendas existentes. La falta de un centro cultural con su teatro. De estadios de béisbol dignos (no potreros) que sirvan de contrapeso a la creciente amenaza del narcotráfico y la enfermedad de la drogadicción. La existencia de una cárcel inmunda en un galpón que sobró de la fortaleza de 1934, en el centro de la capital de la provincia. Caos en el uso de suelo. Ruidos por todas partes. Encarecimiento de la vida. Una academia y una banda de música huérfanas de instrumentos, sin nadie que las auxilie… Pedernales sigue con su carga de empobrecimiento estructural.
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