Con la invasión de los marines norteamericanos la guerra civil que se inició el 24 de abril de 1965 llegó a su término para dar paso a una guerra patria que sacudió con fuerza sísmica los cimientos de la nacionalidad dominicana.

Los tanques M-4 Sherman iniciaron sus avances por las calles de Santo Domingo al tiempo que los infantes iban tejiendo el trayecto con montañas de alambres trincheras para dividir la ciudad en dos grandes zonas y así romper la logística a las fuerzas constitucionalistas y así romper la logística de las fuerzas constitucionalistas acantonada en la Ciudad Intramuros.

Mientras los gigantescos brindados marchaban transitaban por tierra los aviones E-6 Mercury volaban a baja altura derramando miles de volantes anunciando el origen de la invasión con las repetidas advertencias de la infiltración en el movimiento constitucionalistas de 52 connotados comunistas iniciando así la guerra psicológica.

La gigantesca nave poseía potentes amplificadores que transmitían con voz mal acentuada ‘’las buenas nuevas’’. Habían llegado en una misión humanitaria para ‘’salvar vidas’’ de ciudadanos norteamericanos y de otros países.

Por el puente Duarte se les vio venir con música de orquestas populares y exhibiendo fotos de Juan Bosch y Caamaño, según contaron algunos testigos.

Resistencia contra el invasor

Los combatientes constitucionalistas iniciaron de inmediato la resistencia contra el yanqui invasor ocupando las azoteas de los edificios más estratégicos ya que se temían que fueron tomados por los paracaidistas de los EEUU y de este modo dominar la ciudad con los tiros certeros de los francotiradores.

El avance de las tropas invasora fue detenido en algunos puntos de la ciudad (zona alta) al encontrar la fiera resistencia de algunos combatientes que al ver los intrusos marinos disparando sus fusiles decidieron enfrentarlos.

Los aprestos para la toma de la Fortaleza Ozama se aceleraron ante la carencia de armas y municiones, más por la presencia de un nuevo enemigo.

Mientras los marines tejían con alambres de púas un largo trayecto de la ciudad convirtiendo la zona intramuros en un enorme campo de concentración, las tropas del CEFA iniciaban en la parte norte la dantesca ‘’Operación Limpieza’’ que ocasionó la perdida de muchas vidas -de ambos lados- de combatientes que caían tras cruentos combates.

Las municiones y los fusiles se escaseaban entre los combatientes de la zona norte y para suministrar los pertrechos de guerra requeridos había que cruzar el cordón de seguridad impuesto por los invasores

Combatientes de todas las edades y sexos son instruidos para la tarea de burlar la vigilancia del enemigo cruzando el cordón en vehículos -previamente preparados- para ocultar armas y municiones para de esta manera abastecer a los combatientes de la zona norte.

Por más esfuerzos que se hizo en esta peligrosa tarea las fuerzas del CEFA estaban mejor armadas y abastecida de municiones y vehículos brindados, obligando a la resistencia heroica constitucionalista ‘’tocar el clarín de la retirada’’, en dirección a la zona sur.

Al remembrar estos episodios gloriosos de la guerra patria, el lugarteniente de Camaño Deño, Gerardo Marte Hernández nos sigue narrando su vivencia al lado de presidente de la república en armas.

Luchar contra el mundo

Así las cosas, en esos días de guerra patria la posición de Caamaño era luchar en contra del mundo   si fuera necesario con miras a defender los sagrados intereses del pueblo.

Estaba convencido que la invasión de los EEUU hizo reflexionar al líder de abril frente a los Estados, país donde había recibido formación académica a través de   diversos cursos en escuelas militares.

Está convencido que la experiencia vivida en la Embajada de ese país el 26 de abril frente al embajador Taplay Bennet y la propia invasión que  vino a frustrar un movimiento triunfante, provocó en Caamaño un radicalismo en sus ideas democráticas y anti imperialistas. Por ello nunca pensó, tras la invasión en la retirada sino en enfrentar a los intrusos si estas intentaban asaltar la zona constitucionalista.

Aquí le viene a la mente la escena heroica que vivió la zona intramuros cuando los días 14, 15. 16 y 17 de junio de 1965 los norteamericanos y sus aliados de la FIP trataron de asaltar el bastión caamañista.

Durante esos días de constante fuego enemigo, ‘’la postura de Caamaño fue la de luchar contra el mundo’’ antes que claudicar.

¡La orden que había era quemar la zona constitucionalista si esta se veía perder o caer en manos de los invasores! ¡Iban a encontrar una ciudad hecha ceniza! –

Cierra los ojos como tratando de recordar algunos episodios y al abrirlo nos cuenta que en esos días los muertos eran tantos que no cabían en la morgue y los pasillos del hospital Padre Billini donde eran depositados de aquellos días

‘’A Francis le dolían mucho los muertos del pueblo. Por eso asistía mucho a los hospitales para visitar a los heridos y darle ánimo’’. Cuenta que ‘’una vez, creo que, para esos días del asalto yanqui, fuimos al hospital Padre Billini y allí había decenas de muertos y heridos. Aquí ocurrió una escena que nos hizo vibrar los corazones de los que la presenciamos. Un niño de apenas 13 años de edad que estaba muy mal herido al ver a Francis llegar frente a su lecho, le dijo: -¡coronel, verdad que hemos triunfado:!Si¡, le contestó Caamaño…Entonces puedo morir tranquilo. Fueron sus últimas palabras’’.

Continúa narrando con visibles huellas de dolor en su rostro, destacando la valentía demostrada en estos días por los combatientes de la calle Vicente Noble, quienes con arrojo enfrentaron el avance de los marines.  En esa batalla al combatiente Freddy le cayó encima su ametralladora 50 después de ser abatido por el enemigo tras librar un fiera y heroíca batalla igual como lo hicieron los heroicos obreros de POASI durante esos días.

Soy pendejo, pero de aquí no me voy  

Resaltó también la valentía del comandante Pichirilo y de los combatientes del Comando B-3 que estaba instalado en el edificio que hoy ocupa el ‘’ensanche cucaracho’’, en la Jacinto de la Concha.  también resaltó el destacado papel juzgado por los comandantes Pedro Bonilla, Norge Botello, Jaime Cruz, Barahona Barbarin Mojica, Vejé, Evelio Hernández y el periodista Gautreau Piñeiro.

De este último dijo que tenía una frase muy celebre. Él decía: -Señores, yo soy muy pendejo, pero yo de aquí no me voy’’.-

También recordó el papel desempeñaba por la mujer dominicana citando entre ellas a: Gladys Borrell, Nurys Pérez, La China, Tina Bazuca entre otras.

En esos días del frustrado asalto de las tropas de ocupación a la zona constitucionalista, recuerda que Caamaño no podía estar tranquilo. ‘’Hubo una situación muy especial que dejó perplejo a casi todos los compañeros. Y fue cuando Francis decidió bajo una lluvia de morteros hacer un recorrido por cada uno de los comandos.’’.

Afirma que cuando los comandantes lo veían llegar se sorprendían que el jefe de la revolución arriesgaba su vida  pues quería con su presencia elevar la moral de los combatientes.

Caamaño no participó  

Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Recuerda que cuando se produjo el asalto a la Fortaleza Ozama Caamaño y él no participaron por una cuestión sentimental, ambos habían pertenecido durante el Triunvirato a esa guarnición de la que Francis fue jefe de los ‘’cascos blancos’’ o tropas de choques antimotines.

El propio Marte Hernández era coronel de la Policía y como tal le era muy engorroso tener que enfrentar a sus propios subalternos. Por esas razones ambos se abstuvieron de participar en el asalto y trataron, antes y después de iniciado el asalto, mediante llamadas telefónicas convencer al coronel Germán Despradel (Buellón), jefe de la guarnición policial que se rindiera con sus tropas, lo que lamentablemente no ocurrió.

El autor de este reportaje histórico, José Bujosa Mieses (El Chino), muestra la bala de tanque que perforó la pared de la fortaleza Ozama.

La renuencia de Buellón Despradel hubo que vencerla con la toma violenta del fortín colonial donde había centenares de fusiles y ametralladoras que sirvieron para armar más a la población civil.

Consumado el hecho, Caamaño se empeñó en que se les diera un trato humano a los prisioneros incluso ordenó que le sirvieran tres comidas al día. -¡Él no quería que ningún policía, de los que estaban en la Fortaleza,  muriera!-

Peña Taveras fue quien disparó 

Rafael Taveras (Fafa).

A la pregunta de ¿Quién disparó el tanque de guerra que abrió un boquete en un tramo del muro frontal de la Fortaleza? Confesó que fue, el capital Mario Peña Taveras, aunque hay quienes afirman que fue el comandante Rafael -Fafa- Taveras, dirigente del IJ4. Sobre -Fafa-, dijo que él no lo conocía como tanquista Empero reconoció la labor de Homero Hernández, Illio Capocci, Lora Fernández (jefe del asalto, entre otros militares y comandantes civiles.

– Aquí, me van a permitir los lectores abrir un paréntesis sobre las diversas opiniones entorno a quien fue el tanquista. Los cactorcitas que participamos en el asalto conocimos la versión de compañeros del partido, que el que disparó el tanque fue -Fafa Taveras- quien meses antes del estallido de la guerra había entrado de manera clandestina al país procedente de Cuba donde se adiestraba militarmente en todo tipo de armas, incluyendo tanques y otros carros de asalto.

Incluso circuló la versión que Homero Hernández, estaba colgado del cañón del tanque y al dispararlo, Fafa no lo sabía por lo que Homero, por los efectos de las ondas expansivas, fue lanzado al suelo resultando con lesiones en su oído izquierdo recuperando su audición tras someterse a una cirugía en la República Popular China. Esta versión fue avalada por la catorcistas y combatiente constitucionalista Piky Lora quien en un conversatorio con compañeros del partido confirmó que fue -Fafa- el que disparó el tanque. Aunque nadie ha explicado:  – ¿Dónde Fafa localizo el tanque? – Y si había otro tanquista que lo conducía, mientras el disparaba. -Cierro el paréntesis-.

Militares y comunistas  

La formación anti comunista de los militares, según -Marte Hernández-, le hacía al principio alejarse de los civiles y más de los que estaban sindicalizados de comunistas.

En ese sentido, Marte Hernández cuenta la anécdota de ‘’una persona muy interesante, muy querida y muy representativa; el doctor Marcelino Vélez Santana quien un día vio desfilar a Caamaño, Montes Arache y otros militares constitucionalistas por el frente de su casa (en la Av. 30 de Marzo) y al pasar frente a él, dijo: -¡Anda al diablo y estos son los que van a hacer la revolución!

Con esa expresión, según Marte Hernández, Marcelino Vélez ‘’ reflejaba el temor que aún nos tenían los civiles’’, entre ellos los revolucionarios del IJ4, MPD y PSP a quienes Caamaño, cuando era jefe de los cascos blancos, le dio muchas carreras, le disparó muchas bombas lacrimógenas y le propinó muchos cachiporrazos. Lo que le dio a entender a Marte Hernández la expresión de Vélez Santana.

Comandante Norge Botello

Marte Hernández vuelve a retornar a Caamaño al   contexto de la guerra afirmando que desde ‘’una óptica política y cultural a Francis la guerra contribuyo a fortalecer en él su nacionalismo y/o dominicanidad, aunque reconoció que ‘’no era un hombre muy versado, pero supo tomar decisiones muy patrióticas y salidas de mucha responsabilidad política’’.

Para él, Francis, Lachapelle Díaz Nuñez Noguera y otros militares constitucionalistas fuimos formados militarmente en academias norteamericanas por lo que -para él- el 24 de abril -Francis no era un antiimperialista.

Los comunistas no comen gente

Cree que la unidad que se formó en la guerra entre civiles y militares les ayudo a los primeros a comprender lo ciego que estaban. ‘’Esa vivencia con los civiles, -entre ellos izquierdistas -nos enseñó que los comunistas no comían gente. Subrayando que  si en la revolución había comunistas fueron muy respetuosos y nunca propagaron entre nosotros sus  ideas.’’-

Agregó que los comandantes de izquierda tenían un gran respeto a la revolución y a sus lideres. ‘’Yo creo; incluso, que Caamaño logró calar dentro de las izquierdas, ganándose el respeto, el cariño y la lealtad de todos, por eso fue el máximo dirigente de la revolución’’.

Al enjuiciar el rol desempeñado por el ex presidente constitucionalista, Molina Ureña, Marte Hernández valoró     su participación en el desarrollo de la conspiración señalando que fue brillante, pero pusilánime   cuando alcanzó el poder y lo abandonó.

Cree que el proceso que desembocó tras el golpe de estado del 24 de abril ‘’fue muy cruento y precipitado, lo que sorprendió a mucha gente que pensó en una situación menos conflictiva; por eso muchos asumieron posiciones correctas y otros flaquearon.’’

Héctor Aristy, valiente, inteligente y eficiente   

En cuanto a la participación del ex ministro de la presidencia Héctor Aristy, el lugarteniente de Caamaño afirmó que ‘’sí Aristy hubiese sido militar durante la guerra de abril, no hay dudas que hubiese alcanzado la jefatura de la revolución, porque sin ser militar fue primer ministro. ‘’Hay que reconocer en Aristy que es un hombre de mucho valor, aunque muy ambicioso y egocentrista’’.

Reconoció que el papel de Aristy en la guerra fue ‘’muy importante. Fue un combatiente de primera fila, muy inteligente y eficiente en sus funciones. Tal vez el más político de los participantes’’. 

Afirmó que llego un momento que Aristy sin ser militar participaba en todos los asuntos que se discutían en ese nivel, lo que era visto por algunos oficiales con desagrado ya que no concebían que un civil  se introdujera en los asuntos militares.

Cuenta que la situación llegó a un punto tan candente que Caamaño le prohibió a Aristy participar en esos encuentros que efectuaban los oficiales.

Reconoció que la influencia de Aristy en Caamaño era tan evidente que el propio Francis recibió algunas quejas de militares que rechazaban el dominio que Aristy ejercía en Caamaño.

Fernández Domínguez, el más preparado y honesto

 

Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez.

En torno a la personalidad de coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, Marte Hernández lo califica ‘’como ‘’el más preparado honesto y serio de los militares constitucionalistas. ‘Cree que ‘’indudablemente fue el ideólogo de la revuelta militar y el verdadero líder de los militares.’’

Sin embargo, considera que su no participación en los comienzos de la guerra por estar en el extranjero creo en él cierto complejo de culpa.

‘’El quería demostrarle a los demás que si no combatió al CEFA y a los marines fue porque no estaba en el país y ese deseo de pelear lo condujo a plantearse el asalto al palacio Nacional, un objetivo que había perdido importancia y que militarmente era una aventura tratar de rescatarlo.’’

Dijo que cuando le planteó la idea a Caamaño, este la consideró improcedente, pero ‘’sus deseos de combatir lo llevaron a la acción aún sin el apoyo de sus compañeros.

Para ejecutar el operativo Fernández Domínguez se unió con Juan Miguel Román (principal líder del IJ4) y entre ambos organizaron la acción cuyos resultados fueron desastrosos para la revolución, porque ambos perdieron la vida y con ellos cerca de 12 combatientes, entre los que se encontraban Euclides Morillo, otro dirigente del IJ4 e Illio Capocci.

Antes de morir dijo que estaba herido

Explicó que ni él ni Caamaño participaron en la acción, aunque se vio envuelto en ella, porque en un momento pensó que Francis estaba en el operativo y al tratar de localizarlo vio caer a Fernández Domínguez (quien antes de morir dijo en voz alta que estaba herido) y luego vio  a Juan Miguel Román y Euclides Morillo.

Todos cayeron a corta distancia uno de otro y fueron alcanzados por disparos cruzados que procedían del local donde estaba instalado el Partido Reformista Social Cristiano) PR) en la avenida 30 de marzo cerca de la Luis C. del Castillo.

La muerte de Fernández Domínguez, Juan Miguel Román, Illio Capocci, Ramon Tavares, José Jiménez y del combatiente haitiano Jean Sateu y otros tantos civiles enlutó el movimiento constitucionalista.

No podían contener el llanto

Los cadáveres de los comandantes de la revolución permanecieron por varios minutos en el asfalto de la avenida 30 de marzo debido al fuego de ametralladoras que disparaban desde ese lugar efectivos del CEFA y de la las tropas invasoras.

Al caer la noche fueron rescatados y trasladados al edificio Copello (el de Fernández Domínguez) y a la morgue del hospital Padre Billini, el de Juan Miguel Román y Euclides Morillo.

El cuerpo sin vida de Fernández Domínguez permaneció por varios minutos en el piso de la entrada del edificio Copello donde estaban las oficinas del Gobierno Constitucionalista, mientras era observado por centenares de militares y civiles que no podían retener el llanto al ver muerto al ideólogo de la revolución.

En la morgue del hospital padre Billini también se repetían escenas semejantes al contemplar los cactorcitas el cadáver de su líder con un balazo en la frente y una sonrisa en los labios.