El Gobierno dominicano, a través de la Comisión Ejecutiva para la Transformación Educativa, mediante el Decreto 309-26, ha puesto en marcha la Consulta Nacional para el Futuro de la Educación Dominicana. Busca convocar a docentes, estudiantes, familias, sector productivo y otros sectores para construir un nuevo modelo educativo.

Se señalan cuatro pilares para dicha transformación:

  1. Calidad y pertinencia con enfoque en la primera infancia y el desarrollo de capacidades científicas y tecnológicas.
  2. Una nueva ley de educación que responda a las demandas del siglo XXI.
  3. Formalización de la Estrategia Nacional de Competencias Digitales y mejora en el cumplimiento efectivo del calendario escolar.
  4. Participación abierta a todos los sectores sociales.

En esencia, nada nuevo. En más de tres décadas hemos sido testigos de estos llamados desde el gobierno. No puedo negar mis dudas, pues los narcisismos de quienes detentan el poder en un momento determinado, les impide aceptar los otros muchos llamados, como los esfuerzos y propuestas de múltiples sectores al respecto: el Foro, la ADRU, el IDEC, Defensoría del Pueblo y un largo etcétera…

La calidad y la pertinencia de la educación ha sido un tema histórico. Dos planes decenales realizados y uno nati-muerto. Incremento significativo del gasto en educación. Una nueva ley, un nuevo currículo, modernización de la estructura, miles de millones destinados a formación docente, evaluaciones de desempeño docente y mejora substantiva del salario…

Todo esto y muchas otras cosas no han sido suficientes para alcanzar EL PROPÓSITO fundamental: ofrecer una educación de calidad y que nuestros niños, niñas y jóvenes aprendan.

VEAMOS (VER).

Según el Informe del IDEC 2025, aunque se aprecian avances en la expansión de la primera infancia y la educación inicial, los Programas de Base Familiar y Comunitaria que atienden al 71% de los beneficiarios del Inaipi, acumulan una caída del 28.6% respecto al 2019 y operan al 67.4% de su capacidad.

Aunque el sector público ha liderado un crecimiento sostenido del 26.7% desde el 2019 de la educación inicial, solo concentra el 58.8% de la matricula total. Por otro lado, se aprecia una desaceleración del crecimiento de la matrícula del 2do. ciclo del nivel del 16% en 2022-23 al 2% en 2024-25, lo que parece comprometer la meta de 400,000 matriculados para el 2028, según el Informe.

En el nivel primario para el 2024-25 la tasa bruta de cobertura es superior al 100% en ambos ciclos, sin embargo, la matricula permanece un 6.7% por debajo del 2019-20 en el primer ciclo y un 3.2% en el segundo. Por otra parte, se aprecia una inasistencia escolar en el nivel en torno al 6.5% (70,000 estudiantes más o menos) que se mantienen excluidos de la educación.

Aunque la tasa neta de culminación del nivel primario ha crecido más de siete puntos porcentuales entre 2018-19 y 2024-25, los resultados de aprendizaje medidos en las evaluaciones diagnósticas son moderados respecto a las metas. Aunque en 6º de primaria el porcentaje en los niveles aceptable o satisfactorio ha mejorado en todas las áreas, en el caso de 3º se aprecia un retroceso en los niveles más altos respecto al 2017.

En el nivel secundario, según el Informe del IDEC, se observa una recuperación notable en el 1er ciclo con una matrícula de 516,816 estudiantes, representando una tasa bruta de escolarización del 90.68% (lo que incluye estudiantes en sobreedad), no así en el 2do ciclo donde la contracción es importante, pues la matrícula cayó un 11.5% entre 2019-20 al 2024-25. La meta de 900,000 estudiantes para el 2028 se torna difícil de cumplir.

Un tema importante en este nivel es el alto porcentaje de estudiantes que matriculados a los 12 años han salido o han sido excluidos del sistema a los 17 años. En el Informe Discontinuidad educativa en la educación secundaria de la República Dominicana del IDEC 2026, se habla de un 32.6% (52,925) “desertores”, siendo un 87% en el sector público; 48.4% inscritos en jornada extendida; 45.2% promovido al momento de “desertar”. Y curioso, un 18.4% lo hacen el 1ero de secundaria. Este último estudio se hizo con la cohorte de estudiantes 2017-18.

De los seis factores identificados en el estudio para explicar el fenómeno del “abandono” o exclusión en el nivel, tres, hacen referencia al contexto social y familiar: económicos, familia y embarazo, los otros tres, a la gestión escolar directamente: desmotivación y desconexión curricular, rezago académico acumulado y, violencia y clima escolar.

Los resultados de aprendizaje en el nivel, según la Evaluación Diagnóstica Nacional de 3ro. de Secundaria, llama la atención: aunque se aprecia una mejora, esta se evidencia en la reducción del nivel bajo de desempeño y en el traslado de estudiantes al nivel elemental, pero no en el incremento del nivel satisfactorio (lo esperado) que incluso retrocede en todas las áreas evaluadas.

JUZGUEMOS (JUZGAR):

El incremento de la inversión en educación preuniversitaria con la aplicación del 4% del PIB, ha permitido aumentar de manera significativa la nómina administrativa, mejorar los salarios, construir más escuelas, proporcionar alimentación a estudiantes y docentes, y otros servicios necesarios como el de transporte, comprar computadoras y tabletas, pero el impacto en los aprendizajes de los estudiantes sigue estando pendiente, como hemos visto.

La discontinuidad de las políticas ha seguido siendo un hecho irreversible. Seguimos en cada administración “inventando la pólvora”. El incumplimiento con el calendario, el horario escolar y el desarrollo curricular efectivo no son cosas que se puedan ocultar. Es más, le vamos a agregar al año escolar próximo dos semanas extras para “recuperar el tiempo perdido en este año”, cuando la evidencia científica señala que el tiempo perdido nunca se recupera en educación.

La educación debe permitirnos prefigurar la sociedad en la que queremos vivir, contribuyendo al desarrollo de una ciudadanía que valora el desarrollo personal y social; conocedora de sus deberes y derechos los que asume con responsabilidad; que enarbola los intereses de todos por encima de los intereses particulares.

Una sociedad en que deberes y derechos sean enarbolados con igual intensidad y en la que todos los ciudadanos nos sintamos protegidos por un sistema judicial justo y centrado en la aplicación de la ley y no solo en la lucha contra los corruptos preferidos.

Una sociedad en la que todos sus ciudadanos valoren la educación como la estrategia y el camino para el desarrollo personal y social pleno, en la que todos los niños, niñas y jóvenes puedan desarrollar sus múltiples inteligencias y con ellas, aprender a conocer y gestionar sus emociones, para un buen vivir de cada uno y de todos por igual.

Un sistema educativo amplio y flexible, libre y protegido del ejercicio de la politiquería barata y oportunista, que permita en su tránsito desarrollar todas las habilidades y competencias requeridas por la sociedad, y por el sujeto concreto mismo, para un ejercicio ciudadano responsable y comprometido con el bien común.

HAGAMOS (ACTUAR):

Se convoca a construir un nuevo sistema educativo, como dije, nada nuevo.

La deliberación en materia educativa debe ser un tema que se trate con la seriedad que ella conlleva. Si queremos deliberar es porque proyectamos una sociedad dominicana de futuro completamente distinta a la que vivimos hoy, presa del individualismo, la corrupción, la desorganización, la falta de aplicación de la ley, entre otros temas. Cuando se delibera es porque se van a tomar decisiones importantes.

La deliberación en educación no es solo un ejercicio para responder a las necesidades del momento, sino más bien, la actitud permanente de una sociedad centrada en su desarrollo social en general, y para el bienestar y la felicidad, en particular, de todos sus ciudadanos.

La racionalidad del mercado no está por encima de la racionalidad humana en el más amplio sentido de la palabra, cuando la educación es el tema. No se trata de formar para el mercado sino para la vida, en la que el trabajo es una de sus dimensiones, no la única ni necesariamente la más importante.

Si la deliberación es la estrategia elegida es porque de antemano se asume que todas las ideas que emanen de ella serán importantes y deberán ser tomadas en consideración para la toma de decisiones en materia de la educación. Ahí están los aportes que los estudiantes hicieran en la convocatoria de la defensoría del pueblo y que fueron ampliamente analizados en el Seminario de Alto Nivel para la Socialización de los Sueños y Demandas de los Niños, Niñas y Adolescentes: escuchamos sus voces para hacer realidad sus sueños y demandas, celebrado en junio del 2025.

Por otro lado, un sistema educativo es mucho más que una ley. Es una cultura, una práctica social y una arquitectura institucional y no un simple texto jurídico. La ley es apenas el esqueleto normativo. Lo que sostiene la vida del sistema, sin embargo, es todo lo que ocurre antes, durante y después de ella.

La ley define el marco, pero el sistema lo sostienen las personas que lo gestionan, las prácticas y las capacidades de estas mismas personas, como de los recursos que se disponen para hacer posible las transformaciones anheladas y no solo el engrosamiento de las cuentas particulares.

La ley establece principios, derechos y obligaciones, define estructuras formales, fija estándares mínimos, pero no garantiza que la escuela funcione, que los docentes enseñen bien, que los estudiantes aprendan o que la sociedad valore la educación. La ley puede ordenar todas esas piezas, pero no las crea.

Finalmente, un sistema educativo es una promesa de futuro, que cuando funciona, articula la movilidad social, la ciudadanía, la innovación, la cohesión cultural, el desarrollo humano. Cuando falla, genera frustración, pérdida de sentido y exclusión. La ley puede ordenar el sistema, pero no garantiza su funcionamiento.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

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