Dentro de mis labores de arqueología de papeles, neveras, patios y cuantas texturas brinden accesos a la “razón poética” de la que hablaba María Zambrano, comparto esta carta manuscrita del 5 de enero de 1960. La escribió la niña Lulú M. Mejía G., al parecer hermana de “Cucha”, según se podría inferir de la postdata. Es una carta a los “Señores Reyes Magos”, en un Santo Domingo todavía Ciudad Trujillo. La obtuve en uno de esos álbumes familiares que a veces se encuentran en los puestos de libros viejos. Sospecho que su autora tendrá poco más de 70 años, si es que la matemática no me falla, a partir de los 66 años de su redacción.
Estamos ante una carta con un sustento cartográfico: nos ofrece un conjunto de productos adquiribles en comercios locales, aledaños a la Calle El Conde. Cada deseo es también una manera de verse como adulta, de asumir un rol a través de los diferentes objetos que habrán de ampliar su cuerpo, sus usos, su movilidad, orientación y representación en el espacio.
Con este objeto me imagino un Museo del Ser Dominicano: esas esferas donde el sujeto se materializa, socializándose dentro de un conjunto de dispositivos urbanos particulares. Junto a ese mirar la historia a partir de las acciones, gestos, movimientos, tiempos, también podríamos agregar una dimensión más espacial, con imágenes, productos, aparatos, esa parafernalia en la que los sujetos nos inscribimos en el día a día. Sería algo así como el diálogo con el “Der Bilderatlas Mnemosyne” del historiador Aby Warburg.
A través de esta misiva de Lulú M. Mejía G. podríamos apreciar lo que veían los niños en esa recta final del trujillato: un retrato en sepia de la modernidad dominicana, ni muy blanco-negro colonial, pero no a color moderno.
Confesional, infantil, aquí apreciamos la prehistoria de aquellos adultos de los años modernos y postmodernos que a partir de 1960 se erigieron: ese mundo que comenzaría trágicamente en 1961 con el ajusticiamiento del tirano y toda esa historia que, además, estaría para contarla ahora porque tal vez usted la conozca.
Dejemos que Lulú se excuse con los Reyes Magos, porque seguramente, algunas veces, se portará mal, pero también, otras veces, bien. ¡Bien por Lulú! Esperemos que, aparte de nosotros, ahora también los Reyes hayan accedido a complacer semejantes ilusiones de niña somnoliente y creyente aún.
Ciudad Trujillo, D. N.
5 de enero de 1960
Sres. Reyes Magos
Del Oriente
Mis queridos Reyes:
Yo algunas veces me porto mal, pero generalmente soy una niña ejemplar.
Yo quiero que me pongan una muñeca que hay al lado del Bar América, con su paje; una muñeca vestida de rosado con el pelo largo en la Casa de las Medias; un teléfono amarillo de La Troya; un juego de mesa y sillitas, cerca de los Imperiales, y un juego de tacitas, etc., donde doña Fior; y de ahí mismo, un baby vestido de azul con su bobo, y un carrito de llevar comida a los enfermos.
Un juego de maletas y lámparas cerca de doña Fior, yo quisiera; y un juego de mesas y sillas en La Troya; una casa de muñecas de dos pisos, cerca del malecón; en la ferretería del colmado, un juego de trapear y cocina; unas pelotas de las que se desavientan donde doña Fior; y nada más.
Muchas gracias a los tres. Hasta el año que viene.
Lulú M. Mejía G.
P.D.
Además, quiero que a Cucha le pongan un coche, una cuna y un corral. A mami cuatro cortes de vestido bien bonitos y a mí una muñeca que vi en la Ópera que lleva puestos aretes, vestido estrecho, zapatos de taco alto y collar; también un juego de cocina.
Gracias.
Compartir esta nota