(A Grethel Castellanos con admiración)
La República Dominicana necesita crear con urgencia los Consejos Regionales de Desarrollo (CRD) en las diez regiones de planificación establecidas por la Ley 345-22. No deben concebirse como nuevas estructuras burocráticas, sino como plataformas permanentes de concertación entre Estado, gobiernos locales, sector empresarial, universidades y sociedad civil para dirigir estratégicamente el desarrollo.
Pretender ordenar el territorio de un país fragmentado en 158 municipios y 235 distritos municipales, con casi 400 gobiernos locales y más de 360 instituciones del Poder Ejecutivo actuando muchas veces sin coordinación, constituye una contradicción institucional.
Es imposible construir una política territorial coherente cuando cada organismo opera con mandatos, mapas, prioridades y divisiones regionales diferentes. Incluso con la nueva inversión prevista con el apoyo del Banco Mundial, debemos apostar de ir de los general a lo particular y nunca lo contrario.
Deben estudiarse las experiencias fallidas de proyectos internacionales de los cuales no queda nada. Varios que llegaron a «enlatar 20 planes municipales estratégicos en el sur» y otros que en un supuesto “Planifica”, crearon al vapor, más de 25 planes estratégicos dispersos en el Cibao. De ellos no queda ni una coma.
El ordenamiento territorial y la regionalización son procesos inseparables. El primero organiza el uso sostenible del suelo, protege los recursos naturales, orienta la infraestructura y reduce los conflictos entre actividades económicas. La segunda muy en especial en una isla, crea la escala adecuada para coordinar inversiones, integrar políticas públicas y generar economías de aglomeración. Sin regionalización, el ordenamiento se reduce a una suma de planes municipales desconectados; sin ordenamiento, la regionalización pierde dirección estratégica.
Este es el enfoque de Grethel Castellanos que tiene años promoviendo, la regionalización basada en sus estudios de urbanismo en la Universidad Degli Studi Di Roma (Italia); postgrado en Desarrollo Urbano y Regional del Instituto del Urbanismo de París y Planificación de Desarrollo Regional y Urbano en Holanda; estudios de postgrado en Integración de la Dimensión Ambiental en la Planificación Regional.
El economista chileno Sergio Boisier y su desarrollo regional endógeno, es uno de los mayores referentes latinoamericanos del desarrollo regional, sostenía que el desarrollo no se decreta desde los ministerios centrales: se construye desde los territorios mediante instituciones capaces de articular actores, conocimiento, identidad y visión compartida.
Su planteamiento mantiene hoy plena vigencia para un país que, a pesar de toda la gestión por la descentralización regional del desarrollo, aún concentra decisiones esenciales en la capital de la isla.
En la misma dirección, el Premio Nobel Paul Krugman, con su teoría de la Nueva Geografía Económica, demostró que la competitividad moderna depende de la concentración inteligente de actividades productivas, infraestructura, innovación y capital humano. Las regiones ya no compiten únicamente por recursos naturales, sino por su capacidad para crear redes económicas eficientes y aprovechar las ventajas de la proximidad territorial.
La Ley Orgánica de Regiones Únicas de Planificación (345-22), promulgada en 2022, representa un avance institucional importante. Sin embargo, la mayoría de las entidades públicas continúa funcionando con regionalizaciones diferentes. Educación administra un mapa; Salud otro; Medio Ambiente otro distinto. El resultado es duplicidad de gestiones, dispersión presupuestaria y pérdida de eficiencia.
Las gobernaciones provinciales que tienen una ley vigente la 2661-50, tampoco han evolucionado hacia verdaderos espacios de coordinación provincial y regional. No se le dado el suficiente apoyo para que crear auténticos gabinetes territoriales permanentes que articulen las instituciones nacionales de expresión local con municipios y sectores productivos.
En los hechos, a pesar de los avances de los últimos años, dentro de los que destacan las leyes y algunos planes de ordenamiento gestados por Domingo Matías, así como la estrategia de desarrollo fronterizo, promovida por Erick Dorrejo, la gestión pública continúa fragmentada y reactiva.
Las experiencias internacionales confirman que la regionalización bien diseñada acelera el desarrollo. En Antioquia, Colombia, la articulación entre gobierno departamental, municipios y sector privado impulsó infraestructura, innovación y competitividad mediante una planificación territorial de largo plazo.
En Cataluña, España, la coordinación regional fortaleció la integración entre industria, logística, universidades y ciudades intermedias. En Emilia-Romaña, Italia, la cooperación entre empresas, gobiernos locales y centros tecnológicos convirtió una región de pequeñas y medianas empresas en uno de los territorios industriales más dinámicos de Europa.
Asimismo, la Comisión Regional de los Apalaches, en Estados Unidos, demuestra desde hace décadas cómo una gobernanza regional sostenida puede reducir desigualdades mediante inversiones coordinadas en infraestructura, salud, educación y desarrollo económico.
Las evidencias internacionales demuestran que los territorios exitosos no administran únicamente municipios; gestionan regiones funcionales donde convergen movilidad, energía, cuencas hidrográficas, empleo, cadenas productivas, servicios ambientales y planificación estratégica.
República Dominicana llegó tarde al ordenamiento territorial. Mientras numerosos países latinoamericanos comenzaron a consolidar políticas territoriales desde la segunda mitad del siglo XX, nuestra legislación integral apenas comenzó a construirse en esta década. Ahora corresponde evitar que la Ley 345-22 quede como un instrumento jurídico, sin gobernanza efectiva.
El desafío ya no consiste en producir más diagnósticos y leyes, sino en construir instituciones regionales capaces de coordinar inversiones, armonizar políticas sectoriales y orientar el desarrollo con visión de futuro, tal como las que se impulsan en estos momentos.
El verdadero mapa del crecimiento no será el político-administrativo, sino el económico y territorial. Ordenar el territorio exige gobernar las regiones. Sin esa gestión regional, todo lo demás seguirá siendo administración fragmentada y desarrollo desigual.
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