El 14 de junio del 1943 en La Habana, Cuba, Juan Bosch le escribe una carta a tres amigos que le habían visitado para que la recibieran personalmente antes de partir hacia República Dominicana. Es un texto clave en la compresión de la antropología subyacente en la narrativa y el pensamiento político de nuestro autor.

La misiva abre de par en par su corazón a sus amigos. Bosch encuentra en Cuba una sociedad que lo acoge y le permite desarrollar sus talentos como literato y político. No encontró ese ambiente en la Barcelona del 1929-1930, ni en la Venezuela del 1930-1931, ni en su estadía en Santo Domingo del 1931 al 1938. Un fragmento del segundo párrafo de la carta lo respalda. Señala Bosch que: Acaso para mi dicha, nunca fui feliz en la República Dominicana, ni como ser humano ni como escritor ni como ciudadano; en cambio sufrí enormemente en todas esas condiciones.

¿Cuál era esa dicha? Salir del país. Conocer otras sociedades. Sobre todo, vivir en Cuba, donde fue recibido por Cotubanamá Henríquez y la dirigencia del PRC(A) e involucrado de lleno en la política cubana, su integración al exilio antitrujillista y su esfuerzo de crear un partido político capaz de impulsar el derrocamiento del tirano, el reconocimiento de su actividad literaria y por supuesto la dicha de conocer el amor de su vida: Carmen Quidiello.

El tema central de la misiva surge con fuerza luego de esos comentarios iniciales. …de mi reunión con Uds. he sacado una conclusión dolorosa, y es ésta: la tragedia de mi país ha calado mucho más allá de donde era posible concebir. La dictadura ha llegado a conformar una base ideológica que ya parece natural en el aire dominicano y que costará enormemente vencer, si es que puede vencerse alguna vez. Desde una Cuba desarrollada y con una vida política democrática, Bosch al oír a sus amigos descubre cuanto ha degenerado la mentalidad política dominicana desde su partida en 1938.

Esa base ideológica del trujillismo, desde el inicio de la tiranía, promovió el autoritarismo en torno a la figura providencial del sátrapa, envenenó las relaciones familiares con la difusión del machismo y la práctica del jefe como violador empedernido, anuló todo tipo de fidelidad fraterna impulsando la delación y convirtió el racismo en la señal de identidad de lo dominicano. Para esa perversa tarea contó con muchos intelectuales, de diversas calidades y calaña.

Juan Daniel Balcácer interpreta lo que debió ser ese encuentro entre esos cuatro amigos, en La Habana, el 14 de junio del 1943. Parece que, durante ese encuentro, que debió ser emocionante para todos, abordaron temas literarios, filosóficos, políticos y naturalmente no podía faltar el caso Trujillo y su dictadura. Acaso el tema de mayor análisis entre los contertulios fue la matanza en 1937 de miles de ciudadanos haitianos y la penosa situación que por entonces padecía la nación haitiana. Por lo visto el encuentro fue el 14 en la mañana y la carta la escribe Bosch ese mismo día en la tarde, bajo el supuesto de que sus amigos partirían para Santo Domingo al día siguiente, el 15.

Bosch, que llevaba 6 años fuera del país, descubre en ese dialogo fraterno que la dictadura trujillista ha constituido un substrato ideológico que se ha integrado de manera medular con la idiosincrasia del pueblo y sus intelectuales. Sus amigos lo habían asumido y de una forma muy intensa

Bosch señala que probablemente duraría mucho tiempo, si es que en algún momento pudiera erradicarse, tan monstruosa mentalidad. Él considera que esa formulación ideológica se había articulado desde el 1937, no solo porque ese fue el último año de su estadía en el país y por lo visto no había percibido con tanta fuerza ese rasgo en la mentalidad de los dominicanos.

La carta a sus amigos ahonda en la cuestión: No me refiero a hechos concretos relacionados con determinada persona; no hablo de que los dominicanos se sientan más o menos identificados con Trujillo, que defiendan o ataquen su régimen, que mantengan tal o cual idea sobre el suceso limitado de la situación política actual en Santo Domingo; no, mis amigos queridos: hablo de una transformación de la mentalidad nacional que es en realidad incompatible con aquellos principios de convivencia humana en los cuales los hombres y los pueblos han creído con firme fe durante las épocas mejores del mundo, por los que los guías del género humano han padecido y muerto, han sufrido y se han sacrificado.

El escalpelo racional y moral de Bosch ahonda en el asunto y señala que esa mentalidad nueva no corresponde con la cuestión de la dictadura en cuanto negación de la democracia y la libertad de pensamiento, que ya él conocía entre el 1931 y el 1937, y por la cual padeció cárcel y tuvo que sufrir el intento de la cooptación por el tirano mediante puestos de trabajo, compra de sus obras y hasta la declaración de discursos a favor de la dictadura, para preservar su vida y las de sus familiares. No, era parte, pero no la esencia. La ideología trujillista estaba malogrando la condición de seres humanos dignos de todos los dominicanos y dominicanas, y Bosch considera que esa patología tardaría en ser sanada, si alguna vez fuera posible.

David Álvarez Martín

Filósofo

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Especialista en filosofía política, ética y filosofía latinoamericana.

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