Educando en ciudadanía digital
La conciencia ciudadana digital se presenta hoy como la capacidad de resistir a la Ciberpsicobiopolítica; es decir, a la forma en que el poder cibernético administra, condiciona y moldea nuestras conductas, emociones y capacidades cognitivas a través de los entornos virtuales.
Desmurget, en su libro La fábrica de cretinos digitales (2020), explica cómo la exposición desmedida y acrítica a las pantallas erosiona la atención, la memoria y la autonomía crítica de los sujetos, reduciéndolos a consumidores pasivos dentro de un ecosistema diseñado para capturar su tiempo. Esta estrategia produce sujetos cada vez más dependientes, menos reflexivos y con menor capacidad de intervenir conscientemente en la vida social y política.
Ser ciudadano digital implica no quedar atrapado En el enjambre descrito por Han (2014), donde el poder digital no se manifiesta únicamente de manera centralizada, sino que se expande como una plaga que cubre el cibermundo con dinámicas de hiperconexión, transparencia forzada y autoexplotación. En esta lógica, cada sujeto se convierte en un nodo dentro de un sistema que vigila, controla y, al mismo tiempo, seduce mediante la promesa de participación, reconocimiento y visibilidad. Así, se diluye la noción de sujeto crítico en favor de un colectivo disperso y fragmentado.
Frente a este panorama, la construcción de una conciencia ciudadana digital requiere desarrollar pensamiento crítico, prácticas de autocuidado tecnológico y una participación ética en el espacio virtual.
Una de las principales contribuciones de Morduchowicz es su énfasis en la educación fundamentada en la formación de ciudadanos digitales competentes. En el texto La Inteligencia Artificial. ¿Necesitamos una nueva educación? (2023) argumenta que las instituciones educativas tienen la responsabilidad de preparar a los jóvenes para navegar en un mundo donde la información es abundante, pero también a menudo imprecisa o manipulada.
La investigadora, en sus reflexiones sobre la temática de lo digital y la IA, sugiere que la escuela debe integrar el aprendizaje sobre ciudadanía digital en sus currículos, abordando temas como la privacidad en línea, el ciberacoso, la violencia digital y el uso responsable de las redes sociales. La educación debe promover no solo habilidades técnicas, sino también una ética digital que fomente el respeto y la empatía en el uso de estos dispositivos tecnológicos.
La alfabetización digital debe ir acompañada de un entrenamiento en ética aplicada, donde la responsabilidad personal se conciba como una práctica constante que equilibre derechos y deberes en la esfera virtual. Así como la ciudadanía en el espacio físico exige conocer leyes y normas, la ciudadanía digital, en el plano del ciberespacio, demanda la capacidad de descifrar códigos, políticas de uso y el funcionamiento de los algoritmos, así como la facultad de cuestionar la legitimidad de las estructuras de información que sostienen dichas reglas.
Para cultivar una ciudadanía digital robusta, es necesaria una formación educativa que se adapte a las exigencias de estos tiempos cibernéticos y transidos. Esto incluye, en primer lugar, el desarrollo de habilidades tecnológicas que van más allá de saber utilizar dispositivos o aplicaciones. Es vital enseñar a los estudiantes a programar, comprender algoritmos y analizar el funcionamiento de las plataformas digitales que utilizan a diario.
Con el avance de la tecnología digital se hace cada vez más necesario reflexionar críticamente sobre cómo las grandes corporaciones tecnológicas manipulan los datos y ejercen influencia sobre las opiniones y los comportamientos de las personas. Esta realidad plantea importantes desafíos sociales y éticos que no pueden pasarse por alto.
Por tales razones, como establece Adela Cortina:
“El objetivo es construir una ciudadanía digital de pleno derecho, lo cual exige hacer frente a retos como la ciberseguridad, la protección de datos personales, la privacidad de los usuarios en entornos digitales, la accesibilidad, la propiedad y la gestión de los datos o la mejoras de las capacidades digitales, la protección de la integridad personal (intimidad), el derecho a la propia imagen y honra, a estar a salvo de contenidos nocivos (discurso de odio, ciberacoso) y del mal uso de los datos obtenidos, que no pueden utilizarse sin consentimiento de la persona y para fines distintos a los que justifican su obtención” (2024, p.77, el subrayado es mío).
Con este conocimiento tecnológico se puede promover una conciencia crítica sobre cómo las grandes corporaciones de tecnología manipulan datos y tienden a influir en opiniones y comportamientos.
Como punto focal del MESCYT en la Red Latinoamericana de Ciudadanía Digital, nos encontramos actualmente en la etapa de fomento y difusión de esta iniciativa regional. Desde esta entidad de educación superior, ciencia y tecnología, reafirmamos el compromiso de consolidar la red, promoviendo espacios de diálogo, el intercambio de experiencias y la difusión de buenas prácticas en materia de ciudadanía digital. De sumar acciones al programa latinoamericano de la Red que impulsa UNESCO para toda la región y en la que ya participan 15 países de América Latina
Esta etapa inicial busca sensibilizar, articular y movilizar a los distintos actores de la República Dominicana, con el fin de fortalecer una comunidad de ciudadanos digitales que avancen de manera conjunta hacia una participación inclusiva, crítica y responsable en los entornos digitales, y al mismo tiempo impulsar la estrategia de ciudadanía digital en todas las regiones del país, alineándola con las tendencias y retos globales.
Para tales propósitos, se ha de tomar como referente todo el proceso de incorporación de la ciudadanía digital en los sistemas educativos de países como Uruguay, México, Colombia, Argentina, Brasil y Chile, los cuales muestran un avance significativo en la consolidación de competencias democráticas y tecnológicas en la región. En el caso de Uruguay, a través de su Estrategia Nacional de Ciudadanía Digital y el emblemático Plan Ceibal, se han impulsado políticas interinstitucionales que fomentan un uso crítico, responsable y participativo de las tecnologías en las aulas.
En Brasil, la institucionalización del concepto mediante la Política Nacional de Educación Digital, junto con la integración de la educación digital y mediática en el currículo, fortalece un enfoque interdisciplinario y ético del uso de la tecnología digital, y en Chile, el Ministerio de Educación, apoyado por el programa Enlaces y en el marco de la Ley 20.911, ha definido la ciudadanía digital como un conjunto fundamental de conocimientos, habilidades y actitudes para una participación segura y activa en entornos híbridos. Estas experiencias no solo evidencian la relevancia de integrar la ciudadanía digital en la formación escolar, sino que también ofrecen claros referentes para otros países latinoamericanos que empiezan a transitar por esta vía, destacando la necesidad de políticas públicas sostenidas que promuevan la inclusión, la equidad y el pleno ejercicio de los derechos digitales.
En el caso de la República Dominicana, este desafío adquiere un matiz particular debido a las desigualdades en el acceso a la tecnología y la conectividad. Aunque el país ha avanzado significativamente en la expansión del cibermundo y en la adopción de dispositivos móviles, persisten brechas entre las zonas urbanas y rurales, así como entre distintos sectores sociales. Por ello, la construcción de una ciudadanía digital dominicana implica no solo fomentar competencias críticas y creativas, sino también garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso equitativo a las herramientas digitales, de modo que la inclusión tecnológica se convierta en un derecho y no en un privilegio.
La República Dominicana se encuentra en un momento decisivo respecto a la Agenda Digital 2030, que sustituye al antiguo programa República Digital, ya que es un intento de redefinir la manera en que el Estado se relaciona con los ciudadanos y cómo la sociedad en su conjunto se inserta en la economía del conocimiento. Iniciativas como Burocracia Cero, el Expediente Único y la Carpeta Ciudadana representan avances concretos hacia un modelo de gestión más ágil y transparente, donde la información fluye sin trabas y los servicios se diseñan con el ciudadano en el centro. Sin embargo, más allá de la eficiencia administrativa, este proceso de transformación digital plantea una pregunta de fondo: ¿estamos formando a las personas que podrán habitar y darle sentido pleno a este nuevo ecosistema cibernético?
La educación se revela como el eje imprescindible de esta transformación. Digitalizar trámites o implementar inteligencia artificial en la gestión pública tiene un valor inmediato, pero carece de profundidad si no va acompañado de una ciudadanía capaz de comprender, cuestionar y aprovechar esos recursos.
En este punto, el país encara un reto doble: por un lado, ampliar la infraestructura tecnológica y garantizar el acceso equitativo; por otro, redefinir la pedagogía y el currículo para que el pensamiento crítico, la creatividad y las competencias digitales estén presentes desde la escuela hasta la universidad. La alfabetización digital no puede reducirse al manejo técnico de plataformas; debe ser entendida como una nueva forma de ciudadanía, una manera de participar en la sociedad, de ejercer derechos y de asumir responsabilidades en un mundo interconectado.
La construcción de una cibercultura en el ámbito digital y de la IA incluyente no es tarea exclusiva de un gobierno, un ministerio o una universidad en particular, sino el resultado de un entramado de voluntades que reconoce que la transformación cibernética, digital y basada en la IA es imprescindible en nuestros tiempos.
El empoderamiento de la ciudadanía digital, lejos de ser un simple acceso a dispositivos digitales e IA, es la capacidad de usar estos dispositivos de forma autónoma y con fines significativos. En el ciberespacio, este empoderamiento se traduce en la habilidad para crear narrativas propias, desafiar versiones oficiales y articular proyectos colectivos que trasciendan la mera reacción ante estímulos digitales.
La expansión del acceso al ciberespacio trae consigo riesgos asociados al ciberacoso, la desinformación y las estafas virtuales, que afectan especialmente a los jóvenes. Por ello, una ciberciudadanía o ciudadanía digital crítica no solo debe enfocarse en el dominio técnico, sino también en la construcción de valores como la responsabilidad, el respeto y la empatía en los espacios virtuales. Iniciativas que fomenten la resiliencia digital y la verificación de fuentes son indispensables para contrarrestar las amenazas de un entorno digital cada vez más complejo.
La República Dominicana vive momento decisivo en el que la transformación digital no solo representa una vía para modernizar el Estado, sino también un motor de innovación social, económica y democrática. La incorporación de tecnologías digitales e IA en la gestión pública —a través de plataformas de gobierno electrónico, trámites en línea y servicios interoperables— ha abierto la oportunidad de replantear la relación entre el Estado y la ciudadanía.

Referencias
Cortina, A. (2024). ¿Ética e ideología de la inteligencia artificial? Paidós
Desmurget, M. (2020). La fábrica de cretinos digitales: Los peligros de las pantallas para nuestros hijos. Península.
Han, B.-C. (2014). En el enjambre. Herder.
Gardner, H., & Katies, D. (2014). La generación APP. Paidós.
Merejo, A. (2007). La República Dominicana en el ciberespacio de la Internet: Ensayo
filosófico cibercultural y cibersocial (1995–2007). Revista de Filosofía. https://old.revistadefilosofia.org/19-05.pdf
Ministerio de Educación de Chile. (2016). Ciudadanía digital. Gobierno de Chile. https://escolar.mineduc.cl/tecnologias-para-el-aprendizaje/ciudadania-digital
Ministerio de Educación de Chile. (2021). Ciudadanía digital: Cuadernillo. Gobierno de Chile. https://convivenciaparaciudadania.mineduc.cl/wp- content/uploads/2021/08/CiudadaniaDigital-Cuadernillo.pdf
Morduchowicz, R. (2020). Ciudadanía digital: Currículum para la formación docente. UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000378120/PDF/378120spa.pdf.multi
Morduchowicz, R. (2023). La inteligencia artificial: ¿Necesitamos una nueva educación? UNESCO. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000386262/PDF/386262spa.pdf.multi
Ceibal. (2024). Estrategia nacional de ciudadanía digital para una sociedad de la información y el conocimiento 2024–2028. Ceibal. https://documentos.ceibal.edu.uy/portal/2023/09/estrategia-de-ciudadania-digital- para-una-sociedad-de-la-informacion-y-el-conocimiento.pdf
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