En general la innovación financiera suele venir del norte: Silicon Valley, Wall Street, Europa. Pero la más reciente y profunda innovación en pagos nació en Brasil. En solo tres años, Pix, un sistema público, gratuito y obligatorio para las entidades financieras, se convirtió en el medio de pago más usado en un país con más de 200 millones de habitantes.

Pix no es un simple producto digital. Es una revolución legal y financiera: coloca al banco central en el centro de la infraestructura de pagos, desafía a actores privados omnipresentes y demuestra que un país del sur global puede marcar el camino de la innovación. Además, y no menos importante, demuestra que esa innovación puede venir del sector público.

Golpe a Visa y Mastercard: los monopolios invisibles. Es un secreto a voces: Visa y Mastercard gobiernan el mundo de los pagos. Controlan más del 80% de las transacciones con tarjeta a nivel global. Su poder se sostiene en dos pilares: la extracción de rentas a través de comisiones cobradas en cada operación y la explotación masiva de datos de consumo. Son compañías privadas, pero con un poder cuasi soberano: sus redes son infraestructuras críticas sin las cuales el comercio internacional no funcionaría.

Europa ha intentado limitar ese dominio con sanciones y regulaciones para empujar a los bancos a prescindir de Visa y MasterCard, sin grandes resultados. En Estados Unidos, la discusión ni siquiera se abre: Visa y Mastercard son símbolos del poder financiero norteamericano. Parecían intocables, hasta que apareció Pix a generar dudas en el modelo de negocios de esos dos gigantes.

Con Pix, millones de brasileños dejaron de depender del efectivo y de las tarjetas como medios de pago. En resumen, para pagar basta un celular y una clave: la operación se liquida directamente entre cuentas bancarias bajo la infraestructura del banco central, en cuestión de segundos. No hay intermediarios privados, ni comisiones onerosas, ni retrasos de liquidación.

Lo que Europa no consiguió en más de una década (una alternativa real a las redes privadas), Brasil lo logró en tres años. Y no lo hizo desde el mercado privado, sino desde el derecho utilizando herramientas regulatorias: el Banco Central obligó a bancos y fintechs a integrarse al sistema, aseguró la interoperabilidad entre los diferentes actores del mercado y garantizó la gratuidad para personas físicas. El resultado fue una adopción masiva y fulgurante.

Una innovación jurídica más que tecnológica. La clave de Pix no está en la aplicación ni en los códigos QR. Lo revolucionario es su arquitectura legal. Durante décadas, las tarjetas de crédito y débito cumplieron una función de intermediación: entre bancos, comercios y consumidores había una capa indispensable (Visa o Mastercard) que centralizaba operaciones, cobraba comisiones y acumulaba datos.

Pix elimina esa capa. El pago fluye directamente del banco del consumidor al banco del comercio, bajo la infraestructura del Banco Central. La consecuencia es doble: jurídica, porque el Estado reasume el control legal de la infraestructura de pagos; económica, porque se erosiona el modelo de negocio basado en rentas de intermediación que parecía intocable.

Más que inclusión: una prueba de soberanía. Pix ha servido para incluir financieramente a millones de brasileños que nunca habían tenido acceso a tarjetas. Pero su alcance va más allá de la inclusión. Es una prueba de soberanía: un Estado que decide que la infraestructura de pagos puede ser un bien público y no un negocio privado.

Al mismo tiempo, plantea una duda legítima: ¿podrá el Estado mantener esta infraestructura con la misma agilidad con la que el sector privado desarrolla nuevos productos y funcionalidades? Los bancos y las redes privadas han demostrado históricamente capacidad de innovar al ritmo del mercado. El reto de Pix es probar si un banco central puede no solo mantener la red, sino hacerla evolucionar de acuerdo con las necesidades de los consumidores e introducir novedades.

Pix es la prueba de que la innovación financiera no siempre viene del norte y no necesariamente se origina en el sector privado. Esta innovación desafía a los monopolios privados más poderosos de la economía mundial y devuelve al Estado el control de una infraestructura crítica. La gran incógnita es si el Estado podrá sostener en el tiempo esa revolución, adaptarla a los cambios tecnológicos y a los consumidores, y finalmente, si puede convertirse en un modelo global.

Referencias para consulta:

https://www.bcb.gov.br/estabilidadefinanceira/pix

https://www.lesechos.fr/finance-marches/banque-assurances/paiements-pix-le-succes-bresilien-qui-agace-donald-trump-et-fait-rever-leurope-2181712

Angel Santana Gómez

Abogado y consultor

Licenciado en Derecho por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, PUCMM (2001). Maestría en Derecho de los Mercados Financieros de la Universidad Pontificia Comillas, Madrid (2006) y Máster en Derecho Internacional de Negocios y Administración de Empresas en la Escuela Superior de Ciencias Económicas y Comerciales, París, (2010) (École Supérieure des Sciences Économiques et Commerciales - ESSEC). Previamente abogado asociado en la firma Headrick, Rizik, Álvarez y Fernández en Rep. Dominicana y actual Director Legal en la división de banca de inversiones y servicios globales de valores del banco Societe Generale en Francia, encargado del área de servicios financieros a emisores de acciones y obligaciones cotizadas en las bolsas de valores europeas y financiamientos estructurados a fondos de inversiones públicos y privados. Miembro del comité de estudio de emisores de valores del observatorio jurídico de la Asociación Francesa de Profesionales del Mercado de Valores (AFTI por sus siglas en Francés) y miembro de la Asociación Nacional de Juristas de Bancos franceses (ANJB). Instructor y conferencista sobre reglamentación financiera, custodia de valores y servicios post trade, operaciones financieras en los mercados de capitales, financiamientos estructurados internacionales y fondos de inversión.

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