La naturaleza grita por doquier anunciando la revolución de la clorofila. Los espacios boscosos se humanizan narrando su autobiografía en la medida que puedan contar su propio lenguaje. Las palabras y los caminos sintácticos hablan desde el vientre de la tierra.
El Parque Jaragua es ese Otro que ha librado una batalla descomunal para que no lo trocen en pedazos y se lo distribuyan los dueños históricos de la tierra de esta pequeña isla. Como entidad protegida por la ley de Medio Ambiente, ha sufrido embates, amenazas y fortísimas migrañas, porque ciertas élites están acostumbradas, por su dinero, a mover hilos en diferentes instancias del Estado y de la sociedad.
Por sus características primorosas de tener contornos, paisajes y belleza exuberante de sus playas, ha sido un imán para inversionistas que desean los orgasmos crepusculares que le provocan los capitales jugosos que se obtendrían con construir cadenas hoteleras y redes inmobiliarias.
Las blancas arenas y el estado virginal de sus espacios que con mucho esfuerzo, el Grupo Jaragua y otras entidades ambientales, Academia de Ciencias de la República Dominicana, Universidad Autónoma de Santo Domingo y tantos amigos y amigas que han salido a defender dicho parque.
Todo esto se ha producido por los deseos de unos individuos que tienen su ”cocote" con el Parque Jaragua. Desde hace bastante tiempo han formulados propuestas de desarrollo dentro de una área protegida, basado en un modelo de desarrollo de polos turísticos el cual se sustentan en la depredación y el todo engullido que permiten que los capitales se amasen en pocos bolsillos.
En esta vuelta de la política de gestión de esos grupos de poder, nos enteramos que el Tribunal Superior Administrativo (TSA), provocó una fuerte controversia con su declaración en diciembre del 2025, al emitir una sentencia que entrega un tremendo pedazo de 12 millones de metros cuadrados del Parque Nacional Jaragua.
Dichas tierras, se le concede a un emporio empresarial que tiene el deseo divino de invertir en dicho parque con un proyecto turístico. Esto se ha hecho a la espalda del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y por supuesto, ni el Congreso Nacional se había enterado. Ni nosotros, los ciudadanos de la calle.
Según el susodicho tribunal se reconocen los derechos privados de supuestos dueños dentro del área protegida. No sé tú dice una canción, pero esta sentencia, se la está jugando, como los amantes mordaces que a velocidad de un gavilán de sierra se cierne sobre la presa y con sus garras levanta un montón de papeles que jurídicamente protegen y dan vida al Parque Nacional Jaragua.
El Tribunal Superior Administrativo colocó sobre la mesa su masculinidad. Lo escritural nombrado sentencia levantó la falda a la Constitución de la República y le dio un puntapiés a las leyes ambientales e hizo gárgaras con todos los compromisos internacionales.
Han presentado protestas de los legisladores del Congreso. Yo tengo claro que a estos jueces, no les importaron, las voces de los ambientalistas, ni los bosques, playas y paisajes. Se fueron con la fuerza que rompe cremalleras apostando por una bailarina de paquetes que se vende bajo las banderas de un turismo que le enloquecen los ligueros, los tacones y las borlas empaquetadas de un todo incluido.
No sé tú, pero yo creo que el famoso callo, perdón fallo levantó las efemérides de un grupo de empresarios que no tenían escrituras de difunto para enterrar al Parque Nacional Jaragua. Mi piel, mis ojos y la inteligencia me dicen que ya están negociando en las páginas del cielo.
Ojalá que está combustión íntima sea precoz y que el gobierno de Luis Abinader intervenga legalmente con estos juegos del poder que levantan palabras y chaquetas desabotonadas para el pleito.
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