PRIMERA PARTE
HUGO EDUARDO POLANCO BRITO: «Amigo en la vida y amigo después de la muerte».
Alejandro E. Grullón Espaillat.
Han pasado treinta (30) años del fallecimiento de un hombre de corazón bondadoso, digno sacerdote, eximio patriota y filántropo, un hombre de Dios que hizo en beneficio de la sociedad lo que la humanidad no podía hacer por sí misma. Ese era su excelencia reverendísima monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito.
Estas líneas, en las cuales tengo el atrevimiento de compartir con ustedes, amigos lectores, son el testimonio personal de la grandeza de un hombre apacible, de mirada profunda y de un fino investigador de la historia dominicana, cuyo rol de obispo y de gran mediador impulsó a remediar las necesidades críticas del momento que le tocó vivir. Puedo decir, sin temor a emociones efímeras, lo siguiente:
«Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito fue un hombre de ideales muy avanzados, pero un incomprendido para la época que le tocó vivir».
Datos biográficos
Nació en la provincia de Salcedo el 13 de octubre de 1918. Hijo de Pedro María Polanco Salcedo y Ana Balbina Brito Guzmán, realizó sus estudios primarios en la Escuela Pública de Salcedo y posteriormente ingresó, en el año 1933, al Seminario Santo Tomás de Aquino, donde cursó sus estudios sacerdotales. Fue ordenado sacerdote el 25 de junio de 1944 por su excelencia reverendísima monseñor Ricardo Pitini, arzobispo metropolitano de Santo Domingo.
Después de haber recibido la ordenación sacerdotal, fue designado en la Secretaría de la Unión Misional del Clero el 10 de noviembre del año 1944; posteriormente fue nombrado asesor de la juventud femenina y masculina de Acción Católica el 20 de febrero del año 1946.
Su carisma y su entrega por el viñedo de Cristo encendieron un relámpago de simpatía y admiración de toda la grey que desempeña su rol de buen pastor. El 17 de octubre del año 1946 asumió la designación de vicecanciller del Arzobispado de Santo Domingo y vicario cooperador de la parroquia de la Catedral Primada de América. El 4 de abril de 1952 fue designado procanciller y el 10 de abril de ese mismo año, vicario económico de la parroquia San José de los Llanos.
Estudios académicos
El 9 de noviembre del año 1950 obtuvo el título de licenciado en Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana de Roma y posteriormente obtuvo los títulos de licenciado y doctor (1946-1953) en Filosofía en la Universidad de Santo Domingo.
Elección de obispo
El 25 de septiembre de 1953 fue elegido obispo y el 31 de enero de 1954 fue consagrado obispo titular de Centenaria y, el 14 de marzo de 1954, obispo auxiliar de Santiago de los Caballeros. Fue nombrado primer obispo de Santiago de los Caballeros el 22 de junio de 1956, posición que desempeñó desde el 24 de noviembre de 1956 hasta el 29 de junio de 1966. Fue administrador del Vicariato Castrense desde el 30 de diciembre de 1965 hasta el 20 de enero de 1970.
Promotor y primer rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, en Santiago, y fundador del Seminario Menor San Pío X, en Licey, en 1962. El 4 de enero de 1966 fue nombrado obispo titular de Nueva Germania, administrador apostólico de Santo Domingo, sede plena. Más luego, obispo titular de Mentes, coadjutor de Santo Domingo, sedi datus, el 20 de enero de 1970. Doctor honoris causa de la Universidad Católica Madre y Maestra, Santiago, 1970. Fue obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia, Higüey, desde el 10 de mayo de 1975 hasta el momento de su jubilación canónica en 1995, cuando pasó a ser obispo emérito de Higüey.
El ideólogo de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra
Fue el principal promotor y rector de la PUCMM y fundador del Seminario San Pío X, en Licey al Medio, en 1962.
En la noble figura de su excelencia reverendísima monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito no hay sombras ni líneas indefinidas; todo se presenta allí marcado por la rectitud luminosa: un hombre verdaderamente superior, en quien solo el bien y la verdad parecían tener influencia.
El autor del plan de desarrollo de la ciudad de Santiago de los Caballeros
Uno de los aspectos trascendentales de su vida fue su espíritu de hombre visionario y filántropo ad vitam. Junto a sus inquebrantables amigos y coterráneos Alejandro E. Grullón Espaillat y Víctor Espaillat Mera, entre otros ilustres cibaeños, fue el ideólogo de un plan de desarrollo integral de la ciudad de Santiago de los Caballeros, en la cual se construyeron la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, el Banco Popular Dominicano, el Aeropuerto del Cibao y la Asociación Pro Desarrollo de Santiago.
Su pensamiento acrisolado ocupa un lugar de distinción y de honor entre los claros varones que enderezaron las rutas del género humano, en un momento de indecisión y peligro del acaecer histórico. Solo una cabeza clara y una voluntad robusta podían frenar la carrera destinada al bien común.
El historiador e intelectual
La libertad y la cultura son ideales suyos, causas harto suficientes para colmar de lumbres de marchita gloria la memoria de este eximio varón, decoro y lustre de la estirpe humana de la sapiencia.
Siempre recuerdo verlo acostarse a altas horas de la noche escribiendo sobre temas históricos y consultando libros de su prolífica biblioteca. Fruto de esa dedicación ostentó la presidencia de la Academia Dominicana de la Historia y del Instituto Dominicano de Genealogía.
El sacerdote filántropo que donó los terrenos del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino
Debido a su ferviente vocación sacerdotal y su elevado espíritu de entrega a la obra de Dios y de la Iglesia, obtuvo, a través de su amistad con el presidente Dr. Joaquín Balaguer, la donación de los terrenos donde se encuentra ubicado el Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino, cuyo precio simbólico fue de un (1) centavo de peso.
El maestro del protocolo y la urbanidad
Los seminaristas de su época recuerdan que, a la hora del almuerzo, veían a monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito tocar una campanita de bronce para llamar al mozo que le asistía y, además, instruía durante ese momento convertido en costumbre leyendo en alta voz un párrafo de urbanidad y buenos modales del libro Manual de urbanidad y buenas maneras, escrito por Manuel Carreño.
Protector de los derechos humanos de la juventud
Su espíritu de mediador en los conflictos de la juventud revolucionaria dominicana, después de la guerra del 24 de abril de 1965, realza la dignidad humana. Su amor por la humanidad y su encendida admiración por aquella juventud que luchaba de forma implacable por la democracia y la libertad forjaron en él un mecenas que logró salvar la vida de los jóvenes involucrados en el secuestro del coronel Donald J. Crowley, obteniendo un salvoconducto y asilo político en la Embajada de México para los secuestradores, integrados por Maximiliano Gómez, apodado «El Moreno», y otros compañeros. Fue tan activa la misión salvífica de monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito que llevó personalmente a dichos jóvenes en un avión rumbo a la República de México.
Obispo que le salvó la vida a Claudio Caamaño
La noche del 2 de febrero de 1973 está marcada en las páginas de la historia como el día en que el coronel de abril, Francisco Alberto Caamaño Deño, desembarcó junto a su reducido grupo en Playa Caracoles, Provincia de Azua, a escasos metros de la carretera que lleva al Sur profundo de la República Dominicana. Nueve hombres desembarcaron del Black Jak, la pequeña embarcación en la que hicieron el periplo por el mar Caribe hasta la bahía de Ocoa: Hamlet Hermann Pérez, Alfredo Pérez Vargas, Claudio Caamaño Grullón, Ramón Euclides Holguín Marte, Juan Ramón Payero Ulloa, Toribio Peña Jáquez, Mario Nelson Galán Durán, Heberto Giordano Lalane José, y Francisco Alberto Caamaño Deño, líder de la expedición y símbolo patriótico de la Revolución de abril de 1965. Estos jóvenes venían con la misión de derrocar el gobierno constitucional del presidente DR. JOAQUIN BALAGUER.
De este episodio histórico sobrevivieron dos (2) personas: Claudio Caamaño Grullón y Hamlet Hermann Pérez.
El caso de Claudio Caamaño Grullón fue un acontecimiento excepcional, después de pasar muchas vicisitudes logro a través de una persona amiga obtener una comunicación con Monseñor HUGO EDUARDO POLANCO BRITO, el cual se encontraba en ese momento al funeral de la Madre de Joaquín Balaguer y en ese momento Monseñor POLANCO BRITO, tuvo contacto personal en dicho lugar con el Embajador de México a la sazón el cual le concedió asilo político para el guerrillero Claudio Caamaño. Fue entonces que fruto de esa gestión diplomática, Monseñor POLANCO BRITO fue en su propio vehículo y llevó al guerrillero Claudio Caamaño a la Embajada de México, salvándole la vida.
OBISPO QUE NO QUISO SER PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
La fe ha de reflejarse en las obras, como las sanas raíces en que la hermosura aromática de la flor y la pulpa jugosa del fruto, la fuente de la jurisdicción eclesiástica, nace y se derrama desde la silla de Pedro, reafirmándose el principio de unidad y la cohesión.
Según el testimonio encontrado en el archivo privado de su Excelencia Reverendísima HUGO EDUARDO POLANCO BRITO.
Dice lo siguiente: Era el año 1965, tiempo en el cual viví tiempos difíciles y de prueba espiritual.
Recuerdo que un oficial de alto mando militar de Washington me invitó a sostener una conversación en un helicóptero por un espacio de 45 minutos sobrevolando el espacio aéreo dominicano.
Dentro de esa conversación el alto oficial norteamericano me habló del peligro del comunismo para la República Dominicana.
Me dijo: Usted forma parte de una lista de hombres presidenciables para elegir un presidente interino dentro de los cuales están: Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Héctor García Godoy – Cáceres, Hugo Eduardo Polanco Brito y Juan Santos Santoni Vivini.
Y me dijo: En la Casa Blanca quieren que usted sea el Presidente de la República Dominicana y yo le respondí rápidamente. “Yo elegí en mi vida ser Sacerdote para servirle a Dios y a mi pueblo…. Yo no elegí ser político. “No acepto esa propuesta” y así termino esa conversación.
EL ARZOBISPO COADJUTOR DE SANTO DOMINGO Y LA CELADA DEL DESTINO
Caminando sobre el lomo del dromedario de mis ideales por esos desolados desiertos de la vida.
Decía Johan W. Goethe: “Es gran virtud del hombre oír todo lo que censuran contra él para corregir lo que sea verdad y no alterarse por lo que sea mentira”. Vivimos en una sociedad que sufre el peso de la sociología del deterioro y de actores bipolares.
El tiempo todo lo cura y lo muda. El paso efímero de HUGO EDUARDO POLANCO BRITO como arzobispo coadjutor de Santo Domingo desde el 20 de enero del año 1970 hasta el 12 de mayo de 1975. Fue un escenario lleno de olas embravecidas por el azote de vientos incontrolables de tensión, insidia y la conjura de un tiempo de que se vivía efecto del Yom Kippur en la década de la guerra fría y el relámpago de Watergate.
Fruto del infortunio de esa época, un hombre no puede ser juzgado por acontecimientos impredecibles. Los hombres que dan su vida por su pueblo no pueden ser juzgados cuando el racimo de la envidia quiere apagar la luz que enciende su espíritu, dijo el Gran Américo Lugo.
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