Abel Isaac Espinal Santana.

La presente entrevista guiada se inscribe en el marco de una investigación académica orientada al análisis de la estructura visual y el lenguaje plástico en la obra de Leonardo Durán. Su objetivo es profundizar en los principios formales, compositivos y expresivos que configuran su producción artística, atendiendo a aspectos como la organización espacial, el uso de los elementos plásticos y los recursos visuales empleados en la construcción de significado. A través de este instrumento de recolección de información, se busca obtener aportes directos del artista que permitan sustentar el análisis teórico-crítico de la obra, así como establecer relaciones entre los procesos creativos, las intenciones estéticas y el contexto en el que se desarrolla su práctica artística.

En este sentido, la entrevista se concibe como un instrumento metodológico de carácter cualitativo que permite acceder a la perspectiva del propio artista, aportando información relevante sobre sus procesos creativos, decisiones formales e intenciones estéticas. A través del diálogo guiado, se busca profundizar en los fundamentos conceptuales que sustentan su práctica artística y en la manera en que estos se manifiestan en la configuración visual de la obra. Dicha entrevista fue realizada al maestro Plinio Chahín, director de la Escuela de Crítica de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), cuya trayectoria académica y experiencia en el campo de la crítica de arte aportan un marco interpretativo riguroso para el estudio de la producción artística de Leonardo Durán.

Los aportes obtenidos mediante esta instancia contribuirán al desarrollo del análisis teórico-crítico de la investigación, permitiendo establecer vínculos entre la producción artística de Leonardo Durán y su contexto cultural, histórico y estético, así como fortalecer la interpretación de su lenguaje plástico desde una perspectiva académica y reflexiva.

  1. ¿Cuál es el lenguaje plástico de Leonardo Durán?

El lenguaje plástico presente en la obra de Leonardo Durán puede describirse como una síntesis entre la disciplina técnica del grabado y una pulsión pictórica que desborda el soporte, donde la imagen no se limita a representar, sino que se encarna. Aunque su punto de partida es la lógica del grabado —la huella, la incisión, la repetición, el rigor del procedimiento—, Durán no se somete a ella de manera ortodoxa: la utiliza como estructura matriz para expandir una pintura de alta densidad material y conceptual.

Desde esa perspectiva técnica, la superficie adquiere un carácter epidérmico. Las tramas, los surcos, las capas superpuestas y las zonas de desgaste recuerdan el proceso de la estampa, pero aquí funcionan como restos de un cuerpo que ha sido trabajado, presionado, erosionado. La corporeidad no aparece solo como tema iconográfico, sino como condición material de la obra: la imagen parece haber pasado por un proceso físico, casi orgánico, donde el soporte actúa como piel y el gesto como herida, cicatriz o memoria.

Este lenguaje plástico articula, además, una tensión constante entre control y desborde. El grabado aporta la noción de método, de repetición y límite; la pintura introduce lo inestable, lo visceral, lo imprevisible. De esa fricción surge una poética donde el cuerpo se vuelve territorio, pero también archivo: un espacio donde se inscriben el tiempo, la violencia, la identidad y la fragilidad de la experiencia humana.

A partir de ahí, Durán amplía su campo temático hacia otras dimensiones: la memoria (entendida como acumulación de capas y rastros), la identidad (como construcción fragmentaria y nunca cerrada), y lo existencial (el cuerpo enfrentado a su propia finitud). El lenguaje plástico no busca la belleza en un sentido clásico, sino una verdad material, casi táctil, que interpela al espectador desde la proximidad, desde lo sensible y lo inquietante.

En suma, la obra de Durán construye un lenguaje donde el grabado deja de ser solo técnica para convertirse en metáfora del cuerpo y de la experiencia, y la pintura se afirma como un espacio de resistencia, de inscripción y de pensamiento visual.

  1. ¿Cuáles elementos compositivos definen la obra Leonardo Durán?

En la obra de Durán, el elemento compositivo más decisivo es la estructura lineal–textural que organiza todo el campo pictórico. La línea, heredada del rigor del grabado, no funciona como simple contorno, sino como huella, incisión y cicatriz, articulando el espacio desde una lógica de presión y desgaste. A partir de ella se construye una superficie densa, estratificada, donde la textura adquiere un carácter corporal y urbano a la vez: muro, piel, territorio intervenido. Esta trama sostiene la composición y somete al color y a la forma, que aparecen subordinados a ese entramado de marcas y ritmos repetitivos. El espacio no se ordena por perspectiva tradicional, sino por superposición de planos y tensiones internas, generando una sensación de acumulación, encierro y resistencia. Así, la pintura de Durán se define menos por la imagen representada que por la materialidad del gesto y la estructura de la huella, que convierte la superficie en un campo de experiencia física y simbólica.

  1. ¿Qué importancia tiene el uso del color en Leonardo Durán?

En la obra de Durán, el color no cumple una función ornamental ni descriptiva: su valor aparece en el momento mismo de la construcción de la imagen, en “la hora de rodar”, es decir, cuando la obra se activa como proceso y como materia. El color se valora no por su pureza ni por su armonía clásica, sino por cómo se integra a la estructura de la huella, a la línea y a la textura heredadas del grabado. Es un color que se deposita, se erosiona, se vela o se contamina, como si hubiera pasado por el mismo desgaste que el soporte.

Su importancia dentro del conjunto de la obra radica en que el color densifica la experiencia corporal: tonos terrosos, grises, negros profundos, rojos contenidos o azules opacos funcionan como cargas emocionales y simbólicas más que como decisiones cromáticas autónomas. El color actúa como atmósfera, como temperatura del espacio, reforzando sensaciones de encierro, tensión, memoria y desgaste. No organiza la composición, pero la afecta, la vuelve más física y cercana a la experiencia del cuerpo.

En ese sentido, el color en Durán es un lenguaje secundario pero imprescindible: acompaña, subraya y a veces contradice la estructura compositiva, aportando profundidad psicológica y temporal. Su uso constante y contenido a lo largo de toda su obra le da coherencia y continuidad, convirtiéndose en un elemento que no grita, pero permanece, sedimentado, como una resonancia que sostiene el sentido de su pintura.

  1. ¿Qué importancia tiene la textura y su expresión material en esta obra?

En la obra de Durán, el papel no es un soporte neutro ni pasivo, sino un elemento activo que impone desde el inicio una condición material y táctil a la imagen. Su propia naturaleza —porosa, frágil, absorbente— determina la relación con el color, la línea y el gesto, obligando a una pintura que se piensa desde la textura y no desde la ilusión. El papel retiene, filtra y resiste, convirtiéndose en superficie viva donde cada marca queda registrada como huella irreversible.

Esta condición material hace que la imagen se construya desde la corporeidad: el papel funciona como piel, como muro o como territorio intervenido, intensificando la noción de desgaste y memoria. El color no se posa sobre él, sino que se incrusta, se diluye o se quiebra, reforzando una estética de lo erosionado y entrópico . Así, la materialidad del papel condiciona todo el lenguaje plástico de Durán y se vuelve clave para una lectura precisa de su obra: no es solo el lugar donde ocurre la pintura, sino el principio estructural que define su densidad expresiva y su sentido.

  1. ¿Cuáles son los símbolos y motivos visuales en la obra de Leonardo Durán?

    En la obra de Leonardo Durán, los símbolos y motivos visuales no operan como emblemas narrativos cerrados, sino como signos plásticos recurrentes que construyen un imaginario reconocible.

Otro motivo central es la huella: marcas, incisiones, raspaduras y tramas repetidas que remiten directamente al lenguaje del grabado. Estas huellas actúan como símbolos de memoria, paso del tiempo y experiencia vivida, más que como gestos expresivos espontáneos. A ello se suman zonas de borramiento, veladura y fragmentación, que sugieren ausencia, silencio, pérdida o censura, elementos constantes en su reflexión sobre lo erótico y lo existencial.

Finalmente, la corporeidad implícita atraviesa toda su obra. Aunque el cuerpo no siempre aparece de manera figurativa, está presente como analogía: la superficie pictórica funciona como piel, el papel como carne vulnerable y la ciudad como organismo herido. Estos símbolos y motivos, reiterados a lo largo de su producción, configuran un lenguaje visual coherente donde materia, memoria y espacio urbano se funden en una misma poética.

  1. ¿El grabado influyó en su pintura?

Sí, la experiencia del grabado influyó de manera decisiva en la pintura de Leonardo Durán. El grabado no fue para él una etapa aislada ni un aprendizaje meramente técnico, sino un modo de pensar la imagen que atraviesa toda su producción pictórica. De esa práctica proviene su atención a la huella, a la incisión, a la repetición y al rigor estructural que sostiene la composición.

En su pintura, la superficie se trabaja como una matriz: se raspa, se presiona, se estratifica y se somete a procesos de desgaste similares a los del grabado. La línea conserva su carácter de corte y la textura se convierte en portadora de sentido, subordinando el color a una lógica material y táctil. Incluso cuando el resultado es claramente pictórico, la obra mantiene una ética del grabado: economía de recursos, control del gesto y conciencia del soporte.

Así, la influencia del grabado en Durán no es estilística en un sentido superficial, sino estructural y conceptual: determina su manera de construir el espacio, de relacionarse con la materia y de concebir la pintura como un campo de inscripción, memoria y experiencia física.

¿Visualmente dónde ubicar la obra de Leonardo Durán? 

La obra de Leonardo Durán se ubica en la plástica dominicana contemporánea como una propuesta de madurez y rigor, difícil de encasillar en tendencias inmediatas, pero profundamente conectada con los debates actuales sobre materia, memoria y ciudad. En un panorama donde conviven la figuración crítica, el arte conceptual y las derivas más expresivas, Durán ocupa un lugar singular al sostener una investigación plástica coherente, anclada en el lenguaje del grabado y expandida hacia la pintura y la experimentación material.

Su importancia dentro del contexto dominicano radica en haber desarrollado un discurso visual no anecdótico, que evita el relato literal de lo social para abordar lo urbano y lo humano desde la estructura, la huella y el desgaste. Esto lo vincula con una línea más reflexiva de la plástica nacional, cercana a preocupaciones contemporáneas sobre el territorio, la identidad y la experiencia del cuerpo en la ciudad, sin depender de iconografías reconocibles ni de gestos efectistas.

En el ámbito del arte contemporáneo más amplio, la obra de Durán dialoga con prácticas que entienden la pintura como campo expandido, donde el soporte, la textura y el proceso son tan significativos como la imagen final. Su trascendencia se sostiene en la consistencia de su lenguaje, en la fidelidad a una investigación material prolongada y en su capacidad de aportar a la plástica dominicana una visión sobria, crítica y silenciosa, que privilegia la experiencia sensorial y la memoria inscrita en la materia por encima de la espectacularidad.

  1. ¿Cuáles son los aportes de Leonardo Durán a la plástica dominicana?

Los aportes más importantes de la obra de Leonardo Durán a la plástica dominicana se sostienen en su rigor conceptual y material, y en la coherencia de una investigación plástica prolongada en el tiempo. Durán introduce una manera de pensar la pintura desde el lenguaje del grabado, trasladando a la plástica nacional una ética de la huella, la incisión y el proceso que desplaza la imagen anecdótica y refuerza la materialidad como núcleo expresivo. Este cruce disciplinar amplía las posibilidades del medio pictórico dentro del contexto dominicano contemporáneo.

Otro aporte fundamental es su reformulación de lo urbano. En lugar de representar la ciudad desde lo narrativo o lo costumbrista, Durán la convierte en estructura, ritmo y superficie, proponiendo una lectura más abstracta y existencial del espacio urbano como cuerpo social y territorio intervenido. Con ello, introduce una mirada crítica que dialoga con problemáticas contemporáneas sin recurrir al discurso explícito.

Finalmente, su obra aporta una poética del silencio y la contención, poco frecuente en un entorno marcado por lo expresivo y lo inmediato. La constancia de su lenguaje, la sobriedad cromática y la centralidad del soporte y la textura han contribuido a consolidar una vía alternativa dentro de la plástica dominicana: una pintura reflexiva, procesual y profundamente consciente de su materialidad, cuya influencia se proyecta tanto en la práctica artística como en la formación de nuevas sensibilidades visuales.

  1. ¿Cómo definir la estructura visual de Leonardo Duran?

En la obra de Leonardo Durán, la estructura visual se construye a partir de una lógica técnica rigurosa, heredera del grabado, que organiza la composición más por tensión y estratificación que por equilibrio clásico. La imagen no se articula desde un centro dominante, sino desde un campo visual fragmentado, donde los planos se superponen y se interceptan, generando una sensación de acumulación y presión constante.

La composición técnica se apoya en una retícula flexible: líneas, tramas y módulos que ordenan el espacio sin cerrarlo, permitiendo desplazamientos, quiebres y zonas de interrupción. Esta estructura sostiene el peso material de la obra y subordina tanto el color como la forma a un entramado previo de marcas y huellas. El soporte —especialmente el papel— participa activamente en esa construcción, aportando textura y resistencia, de modo que la imagen parece más construida que pintada.

Visualmente, la estructura en Durán se caracteriza por la ausencia de profundidad ilusionista, reemplazada por un espacio comprimido, frontal y táctil. El ritmo surge de la repetición controlada de elementos y de las variaciones de densidad, mientras que los vacíos funcionan como pausas necesarias dentro de un sistema visual tenso. En conjunto, esta estructura técnica define una pintura donde la composición es el resultado de un proceso consciente, físico y reflexivo, más cercano a la arquitectura de la huella que a la representación tradicional.

  1. ¿Qué repercusión y trascendencia tiene la obra de Leonardo Durán?

La importancia de estudiar a Leonardo Durán dentro del marco de la pintura y las artes visuales dominicanas radica en que su obra marca un giro sustancial en la relación entre grabado y pintura, no solo como cruce técnico, sino como transformación conceptual del lenguaje plástico. Durán desplaza la grabadística tradicional hacia una estructura compositiva corpórea, donde la imagen se organiza como coreografía del gesto, del ritmo y del desplazamiento interno de la forma. El uso del esfumado, la superposición de veladuras y la densidad material generan un espacio ambiguo, táctil y profundamente físico, en el que el grabado deja de ser matriz reproductiva para convertirse en campo pictórico expandido. En ese entrecruzamiento, su obra construye un universo visual complejo que indaga en las estructuras profundas del deseo, la imaginación y el erotismo, no desde la figuración explícita, sino desde la materia, la huella y la tensión del cuerpo insinuado. Este aporte resulta fundamental para el arte dominicano, pues introduce una poética silenciosa y estructurada que amplía los límites del grabado y renueva la pintura contemporánea desde una dimensión sensorial, simbólica y profundamente interior.

ANEXOS:

Obras de Leonardo Durán.

Leonardo Durán: Clave de una poética visual (Diálogo con Plinio Chahín)
Leonardo Durán: Clave de una poética visual (Diálogo con Plinio Chahín)
Leonardo Durán: Clave de una poética visual (Diálogo con Plinio Chahín)
Leonardo Durán: Clave de una poética visual (Diálogo con Plinio Chahín)
Leonardo Durán: Clave de una poética visual (Diálogo con Plinio Chahín)

Plinio Chahín

Escritor

Poeta, crítico y ensayista dominicano. Profesor universitario. Ha publicado los siguientes libros: Pensar las formas; Fantasmas de otros; Sin remedio; Narración de un cuerpo; Ragazza incógnita;Ojos de penitente; Pasión en el oficio de escribir; Cabaret místico; ¿Literatura sin lenguaje? Escritos sobre el silencio y otros textos, Premio Nacional de Ensayo 2005; Hechizos de la hybris, Premio de Poesía Casa de Teatro del año 1998; Oficios de un celebrante; Solemnidades de la muerte; Consumación de la carne; Salvo el insomnio; Canción del olvido; entre otros.

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