“Sed de justicia y verdad”, es la búsqueda que emprende y planta Eugenio María de Hostos desde el prólogo de La peregrinación de Bayoán. En esa obra es el horizonte que marca el trayecto ―interior y geográfico― y el norte espiritual del joven Eugenio María.
Verdad y justicia son los valores que Hostos va desplegando en las notas de su diario de viaje―que es esa obra―. sobre sí mismo, en un dialogo interior que parte de las fuentes nutricias de su vida: los orígenes precolombinos personalizados en el cacique originario de su patria, Puerto Rico; Bayoán, con quien habla y por cuya voz se expresa.
“Vuelvo a mirar en mi interior y veo ―¡espantosa visión que no me espanta!―un ser resplandeciente que lo cambia todo, que todo lo acomete, que no respeta nada: la luz con que brilla, yo la he visto en mis sueños; la luz de la verdad y la justicia. ¡Oh luz resplandeciente, que me deslumbras!”
En Hostos, el sembrador, ese permanente remirar la verdad y la justicia en Hostos es lo que Juan Bosch resalta en La peregrinación de Bayoán. Esa es la entraña y el valor de ese diario novelado o de esa novela de viaje .
Esa obra representa un bautismal aprendizaje en la vida de Hostos y de la misión que desde entonces abrazó en cuerpo y alma: liberar a su patria del yuco español.
Ese texto es una introspección en la que se mezclan incesantemente ilusión y decepción hasta arribar a un brote de alegría a ver la obra tomar cuerpo. Bosch recrea el estado de éxtasis en que Hostos se encuentra en esas circunstancias.
“Tenía Hostos por delante el relato, escrito a los veintiún años, de la muerte que tuvo el tratante catalán a quien una enfermedad que llenó de pavor a todos llevó a los fondos del mar. Lo repasaba, aburrido, sin objeto, cuando respondió que no tenía originales.”
“Miró Eugenio a su interlocutor, un tanto perplejo. ¡Pero sí era verdad! Con tomar esos apuntes y arreglarlos un poco, con preparar con algunas cuartillas el suceso para acomodarlo su novela, podía pasar.”
“Escribiendo, poco a poco, con la embriaguez del trabajo, fue renaciendo en él la confianza en su obra, y la esperanza de que con ella se abrirían las puertas del poder que lo iba a poner en condiciones de servir a Puerto Rico. Olvidó el café, olvidó los amigos… El espíritu volvía a templársele paso a paso, y tornaron las horas de entusiasmo en que casi cegaba, y sentía el veloz discurrir de la sangre por debajo de la piel, el tropel de los sucesos que surgían de regiones oscuras y pasaban por lo hondo de todo su ser, llenándolo de una frenética alegría”
Luego, en otro pasaje de esa obra, Bosch observa a Hostos ya autor, al recibir el primer ejemplar de la esperada obra, doblegado entre dos sentimientos: “mezcla no clara de alegría y e impaciencia, de esperanza y de tranquilidad,”
“Iba de prisa a su fin aquel movido año 63, cuando pusieron en manos de Eugenio el primer ejemplar de La peregrinación de Bayoán. Se había pasado la mañana en la imprenta, viendo con ojos amorosos cómo daban forma de libro a los pliego sueltos. Un inefable sentimiento, mezcla no clara de alegría y de impaciencia, de esperanza y de tranquilidad, iba ganándolas más soterradas raíces de su alma. Cuando lo tuvo, miró a todos lados, como quien teme que lo despojen de un objeto mucho tiempo deseado; recogió varios ejemplares, todavía con esa especie de virginidad que envuelve como un aura al libro recién nacido, y tomó el rumbo de sus amigos. Al entregarlos, con dedicatorias sobrias, sonreía y no decía palabra ni las oía de nadie. Todo lo que hizo por darle ambiente fue poner un anuncio en un periódico” ((Juan Bosch, Obras Completas T. VI,p. 83-84).
Dos fragmentos de Hostos, el sembrador, ahondan en la misión que Hostos había asignado a La peregrinación de Bayoán.
El primero : no era la meta ser escritor sino ser útil a su patria y a las Antillas.
El segundo fragmento: alguien dijo que la aparición de La peregrinación de Bayoán señalaba la conciencia en el siglo XIX. Sin embargo, eso no alimentaba la vanidad de Hostos. Repudiaba los elogios a su obra si no se hacían responsablemente atacando la política española en América.
La peregrinación de Bayoán forma parte de las obras del género biográfico de Hostos, formadas principalmente por sus Diarios. Publicada en 1863 a los 23 años, era originalmente notas del diario de viaje de 1858 de San Juan de Puerto Rico a Madrid adonde se dirigía para inscribirse en la Facultad de Derecho, Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid.
Esa obra, los Diarios y la publicación de artículos en la prensa eran solo talleres para el forjamiento de la personalidad de Hostos y recursos estéticos de la moral social que prescribía ser útil al bien común y la verdad.
La peregrinación de Bayoán era la gran primera prueba de un viajero por las Antillas explorando los horizontes de su liberación. A los 21 años el gran proyecto de Hostos era luchar por la independencia de su patria y esa obra, narrada desde la perspectiva del cacique boricua Bayoán fue escrita con el propósito de denunciar y hacer entender a España la insostenible condición de coloniaje en la que en América aún permanecían de Cuba y Puerto Rico.
Era angustiante el proceso de escritura y edición de esa obra cuyo contenido, el trayecto de su viaje de Puerto Rico a España, se confundía con el otro viaje que Hostos se aprestaba a emprender a la inversa, pero con objetivo distinto: liberar a su patria del coloniaje español.
Hostos priorizó, entre las más nobles y urgentes tareas, luchar por la liberación de su patria y las Antillas del yugo del colonialismo y el imperialismo, así como abrazar el proyecto educativo de la fundación de la Escuela Normal en Santo Domingo y en Chile.
Había apostado por su obra La peregrinación de Bayoán para “ser útil al bien común y la verdad” y necesitaba que la apreciaran y divulgaran con franqueza y valentía. Por eso sentía tanto dolor y enfado cuando no se decía públicamente la verdad sobre su obra.
Así, entre la belleza y la verdad opta por la verdad considerándola como “palanca de la belleza” y como el valor principal de las artes y de la literatura, en particular, y por vía de consecuencia, relegando la belleza a un valor secundario y aún más, considerándola como un antivalor cuando no está acompañada de la verdad.
Es aquí, entonces, la premisa que desde su moral social Hostos aplica a las obras artísticas, y que coloca en el centro de su ensayo “Hamlet’ acerca de obra dramática de Shakespeare del mismo nombre: “La estética responde a la psicología; el arte a la ciencia; la realidad a la verdad.” (La moral social, p.60)
En ese sentido, los valores que alaba en esa obra son movimiento de progreso del espíritu humano, el reconocimiento del ser en el ser mismo y la revolución moral:
“Un alma en crisis, un espíritu en progreso, una revolución moral, una lucha interior por hacer triunfar un progreso del ser en el ser mismo, el cataclismo de un alma: es el más digno espectáculo que pueda ofrecer la conciencia humana. Y es el espectáculo que Shakespeare nos ofrece en Hamlet.” (“HAMLET”, Essais 1 p. 20)
En la construcción de una moral social apoyada en la verdad y la justicia, Hostos no es insensible a los valores artísticos. Solo que los condiciona a los valores humanos.
El arte y la moral coexisten en relación necesaria, pero siempre conflictiva. Hostos señala esa dicotomía en esta expresión axiomática. “En todo arte, todo no es sino precipicios para la moral.”
Lo bello es fuente de la moral: “Para el artista…no hay fuente de moral más fácil ni más abundante que la contemplación, la admiración de lo bello.” (p.99)
¿Y cuál es la fuente de lo bello? Pues, la realidad: ” …pues la realidad es el campo de lo bello”, afirma Hostos. Y siempre que la contemplación y la admiración se remita a la realidad, el arte encierra un valor moral.
“En eso, el arte es moralizador, porque él es educador de un gran número de fuerzas subjetivas, la sensación, la atención, la imaginación.”
De lo contrario, el arte es corruptor si él se aparta de la contemplación de lo bello como realidad:
“Pero, desde que el artista escapa a la contemplación subjetiva de lo bello, o que él se aparta de esta ejecución objetiva que corresponde a manifestaciones del desarrollo social, su rol de moralizador degenera en corruptor.”
He aquí el principio capital de Hostos en materia de arte y literatura: “Todas las artes racionales son artes sociales. Por consiguiente, todas son morales.”
En entre las artes racionales, el arte dramático es el más social y el más moral. Para Hostos, el arte dramático debe ser esencialmente educativo. Debe tratar de resaltar los valores positivos de la familia y la sociedad, como el bien, la dignidad y la verdad; pero también los grandes problemas, pero que sean reales.
“Por su valor educativo el teatro puede contribuir a mejorar la pésima situación del hogar y la familia(” El arte dramático”, Essais 1,p.120).
Hostos considera que la poesía y la elocuencia son las dos artes más nobles, porque, justamente, tienden a ser más humanas y moralizadoras y han sido personalizadas por grandes poetas y oradores; grandes conciencias que han tenido siempre un fin moral, lógico y plausible de suponer inherente a las artes humanas.
Pero, afirma,” la alegría que nos dan esas excepciones confirma la tristeza de la regla general”, que según Hostos se cumple en la literatura, la cual por lo regular no cumple fines morales.
Acerca de la novela afirma:
“La novela es necesariamente malsana, lo es dos veces: por los que la cultivan, y por los que la lean. En los que las cultivan, vicia las funciones intelectuales, o para ser más exacto, las operaciones capitales del mecanismo intelectual. En los lectores, vicia y a veces de una manera profunda, irremediable, mortal, la percepción de la realidad. En uno y en otro, la novela determina un estado enfermizo que se caracteriza por un apetito desordenado de sensaciones y por una actividad aislada y solitaria de la fantasía” (“La moral y la literatura”, Essais 1, p.105).
Prueba fehaciente y suficiente de que la novela propicia la corrupción intelectual y moral es El Quijote. Pero, la novela se vale de todas las corrientes literarias como recursos inmorales. La novela romántica nos arranca la realidad histórica donde vivimos y nos inculca otra realidad histórica falsa. La novela realista promueve los crímenes, los desórdenes psicológicos y las bajas pasiones en los seres humanos. El naturalismo se esfuerza en presentar las groserías y las bestialidades de la naturaleza humana con rostro amable y bello.
Sin embargo, y es el punto que defiende Hostos, el arte y lo bello, no importa cómo se les quiera presentar, tienen por fin la bondad y la verdad; responden a las buenas intenciones, y en ese sentido, son esencialmente morales.
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