En agosto la economía dominicana creció 3.8 %, menos que en julio y que en junio. La inflación permanece por encima de la meta y el dólar volvió a subir. En medio de esas señales, el Banco Central aumentó su tasa de política monetaria (TPM) de 5.25 % a 5.50 %.
¿Por qué subir la tasa cuando la economía pierde velocidad?
Una parte de la respuesta está en una idea económica conocida como el “trilema monetario” o la “trinidad imposible”.
El nombre parece complicado, pero la idea es sencilla. Un país quisiera tener tres cosas al mismo tiempo: estabilidad del tipo de cambio, libertad para que los capitales entren y salgan y autonomía para manejar su política monetaria. No puede garantizar las tres simultáneamente.
República Dominicana permite el movimiento de capitales y conserva una política monetaria propia. Para hacer compatibles ambas cosas, debe aceptar cierta flexibilidad cambiaria.
Las decisiones del Banco Central no dependen mecánicamente de la Reserva Federal. Pero tampoco pueden ignorar los rendimientos internacionales, los movimientos de capital y el dólar.
El aumento de 25 puntos básicos fue definido como preventivo. La inflación subyacente estaba en agosto en 4.76 %, dentro del rango meta. El Banco Central busca evitar que las presiones externas terminen trasladándose a otros precios.
La dificultad es que contener esos riesgos también tiene costos. La economía creció 3.8 % en agosto y una política monetaria más restrictiva puede enfriar todavía más el crédito y el consumo.
Aquí el trilema deja de ser una discusión entre economistas y llega al bolsillo de la gente.
Si el Banco Central procura frenar la depreciación del peso mediante tasas más altas, puede terminar encareciendo el financiamiento de viviendas, vehículos y pequeñas empresas. Pero si permite una depreciación excesiva, aumentan los precios de las importaciones y puede subir la inflación.
En ambos casos, las familias enfrentan consecuencias.
Ahora bien, subir la TPM no significa que mañana todos los préstamos serán 25 puntos básicos más caros. Entre la tasa del Banco Central y la que paga una familia intervienen la liquidez, el costo de captación, el riesgo y las condiciones del mercado.
Además, esa transmisión puede ser asimétrica. Durante períodos de endurecimiento monetario, las tasas activas pueden reaccionar más rápidamente que las pasivas. Todavía no sabemos cuánto ocurrirá en este episodio.
Por eso, la decisión no debe juzgarse solamente por los 25 puntos básicos anunciados. Habrá que observar sus efectos sobre la inflación, el dólar, las tasas bancarias, el crédito y el crecimiento.
El Banco Central tiene autonomía para decidir, pero no puede escapar del trilema. Puede escoger qué riesgo enfrentar, no eliminar sus costos. Y esos costos, por una vía o por otra, terminan llegando al bolsillo de la gente.
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