

Cada persona interesada en este tema tendrá su opinión. Lo importante es someterla al estudio de los hechos, de la historia dominicana y de los acontecimientos internacionales que influyeron en el destino de nuestro país.
Cada 25 de septiembre se cumple un nuevo aniversario del golpe de Estado que derrocó en 1963 al Gobierno constitucional presidido por Juan Bosch. Aquel Gobierno había sido elegido el 20 de diciembre de 1962, en los primeros comicios libres celebrados después del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, ocurrido el 30 de mayo de 1961 y que puso fin a una dictadura de 31 años. Bosch asumió la presidencia el 27 de febrero de 1963.
Un golpe de Estado es la deposición de un gobierno mediante la fuerza, generalmente con la participación de las Fuerzas Armadas. Bosch sostuvo en distintas ocasiones que el golpe que lo derrocó no había sido programado ni planificado en todos sus detalles. Su desenlace, sin embargo, ocurrió en medio de conflictos políticos y militares que venían acumulándose.
He dedicado muchos años a investigar el período que comenzó con la desaparición de Trujillo y desembocó en el golpe de 1963, la Revolución Constitucionalista de abril de 1965 y la intervención militar estadounidense. El 25 de septiembre de 1985 presenté mi libro El Misterio del Golpe de 1963 en el Museo Nacional de Historia y Geografía. Juan Bosch estuvo conmigo en aquel acto, en el que también participó el historiador José Chez Checo. Listín Diario informó sobre la actividad al día siguiente.
El golpe dominicano formó parte de una época de reiteradas rupturas constitucionales en América Latina. Hubo golpes, entre otros países, en Argentina, Honduras, Ecuador y Brasil durante los años sesenta; en Uruguay y Chile en 1973, y nuevamente en Argentina en 1976. Pero esa perspectiva continental no dispensa de investigar qué sucedió específicamente en el Palacio Nacional dominicano durante la madrugada del 25 de septiembre de 1963.
La última discusión en el Palacio Nacional
Las órdenes de arrestar y deponer a Bosch fueron ejecutadas después de una discusión entre el presidente y jefes militares dominicanos. Durante mucho tiempo se presentó como asunto principal su intención de remover al coronel Elías Wessin y Wessin de la dirección del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas, el CEFA. Ese conflicto existió, pero no fue el único.
Bosch me explicó personalmente que dijo a los jefes militares que, si como presidente no podía remover a Wessin y Wessin, prefería presentar su renuncia. Les advirtió que, en tal caso, acudiría personalmente ante las Cámaras Legislativas reunidas en Asamblea Nacional, conforme al procedimiento constitucional. Me contó que fue apresado cuando planteó esa salida.
Su propósito, según me explicó, era que la convocatoria de los legisladores permitiera al país conocer la crisis y que se produjera una movilización popular en defensa del Gobierno elegido por voto libre. El arresto cerró esa posibilidad.
Otro asunto, menos estudiado durante años, era la actividad de exiliados haitianos que intentaban derrocar al dictador François Duvalier desde territorio dominicano. Bosch declaró que algunos mandos de sus Fuerzas Armadas habían colaborado con el general haitiano exiliado León Cantave sin que él conociera plenamente aquellas actuaciones. Para comprender la gravedad de esa revelación hay que seguir los documentos en su orden cronológico.
Haití en la política de Kennedy
Estados Unidos buscaba una salida al régimen de Duvalier dentro de su política caribeña de la Guerra Fría. La situación haitiana interesaba directamente al presidente John F. Kennedy, al embajador estadounidense en Puerto Príncipe, Raymond Thurston, a otros funcionarios del Departamento de Estado y a la CIA.
Una minuta de la reunión celebrada el 18 de junio de 1963 registra que Kennedy discutió con Thurston y otros funcionarios la posibilidad de fortalecer a exiliados haitianos. El presidente planteó proporcionarles dinero o equipos. Thurston consideró preferible que actuaran haitianos con respaldo estadounidense, sin una intervención dominicana públicamente visible. La reunión acredita el interés y la participación de Washington en el diseño de aquella política; no equivale a una autorización de Bosch para las operaciones que después se realizaron. (history.state.gov)
Un informe de la CIA fechado el 2 de abril había recogido lo que un representante de los exiliados decía haber negociado para establecer actividades en la República Dominicana. El informe consignaba también límites atribuidos a Bosch: el Gobierno dominicano no aportaría dinero, armas ni municiones, y no permitiría que los combatientes atravesaran por tierra la frontera para invadir Haití. Esa era la versión comunicada por el representante de los exiliados. Los documentos posteriores permiten comprobar cómo reaccionó el presidente ante lo que ocurría en la práctica. (archives.gov)
El documento siguiente es decisivo. El 3 de julio, la CIA informó que Bosch había cerrado un campamento de entrenamiento presuntamente asignado a Cantave por el general Víctor Elby Viñas Román. También registró que Bosch exigió detener el apoyo y entrenamiento que integrantes del Ejército dominicano daban a exiliados haitianos. Respecto de otro grupo, el informe señaló que el presidente ordenó impedir la instalación de un campamento que se preparaba sin su conocimiento. (archives.gov)
Por eso he insistido en una distinción elemental: la actuación de oficiales dominicanos no puede atribuirse sin más al presidente de la República. Si Bosch ordenaba cerrar campamentos y detener el entrenamiento, no se puede describir cualquier colaboración militar con Cantave como si fuera una decisión suya.
Las minutas del 18 de julio de 1963 del Special Group, organismo estadounidense que supervisaba operaciones encubiertas, refuerzan esa conclusión. Recuerdan que el 20 de junio se había aprobado una propuesta para buscar un entendimiento secreto con Bosch acerca del uso de exiliados haitianos. Pero registran que Bosch había decidido no permitir que una fuerza de exiliados utilizara la República Dominicana como base de operaciones militares contra Duvalier.
Ante esa negativa y otras dificultades, los funcionarios estadounidenses consideraron inviable el plan existente. Examinaron entonces la posibilidad de entrenar a los exiliados en Estados Unidos o Puerto Rico. Las minutas mencionan 200.000 dólares ya aprobados para actividades de entrenamiento. Este documento, divulgado entre los archivos relacionados con Kennedy publicados en 2025, permite comprobar mediante un registro estadounidense que Bosch rechazó aquella utilización militar de nuestro territorio. (nsarchive.gwu.edu, nsarchive.gwu.edu)
Cien fusiles y un comandante fronterizo
Los documentos que acompaño contienen otra pieza fundamental: un memorando de la Casa Blanca fechado el 10 de septiembre de 1963, titulado Board Panel on Covert Action Operations. Resume información presentada al panel días antes por funcionarios de inteligencia estadounidenses.
En el apartado sobre Haití se afirma que la CIA había estudiado las posibilidades de diversos grupos de exiliados y les había entregado pequeñas cantidades de dinero. El memorando añade que, aproximadamente diez días antes, la Agencia había lanzado cien fusiles y municiones para un grupo haitiano protegido por un comandante dominicano destacado en la frontera.
El mismo documento dice que Bosch había cambiado su intención anterior de ayudar a derrocar a Duvalier. Al abordar la situación dominicana, describe a Bosch como anticastrista y antisoviético según la valoración de la CIA, identifica a la derecha y a sectores del Ejército como sus principales adversarios y contempla la posibilidad de un golpe en los meses siguientes.
Hay que leer esas informaciones juntas. El memorando registra armas suministradas por la CIA y protección prestada por un comandante dominicano. No dice que Bosch autorizara la entrega de las armas. Tampoco permite explicar su negativa a determinadas operaciones contra Duvalier atribuyéndole simpatías por Cuba o por la Unión Soviética. Lo que aparece es un presidente con una posición propia frente a una operación clandestina en territorio de su país.
Las páginas restantes del memorando fotografiado sitúan este episodio dentro de la actividad internacional de la CIA en plena Guerra Fría. Describen, entre otros asuntos, financiación clandestina de una huelga en la Guayana Británica, actividades políticas en Italia, operaciones en Bolivia y Brasil, planes de sabotaje contra Cuba y la situación de Vietnam. Ayudan a entender el modo de actuar de los organismos estadounidenses de inteligencia. Esos otros apartados no prueban quién dio la orden de apresar a Bosch.
Un informe del Departamento de Estado sobre la incursión iniciada por las fuerzas de Cantave el 5 de agosto desde Dajabón ya había reconocido indicios de apoyo en sectores del Ejército dominicano, particularmente en el mando fronterizo. Sus autores advirtieron, sin embargo, que no podían determinar con certeza el alcance completo de la participación dominicana. Esa cautela debe respetarse. (history.state.gov)
Lo que Bosch dijo al embajador Martin
Durante mi investigación obtuve un telegrama confidencial del embajador estadounidense John Bartlow Martin que considero indispensable para reconstruir el final de aquel Gobierno. Lo reproduje hace décadas en la página 470 de Golpe y Revolución; una de las fotografías que presento muestra el facsímil.
Martin envió el telegrama desde Santo Domingo la noche del 26 de septiembre. Fue recibido en Washington a las 2:08 de la madrugada del día 27 y distribuido también al Consejo Nacional de Seguridad. El embajador informó sobre una conversación que había sostenido con Bosch en el Palacio Nacional la mañana del 25.
Según Martin, Bosch estaba profundamente decepcionado de oficiales en quienes había confiado. Habían desconocido su autoridad. Entonces hizo una afirmación de extraordinaria importancia: solo durante aquella última entrevista había descubierto que esos oficiales trabajaban con Cantave y le habían prestado apoyo en el enfrentamiento del lunes entre fuerzas de Duvalier y rebeldes haitianos en el área de Dajabón.
La fecha del cable importa. Bosch no formuló esa explicación por primera vez muchos años después, durante el exilio. El embajador de Estados Unidos la comunicó a Washington inmediatamente después del golpe. El documento registra lo que Bosch declaró; unido a los informes de julio y septiembre, obliga a distinguir entre el Gobierno constitucional y los oficiales que actuaban de otra manera.
He señalado que Martin no incluyó ese episodio en su relato publicado posteriormente sobre la crisis dominicana. Por eso atribuyo especial valor al telegrama contemporáneo, obtenido mediante mi investigación y reproducido íntegramente en mi libro.
Hace alrededor de cuarenta años promoví solicitudes de desclasificación en Estados Unidos. Esteban «Steve» Abrech, ciudadano estadounidense, firmaba las cartas necesarias para tramitarlas, pero la investigación era mía. Conservo aquellos expedientes. Algunos documentos recibidos entonces tenían pasajes censurados; el telegrama de Martin pudo publicarse íntegro. Los materiales difundidos en 2025 amplían aquella investigación y permiten contrastarla con nuevas piezas del archivo.
Anthony Ruiz y Fritz Long
Mi reconstrucción de la madrugada del golpe incluye el testimonio del general de la Policía Nacional Benito Monción Leonardo. En octubre de 2007 me reveló que Anthony Ruiz, asesor estadounidense de seguridad pública vinculado a la AID, transmitió la orden final de apresar a Bosch. Ruiz era una persona distinta de Dan Mitrione, con quien se le ha confundido en algunas versiones.
Bosch había señalado, por su parte, la presencia y actuación del coronel estadounidense Fritz Long, asesor militar, en aquellos acontecimientos. Según la información que recogí, Long y Ruiz estaban en el Palacio Nacional cuando el presidente fue arrestado.
Corresponde identificar con precisión el origen de cada afirmación. La atribución de la orden a Ruiz procede del testimonio de Monción Leonardo. Los documentos estadounidenses aquí examinados acreditan actividades contra Duvalier, la negativa de Bosch a permitir determinadas operaciones, el suministro de armas a exiliados y la colaboración de mandos dominicanos. Esos documentos no contienen una orden escrita de Ruiz para detener al presidente. Presentar correctamente el testimonio fortalece la investigación; no es necesario atribuirle una prueba documental que todavía no he encontrado.
También merece atención el programa de seguridad pública de la AID, iniciado en la República Dominicana en 1962. Incluía asesores, entrenamiento y equipos para la Policía. Una nota que envié desde Washington a El Nacional el 31 de enero de 1971, junto con otros materiales que he estudiado, permite seguir la continuidad de esa asistencia después del golpe y de la Revolución de Abril. El programa ofrece el contexto institucional de la presencia de un asesor policial estadounidense en 1963; la actuación concreta que atribuyo a Ruiz aquella madrugada sigue teniendo como fuente el relato de Monción Leonardo.
Una discusión con Frank Moya Pons
En El pasado dominicano, publicado en 1986, Frank Moya Pons escribió, al tratar las relaciones con Haití, que «el gobierno dominicano de entonces» apoyó a grupos guerrilleros que debían invadir ese país.
Yo había presentado El Misterio del Golpe de 1963 en septiembre de 1985, con Bosch y José Chez Checo presentes. En mi ejemplar del libro de Moya Pons anoté junto a aquella frase: «Fue tratado en mi libro de Sept. 1985».
Mi objeción se refiere a la atribución de la responsabilidad. Los documentos muestran que hubo oficiales dominicanos vinculados a los exiliados haitianos. También muestran que Bosch ordenó cerrar campamentos y que rechazó el uso del territorio nacional como base de la operación examinada por el Special Group. Finalmente, Martin informó que Bosch dijo haber descubierto en su última entrevista con los militares que algunos de ellos trabajaban con Cantave.
Por eso considero históricamente impropio convertir la actuación de esos oficiales en una política autorizada por Bosch. Los documentos hoy disponibles permiten examinar la afirmación de 1986 con pruebas que entonces no podían consultarse con la misma amplitud. (noticiassin.com)
Un golpe con varias causas
El conflicto haitiano es una clave del golpe, pero no su única causa. Estaban también la resistencia de mandos militares a la autoridad civil, la disputa por Wessin y Wessin, la oposición política al Gobierno y el anticomunismo de la Guerra Fría. En aquellos días, Bosch intentaba ejercer facultades presidenciales que sectores armados se negaban a reconocer.
Es preciso, asimismo, distinguir las decisiones y opiniones existentes dentro del Gobierno estadounidense. En un análisis fechado el 22 de septiembre de 1963, el embajador Martin escribió que consideraba favorable a los intereses de su país mantener a Bosch en el poder. En el mismo documento propuso ampliar la influencia de la Embajada sobre el Gobierno dominicano. Ambas afirmaciones constan allí. Por ello, una política estadounidense de presión e intervención en asuntos dominicanos no debe describirse como si todos sus funcionarios hubieran expresado, en cada momento, una única posición sobre la caída inmediata de Bosch. (history.state.gov)
La noche final reunió dos disputas sobre la autoridad del presidente. Bosch defendía su facultad de remover a Wessin y Wessin. Al mismo tiempo, según contó a Martin, se enfrentaba al descubrimiento de que oficiales en quienes confiaba colaboraban con Cantave. Si se le impedía gobernar, quería presentar su renuncia ante la Asamblea Nacional, donde el país podría conocer la crisis. Fue apresado antes de recurrir a esa vía.
La ruptura del 25 de septiembre de 1963 abrió el camino a otra etapa de la misma historia. El 24 de abril de 1965, militares y civiles iniciaron la Revolución Constitucionalista para restablecer el orden interrumpido por el golpe. El 28 de abril comenzó la intervención militar de Estados Unidos.
He estudiado esa continuidad en El Misterio del Golpe de 1963 y en Golpe y Revolución, el Derrocamiento de Juan Bosch y la Intervención Norteamericana. Mi libro inédito Arde el Caribe reúne esa investigación con la desarrollada en Tumbaron al Jefe: sigue, desde Trujillo hasta 1965, una transformación dominicana inseparable de los conflictos del Caribe y de la política estadounidense.
Existen también documentos que muestran planes estadounidenses de contingencia para una posible intervención militar en la República Dominicana desde antes de la caída de Trujillo. Un plan de contingencia prueba que se examinó una opción; no prueba que toda intervención posterior estuviera decidida de antemano. Esa misma regla debe aplicarse al golpe de 1963: fechar cada documento, identificar quién tomó cada decisión y separar el testimonio de lo que demuestra por sí mismo un registro oficial.
En vísperas del aniversario, regreso a los hechos centrales. Bosch fue elegido libremente. Ordenó detener actividades de exiliados haitianos apoyadas por miembros de sus Fuerzas Armadas. Rechazó que la República Dominicana sirviera de base para la operación militar examinada por organismos estadounidenses. Intentó ejercer su autoridad sobre los mandos militares y declaró, en las horas de su derrocamiento, que acababa de descubrir la colaboración de algunos de ellos con Cantave.
Cada quien tendrá su opinión sobre el golpe. Pero esa opinión debe responder a los documentos y a una distinción indispensable: Juan Bosch era el presidente constitucional; determinados oficiales dominicanos actuaban sin su autorización; y los organismos estadounidenses perseguían sus propios objetivos en Haití y en la República Dominicana.










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