El anuncio de la publicación de El Diario personal del Papa Francisco ofrece una ocasión para volver sobre una de las cuestiones más controvertidas de su pontificado: la relación entre la defensa de la familia, la apertura pastoral y la claridad de la enseñanza católica.
La Libreria Editrice Vaticana ha anunciado el volumen para el 24 de noviembre de 2026. El cardenal Víctor Manuel Fernández, uno de los colaboradores más cercanos del pontífice argentino, presenta y comenta apuntes de Jorge Mario Bergoglio escritos entre el 20 de diciembre de 1992 y el 18 de agosto de 2024. El período abarca desde su etapa como obispo auxiliar de Buenos Aires hasta sus años como sucesor de Pedro.
Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, dispuso que determinados documentos personales fueran destruidos. Su secretario, el arzobispo Georg Gänswein, confirmó en 2023 haber cumplido esa petición. No se trataba de eliminar su obra teológica ni su magisterio, sino de respetar una decisión sobre sus papeles más privados.
El contraste llama la atención, pero exige prudencia. Publicar unos apuntes y destruir otros no demuestra, por sí mismo, mayor transparencia ni superioridad moral. Además, el diario anunciado aún no está disponible para valorar su contenido. Una edición presentada y comentada por un colaborador requiere distinguir la voz del autor de la interpretación del editor.
Ese cuidado resulta especialmente necesario porque Fernández firmó, como prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Fiducia supplicans, la declaración de 2023 aprobada por Francisco que permitió bendiciones espontáneas de parejas del mismo sexo y de parejas en situaciones irregulares. Su participación en el libro hace relevante conocer cómo presentará el pensamiento del pontífice; todavía no permite anticipar qué explicaciones ofrecerá sobre aquella decisión.
Mientras esperamos el volumen, los documentos públicos permiten examinar la aparente metamorfosis de Francisco ante la familia. El punto de partida es su homilía del 4 de octubre de 2015, al inaugurar el Sínodo de los Obispos.
Aquel día defendió el matrimonio entre un hombre y una mujer, la fidelidad, la fecundidad y la indisolubilidad. Denunció una sociedad con muchas comodidades y poco calor de hogar, abundante en placeres y pobre en compromisos duraderos. Recurrió a Joseph Ratzinger y a Benedicto XVI para recordar la sed humana de infinito y la necesidad de que la caridad permanezca unida a la verdad.
La continuidad con su predecesor parecía manifiesta. Sin embargo, Francisco insistió también en acoger a las parejas heridas y presentó a la Iglesia como un hospital de campo. Ambas orientaciones estaban presentes en la misma homilía. La cuestión posterior sería cómo hacerlas convivir en decisiones concretas.
Benedicto XVI también había reclamado acompañamiento y discernimiento. En Sacramentum caritatis, de 2007, recordó que los divorciados en una nueva unión seguían perteneciendo a la Iglesia y debían recibir atención espiritual. A la vez, reafirmó la disciplina que les impedía comulgar mientras persistiera una convivencia conyugal incompatible con el vínculo sacramental anterior; contempló el acceso a la Eucaristía cuando vivieran como hermano y hermana, conforme a las disposiciones eclesiales.
En ese mismo apartado pidió evitar la bendición de esas relaciones para impedir confusiones sobre el valor del matrimonio. Su preocupación reunía la atención a las personas y la claridad del signo público.
La pastoral debía ayudar a vivir la enseñanza y proteger su comprensión.
Con Amoris laetitia, en 2016, Francisco amplió las posibilidades del discernimiento. Respaldó expresamente los criterios de los obispos de la región de Buenos Aires, que contemplaban, en determinadas circunstancias y atendiendo a factores que disminuyeran la responsabilidad y la culpabilidad, el acceso a la reconciliación y a la Eucaristía de algunos divorciados en una nueva unión, aun cuando la continencia no resultara factible.
La diferencia práctica respecto de la disciplina reafirmada por Benedicto era significativa. No constituía una autorización general, pero exigía explicar con especial cuidado cómo se relacionaban la indisolubilidad matrimonial, la responsabilidad personal y el acceso a los sacramentos.
El contraste se hizo más visible dentro del propio pontificado de Francisco. En 2021, con su asentimiento, la Congregación para la Doctrina de la Fe rechazó bendecir uniones del mismo sexo. La explicación excluía bendiciones de relaciones o parejas que implicaran una práctica sexual fuera del matrimonio.
En diciembre de 2023, Fiducia supplicans permitió bendiciones espontáneas de parejas del mismo sexo y de parejas en situaciones irregulares. Mantuvo la definición católica del matrimonio y prohibió que esas bendiciones imitaran una boda o se vincularan a ceremonias civiles de unión. Su explicación distinguía entre bendecir a la pareja y legitimar su unión.
Aquí reside, a mi juicio, el núcleo de la ambigüedad. La distinción puede desarrollarse teológicamente, pero su comprensión pública resulta problemática. Dos personas comparecen juntas como pareja y reciben una bendición: el observador puede interpretar una aprobación de su relación, aunque el documento la excluya. El gesto también comunica y necesita ser inteligible.
La nota aclaratoria del Dicasterio del 4 de enero de 2024 reconoció las manifestaciones de algunas conferencias episcopales y las dificultades de aplicación según los contextos. Esa necesidad de explicación confirma que la recepción planteaba problemas reales; no basta para demostrar una ruptura doctrinal.
Tampoco sería riguroso afirmar que Francisco abandonó toda defensa de la moral católica. En 2024 aprobó Dignitas infinita, que condenó el aborto y criticó la teoría de género y la eliminación de la diferencia sexual.
La expresión «aparente metamorfosis» describe, por tanto, una percepción que debe explicarse mediante decisiones verificables. Hubo continuidad en afirmaciones doctrinales y cambios relevantes en la práctica pastoral. La crítica fundada consiste en preguntar si esos cambios preservaron suficientemente la claridad que Benedicto consideraba indispensable.
El próximo diario podrá aportar elementos para comprender la vida interior de Bergoglio, si sus páginas los contienen. Entretanto, el juicio sobre su gobierno debe apoyarse en lo que enseñó y autorizó públicamente.
La Iglesia necesita acoger, acompañar y respetar la dignidad de toda persona. Necesita también que sus palabras y sus gestos expresen con claridad su fe. Benedicto advirtió sobre el riesgo de confusión; Francisco quiso ampliar la cercanía pastoral. La pregunta que permanece es si esa ampliación logró comunicar, con igual fuerza, la verdad que declaraba conservar
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