Si la República Popular de China es un gigante económico mundial, es porque Xi Jinping, jefe de Estado de esa gran nación, ha sabido negociar con los líderes del mundo, con quienes ha consolidado negocios e influencia.
China es una de las naciones de mayor crecimiento y solidez económica a nivel global en los últimos 15 años, a pesar de ser un régimen comunista.
A pesar de tener un sistema económico socialista, ha sabido combinar un sistema económico híbrido: socialista y capitalista a la vez.
Es por ello que al líder chino se le atribuye ser el mejor reformista del sistema económico de su país.
La corrupción administrativa, en cualquiera de sus formas, se paga con la muerte.
China apoya a las empresas estatales y al sector privado por igual; permite la inversión extranjera y fomenta la competencia comercial.
El sector privado genera más del 60 % del PIB del gigante asiático, el cual ofrece más del 70 % al empleo urbano.
Cuando se trata de negocios bilaterales, abre sus puertas al diálogo con cualquier país.
China aceptó una cumbre con EE.UU., al ver una gran oportunidad para discusiones de inversión económica y negociaciones políticas entre ambos países.
El presidente Donald Trump tiene como objetivo principal en su segundo mandato (2025-2029) recuperar la deteriorada economía interna de EE.UU.
Pero, además, tratar de que la gran nación del norte recupere la corona de desarrollo económico que China hoy ostenta con orgullo, además del poder que representa en la geopolítica internacional.
Trump es un empresario y gran negociador comercial. Con su política de aranceles logró inyectar millones de dólares a la economía de EE.UU., muy buena para mejorar la deuda interna y/o externa del país.
Viajó a una cumbre político-empresarial a Pekín, en busca de intercambio comercial, consolidar su plan de control geopolítico en Medio Oriente y apoyo para obligar a Irán a mantener abierto el estrecho de Ormuz.
Para Trump no era difícil lograr ese objetivo, sabiendo que China es el principal aliado de Irán, a quien le compra petróleo.
También sabía que Pekín necesita estabilidad energética y libre tránsito de sus buques petroleros en dicha vía marítima.
Es por ello por lo que, para ambos gobernantes, antagónicos políticamente, el cierre del estrecho los hiciera coincidir en obligar por cualquier vía que esa ruta marítima se abriera a cualquier costo.
En las recientes negociaciones con Trump, el líder chino se comprometió a no seguir enviando armas al régimen de Irán. Un triunfo político-diplomático para el presidente estadounidense y su gobierno.
Ahora la meta de Trump es completar su objetivo militar contra el gobierno teocrático islamista de Irán.
Se creyó que la delegación que acompañó a Trump a China lograría sorprendentes acuerdos comerciales y empresariales para beneficio de los Estados Unidos, dada la categoría de directores ejecutivos de poderosas empresas estadounidenses allí presentes.
Figuras como Elon Musk, de Tesla; Tim Cook, de Apple; Jensen Huang, de Nvidia, y Cristiano Amon, de Qualcomm, entre otros, tuvieron oportunidad de sentarse a la mesa de negociación con el liderazgo de Pekín.
Aunque Trump y los empresarios de EE.UU. presentaron ambiciosas propuestas de intercambio comercial y de negocios al gobierno chino, estas no lograron hacer abrir los párpados de los ojos casi cerrados de los asiáticos.
China mostró poco interés de negociación macroeconómica, por estar muy bien consolidada a nivel global.
Xi Jinping es un gobernante negociador al igual que Trump. Sabe que Estados Unidos busca desesperadamente recuperar el terreno perdido en el dominio geopolítico y comercial.
De acuerdo con lo reportado por Trump, entre el gobierno de Pekín y EE.UU. hubo "compromisos" de compra de aviones Boeing, productos agrícolas (soya) y recursos energéticos. Pero solo eso: compromisos.
En cuanto a los aranceles impuestos por EE.UU. a China en 2025, todo quedó en lo anteriormente fijado. Solo un 10 % y el desbloqueo de China a las exportaciones de tierras raras. No hubo cambio.
Respecto a Taiwán, el punto más crítico de la cumbre, China mantuvo su posición sobre el estatus político de la isla, considerada intocable para el régimen de Pekín.
Xi advirtió a Trump que cualquier mal manejo de la venta de armas de EE.UU. a la isla podría llevar a un descalabro del intercambio diplomático y el acercamiento recién realizado.
Quizás, cuando el líder chino visite la Casa Blanca, el próximo 24 de septiembre, por invitación de Trump, lleve consigo una contrapropuesta viable de intercambios comerciales y negocios, en respuesta a las que presentaron los directores ejecutivos de las más grandes empresas estadounidenses.
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