Sin alcantarillado sanitario no se puede hablar de medioambiente, salud, desarrollo y sostenibilidad, porque las aguas sanitarias no tratadas van al subsuelo y lo convierten en letrina.

Una afirmación archisabida y avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS/OPS); sin embargo, adquiere fuerza en boca de un funcionario de la categoría del director ejecutivo del Instituto Nacional de Aguas potables y Alcantarillados (Inapa) y aspirante presidencial por el oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM), Wellington Arnaud.

Lo remarcó aparentemente emocionado, y se oyó clarito, durante su intervención en la emisión especial del kilométrico programa radiotelevisado El Sol de la Mañana, el 15 de julio de 2026, desde el municipio turístico Boca Chica, provincia Santo Domingo.

Allí promocionaba el comienzo del proyecto de alcantarillado sanitario, el cual -dijo- es el más ambicioso y tendrá un costo aproximado de mil millones de dólares (58 mil 591 millones de pesos dominicanos) para impactar 220,000 habitantes de la demarcación oriental.

La megaobra ha sido avalada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el marco del Programa de Saneamiento Universal de Zonas Costeras y Turísticas.

De acuerdo a Inapa, está planificada para terminar en 18 meses, contendrá 250 kilómetros de tuberías, ocho estaciones de bombeo, una planta de tratamiento y un emisor submarino que canalizará las aguas tratadas hacia mar afuera. La iniciativa cubrirá las ciudades San Pedro de Macorís, La Romana y Bávaro-Punta Cana, provincia La Altagracia.

Días antes, el ministro de Turismo, David Collado, y su aliado el grupo privado Inicia anunciaron el proyecto de saneamiento de la icónica playa de esa demarcación, sitio ideal de los capitaleños, donde ya no cabe más caos y contaminación.

En este julio de 2026, las autoridades también formalizaron el arranque del megaproyecto “Autopista del Ámbar”, de 32 kilómetros y cuatro carriles, dos en cada sentido a través de una zona ambientalmente vulnerable: la cordillera Septentrional, para conectar en media hora las provincias Santiago y Puerto Plata.

La obra ha sido adjudicada al Consorcio Autopista del Ámbar S.R.L. y tendrá un costo de 28 mil 800 millones de pesos (poco más de US$491 millones).

Y tras sostenidos reclamos nuestros, el Ministerio de Obras Públicas y RD Vial activaron a final de junio la licitación para la construcción de la carretera Aceitillar (Pedernales)-Puerto Escondido, Duvergé, provincia Independencia, 43.44 kilómetros, con una inversión de 3,702 millones de pesos (poco más de 64 millones de dólares).

Una mirada rápida a las inversiones oficiales denota un desequilibrio demasiado grande respecto del destino turístico emergente Pedernales, presentado por el mismo Gobierno presidido por el presidente Luis Abinader como la obra cumbre de su gestión y un modelo que -subrayan los funcionarios- será un referente porque ha partido de cero con turismo sostenible.

Se supone que, en medio una crisis económica profunda y un “plan anticrisis” en marcha, las autoridades deberían establecer prioridades en la lista de infraestructuras necesarias. Y eso es lo que no han hecho Inapa, Obras Públicas y Turismo.

¿Cómo explicar que a la luz de hoy Pedernales carezca de un sistema de alcantarillado pluvial y sanitario y planta de tratamiento para el manejo y disposición de las aguas residuales, mientras la ciudad turística Cabo Rojo, en construcción, en menos de seis años ya lo tiene?

¿Cómo explicarlo si la provincia dispone de más aguas subterráneas que las llevadas por sus ríos, la capa freática es casi superficial y la población manda los excrementos y aguas sanitarias al subsuelo, y, a ratos, en la misma área, cava pozos tubulares para sacar agua de uso doméstico?

¿Cómo sobrevivirá Pedernales a la sobrecarga de turistas y visitantes que producirán toneladas de desechos sólidos y líquidos?

¿Cómo justificar que Pedernales carezca de un acueducto eficiente y Oviedo no tenga, en pleno siglo XXI?

¿Será porque electoralmente suma poco, o porque somos del sur?

Ante la carencia de un sistema de alcantarillado pluvial y sanitario con planta de tratamiento y de otro para el tratamiento de los desechos sólidos, se puede inferir que estamos ante comunidades enfermas, imposibilitadas para el turismo sostenible y menos para hablar de desarrollo integral y bienestar general. OMS/OPS han insistido sobre la importancia del saneamiento y del agua potable para lograr comunidades saludables.

El ejecutivo del Inapa lo sabe, según lo subrayado en su emotiva exposición en Boca Chica.

El problema es que su institución no ha ido a tono con las urgencias de los municipios de la provincia fronteriza, donde está en cero, salvo el reservorio con vicios de construcción paralelo al viejo tanque, para ayudar el proyecto turístico en Cabo Rojo.

Igual situación con la “Autopista del Ámbar”.

Santiago, Puerto Plata y comunidades aledañas se merecen más que esa monumental vía, aunque no tengan problemas de acceso y el tiempo de viaje solo se reduciría a 30 minutos a través de una zona altamente vulnerable. Las avalan los aportes de la región al Producto Interno Bruto más su actitud proactiva para reclamar derechos sociales y la mancuerna que caracteriza a sus líderes políticos, empresariales y autoridades cuando se trata de intereses colectivos.

Pero, ¿cómo entender que el sur, desde Baní hasta Pedernales, carezca de una autovía que haga desaparecer el actual “camino vecinal” y aminore la caterva de muertos y lisiados cada año a causa de siniestros viales? ¿Es justo? ¿No es prioridad? ¿Puede haber salud, desarrollo y turismo sostenible sin un circuito vial moderno y seguro?

¿Cuál es la razón por la cual el tramo Santo Domingo-Baní no ha sido intervenido para garantizar la integridad de choferes y vecinos de la vía?

Pese a ello, ya el Gobierno ha impuesto tres peajes, cada uno de cien pesos, ida y vuelta, por dos circunvalaciones no aptas para cardíacos.

Pedernales, en la parte más meridional del suroeste, no solo es un naciente destino turístico impulsado por el Gobierno. Es una provincia de alto valor geoestratégico.

La soberanía nacional está allí en juego permanente, y no solo por la vecindad con Haití, sino por las amenazas de las mafias internacionales que los políticos “ignoran”. Pero solo cuenta con una sola vía para entrada y salida.

El anuncio de la licitación para conectar la carretera de la bauxita, Cabo Rojo, con Puerto Escondido, Duvergé anima un poco. Sería un respiro, pero, en la recta final de los ocho años de gestión de Abinader brota la duda a partir de lo que sucede con la construcción de la carretera Barahona-Pedernales: un sinfín constructivo.

En el caso Barahona-Enriquillo, por lo que se ve, no superaría el angosto culebreo de siempre con el parche a El Derrumbao como símbolo del desprecio. El que lleva desde Enriquillo hasta el municipio Pedernales (74 kilómetros) ha cumplido cinco años en construcción. Nadie informa cuándo será terminado.

Nuestro suroeste sigue huérfano: sin agua potable suficiente en casas, sin saneamiento y sin la “Autovía del Larimar”.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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