Nuestro riesgo sísmico: conocerlo es una tarea de todos y todas.
La posición tectónica de la isla de Santo Domingo hace inevitable el riesgo sísmico. La preparación del hogar, la educación comunitaria y el liderazgo estatal son las verdaderas herramientas de protección.
Es una certeza geográfica que la República Dominicana está ubicada sobre la placa tectónica del Caribe, en roce constante con las placas de Norteamérica y Sudamérica. En este proceso de subducción, la corteza oceánica desciende bajo la placa caribeña, elevando el territorio que compartimos con Haití y generando fosas como la de Los Muertos, al sur de nuestras costas.
Dado que los expertos prevén eventos de gran magnitud, la única respuesta lógica es la prevención colectiva y organizada. Si bien la obligación del Estado es liderar la preparación en escuelas, empresas y oficinas públicas, la verdadera primera línea de defensa se construye en el seno de la familia. La tranquilidad ante un sismo no es fruto del azar, sino del ensayo y la planificación previa dentro del hogar.
Protección familiar: de la teoría a la práctica en el hogar.
Ante un temblor, el pánico y las decisiones apresuradas son el principal enemigo. Por ello, cada familia, especialmente en edificios y residenciales, debe establecer una estrategia de protección clara antes de que la tierra se mueva.
Es de vital importancia identificar las zonas de resguardo dentro de la vivienda. Reconozca los lugares más seguros (cerca de columnas de carga o bajo muebles resistentes). En pisos altos, la indicación médica y estructural universal es agacharse, cubrirse la cabeza y sujetarse; intentar descender por las escaleras o subir a la azotea mientras el suelo vibra incrementa notablemente el riesgo de caídas o atrapamiento.
La mochila de emergencia y herramientas básicas ayudan considerablemente en el momento del evento. Mantenga cerca de la salida una mochila con agua no perecedera, botiquín de primeros auxilios, linterna, radio a pilas, documentos esenciales y un silbato (que permite señalizar la posición con mínimo esfuerzo físico en caso de aislamiento).
Las rutas de evacuación y puntos de encuentro están comprobadas que salvan vidas. Para quienes habitan en pisos bajos o casas, es prioritario definir un área exterior despejada, alejada de cables eléctricos o estructuras vulnerables, donde la familia deba reunirse tras el sismo.
La fuerza de la acción comunitaria es predominante para desarrollar cualquier acción de bienestar. La respuesta eficaz no termina en la puerta de la vivienda. Se exhorta a las juntas de vecinos y comités comunitarios a asumir un rol activo organizando comités de emergencia. Señalizar adecuadamente las rutas de evacuación en áreas comunes, verificar el estado de las instalaciones de gas y realizar simulacros periódicos entre vecinos son acciones que marcan la diferencia.
El momento de actuar es ahora. Integrar la gestión de riesgo en la rutina diaria de nuestras familias transformar el miedo en una respuesta racional y solidaria.
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