–Primera aproximación-
Antes de agosto 16 del 1996, la República Dominicana vivía de espalda al mundo. Al mundo que giraba y se movía, pero que aquí los gobernantes no lo sabían, o fingían, no saberlo. Fue el presidente Leonel Fernández, quien abrió las puertas del país para que entrara la bocanada de aire fresco de la relación con todo lo que ignorábamos o no queríamos ver. El mundo “ancho y ajeno” que nos relató el gran novelista peruano Ciro Alegría.
No todo era sombras, porque algunas luces se encendían de acuerdo con los intereses del momento geopolítico que entendía Joaquin Balaguer, ejemplo, la apertura de las relaciones con la República de Cuba, un hito en su momento, si se ve en perspectiva, por lo que significó para las relaciones con Washington este paso del Gobierno Dominicano. Pero no hay muchos episodios como este en la historia diplomática del país.
Con la llegada del gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, y Leonel Fernández a la primera magistratura de la nación, todo lo que nunca se hizo empezó a tener sentido. El país se abrió a las relaciones con el Gran Caribe, (aunque la Comunidad de Estados del Caribe siempre tuvo su reticencia) tan cerca y tan lejos. Empezamos a ser parte de los organismos multilaterales que por decidía o por qué sé yo, nos habíamos retirado o nunca entrado. Miramos hacia la vieja Europa con una visión más inclusiva, y más allá. Africa apareció en nuestro radar de relaciones posibles, y Asia fue una realidad alcanzable en relaciones de nuevas tecnologías, comercio, cultura, política y de redes de asociaciones que permitieron la inserción del país en esos organismos bilaterales y multilaterales que nunca se soñó ser parte.
Pero Centroamérica, tan cerca y a la vez tan dejada atrás por cuestiones que serían necesarias estudiar en eventos posteriores a desarrollar, estaba rezagada a nuestros intereses como nación, que, como hablante de un mismo idioma, una misma tradición cultural, pero hasta la llegada del Dr. Fernández, no nos habíamos planteado la idea de retomar protagonismo, a ser más que geografía, sino socios estratégicos en los sueños, en un devenir mejor para todos. Esa es la integración que ya existía pero que nuestro país nunca quiso participar como se debía. Por cuestiones de geopolítica, de conflictos internos de esos países, signados por las desigualdades, y que en su momento fueron laboratorio de las potencias hegemónicas mundiales desde la 2da. Gran Guerra, y que pervivió en los años de la llamada “cool war”. Pero también, aun con la llegada del Presidente Leonel Fernández y los compromisos de los que le ayudaron a llegar al poder nunca quiso, o postergó una más agresiva relación con los países del Istmo, más allá de lo que siempre existió, ya que su socio político de ese momento por ser un partido de derecha moderada, había una deuda y en un 90% le cedió las misiones diplomáticas, en esa parte del continente, a sus militantes, hombre y mujeres pasivos, que solo llegaban a cumplir con los rituales de una diplomacia tradicional sin proposición, aun y a sabiendas, de que el presidente era hombre de acción. Así transcurrió con el presidente Fernández en sus tres periodos de gobierno y lo mismo con los dos de Danilo Medina, ya que este presidente dejó el estado de cosas como las encontró.
Pero hubo logros que hay que destacar, y jefes de Misiónes, que, a pesar de la inacción de muchos, hicieron su trabajo muy dignamente. Son los menos, pero por ellos se rescató ese periodo que pudo ser mejor con hechos comprobables y trascendentes.
A saber: la integración regional y comercial, destacando la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC, en 1998; el cual eliminó aranceles y dinamizó el intercambio de bienes entre la isla y países como Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Posteriormente, Fernández fue clave en la negociación para adherir al país al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-CAFTA). Esto claro está, se inscribe en la diplomacia e integración comercial con la región que, con estas acciones se ponía un poco más cerca de una República Dominicana que siempre vivió de espalda a sus hermanos centroamericanos.
En lo relativo a la integración político-regional, con la llegada del gobierno del Dr. Fernández, por primera vez, la integración en los quehaceres políticos de la subregión y la isla se empezaron a concretizar.
A saber: se fomentó la participación de la República Dominicana en las Cumbres Centroamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno. Además, impulsó la integración formal y las relaciones bilaterales con el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) y el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), cuya inserción definitiva del país se dio en diciembre del año 2013 en el primer gobierno del presidente Danilo Medina, pero fue en los gobiernos del Dr. Fernández, que el país miró con mirada de buen socio y amigo a los gobiernos del Istmo, con excepción de Panamá que siempre hubo una relación comercial muy fluida. Hay que recalcar un hecho, aunque parezca aislado, y no lo es, me refiero a la llegada al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela del Comandante Hugo Chávez, que se empezó a pisar el acelerador en estos aprestos de acuerdos y cumbres entre los países cercanos y que Leonel Fernández fue un protagonista de primera mano. El petróleo los unió, el petróleo le dio una motivación para trabajar aún más la integración, y otra cosa, el advenimiento en la subregión centroamericana de gobiernos de centro izquierda e izquierda revolucionaria que llegaron al poder por medio del voto popular luego de haber defendido sus ideales en las trincheras en los años 80 y principio de los 90 del siglo pasado.
A grandes rasgos, podemos decir que, de vivir de espalda a nuestros vecinos del Istmo, a tener protagonismo de primera mano, en lo comercial, aunque todavía estamos muy lejos de equipararnos con ellos en lo relativo a la balanza comercial con el país nuestro, de ver de lejos lo relativo a la integración regional y de ser protagonista de pleno derecho en las decisiones de la subregión, con los gobiernos del Presidente Leonel Fernández, se abrió de par en par todas esas posibilidades y el país empezó a ver más allá de sus fronteras que son el Océano Atlántico, el Mar Caribe y Haití, a los hermanos del Istmo.
Y hoy es mucho lo que se ha avanzado. Por esos gestos de apertura, en lo relativo a la Integración Regional; por sus grandes aportes al fomento de los lazos políticos y económicos entre Centroamérica y el Caribe, en su más amplia expresión, el PARLACEN le otorgó al exmandatario la condecoración de la orden "Francisco de Morazán" en el grado de Gran Cruz. Lo que es un hito de cara a lo que había sido el comportamiento de la República Dominicana y los gobiernos anteriores respecto del papel que debería jugar de cara a sus hermanos centroamericanos.
Eso fue ayer y hoy es hoy y Leonel Fernández, es otra vez aspirante a la primera magistratura de la Nación dominicana, con la más alta posibilidad de lograrlo entre los posibles aspirantes. Y el mundo ha cambiado y los paradigmas también y la visión geopolítica debería haber cambiado, porque los jugadores del ajedrez mundial y regional también no son los mismos. Por lo tanto, los gestos no deberían ser iguales. Hoy anda suelto otra vez el pirata Walker en la región centroamericana, buscando lo que no se le ha perdido, después que ellos “la dejaron suelta en banda”. Y eso lo sabe muy bien el Dr. Fernández, uno de los hombres más inteligentes de la región, cuyo reconocimiento es una muestra de lo lejos que ha llegado allende las fronteras dominicanas.
El Chavismo insidió en las relaciones entre todos los gobiernos de la región con el Gran Caribe y la República Dominicana. El ALBA, Petrocaribe, fueron el parteaguas que eclipsó todo lo que pudo ser influenciado por la hegemonía de los Estados Unidos, en ese momento.
A ver: El Salvador, Nicaragua, Panamá en gran medida y Honduras, con las lecciones aprendidas en las que el Dr. Fernández y su gobierno, sin proponérselo, fueron protagonistas de primera mano en un amargo momento de la historia reciente ( el golpe de Estado del presidente Zelaya); pero todo eso, con los acontecimientos políticos de Suramérica y sus ejes chavista influyeron en el devenir de la subregión, a tal punto, que ahora que “se están cayendo esas vigas”, o se cayeron ya, por la caída del chavismo, quedan los resabios y los sueños de una integración ideológica política regional, que pudo ser pero que ahora, por la mala política de muchos de esos gobiernos que encarnaban los sueños de los que nada nunca tuvieron, vemos como una nueva política, de ultraderecha se va instalando en el imaginario de los pueblos y la ven como posible, porque cualquier tiempo pasado fue peor. Son ciclos históricos, de eso hablan.
El último experimento de esa izquierda fue el de Honduras, y un mal sabor de boca ha dejado; porque lo que nunca han hecho bien los gobiernos de izquierda, es vender sus bondades (y no gobernaron mal en lo relativo a la política social) pero los que se encargan de vender sus bondades carecen de credibilidad. Ya el daño está hecho y no se puede volver sobre los pasos perdidos, parafraseando a Alejo Carpentier.
Y entonces, ¿cuál sería la posible apuesta en política exterior para el Istmo centroamericano en un posible gobierno del Dr. Leonel Fernández?
La mirada hacia el Istmo tendría que ser opuesta a lo que fue cuando no éramos ni la sombra de lo que somos ahora respecto del respeto que irradia la República Dominicana entre sus pares de la Integración Centroamericana. Ejemplo, el papel de protagonismo que tuvo en la elección de la nueva Secretaria General del SICA.
Los gobiernos que le han sucedido a los del Presidente Fernández han hecho medianamente la tarea. Y es de sabio reconocerlo. Pero el mundo de hoy no es el de hace 30 años en que subió por primera vez las escalinatas del Palacio Nacional, el Dr. Fernández. El mundo se está reordenando de a golpe y esta parte del mundo no es la excepción. El tablero regional tiene otros intereses y otros jugadores son los que dictan las reglas o eso parece. China llegó para quedarse” con el santo y la limosna del patio” y eso lo saben hasta los olvidados paisanos: los chinos de Bonao que hace tiempo salieron de su madre patria, lejos del Yangtsé.
No es el fin de historia, pero sí es el fin del mundo unipolar que conocimos alguna vez y que nos implantó la narrativa del todopoderoso imperio. Hoy el multilateralismo debe ser el camino y un hombre con la sabiduría de Leonel Fernández lo sabe y creo que su política exterior hacia esta parte del mundo llamada Centroamérica debería ser enrumbada de esa manera: trabajar para que entre todos hagamos mejor este espacio de sueños y esperanzas que es el Istmo centroamericano y la República Dominicana. Nunca más vivir de espalda los uno de los otros.
Creo, y lo veo, como el camino a seguir de una nueva etapa de las relaciones con Centroamérica en un gobierno del presidente Fernández; apalancadas las relaciones políticas con los Estados del Istmo, aunque hay nubarrones en la Integración que amenazan su cohesión, como es el caso de los cuestionamientos al Parlacen y la salida ya de dos países (Costa Rica y El Salvador), se debería trabajar en la idea en sentar las bases de unas relaciones estructuradas para que República Dominicana genere acuerdos en los que las arquitecturas y ventajas tecnológicas sean las que signen los mismos, en donde el conocimiento y el capital humano guíen los acuerdos entre nuestras naciones pero no para usarlas como palanca de superioridad, sino para que todos sean beneficiados de cara al mundo que está ya aquí y que se nos sobrepasa.
También, veo que hay que perfilar una nueva mirada que dibuje una robusta presencia estratégica, más allá de los foros y los encuentros, que esté lista para, esa mirada, dar las respuestas hacia el sur global, pero sin condicionalidad impuesta, sino más bien, por acuerdos de los mismos Estados participantes en los cambios que se vienen y en los que el país debe ser protagonista de primera mano. En un nuevo periodo de gobierno del Dr. Fernández, se debería estructurar “una visibilidad simbólica” y también real, que sea la que enrumbe los acuerdos que de una u otra forma se darán en la nueva arquitectura de los Estados de esta parte del mundo. Para sumar, no para restar.
Con el reordenamiento del poder mundial y el nuevo orden que se viene, es necesario la construcción de alternativas que solidifiquen los bloques de países y el SICA es la mejor respuesta. República Dominicana tiene que liderar en un gobierno presidido por el Dr. Leonel Fernández este bloque regional. Las relaciones de interdependencias, las más de las veces, se manejan bajo presión, y en un mundo multipolar, eso no puede permitirse. Es verdad que los imperios (seguirán siendo grandes) EEUU por ejemplo, pero no será el único, será uno más entre todos los que están estructurándose ahorita mismo, por lo que los países del Istmo con República Dominicana a la cabeza en El Caribe y esas asociaciones, deberá jugar un papel estratégicamente fuerte para estructurar el cambio hacia adelante que se vendrá en esta parte del mundo, cambio en todos los sentidos. Tecnológico, educativo, cultural, generacional, y en la validación de la nueva arquitectura de los Estados de cara al futuro económico y la prosperidad de los países envueltos.
¿Qué hay más allá del final del camino, o mejor, que hay aquí y ahora en que se empieza a ver un camino nuevo y qué está a la vuelta de la esquina?
Alvin Toffler en su libro, "Powershift" le da el nombre de “terra incógnita”, el inexplorado paisaje del mañana. Es decir, un mundo donde la economía no se basará en la tierra, el dinero o las materias primas sino en el capital intelectual, humano. Y ese debe ser el cambio hacia el futuro que República Dominicana lidere en las futuras relaciones con los países del Istmo centroamericano. Un cambio donde todos estén en la misma sintonía de transformar la manera de ver y hacer el mundo de hoy y del mañana.
Los nuevos tiempos plantean soluciones holísticas a los problemas y crear una nueva arquitectura para las relaciones con los países hermanos de Centroamérica, nos lleva a plantear relaciones sinérgicas no de quién es superior, sino de cómo vamos remando hacia el mismo lugar, no hacia el abismo que de seguro nos tronchará las ilusiones de salir del atolladero de siempre. “Nuestro mundo se vuelve cada vez más complejo e interdependiente, el cambio se vuelve cada vez más no-lineal, discontinuo e impredecible”, ha escrito Rowan Gibson. Y yo añado: el futuro es cada vez menos como el pasado y menos como esperábamos que fuera. Entonces, el futuro no será jamás una continuación del pasado, sino unas series de discontinuidades, que afectarán todos nuestros paradigmas, los existentes y los que vendrán.
Las relaciones con Centroamérica en un gobierno de Leonel Fernández, “deberían ser una carrera hacia el futuro”, como escribió CK Prahalad, en “Repensando el Futuro”. Y yo añado: que tengan como norte claro, la reingeniería de la política, que estén en constante benchmarking, que tengan una mejora continua, que los que la gestionen sepan que debe ser una gestión de calidad total, que los resultados de los procesos estén marcados por la competencia basada en el tiempo. De eso se trata, la política y sus resultados no debe estar signada por la desidia sino por la capacidad de respuesta de los Estados involucrados.
Por último, creo que humildemente, he planteado los que son los retos a la nueva estructuración de una política de relación con los países de Centroamérica, zona del mundo en que desarrollo mi vida y mi visión de la política y sus avatares. En todos los ámbitos, los retos, por ejemplo, el migratorio, el comercial, debemos ser creativos, propositivos, por lo que los que lidereen estas relaciones con los Estados, vale decir, los embajadores nuestros en el Istmo, deberán ser personas con imaginación, con visión de futuro, pero un futuro que los rete y los enamore, que le diga que cada día es un nuevo día para engrandecer la patria y sus sueños, no para ser una rémora de lo que nunca le pidieron que sea: incapaces de defender por qué le dieron esa representación. Los que estén al frente de la política exterior y su representación serán los que de hecho hagan del futuro una carrera hacia la excelencia. Líderes, es lo que quiero decir, que deberían ser, pero líderes que estén mirando hacia un tiempo nuevo que se llama siglo XXI, que hace tiempo empezó (26 años para ser exacto) pero que muchos todavía no lo saben.
Charles Handy ha escrito: “Lo más emocionante del futuro es que podemos darle forma”. Y eso es lo que estoy seguro hará el Dr. Leonel Fernández en una nueva arquitectura de las relaciones diplomáticas de la República Dominicana con los hermanos países de Centroamérica. ¡¡¡Que así sea!!!
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