Harriet Martineau, pensadora de vasta formación cultural y agudeza perceptiva, además de filósofa y feminista, es, sin duda alguna, madre de la sociología, que, en no pocas temáticas, estuvo muy por encima, si se quiere, de Émile Durkheim y otros pensadores.

Sus atinadas investigaciones, atentas observaciones de campo y descarnadas reflexiones sociales la convierten en la primera socióloga del mundo.

Con espíritu crítico, analizó creativamente las costumbres, la familia, la educación, la religión, las instituciones y su íntima relación con los individuos, la esclavitud, el matrimonio, la producción de riquezas, su distribución y consumo, así como las diferencias entre clases sociales y la situación de precariedad de trabajadores sumergidos en la atmósfera densa y asfixiante de la época victoriana.

Por esas y otras razones, es la madre de la sociología, que supo interpretar, desde una perspectiva amplia y crítica, el pensamiento sociológico, filosófico y social de Auguste Comte y John Locke, entre otros pensadores notables de la filosofía y las ciencias sociales.

Combinó muy bien sus conocimientos sociológicos con diversos saberes filosóficos.

Su filosofar, en gran medida, estuvo bifurcado entre la epistemología, la moral, la sociología y el quehacer literario, estrechamente vinculado con su intensa y creativa labor periodística.

Además, consideró que la mujer debía recibir una buena educación para que fuese dueña de sí y, en cierta medida, tuviese libertad de elección.

También concibió con profundidad las ideas de Mary Wollstonecraft, al tiempo que tuvo el grato privilegio de intercambiar impresiones, nada más y nada menos, con Charles Darwin, John Stuart Mill, George Eliot, Florence Nightingale, Harriet Taylor, Thomas Carlyle, Charles Dickens y Charlotte Brontë, entre otras distinguidas personalidades del difícil y apasionante mundo intelectual.

Aunque desde muy temprana edad habría perdido el sentido del gusto, el olfato y la audición, no sintió, en ningún momento, complejo de inferioridad.

Al contrario: leyó y escribió con la fuerza vital de un espíritu insaciable, fundamentado en el deseo infinito de su ser identitario, estimulado y condicionado por la necesidad interminable de saber.

Persona amable, sincera y de trato afable, Martineau brilló con luz propia en el ámbito de la sociología, la literatura, el periodismo y la economía.

Aunque tradujo del francés al inglés la obra Curso de filosofía positiva, no siguió ciegamente los principios, postulados y orientaciones de Comte.

Nunca estuvo de acuerdo con su llamada fe universal, de la cual Comte se proclamaría sacerdote.

Tampoco compartió su consideración sobre la mujer, ya que él la concebía como un ser subordinado.

Martineau buscó su propio camino cuando escribió Cómo observar la moral y las costumbres, considerada una obra pionera de la metodología sociológica.

Sin duda alguna, esta obra da cuenta de cómo llevar a cabo investigaciones sociológicas de campo.

Con justicia, se la sitúa al mismo nivel de Auguste Comte, Max Weber y Émile Durkheim por las siguientes razones:

  • Fue pionera del método científico y social.
  • Fue la primera en desarrollar investigaciones de campo.

Y no solo eso. Más aún: estudió el racismo, la opresión de clase y la situación de las prisiones en los Estados Unidos.

De igual modo, denunció con valentía las prácticas médicas abusivas e inmorales en perjuicio de las mujeres.

No pocas, diagnosticadas caprichosamente con histeria, fueron violentadas y vejadas injustamente.

El médico, sin pudor ni el más mínimo sentimiento de culpa, lograba que la paciente tuviese un orgasmo.

Luego, con tal propósito, la desnudaba, hurgaba su vagina y la estimulaba una y otra vez.

De esa manera, sentía intenso placer rozando la flor interior de distintas mujeres, preferiblemente jóvenes, con piel tersa, fresca y apetecible.

Esa injusticia aberrante, absurda y descabellada Martineau la rechazó enérgicamente.

Sin prejuicios ni resentimientos algunos, creía que la mujer debía tener presencia pública, acceso a la educación, independencia económica, igualdad de derechos con el hombre y plena libertad en el matrimonio.

Cabe resaltar que, en sus reiteradas cavilaciones, Martineau no fue ilusa, sesgada ni, mucho menos, irracional.

De ahí que tuviese claridad conceptual en sus valoraciones y en los diferentes procesos sociales que afectaron drásticamente a los entes sociales de su propio contexto epocal.

Como es sabido, eso no fue visto con buenos ojos por sus detractores.

No obstante, resulta atinado decir que Martineau, con sobrada razón, es pionera y madre de la sociología, y que figura, con justicia y méritos propios, entre los más connotados fundadores de tan importante rama del saber.

Por tal razón, el mejor reconocimiento a su fructífera trayectoria intelectual no sería sino leer sus obras con admiración y respeto, sin dejar de resaltar sus innegables aportes a la sociología.

Martineau denunció esa práctica inmoral.

De igual manera, condenó la esclavitud, las desigualdades y la marginalidad de la mujer.

Joseph Mendoza

Joseph Mendoza. Comunicador social y filósofo con postgrado en Educación Superior, obtenidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Magister en filosofía en un Mundo Global en la Universidad del País Vasco (UPU) y la UASD. Además, es profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene varios libros, artículos y ensayos publicados y dictados conferencias en la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

Ver más