No existe un deporte en nuestro país donde se mezclen tantas diferentes culturas y nacionalidades como lo es el fútbol. El padre del fútbol dominicano Fortunato Quispe Mendoza fue un inmigrante boliviano, los refugiados de la Guerra Civil Española fueron un soporte vital para el fútbol en Santo Domingo, mientras que en Puerto Plata los inmigrantes de origen judío hicieron lo propio. Más adelante venezolanos, haitianos, colombianos, argentinos entre otros han pasado a formar parte del ecosistema del fútbol dominicano en diferentes facetas como entrenadores, jugadores o comunicadores.

El párrafo anterior es para que vean que nuestro fútbol es una amalgama cultural desde sus orígenes, y que el racismo y la xenofobia que se han expresado en las últimas semanas en las redes sociales y medios de comunicación son dictados casi en su totalidad por personas que son ajenas al ecosistema del balompié dominicano. La mayoría de estos personajes promueven esos discursos buscando ganar capital político, ya que en su miseria intelectual no pueden ofrecer a los ciudadanos otra cosa que no sea odio y miedo. Algo efectivo en los entornos virtuales donde esa expulsión de lo distinto que tanto nos advierte el filósofo coreano Byung-Chul Hang, campea a sus anchas.

Toda esta vorágine tiene su origen en el partido de Liga de Naciones del 1ero de octubre en el estadio Félix Sánchez, donde graves problemas de organización y logística provocaron un caos en la entrada del estadio.  En un previsible partido a casa llena los problemas en los accesos terminaron con personas rociadas con aerosol de pimienta, heridos y una puerta rota. A pesar de tener casi 3 meses para prepararse, la federación dominicana de fútbol fue incapaz de organizar un partido como este. Con el rabo entre las piernas Fedofutbol debió admitir que todo fue culpa suya y realizó las reparaciones de lugar. Se enfocaron mucho más en llevar las declaraciones de Wilson Isidor ante la FIFA y Concacaf, quienes determinarán la culpabilidad del delantero haitiano.

Ver estadio lleno de haitianos activo el odio y el miedo de muchos, pero de los que estaban fuera. Dentro era una fiesta de fútbol donde convivieron ambas aficiones e inclusive al final un grupo de fanáticos de la selección visitante recogieron basura (como lo hacen los japoneses). La afición dominicana de la selección que nunca ha sido de más de 4 mil fanáticos en el caso más extremo, fue opacada por una afición haitiana que veía por primera vez en años a sus ídolos. Días después me tocó escuchar más de uno decir que eso se resolvía con 20 camionas. Pero eso no es un plan de seguridad, es una estrategia de terror, y pudo ser contraproducente en aquel momento. Esas aseveraciones tan crueles las hacen ciudadanos normales a los cuales la banalidad del mal tan mencionada por Hannah Arendt en su libro Einchmann en Jerusalen, les ha permeado hasta los tuétanos, y eso es muy peligroso.

El día después del partido el ministro de deportes Kelvin Cruz dio declaraciones diciendo que los haitianos no iban a volver a usar instalaciones deportivas dominicanas. Todo se originó en la rueda de prensa postpartido del seleccionador visitante David Badía, quien viendo el ambiente en las gradas dijo que le gustaría que se celebren los partidos de local aquí. Las declaraciones de Cruz le dieron la vuelta al mundo y nos hicieron parecer como lo peor del mundo del fútbol, y aunque quiso rectificar ya el daño estaba hecho.

Este fin de semana la situación llegó a su cenit con la cancelación anticipada del partido de semifinal de la Copa Caribeña de Clubes Concacaf entre el Violette AC de Haití y el Portmore United de Jamaica, (ambos equipos ya estaban en el país). Kelvin Cruz volvió a afirmar su posición sobre la prohibición de que los equipos o selecciones haitianas jueguen en las instalaciones dominicanas (aunque estén en recintos privados como el Cibao FC). Esto vino al mismo tiempo que el movimiento “nacionalista” de la Antigua Orden Dominicana convocó una manifestación en contra de la celebración de este partido. Como ya hemos dicho tratan de revivir el tema para sacar capital político, y el gobierno no desaprovecha su oportunidad.

Porque utilizar la migración haitiana como tema cortina de humo para tapar sus errores al mando de la cosa pública, es una de las tácticas comunicacionales más baratas y repetitivas de nuestra clase gobernante. El ejemplo más claro es el que hacen en todos los inicios de año escolar, donde repiten que los haitianos les quitan cupos a los dominicanos (aseveración que hacen sin datos a mano de ningún tipo), cuando en realidad el ritmo de construcción de aulas está en el piso por las ineptitudes de los que gobiernan.

Volviendo al fútbol, debemos recordarles a todos que nunca hubo problemas con los equipos haitianos usando los estadios dominicanos en competencias internacionales. Este mismo año el Violette AC jugó dos partidos de su fase de grupo en el Campo y Pista de la PUCMM, el Juventus Des Cayes uso el estadio Cibao FC en 2025, y el Ouanaminthe tuvo dos partidos en el estadio Moca 85 en 2024. También agregamos que el Violette AC jugó dos partidos Liga de Campeones de Concacaf de 2023 en el estadio Cibao FC, incluyendi su histórica victoria ante el Austin FC. De repente todos los “nacionalistas” se dieron cuenta de que los equipos haitianos juegan partidos internacionales aquí (por un tema de necesidad), porque todos los odios tienen una misma madre llamada ignorancia.

Las repercusiones de estas acciones para nosotros vendrán en algún momento. Nuestra imagen de un país que puede organizar torneos internacionales sin problemas a nivel de Concacaf, y que nos llevó poco a poco a ganar la organización del Mundial Femenino Sub17 ha sido lacerada gravemente. Por otro lado, a la FIFA no le gusta que la política o la discriminación se meta en el fútbol así que ya veremos cómo nos va por ese flanco. Además de eso dos federaciones con mucho peso dentro del Caribe (Haití y Jamaica), son prácticamente nuestros enemigos ahora mismo por este innecesario sinsabor que hemos causado. Todo por el odio disfrazado de patriotismo y usado por oportunistas de turno para apuntalar sus propias agendas políticas.

Es difícil escribir este artículo, pero más difícil sería dejarle la arena solo a los desinformadores y propagadores de odio. He visto a muchos defender con uñas y dientes en las redes lo que creen que es correcto, defender nuestro fútbol de este horda de oportunistas, y por eso vine a poner mi grano de arena. No vamos a decir la famosa frase de ¡No pasarán!, porque es que ni siquiera volveran, no les importa el fútbol ni el deporte ni nada. A nosotros no toca seguir escribiendo por nuestro fútbol, hablando de nuestro fútbol ahora que nuestra selección está en su momento más dulce. Debemos demostrar que estos pocos no representan, ni a un pueblo, ni a una fanaticada, ni a un deporte que ha sido tan incluyente con todos a través de la historia.

«Lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol». Albert Camus. Portero de fútbol del Rácing Universitaire d’ Alger.

Ángel Manuel Ruiz Domínguez

Ingeniero

Angel Manuel Ruiz Dominguez. Ingeniero Electrónico mención Comunicaciones. Especialista en uso de metodologías agiles. Articulista y comunicador de fútbol dominicano.

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