Antes de iniciar esta nueva serie de artículos sobre la Historia Militar Dominicana, considero un deber expresar públicamente mi agradecimiento a Fausto Rosario Adames, director del periódico digital Acento, por la reiterada deferencia de permitir que cada sábado podamos compartir en este prestigioso medio algunas reflexiones sobre historia, geopolítica, seguridad, defensa y los grandes problemas estratégicos de nuestro tiempo.
Esta nueva serie pretende recorrer nuestra historia militar desde una perspectiva diferente. No será simplemente una sucesión de guerras, batallas y personajes. Intentaremos comprender cómo se organizaron y transformaron, a través del tiempo, el poder, el territorio, la fuerza, los recursos, la defensa y la resistencia en el espacio físico-histórico donde finalmente surgiría la República Dominicana.
Y esto nos conduce a una primera pregunta: ¿dónde comienza realmente la Historia Militar Dominicana?
La respuesta tradicional suele conducirnos hacia 1844. Es lógico: con la Independencia Nacional nació el Estado dominicano y surgieron las fuerzas encargadas de defender su soberanía.
Pero esa respuesta confunde dos objetos históricos diferentes: la historia institucional de las Fuerzas Armadas dominicanas y la historia del poder militar desarrollado sobre nuestro territorio.
Si estudiamos lo primero, 1844 constituye un punto de partida natural. Si pretendemos comprender lo segundo, debemos retroceder varios siglos. Debemos comenzar antes de 1492.
No porque los taínos fueran “dominicanos” en el sentido político y nacional que este concepto o gentilicio adquiriría siglos después -afirmarlo constituiría un evidente anacronismo-, sino porque forman parte de nuestras raíces ancestrales y del proceso histórico que contribuyó a conformar la sociedad dominicana.
Mucho antes de la llegada castellana, en La Española ya existían poblaciones organizadas, autoridades, territorios, recursos, armas, conflictos y capacidad para movilizar hombres frente a determinadas amenazas. Por ello, estudiar aquellas sociedades no significa trasladarles retrospectivamente nuestra nacionalidad, sino reconocerlas como parte de los antecedentes humanos, territoriales y culturales de nuestra propia historia. Allí aparecen los antecedentes más remotos del fenómeno militar que estudiaremos.
Antes del Estado existió el poder
Frank Moya Pons ofrece una referencia historiográfica significativa. En su Manual de historia dominicana inicia el recorrido precisamente con “La sociedad taína”, antes de abordar la sociedad española del siglo XV y posteriormente la economía colonial del oro y las encomiendas.
La secuencia contiene una enseñanza metodológica: “la sociedad colonial no apareció sobre un espacio vacío”. “Se superpuso y transformó estructuras humanas y políticas preexistentes”.
Para la Historia Militar esto resulta fundamental.
El poder militar no comienza necesariamente con la aparición de un ejército profesional. Existe desde que una autoridad posee capacidad para “movilizar personas y recursos con el propósito de defender intereses, enfrentar adversarios o ejercer control sobre un territorio”.
Por eso nuestro análisis debe comenzar por la organización política indígena, pero utilizando categorías correspondientes a su tiempo.
Una sociedad capaz de movilizarse
La sociedad taína poseía estructuras jerarquizadas. Los caciques ejercían autoridad sobre comunidades y recursos; los nitaínos ocupaban posiciones relevantes dentro de aquella organización; los bohiques desempeñaban funciones religiosas y culturales, mientras los naborías constituían una parte fundamental de la base productiva.
No existía un ejército profesional comparable con los europeos.
Pero ausencia de ejército permanente no significa ausencia de capacidad militar.
Las autoridades podían movilizar hombres cuando las circunstancias lo exigían. La función militar estaba integrada dentro de la organización política y social, no separada de ella mediante una institución castrense profesional.
Esta diferencia será importante para comprender posteriormente tanto las fortalezas como las vulnerabilidades indígenas frente a los castellanos.
¿Cinco cacicazgos perfectamente delimitados?
Aquí debemos aplicar desde el principio la crítica histórica.
La tradición historiográfica ha representado La Española dividida en cinco grandes cacicazgos: Marién, Maguá, Maguana, Jaragua e Higüey.
Utilizaremos esa clasificación como referencia, pero con una necesaria precaución.
No poseemos un mapa político indígena elaborado en 1492 que establezca fronteras semejantes a las de un Estado moderno. Nuestra reconstrucción procede fundamentalmente de informaciones coloniales posteriormente interpretadas y sistematizadas.
Resulta más prudente comprender los cacicazgos como espacios de autoridad e influencia, evitando proyectar sobre ellos conceptos contemporáneos de frontera, provincia o soberanía estatal.
La precisión tiene una consecuencia militar importante: si no existía una autoridad política central sobre toda la isla, tampoco existía automáticamente un mando militar único capaz de movilizar conjuntamente todos sus recursos frente a una amenaza exterior.
Aquella fragmentación se convertiría después en una vulnerabilidad estratégica.
La guerra no llegó con Colón
También debemos revisar la imagen de una sociedad indígena completamente ajena al conflicto hasta la llegada europea.
Bartolomé de las Casas, en su Historia de las Indias, y Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia general y natural de las Indias, describieron armas, rivalidades y enfrentamientos entre poblaciones antillanas. Sus testimonios son fundamentales, aunque deben ser sometidos a crítica porque fueron escritos desde perspectivas y circunstancias diferentes dentro del propio proceso colonial.
Al contrastarlos con investigaciones arqueológicas y antropológicas modernas, como las desarrolladas por Irving Rouse en The Tainos: Rise and Decline of the People Who Greeted Columbus, podemos reconocer sociedades que poseían armas y experiencias de conflicto adaptadas a su realidad antillana.
Macanas, arcos, flechas y lanzas formaban parte de aquella capacidad.
No era la tecnología militar europea.
Era otro sistema de guerra.
El recurso militar que no se fabricaba
Existía además una capacidad estratégica frecuentemente ignorada: el conocimiento del territorio.
Los habitantes de La Española conocían montañas, bosques, ríos, costas, pasos naturales, recursos alimentarios y vías de desplazamiento.
Ese conocimiento tenía valor militar.
Una fuerza puede poseer armas superiores y encontrarse, sin embargo, limitada cuando desconoce el espacio donde debe operar.
Aquí aparece una constante que atravesará siglos de nuestra historia: “la geografía puede multiplicar o reducir el poder militar”.
La montaña, particularmente, reaparecerá como refugio, obstáculo, corredor estratégico y espacio de resistencia durante períodos históricos muy diferentes.
Cambiarán los combatientes y las armas.
Permanecerá el territorio.
1492: ruptura estratégica
Cuando Cristóbal Colón llegó a La Española el 5 de diciembre de 1492, no introdujo la guerra en una sociedad que jamás la había conocido.
Introdujo algo más trascendente: un sistema de poder exterior dotado de capacidades militares, tecnológicas y organizativas profundamente diferentes.
Los castellanos poseían armas metálicas, experiencia militar europea, navegación oceánica, estructuras jerárquicas y conocimientos de fortificación.
Los indígenas disponían de conocimiento territorial, autoridades propias, capacidad de movilización y formas de combate adaptadas al escenario antillano.
Lo que comenzó no fue simplemente el encuentro entre europeos e indígenas.
Desde la perspectiva de la Historia Militar fue el contacto entre dos sistemas de poder profundamente asimétricos.
Llegar no significaba dominar
Este es probablemente el elemento metodológico más importante para comprender los acontecimientos posteriores.
El 5 de diciembre de 1492 Castilla no dominaba La Española.
Los europeos podían navegar y desembarcar. Poseían ventajas tecnológicas importantes, pero eran pocos, desconocían gran parte del interior y dependían parcialmente de los habitantes locales para obtener alimentos, orientación e información.
Por tanto, debemos distinguir tres conceptos: llegar, ocupar y dominar.
La conquista consistirá precisamente en transformar el primero en el tercero.
Para conseguirlo, los castellanos necesitarían algo más que espadas: asentamientos, fortificaciones, rutas, logística, información, alianzas indígenas, movilidad y capacidad para neutralizar las resistencias.
Aquí surge la pregunta que orientará los próximos artículos: ¿cómo consiguió una fuerza extranjera inicialmente pequeña transformar una presencia marítima en dominio territorial permanente?
Esta pregunta cambia nuestra manera de estudiar la conquista.
En lugar de limitarnos a preguntar quién venció una batalla, investigaremos cómo la fuerza se convirtió en poder.
Entonces, ¿dónde comienza nuestra Historia Militar?
Podemos ahora responder.
La historia institucional de las Fuerzas Armadas dominicanas pertenece esencialmente al período republicano iniciado en 1844.
Pero la Historia Militar Dominicana, entendida como estudio de la evolución histórica del poder militar sobre el espacio donde surgiría posteriormente la República Dominicana, posee antecedentes mucho más antiguos.
Comienza allí donde encontramos autoridad, territorio, recursos, capacidad de movilización y necesidad de defensa.
Por eso 1492 constituye una ruptura estratégica, no el comienzo absoluto.
Desde ese momento seguiremos seis variables que funcionarán como hilo conductor de esta serie: poder, territorio, fuerza, recursos, organización y resistencia.
Mediante ellas podremos conectar sociedades indígenas, conquista, fortificaciones, milicias coloniales, guerras imperiales, Independencia, Restauración, intervenciones extranjeras y formación de las Fuerzas Armadas modernas.
Porque detrás de todos esos procesos existe una misma pregunta de Historia Militar: ¿quién posee la capacidad efectiva para controlar y defender el territorio, con qué medios y frente a qué amenazas?
Ese es nuestro punto de partida.
Antes de estudiar cómo los castellanos comenzaron a conquistar La Española, debemos determinar: qué sistema político-militar encontraron en 1492, cómo funcionaba y cuáles eran sus fortalezas y vulnerabilidades.
Esa será nuestra próxima entrega.
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