En los últimos años, la República Dominicana ha consolidado una narrativa de estabilidad macroeconómica, crecimiento del producto interno bruto y atracción de inversión extranjera que la sitúan como un referente en la región del Caribe y Centroamérica. Sin embargo, para dar el salto cualitativo hacia una verdadera economía de servicios globales de alto valor, el país necesita evolucionar su infraestructura y normativa financiera. La meta no debe ser únicamente atraer capitales, sino convertir a nuestra nación en un Hub Financiero e Insurtech Regional. Para lograrlo, existe una figura operativa y regulatoria clave que debemos normar y formalizar: el Sponsor Banking (Banca Patrocinadora).
El Sponsor Banking es un modelo mediante el cual una entidad financiera tradicional, debidamente regulada y con licencia bancaria, actúa como el puente de infraestructura, cumplimiento y liquidación para que empresas de tecnología financiera (Fintech), neobancos o plataformas internacionales puedan ofrecer servicios financieros sin necesidad de obtener una licencia bancaria completa desde cero. En este esquema, el banco patrocinador aporta el respaldo regulatorio, el acceso a los sistemas de pago locales e internacionales, la custodia de fondos y la gestión de riesgos (AML/CFT), mientras que la empresa tecnológica aporta la innovación, la velocidad de distribución y la experiencia de usuario.
A nivel global, este modelo ha sido el gran catalizador de la inclusión financiera y la eficiencia transaccional. Economías como Estados Unidos, el Reino Unido y La Unión Europea han demostrado que el Sponsor Banking no debilita al sistema bancario tradicional; al contrario, lo fortalece. Permite a los bancos comerciales diversificar sus fuentes de ingresos mediante comisiones por servicios de infraestructura (Banking-as-a-Service o BaaS), captar depósitos de bajo costo y optimizar su capacidad instalada, todo esto bajo un marco estricto de mitigación de riesgos operado por el propio banco.
Para la República Dominicana, habilitar una regulación clara de Sponsor Banking a través de la Superintendencia de Bancos (SIB) y el Banco Central (BCRD) representaría un hito de alto impacto estratégico. En primer lugar, permitiría que Fintechs locales e internacionales utilicen a la banca dominicana como su plataforma de despegue y operación para toda la región del Caribe y Centroamérica. En segundo lugar, dinamizaría la competencia sana, reduciendo los costos de intermediación y expandiendo el acceso a crédito y productos de pago para segmentos de la población y Mipymes históricamente desatendidos.
Es fundamental comprender que el Sponsor Banking no implica simplificar la supervisión prudencial. Por el contrario, exige establecer lineamientos claros sobre la responsabilidad del banco patrocinador en la debida diligencia de sus socios tecnológicos, la ciberseguridad y la segregación de cuentas de los usuarios. La regulación debe enfocar al banco tradicional como el garante de la integridad del sistema, mientras la empresa tecnológica actúa como el canal de innovación.
El momento para dar este paso es inmejorable. La visión de desarrollo del Poder Ejecutivo y el compromiso de las autoridades reguladoras con la modernización de los sistemas de pago crean el entorno ideal para abordar esta reforma. Convertir a la República Dominicana en un Hub Financiero no es una aspiración teórica; es una meta alcanzable si dotamos a nuestro sistema de las herramientas operativas que exige el mercado global. El Sponsor Banking es, sin duda, la pieza faltante para encender ese motor de crecimiento.
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