En la política dominicana abundan las etiquetas. Cuando faltan los argumentos, aparecen los calificativos y las descalificaciones.
Danilo Medina ha sido víctima muchas veces de esas etiquetas. Desde siempre, cuando algunos adversarios suyos no encuentran argumentos creíbles para combatirlo eficazmente, intentan describirlo como un hombre resentido.
Sin embargo, conviene detenerse a observar los hechos antes que las pasiones y las descalificaciones.
La historia política de Danilo Medina no parece la de un dirigente dominado por los agravios personales, aunque debo decir que ha recibido muchos.
Más bien, es la de un hombre formado en la disciplina y lealtad al PLD, organización a la que ha dedicado gran parte de su vida política.
En el PLD, Medina ha atravesado derrotas, victorias, conflictos internos y desacuerdos sin nunca siquiera pensar en abandonar la organización que ayudó a construir junto a Juan Bosch y otros dirigentes históricos.
Un resentido, cuando pierde, suele romper, acusar, destruir y marcharse. Esa nunca ha sido la conducta de Danilo Medina.
Desde esa perspectiva, resulta insostenible la afirmación de que el expresidente actúa impulsado por el resentimiento.
Ahora bien, Danilo es un político terminado, fino, de los pies a la cabeza, y actúa según las circunstancias, como de hecho debe ser.
Puede criticársele por decisiones políticas o por estrategias electorales, pero atribuir sus acciones a un sentimiento personal simplifica en exceso una trayectoria política compleja, por demás, muy exitosa.
II
La defensa constante del PLD que ha realizado después de dejar la Presidencia responde más a una lógica de lealtad política que a una reacción emocional personal.
En ese contexto, precisar la diferencia entre resentimiento y convicción es fundamental. El resentimiento busca ajustar cuentas; la convicción procura defender una causa, aun cuando el camino sea difícil.
Las intervenciones públicas de Danilo, sus recorridos y su participación en la reorganización partidaria responden a esa convicción: la de proteger el partido que considera una obra colectiva y una parte esencial de la construcción democrática en la República Dominicana.
La política dominicana ha conocido figuras movidas por la venganza personal. Pero también ha conocido dirigentes que, acertados o equivocados, se aferran a sus organizaciones por una cuestión de identidad y compromiso.
Danilo Medina pertenece a esta última categoría: la de un hombre que puede ser objeto de críticas y controversias, pero cuya conducta pública se explica mejor por la lealtad partidaria y por el amor al PLD que por el resentimiento.
III
Danilo Medina es un guerrero político que lleva al PLD en la piel. Es un hombre que ha conocido victorias y derrotas, momentos de gloria y tiempos de adversidad, pero en ninguna circunstancia ha abandonado el terreno de lucha.
Para Danilo Medina la política es una carrera de resistencia. Eso explica, en parte, su capacidad para mantenerse activo cuando otros optan por retirarse.
Danilo es un político acabado en el sentido más completo de la expresión: conoce la organización partidaria, entiende la estrategia electoral, domina el lenguaje del poder y posee la paciencia de quien sabe que las grandes batallas no se ganan en un solo día.
Hay hombres que abandonan los barcos cuando el mar se vuelve peligroso. Otros permanecen en cubierta tratando de conducir la nave hacia aguas más seguras.
Danilo Medina es un capitán que no se marcha cuando llegan las dificultades.
La historia juzgará sus aciertos y sus errores, como ocurre con todos los líderes políticos. Pero resulta difícil negar que ha demostrado una notable capacidad de resistencia.
Esa persistencia, ese batallar permanente, no nace del resentimiento. Nace del compromiso. Nace de la lealtad y el amor a su partido.
No es la actitud de alguien que mira hacia atrás con amargura, sino la de un líder que sigue mirando hacia adelante porque siente que todavía tiene una causa que defender. Y esa causa no es sino la supervivencia y el fortalecimiento del PLD.
Ahora bien, Danilo no es un ingenuo ni es un cándido. De ninguna manera. Si ha llegado a estas alturas es porque no lo es. Danilo sabe que el liderazgo político se templa como el acero.
IV
Una de las cualidades menos mencionadas en la política moderna es la gratitud. Incluso se invoca que el político estratégico, sagaz, ni agradece ni guarda rencor.
Se habla de liderazgo, de estrategia, de poder y de victorias electorales, pero pocas veces se destaca el valor de reconocer a las instituciones y a las personas que hicieron posible una trayectoria pública.
Danilo Medina, a mi juicio, representa la gratitud hacia el Partido de la Liberación Dominicana.
La historia de Danilo Medina está profundamente ligada a la historia del PLD.
Formó parte de una generación que creció políticamente bajo el liderazgo de Juan Bosch, participando en años de trabajo organizativo, sacrificios y largas jornadas de construcción partidaria.
Por eso, su defensa permanente del PLD no es un simple cálculo político. Es también una expresión de agradecimiento. El partido fue el instrumento que le permitió desarrollar una carrera política, alcanzar responsabilidades de Estado y llegar a la Presidencia de la República dos veces.
Danilo Medina no ha olvidado sus raíces políticas. Así, más que la imagen de un líder aferrado a la organización por interés personal o por resentimiento, se trata de ser leal y comprometido con su partido. Se trata de abrazar una causa, en este caso, la causa del Partido de la Liberación Dominicana, que es el partido por el cual llegó a la primera magistratura y le permitió hacer dos gobiernos, considerados por muchos como excelentes. Mejor dicho, como los mejores.
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